Real Federación Española de Atletismo







 martes, 24 de mayo de 2022   ENTREVISTA WEB 32/2022
Joaquín Villar: Verdugo de la adversidad

Por : Alberto Hernández


Tartán. Gimnasio. Dinero. Nada de eso hizo falta. Con la ilusión y la tenacidad fue más que suficiente. Porque ya conocen la legendaria sentencia: "Donde hay un entrenador hay atletismo". Y en Alicante residía un enérgico profesor de Educación Física que, en las últimas tres décadas del siglo pasado, estructuró nuestro deporte en la provincia más meridional de la Comunidad Valenciana. El calificativo leyenda se otorga sólo a los atletas; tal vez haya llegado el momento de asociarlo también a técnicos inmensos como Joaquín Villar.


-¿Por qué me quieres entrevistar? -suena potente al otro lado del teléfono la voz de Joaquín Villar.
-Hombre, con todo lo que has hecho por nuestro deporte… y además es una ocasión magnífica porque este fin de semana se celebra el Campeonato Iberoamericano en Alicante -contrataco.
-Si sólo soy un vicioso del atletismo.
-Pues ya somos dos.
-Bueno, pues tú dirás… por cierto, voy a ir a La Nucía, me va a acompañar Domingo, porque yo ando un poco pachucho.
-¿Qué te pasa?
-Que tengo 80 años, eso me pasa.


(Y uno, aunque tenga la mitad, intuye por experiencia que en la charla que esta a punto de comenzar se lo va a pasar bien).

-Pues nadie lo diría, ¿arrancamos? -Cuando quieras.

¿Cómo empezó todo?
Jamás fui atleta. Jugaba al balonmano a once, luego después ya se introdujo el formato actual de siete jugadores. Era un deporte nuevo que me atraía mucho, tanto que en el verano del 65, con 23 años, me hice entrenador. Fue en un curso de 15 días, en el Estadio Vallehermoso de Madrid, lo impartieron Domingo Bárcenas y Gerardo López Cuadras. ¿Sabes de quién fui compañero de promoción?

Sorpréndeme.
De Juan de Dios Román. Nos hicimos muy a amigos. A Gerardo luego me lo tropecé de nuevo, poco después, en la mili.

Entiendo que hiciste el servicio militar relativamente tarde para lo que se estilaba entonces…
Además fue una mili bastante especial. Sólo cumplí con los tres meses de campamento porque había empezado a trabajar como profesor de Educación Física en el colegio de los Jesuitas, donde estuve toda mi vida profesional. Como las dos cosas eran incompatibles el director del colegio me dijo que lo arreglaba él y que fuese a hablar con el gobernador militar. Y yo: "¿Pero cómo voy a ir a hablar con ese señor, que no le conozco de nada?". Resulta que le llamó inmediatamente y cuando fui recibido por él me ordenó presentarme todos los días a las 8:00 en el cuartel, la hora de pasar lista, y luego me dejaba ir al colegio. Y así fue mi mili, saludaba al sargento a diario y luego me iba a dar mis clases.

¿Y el veneno del atletismo? ¿Cuándo lo inoculaste?
En los Jesuitas. Un día me pidieron que fuera a ayudar al profesor de atletismo y, amablemente, les comenté que yo había estudiado Educación Física y sabía de balonmano, pero de atletismo no tenía ni idea. Y el director fue bastante claro: "Pues vaya usted aprendiendo". Así que dos semanas después me apunté en Valencia a un curso de entrenador impartido por José Luis Martínez.

Uno de los mejores entrenadores que hay en España. Hace poco, en una comida a la que nos invitaron, tuve ocasión de mostrarle mi gratitud. "Gracias a ti me dediqué al atletismo", le dije. Y es la pura verdad.

¿Qué te sedujo de este deporte?
Siempre he sido un romántico. Fíjate que soy del Athletic de Bilbao… En el balonmano el árbitro tiene una gran capacidad de interpretación sobre el juego y quería algo en el que no hubiera lugar a la interpretación. Aquí gana el que más salta, el que más lanza o el que antes cruza la meta. Eso fue lo que me enganchó.

