Real Federación Española de Atletismo







 martes, 18 de mayo de 2021   NOTICIA WEB 80/2021
Rumbo a Tokio 2021: Historias del atletismo olímpico español (IV)


Cuarto capítulo de las historias del atletismo olímpico español. Hoy hablaremos de los atletas olímpicos españoles más jóvenes y de los olímpicos que se quedaron muy cerca del podio.

Los olímpicos españoles más jóvenes
Si en el anterior capítulo hablamos de los atletas olímpicos más veteranos, hoy lo haremos de los más jóvenes. Es común que en nuestro deporte destaquen atletas jóvenes, atletas que aún no han cumplido los 20 años, históricamente más en la parcela femenina que en la masculina. Sin embargo, en los Juegos Olímpicos no encontramos muchos. Es lógico, son la máxima competición, la de mayor exigencia y a la que es más difícil acudir, por la dificultad en sí misma y por su celebración cada cuatro años. El atleta español, hombre o mujer, más joven en participar en unos Juegos Olímpicos es el guipuzcoano Diego Ordóñez, que hace 101 años, en la edición de Amberes 1920 lo hizo con 16 años, 9 meses y 8 días. Aquel día, el 15 de agosto de 1920, fue el primero en el que atletas españoles competían en unos Juegos Olímpicos. Pues bien, desde ese primer día, nadie le ha quitado a Ordóñez el honor de ser el más joven olímpico español de la historia. Y en aquellos mismos Juegos de 1920 compitió el segundo de este particular ránking, el barcelonés Carlos María Pajarón, con 17 años, 4 meses y 12 días. Ellos dos se han mantenido durante un siglo como los dos atletas olímpicos más jóvenes.

Habremos de esperar 40 años para encontrar otro olímpico español, no ya menor de 18 años, sino de 19. El gran Luis Felipe Areta fue olímpico en Roma 1960 con 18 años, 8 meses y 5 días y se coloca hoy día en el 5º puesto de los olímpicos más jóvenes. Y 16 años más tarde del donostiarra encontramos a otro atleta sub19, el saltador de altura madrileño Juan Carrasco, que fue olímpico en Montreal 1976 con 18 años y 4 meses; es cuarto del ránking. Y 36 años más tarde, ya en el siglo actual, otro "dieciochoañero" fue olímpico, el marchador extremeño Álvaro Martín, que compitió en los 20km marcha de Londres 2012 con 18 años, 1 mes y 17 días y que se sitúa en el tercer lugar de esta particular clasificación. Por lo tanto, el de Llerena ha sido el atleta más joven de los últimos 96 años. Vamos a citar a tres atletas más, que compitieron con 19 años pero eran aún juniors, de la categoría sub20: José Grasset (800m, 1920), el zaragozano Luis María Garriga (altura, 1964) y el catalán Daniel Martí (pértiga, 1992). Es decir, hablando en términos actuales, hemos tenido a dos olímpicos sub18 (Ordóñez y Pajarón) y seis de categoría sub20. Añadamos que dos atletas más, el murciano Antonio Peñalver en Seúl 1988 y el barcelonés Reyes Estévez en Atlanta 1996 que, aunque siendo ya de categoría sub23, no habían cumplido los 20 años.

Muchas menos mujeres españolas han sido olímpicas, nos es más difícil encontrar a jóvenes. La mujer más joven ha sido la palentina Angelines Rodríguez, que compitió con 18 años, 11 meses y 30 días en los 3.000 metros de Seúl 1988. Y sólo tres mujeres más que fueron olímpicas siendo "teenagers", menores de 20 años: la velocista catalana Teresa Rioné, con 19 años, 4 meses y 12 días en Los Ángeles 1984; la saltadora valenciana Concha Montaner, con 19 años, 8 meses y 13 días en Sidney 2000; y la marchadora catalana Encarna Granados, con 19 años, 9 meses y 4 días en Barcelona 1992. De ellas tres eran juniors Rioné y Montaner. Es decir, un bagaje menor que el de hombres, sólo una atleta "sub19", dos más sub20 y otra más menor de 20 años. La tendencia general en nuestros internacionales en las últimas décadas es un incremento de la edad en los grandes eventos, por lo que cada vez es más difícil encontrar atletas muy jóvenes entre nuestros seleccionados absolutos, y más en una competición del nivel de unos Juegos Olímpicos.

Los que se quedaron muy cerca del podio
Los atletas que se clasifican más cerca del podio y sin subir a él son los que consiguen lo que se conoce coloquialmente como la "medalla de chocolate", es decir se clasifican en cuarta posición. Es muchas veces una posición muy dolorosa, al quedarse a las puertas de la gloria; en otras ocasiones, ahora lo comprobaremos, ese cuarto puesto, por las circunstancias y rivales, no fue tan doloroso. España ha logrado 14 medallas olímpicas, 15 dentro de poco, y en nueve ocasiones nuestros atletas se han colocado en esa fatídica cuarta posición.

