Real Federación Española de Atletismo







 jueves, 06 de mayo de 2021   ENTREVISTA WEB 54/2021
María Vicente y Ramón Cid, diamante y artesano

Por : Miguel Olmeda

Las manos de Ramón Cid desvelan arrugas de sabiduría formadas en una pista de atletismo. El tartán hace callo y acumula experiencias de toda una vida dedicada al rey de los deportes. Primero como saltador de triple, especialidad en la que fue plusmarquista nacional entre 1976 y 1985 -16.69m llegó a saltar-, de la que se proclamó ocho veces campeón de España al aire libre y otras cinco en pista cubierta, y en la que compitió en dos Juegos Olímpicos, los de Montreal y Moscú. Una vez colgó los clavos, el donostiarra agarró la pizarra. Lleva más de tres décadas ejerciendo de maestro, compaginando las aulas con la pista, y por sus manos arrugadas de sabiduría han pasado futuros profesores y una larga lista de buenos atletas. El último de ellos es la joya de la corona del deporte español: María Vicente, un diamante en bruto.

"Es muy buena, pero hay que apuntalar ese potencial porque no basta con ser buena", señala Ramón Cid, que a los 66 años, "después de toda la vida entrenando gente de casa", se ha encontrado con "un Fórmula 1". Alguien que no tiene límites y que recién cumplida la veintena ya ha batido 57 récords de España, los dos últimos este mismo año: el de pentatlón con 4501 puntos en Madrid el 19 de febrero y el de heptatlón con 6304 puntos en Lana (Italia) el 25 de abril. "No sé dónde está su techo, pero sí que tiene mucho recorrido por delante. Una de las características brutales de María es su aprendizaje para leer un ejercicio o una técnica. Lo que tú le das te lo devuelve mejorado. Es muy muy hábil, tiene una inteligencia motriz enorme", explica el técnico donostiarra, con una única duda respecto al potencial de la combinera catalana: "Solo la incertidumbre de las lesiones, que son la espada de Damocles a este nivel".

Por lo demás, Cid es optimista con su flamante pupila. Ve en ella a alguien capaz de alcanzar cotas que nadie más ha logrado en España. Habla de sumar 6800 puntos en heptatlón, saltar 7 metros en longitud -"a pesar de que nos ha surgido el problema de la imprecisión"-, hacer 23 segundos pelados en 200m o 13 bajos en 100m vallas con naturalidad. "¿Por qué no si tiene el potencial para ello? María me manda señales para creer. No tengo miedo de que sea buena; hay que ser humildes, pero eso no tiene que estar reñido con la ambición ni con la calidad que ella tiene", sentencia el entrenador, exdirector técnico de la RFEA. Vicente está de acuerdo: "Creo que tengo muchísimo margen de mejora y estoy superfeliz de que Ramón tenga esa confianza en mí y crea que puedo conseguir todo eso porque me ayuda a mí a creérmelo. Vamos juntos de la mano".

En ese sentido, la pareja tampoco se frena de cara los Juegos, que ahora están cerca por la vía del World Ranking, donde María Vicente es 16.ª y se clasifican 24. Aunque buscará lograr la mínima de 6420 puntos en Arona los próximos 12 y 13 de junio: "No me conformo con los 6304 de Lana, porque aunque me notaba bien creo que podía haber rascado más centímetros y décimas. Quiero más y quiero estar en Tokio". ¿Y una vez allí? "Disfrutar y coger experiencia para los próximos, pero sin ponerme límites como el ser finalista porque el heptatlón son dos días y todo puede ocurrir", apunta la atleta. Su maestro corrobora: "No me conformo con que vaya a los Juegos, y eso no quiere decir que quememos etapas. Irá a competir".

Ambos son conscientes, eso sí, de que los Juegos de María son los de París 2024. "Ahí sí que quiero estar luchando por las medallas. No sabría decir el color porque queda mucho tiempo, pero sí pelear entre las tres mejores", desliza valiente la plusmarquista española. "Cuando hablamos de medallas hay una variable que no sabemos, que es lo que van a hacer los rivales", matiza Cid, "aunque en 2024 debe asumir que es buena y tiene responsabilidades; con los datos que manejamos tiene que quedar muy bien".

"Necesitaba un cambio"
En poco más de un año de binomio, María Vicente ha batido dos récords de España a las órdenes de Ramón Cid. "Estamos cambiando cosas, ha mejorado técnicamente en alguna prueba, pero sobre todo ha evolucionado condicionalmente, especialmente en fuerza", explica el preparador donostiarra a la par que ensalza la labor de sus anteriores entrenadores, Pere Suñé, Álvaro Fernández y Fernando Martínez. "De joven le marcaron muy buenas pautas, fueron vitales. Trae un abecé, ya está muy bien educada y con buenos fundamentos, el grueso formado", cuenta Cid, en cuyos planes no entraba dirigir la carrera del mayor talento del atletismo español.

"En la pista cubierta de 2020 me llamó Mariajo, su madre, pues ya teníamos buena relación. Me dijo que María necesitaba y cambio y me pidió consejo. Yo le conté las opciones formales que la Federación podía ofertar y entrenadores que podían tener la capacidad de llevarla, incluso algunos en Bélgica y Francia, y en el transcurso de la conversación me preguntó si yo estaba dispuesto a hacerlo", cuenta Cid. "En Barcelona estaba muy bien, pero mi yo interior sentía que necesitaba probar cosas nuevas, puntos de vista diferentes… Me llamaba muchísimo la atención entrenar con Ramón, y me daba mucha confianza. No me prometía nada, simplemente veía que entre nosotros había ese 'feeling' y no dudé", explica Vicente.