La tierra para el que la trabaja, vamos.
Eso es. Si trabajo recojo los frutos y si hay otro que ha trabajado más los recogerá él.

¿Cómo completaste tu formación?
Primero saqué el título de monitor y luego el de Entrenador Nacional de Atletismo. Entablé una buena relación con Rafael Pajarón, que por entonces era el director técnico de la Real Federación Española de Atletismo, y me nombró director de las concentraciones de juveniles.

Tu nombre siempre irá unido al de Domingo Ramón Menargues, el doble finalista olímpico de 3000 metros obstáculos (4º en los Juegos de Moscú y 6º en Los Ángeles), además de medallista europeo al aire y ex plusmarquista español (8:15.74 en la final olímpica de 1980, cuando todavía estaba en la categoría sub 23). ¿Recuerdas la primera vez que lo viste?
Sí, por supuesto. Le conocí porque era alumno del instituto de Babel, un barrio de Alicante. Por aquel entonces, principios de los 70, Rafa me había encargado dirigir una escuela de atletismo en la ciudad. Entrenábamos de seis a ocho de la tarde en una pista de tierra de 350 metros. Por allí aparecieron un montón de críos y entre ellos uno muy pequeñito con una fuerza de voluntad enorme; era él.

¿Fuiste participe en directo de su gran éxito?
¡Por supuesto que fui a Moscú! Me pagué la estancia y el viaje. Tanto mi mujer, María Dolores, como yo, hemos trabajado siempre de profesores, así que hablé con ella y vimos que me lo podía permitir. Es una santa… por aguantarme. Dos años después también acudí al Europeo de Atenas, donde ganó el bronce. A Los Ángeles no, porque estaba muy lejos y era bastante caro. Pero sí le acompañe a los dos primeros Mundiales de la historia, Helsinki 83, donde llegó a la final (fue décimo), y Roma 87.

¿Has tenido algún atleta con mejores cualidades que él y que, por lo que fuese, no alcanzara la élite?
Con el talento y la humildad de Domingo, ninguno. Él ha sido el más grande, pero he tenido muchos buenos atletas, 26 campeones de España entre todas las categorías… Todos sin entrenar en pista de tartán. Nos preparábamos en la que te he comentado antes y en la que había en los Jesuitas, una de tierra, 298 metros y cuatro calles.

Tela.
Pues así saqué a cinco campeones de España de longitud. Luis Martínez Ballenilla, que fue campeón de España universitario y llegó a saltar 7.60; Pedro Box, que de cadete hizo 6.91; Alejandro Lillo Montoyo, que ganó el Nacional escolar; Jaime Bonafonte García, campeón de España infantil de longitud y triple; y José Luis Romo Gómez, 15.02 en triple siendo juvenil. Si te digo las condiciones en las que entrenaban te ríes…

Cuenta, cuenta, afortunadamente los tiempos han cambiado y ahora podemos mirar al pasado con una distancia casi cariñosa.
Sin gimnasio ni pesas… Saltos por encima de bancos, sentadillas subidos unos en los hombros de otros, escaleras, cuestas… Me encantaban las cuestas y en los Jesuitas había alguna muy buena. Para los multilanzamientos usábamos piedras de distintos tamaños, en función de la edad y la especialidad de cada atleta, nunca tuvimos balones medicinales.

Te ganaste fama de entrenador de fondo, pero está claro que tocaste todos los palos.
Mi primer campeón de España fue Armando Alberola Romá, que ganó el título infantil en Vallehermoso. Hizo 14.01 en 100 metros vallas, récord nacional en aquella época e internacional en los Juegos de la FISEC (Federación Internacional Sports Escuelas Católicas). Posteriormente ha sido catedrático de Historia Moderna en la Universidad de Alicante, una eminencia, no sé si se habrá jubilado o estará a punto. También entrené a Antonio Lago, un jabalinista hijo de emigrantes que vino de Bélgica y llegó a ser internacional.