La final de 10.000 metros en los Juegos de Múnich en 1972 fue una de las mejores de la historia olímpica en dicha prueba. Y en ella tuvo un gran protagonismo el palentino Mariano Haro, nuestro mejor atleta de la historia hasta ese momento. Aspiraba a atacar el podio, aunque sus rivales eran temibles. A falta de 700 metros Haro intenta irse de ellos, pero sus intentos son vanos. Venció el finlandés Viren, seguido del belga Puttemans; nadie puso objeción al oro y a la plata, hombres de reconocida valía, que se intuían superiores a Haro. Los ojos estuvieron puestos en Miruts Yifter, un africano sin historia que entró en meta unos segundos por delante del español, un etíope desconocido para el gran público y del que a lo mejor no volveríamos a saber nada de él. La historia se encargó de borrar esta primera impresión, pues Yifter fue un fondista de talla mundial, que fue campeón olímpico ocho años más tarde en Moscú 1980 y que realzó, como ocurre siempre en casos similares, el cuarto puesto de Mariano Haro, el mejor, por otra parte, del atletismo español hasta ese momento. El palentino repetiría como finalista olímpico en Montreal 1976, en donde fue sexto.

El cuarto puesto del alicantino Domingo Ramón en los 3.000 metros obstáculos de Moscú 1980 supieron a gloria. Ramón y su compañero Paco Sánchez Vargas realizaron unos Juegos fabulosos, corriendo en tiempos de récord de España y siendo protagonistas de las carreras en las que actuaron. Aquella final olímpica, muy rápida y muy táctica al mismo tiempo, fue un juego de estrategias. El tanzano Filbert Bayi, poco conocedor de la prueba, pues venía del 1.500, salió disparado desde el pistoletazo de salida y, como gran "front runner" que era, lideró la carrera a ritmo de récord del mundo. El favorito era el polaco Bronislaw Malinowski, que guardando la serenidad, le dejó ir. Todos los demás participantes tuvieron que elegir compañeros de viaje. Domingo Ramón se jugó la baza del polaco, Sánchez Vargas la del tanzano, como el etíope Tura. Malinowski fue reduciendo la distancia progresivamente hasta alcanzarle en la última ría, proclamándose campeón. Bayi a duras penas fue segundo. Ramón persiguió durante 500 metros al etíope, esperando su desfallecimiento, que no se produjo. Domingo Ramón fue cuarto con nuevo récord de España, récord que aguantó en la tabla de records 19 años. Paco Sánchez Vargas entró detrás de Ramón, después de ser absorbido por un grupo numeroso del que pudo emerger y destacarse. Una carrera para enmarcar. Y recordemos que Domingo fue sexto en los siguientes Juegos, en los de Los Ángeles, igual que lo que había hecho Mariano Haro.

El barcelonés José Marín consiguió en Seúl 1988 el cuarto puesto en los 20km marcha. Y fue un cuarto puesto amargo. Marín había sido campeón de Europa en 1982 y plata y bronce en los mundiales de 1983 y 1987 y llegaba a Seúl con la idea del podio. Pero fue imposible, por delante de él se situaron tres colosos de la marcha de aquella época, el checo Jozef Pribilinec, que fue oro, el alemán Ronald Weigel, que consiguió la plata, y el italiano Maurizio Damilano, bronce. Pribilinec era el vigente campeón de Europa y había conseguido la plata mundialista el año anterior; Weigel había sido también plata en Roma 1987 en 50km; y Damilano era vigente campeón mundial y fue campeón olímpico en Moscú 1980. Y además la prueba fue rápida. La frase de Marín aquel día fue lapidaria: "del bronce al cuarto puesto media un abismo". Este cuarto puesto de José Marín fue el mejor de sus cinco diplomas olímpicos, el atleta español que más diplomas posee.

Pero sin duda el cuarto puesto más amargo de la historia del atletismo olímpico español es el que consiguió el vitoriano Martín Fiz en los Juegos de Atlanta 1996 en la prueba de maratón. Y es que Fiz llegaba a la cita olímpica como vigente campeón del mundo, pues había ganado brillantemente el título mundial el año anterior en Goteburgo, y con la mejor marca mundial del año. Pero en la ciudad estadounidense las cosas para el español no fueron bien. En unas condiciones complicadas por el calor y sobre todo la humedad, fue una carrera sin cosas que reseñar hasta el km 30. Ahí se escaparon el coreano Lee Bong-Ju (un viejo conocido de Martín) y dos semidesconocidos, el sudafricano Thugwane (a la postre campeón) y el keniano Wainaina. Se escaparon los tres, Fiz no se fue en ese momento con ellos, y luego, en solitario, al vitoriano le fue imposible darles alcance, a pesar de su sufrido y denodado esfuerzo. Llegó en una muy amarga cuarta posición. Se ganó con una marca de 2h12. Ese día sus tres rivales fueron mejores que él, pero no eran, ni lo fueron posteriormente, mejores maratonianos que él, ni mucho menos. Martín Fiz, exactamente igual que Mariano Haro y Domingo Ramón, fue sexto en los siguientes Juegos.