Ramón aceptó el reto por pasión. El atletismo es el motor de su día a día. "A pesar de que pasas a estar muy observado, no siento ninguna presión externa. Hago esto porque me gusta y no tengo que dar cuentas a nadie. La única presión es que un entrenador no puede fallar a la inversión en ilusión que hace un atleta, ni tampoco entrenando en cuanto a capacidad. Me ilusiona que haga muchos puntos y disfruto mucho el proceso, pero el momento en el que vea que ya no soy competente le diré: 'María, te tienes que ir'. No tengo ese sentido de la posesión", reflexiona este sabio del atletismo.

El traslado de Sant Cugat a San Sebastián fue duro para María Vicente, todavía una adolescente. Y es que apenas llevaba cinco días en su residencia de estudiantes cuando se decretó el Estado de Alarma y tuvo que marcharse a L'Hospitalet, a casa, con su madre y su hermana. Regresar a Donostia tras el confinamiento supuso un baño de realidad: en el colegio mayor donde vive no había estudiantes, la ciudad era nueva para ella, aparecieron pequeñas lesiones en los isquiotibiales… María vivió meses muy complicados. "Ramón, Teresa (Errandonea) y el resto del grupo me acogieron y se iban turnando para hacer planes conmigo. Me lo han hecho muy fácil y estoy muy agradecida por ello. Fue duro, pero estaba convencida de que este era mi sitio y estaba en el camino correcto", explica la atleta.

"María es buena, pero me he dado cuenta con los años de que para ser realmente bueno hay que querer serlo y hacer lo que sea necesario. María tomó como parte del camino el pasar ese trance, fue parte de su proceso de crecimiento", apunta Cid. ¿Cómo lo superó? "Tenía unas molestias en los isquios y no estaba muy animada porque no ver a mi familia después de pasar tres meses con ellas fue muy duro, así que decidí no acabar la temporada, recuperarme bien e irme a casa para recargar pilas con mi madre y mi hermana y luego volver a San Sebastián a tope en septiembre. Visto en perspectiva, creo que funcionó bien", confiesa Vicente.

"Para ser excepcional tiene que ser buena en todo"
En ese verano a caballo entre Donostia y L'Hospitalet, Ramón y María construyeron los cimientos de una relación muy cercana. "A mí me importan los atletas de forma integral y eso no tiene por qué ser una señal de debilidad. Lo que le tenga que decir a María se lo digo, y ella me pregunta a mí. Me está resultando muy fácil porque con ella siempre está el trasfondo de que quiere ser muy buena. Nos reímos mucho y lo pasamos muy bien con el grupo, pero al mismo tiempo somos muy serios entrenando", desvela el preparador vasco.

No puede ser de otra manera en una especialidad como el heptatlón, "que te da siete oportunidades de hacerlo muy bien, pero también siete ocasiones de cagarla", dice Ramón. "Aunque lo que le va a llevar a ser una grandísima combinera son los 7 metros en longitud, los 13 pelados en vallas y los 23 pelados en 200m, si quiere ser excepcional tiene que ser buena en todo. La estrategia es ganar una o dos pruebas e intentar que las otras no penalicen", explica el técnico.

Analizando el resto de las disciplinas, "ahora mismo la cenicienta es el peso". Este invierno, probaron con el estilo giratorio, "que iba muy bien, pero es una técnica en la que te sales muy fácil, le daba mucha incertidumbre y eso crea ansiedad". Por eso la aparcaron en detrimento del lineal, "que nos da pájaro en mano de 13 metros". Ya habrá tiempo de buscar los 14 con el rotatorio después de los Juegos: "Es algo entrenable y la convertiría en una prueba neutra, no un sumidero de puntos". En la jabalina, cuando batió el récord de España en Lana, María Vicente mejoró su marca personal de 44.19m a 47.83m: "Tiene ahí un potencial enorme. Ahora está en un punto neutro, pero creo que puede ser una prueba buena". Luego están la altura, que "puede ser neutra, aunque es un proceso que requiere algo más de tiempo", y el 800m, "en el que tiene potencial, pero hay que ponderar porque si lo entrenas en exceso a lo mejor te resientes en las vallas o la longitud".

Fuera de la combinada está el triple salto, el ojito derecho de Ramón y también el de María. "Es una disciplina que disfruto muchísimo, me gusta un montón", reconoce la atleta. "Sigo pensando que podría ir a por ella, pero solo tenemos una vida y hay que elegir", señala el entrenador. "Ahora mismo resulta incompatible porque es muy lesiva, pero sigo pensando que podría ser una triplista de 15 metros", admite Cid, y abre la puerta a probarse en la prueba "en alguna época valle, o en la pista cubierta". El problema, bendito problema, es que a María le saliera ese salto que lleva dentro: "Las dudas se incrementarían. Si en un momento dado hay que coger otro camino las circunstancias, las ganas y lo que ella decida nos lo dirán. Habrá que ver qué renta más en lo deportivo y también en lo emocional". De lo que no cabe duda es de que a María Vicente talento le sobra y está en las mejores manos para pulirlo.

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