Fuiste alma mater del Club Atletismo Benacantil.
Juntando a los alumnos que tenía en Jesuitas y los de la escuela vi que daba para formar un grupo muy potente en la categoría cadete. Y así fue, ganamos el Campeonato de España, entonces Memorial Juan Luis Sastre. Fue en Logroño, en la séptima edición del evento. Hasta entonces lo habían ganado tres veces el Vallehermoso y otras tres el Club Natación Barcelona. A nuestro club le puse el nombre del monte que se eleva en el centro de Alicante. Si tenía 30 atletas, 24 eran de Jesuitas y el resto de diferentes puntos de la provincia. Ascendimos a División de Honor y competimos a nivel nacional hasta que me cansé de pedir ayudas.

La historia de casi siempre…
Sí, aunque también pudo más el vicio de entrenar a atletas de manera individual. Además, si yo no cobraba nada, el dinero lo quería para pagar los gastos de los atletas, poder llevarles a las competiciones… A los que me negaron el dinero les hice ver que, igual que había salido Domingo Ramón, podían haber salido otros.

Harías viguerías para cuadrar las cuentas, supongo.
Estaba dispuesto a pelear sin ver un duro, sólo por el placer de ver crecer a los atletas. Recuerdo que para pagar las camisetas y los chándales hicimos unas papeletas en las que se podía a leer: "Aficiónate y ayuda al atletismo". Las cobramos a 25 pesetas y con el dinero recaudado pudimos sufragar el gasto.

Y cuando te cansaste vas y te metes en un embolado todavía mayor.
Así es. Resulta que tenía de alumnas a tres hijas de Diego Quiles, el fundador de Kelme. María José, la mayor, se me acercó un día y me dijo que su padre quería charlar conmigo. "Charlar sobre qué?", respondí. "Sobre atletismo", aclaró. "¡Ah, de eso podemos hablar lo que quiera!", le solté. Fui a verle a Elche y enseguida tuvimos feeling. Estábamos en 1987. Él ya era el patrón de uno de los mejores equipos ciclistas de España y pretendía que los atletas españoles que nos representasen en los Juegos de Barcelona vistiesen su marca. Y le ayudé, claro que le ayudé, cómo no.

Fuiste un poco más allá, de hecho.
Fundamos el equipo Kelme, con sección masculina y femenina. En cuanto a los hombres, se trataba más bien de una suma de individualidades, no competíamos como club porque le veía más rentabilidad a que fueran a Oslo, Estocolmo, Bruselas… pero con las chicas sí competimos en liga y ganamos cuatro años seguidos, del 88 al 91. También el Campeonato de España de Campo a Través por clubes tres veces consecutivas, del 89 al 91. Fue gracias a que hablé con José Manuel Ballesteros y Blanca Miret, que ya tenían formada una estructura potente, y les ofrecí una cantidad de dinero para que pasara a llamarse Equipo Kelme de Atletismo.

No se quedaron ahí tus inquietudes emprendedoras.
Me gustaba hacer cosas por el atletismo, efectivamente. En Alfaz del Pi creamos un centro de entrenamiento en 1987 y dos años después organizamos la Copa de Europa de Clubes Femenina, en la que nuestras mujeres fueron terceras.

¿Económicamente nunca percibiste nada?
No, estuve bien pagado en la época de Kelme. Era el director. Bueno, realmente era el chico para todo. Fiché a José Luis González, a Said Aouita… Cuando estábamos preparando el equipo, Diego Quiles me dijo: "¿Y qué hay de lo tuyo? Si trabajas tendrás que cobrar, como el resto". Aquello no era normal en la época, lo de ahora no lo conocí, me refiero al reconocimiento unánime que existe hoy en día respecto a la figura del entrenador. Y que conste que antes también tuve la oportunidad, pero la rechacé.

¿Cuándo fue eso?
Cuando José Rico Pérez, el presidente del Hércules, quiso echarme una mano y fundamos la sección de atletismo del club de fútbol. Pagó un millón trescientas mil pesetas para cubrir los gastos del equipo y luego me dijo: "Falta lo que usted cobra". Y le contesté que con el orgullo de ver a los atletas contentos era suficiente. Tenía mi sueldo y el de mi esposa, vivía sin apuros. Él se quedó a cuadros, claro. La aventura duró poco, dos años, el tiempo que transcurrió hasta que dejó la presidencia. A los que vinieron después no les interesó el tema. A Quiles, que conste, le volví a decir que no cuando sacó el tema del dinero, pero me obligó. Y no sólo me pagó, compró un Mitsubishi de siete plazas que viniló con los colores de Kelme para que fuésemos a las competiciones. "Este coche lo usas tú para lo que quieras", me dijo al entregarme las llaves.