En Sidney 2000 también se consiguió un cuarto puesto, el del barcelonés Valentí Massana en los 50km marcha. Un puesto que le satisfizo plenamente al catalán, pues había tenido una temporada muy complicada por las lesiones. Massana hizo una carrera de menos a más, en gran progresión, acabando de 3h46:01 a tres minutos del bronce. Recordemos que Massana, tras el duro golpe de la descalificación a las puertas del estadio en 1992 cuando marchaba en segundo lugar en la prueba corta, consiguió el bronce en Atlanta 1996, por lo que no tenía esa urgencia en forma de medalla como ha ocurrido en numerosas ocasiones a otros atletas. La larguísima carrera deportiva de Jesús Ángel García Bragado, aún no finalizada, está jalonada por 4 medallas mundialistas y 2 europeas. Pero ninguna medalla olímpica. La vez que más cerca, en sus quintos juegos, fue en Pekín 2008, en el que logró la cuarta plaza. Antes, en Atenas 2004, había sido quinto. Aquel puesto de Pekín no amargó a Chuso, entonces ya con 38 años, pues hizo una prueba de menos a más, en la que fue escalando posiciones pero sin posibilidad de alcanzar a los tres primeros, terminado en 3h44:08. Cuatro minutos antes lo había hecho el ruso Nizhegorodov, que se alzó con el bronce, y por delante de él el italiano Schwazer, que fue oro, y el australiano Tallent, plata, ambos por debajo de las 3h40. El caso de García Bragado es similar al de José Marín, alcanzaron la gloria en mundiales y europeos pero no en Juegos Olímpicos.

El cuarto puesto del burgalés Juan Carlos Higuero en los 1.500 metros de Pekín 2008 vino precedido de una descalificación por dopaje, del bahrainí Rashid Ramzi, que había ganado la prueba. Higuero había llegado quinto a la meta, detrás de Ramzi, del keniano Kiprop (a la postre campeón), el neozelandés Willis (plata) y el francés Baala (bronce). En noviembre de 2009 Ramzi fue descalificado y Juan Carlos Higuero fue oficialmente cuarto clasificado. Su marca fue 3:34.44, a sólo 23 centésimas del bronce. A cola de un grupo muy abultado al toque de la campana, el burgalés fue remontando posiciones en la última vuelta, hasta desembocar en una recta final frenética en la que fue recogiendo cadáveres; pero el francés Baala hizo exactamente lo mismo, superando a Higuero y alcanzado la cuarta plaza, a la postre bronce. El arandino consiguió dos diplomas olímpicos, octavo en 2000 y este cuarto puesto en 2008.

Y también en Pekín 2008 se produjo séptima medalla de chocolate. Fue el cuarto puesto de la cántabra Ruth Beitia. Pero ese cuarto puesto tiene una importancia relativa. En primer lugar, porque el puesto original de la española fue el séptimo, si bien las descalificaciones a posteriori por dopaje la auparon al cuarto puesto. Entonces Ruth declaró que "había perdido la oportunidad de su vida". Afortunadamente se equivocó. En segundo lugar, porque en los siguientes Juegos, en Londres, la española, clasificada en principio en cuarto lugar, se ha alzado finalmente, tras años de espera, con el bronce por descalificación de la rusa Shkolina, estando únicamente a la espera de la oficialización de la medalla por parte del COI. Ese cuarto puesto original de Londres 2012 sí que en su momento dolió mucho, mejor dicho, muchísimo. La cántabra no podía superar el 2.03, mientras sus rivales, las rusas Chicherova y Shkolina y la estadounidense Barrett, lo iban superando, dejando a la española en la cuarta plaza. Con las rusas superiores a Ruth, nos fijamos entonces en Brigetta Barrett, una atleta que hizo ese día la competición de su vida y a la que vimos entre la élite durante muy poco tiempo. Y en tercer lugar, aquellos puestos de Ruth fueron eclipsados y quedaron relativizados por el oro olímpico de Río de Janeiro, la mayor gesta de una española en la historia del atletismo.

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Diego Ordóñez corriendo en Tolosa en los años 20
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Luis Felipe Areta en los Juegos de Roma 1960
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Angelínes Rodríguez
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Domingo Ramón y Francisco Sánchez Vargas en Moscú 1980
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José Marín llegando a meta en Seul 1988
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Martín Fiz tras acabar el maratón en Atlanta 1996
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Valentín Massana llegando pleno de júbilo en Sidney 2000
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Juan Carlos Higuero ascendió a la cuarta plaza en Pekín 2008
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