¿Hace cuánto no entrenas?
Mi último pupilo fue Antonio Adsuar, un atleta de 8.11 en longitud (11º español de todos los tiempos). Era coetáneo de Yago Lamela. Fue Campeón de España al aire libre y en pista cubierta en 2001 y últimamente está compitiendo en veteranos. Hace seis o siete años que no lo entreno. Me dejó una gran alegría porque como te he comentado antes, entrené a varios saltadores de longitud pero ninguno de ellos había pasado la barrera de los ocho metros. Con él ya había medios, teníamos pista… me pregunto qué hubiera pasado de haber contado con esas facilidades mucho antes.

Vaya titán para empezar…
Defínete como persona y técnico.
Soy de Burgos. Castellano, duro. Constante y con principios férreos. Exigí a mis atletas la misma entrega y disciplina que me exigí a mí.

Me han dicho que a tu nieta no se le da mal lo de correr…
Voy a verla de vez en cuando, para saber cómo evoluciona. Y en verano, algunas veces, la entreno junto a mi nieto, Jorge. Nada serio, carrera continua y preparación física general. Hace poco, en Torrevieja, quedó segunda en un 500 a sólo dos centésimas de la primera. Tiene 13 años e hizo 1:24 o 1:25, no te sé decir ahora mismo con exactitud. Para su edad está muy bien, además, al rato corrió un 150. Unas semanas antes, en Torrevieja también, hizo segunda en un 1500 obstáculos. Se llama Carla y es hija de mi hija Arancha, que fue ocho veces campeona de España de gimnasia rítmica, desde los 8 años, cuando consiguió el primer título. Llegó a ser finalista en un campeonato de Europa, en Atenas; sólo la ganaron las rusas y las búlgaras. Carla tiene su misma mentalidad y disciplina, para los estudios y el deporte.

¿Y el chaval?
Me salió futbolero. Pero del Athletic, de eso ya me he encargado yo. Una vez le envié a Lezama quince días para un campus. Lo que pasa es que no sabes en manos de quién está. A veces voy a verlo entrenar y con estar un cuarto de hora no me hace falta más. Tremendo.

¿El entrenador de Carla te gusta más?
Ese sí me gusta. Es educado, cariñoso y explica las cosas bien. Es importante, ser serio pero cercano. El presidente del Polideportivo San Juan, el club donde está, le ha hablado de mí y por eso no voy mucho por allí, para no presionarle.

Estoy disfrutando a tope la conversación, pero cuando quieras la vamos poniendo el punto final, más que nada porque resumir una vida como la tuya en unas pocas líneas es imposible.
Pues sólo añadiría que quiero pedir disculpas a los atletas a los que he entrenado y no he mencionado aquí, pero es que han sido tantos que es imposible acordarme de todos. Estoy contento de mi trayectoria, de fundar el Benacantil, el centro de Alfaz del Pi y otro en Alicante, en el estadio que lleva mi nombre. Pero eso quedó atrás, ahora me dedico sólo a dar paseos con mi mujer por la playa de San Juan.

Lo que no es mala ocupación.
Por supuesto que no.

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Junto a Domingo Ramón en La Nucía en los días del Iberoamericano 2022
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Estas dos fotos separadas por 42 años: arriba en la Nucía en los días del Iberoamericano 2022 y abajo en la Villa Olímpíca de Moscú 1980
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Domingo Ramón en la final olímpica de Moscú 1980 por detrás del polaco Malinowski
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Domingo Ramón en Los Ángeles 1984
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Juanto a Alberto Juantorena en Moscú 1980
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Coche para el equipo de atletismo Kelme (1987-1992)
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Con Domingo Ramón en un encuentro júnior España-Portugal en 1976
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En estas dos imágenes con Merlene Ottey en la pista de atletismo de Alicante en 1998
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Su pupilo Antonio Adsuar que llegó a saltar 8.11 en longitud en 2003
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