Real Federación Española de Atletismo





 miércoles, 21 de abril de 2021   ENTREVISTA WEB 47/2021
Diego García Carrera: "Yo siempre salgo a ganar y así saldré también en los Juegos"

Por : Fernando Miñana


La entrevista va cambiando de día. Y luego de hora. La agenda de Diego García Carrera, el soberbio marchador madrileño, no da más de sí. "Creo que el sábado, después de comer, tengo un rato", se aventura cuando ya parece inviable. Y después de comer, ahí está, puntual y formal, un señor de 25 años, dispuesto a responder a cualquier pregunta con educación. La preparación para los Juegos Olímpicos, un máster de la UCAM, la comisión de atletas de la RFEA… Cada minuto importa en la vida del subcampeón de Europa.

Aunque, en verdad, este año hay una prioridad, que es la prueba olímpica de los 20 kilómetros marcha, en Sapporo, y luego está todo lo demás.

Aún así va dejando destellos, como el triunfo a mediados de marzo, en Murcia, con un nuevo récord de los Campeonato de España. Y dentro de poco, el 16 de mayo, estará en la Copa de Europa de marcha, en Podebrady (República Checa), "una de esas ciudades europeas que conocemos únicamente porque suelen organizar campeonatos de atletismo", donde debe estar entre los mejores. "Pero no te voy a engañar: este año todo es secundario, lo que importa son los Juegos. Mi entrenador (José Antonio Quintana) y yo tenemos claro que no podemos desperdiciar las balas que tenemos. Solo tenemos opciones de ganar una medalla si llegamos al máximo, y aun llegando al máximo puede que no lo consigas. 2019 fue la temporada de mi vida, pero como luego lo hice mal en el Mundial parece un año en blanco. Pero al revés es lo mismo: si no haces nada en todo el año pero lo haces bien en los Juegos Olímpicos quedará como el mayor hito de tu vida".

Aunque el Campeonato de España fue especial, algo así como revivir durante algo menos de una hora y veinte minutos -1h19:40- la vida de antes de la pandemia. Llevaba mucho tiempo sin competir y eso fue como reencontrarse con el Diego atleta. Aunque también supuso revivir la agonía de los 20 kilómetros, esos ochenta minutos de sufrimiento que casi había olvidado.

Para él, al contrario que para otros atletas como los marchadores Luis Manuel Corchete o María Pérez, el confinamiento fue demoledor. Aunque, en un esfuerzo por encontrar algo positivo, habla de que sirvió para algo, para aprender que se pueden perder oportunidades por causas ajenas y que cuando sí están en sus manos, hay que aprovecharlas. "Pero, en el cómputo global, fue negativo". Y rápidamente le viene a la cabeza la imagen de la cinta de correr que entró por los pelos después de rozar todas las paredes en un piso pequeño donde vive en Madrid con sus padres y su hermana, Irene, cuatro años más joven que él. Y cómo ese sueño olímpico, condensado en una cinta deslizante, tapaba la televisión y había que sortearlo para alcanzar le mesa a la hora de comer y cenar.

El goteo de horas anodinas cuando acababa el entrenamiento mientras se disputaba con su padre y su madre la salida al supermercado cada viernes, el único resquicio para salir a la calle. Esa ansia por escapar mientras su hermana, entre prudente y paciente, cedía su turno generosamente a lo largo de los 52 días que permaneció enclaustrada en el piso. "Si llegó el día que nos dejaron salir y ella decidió esperarse uno más porque intuyó que habría demasiada gente…", recuerda divertido el madrileño, un joven con una ocupación, la de atleta, poco común, el sello de los García Carrera: su padre es el Ciudadano García, un conocido locutor de Radio Nacional de España, y su madre, PA, 'personal assistant' del jefe en España de una empresa tecnológica.

Él estudió ADE e hizo un máster en mercados financieros, pero estos últimos meses empezó a echar en falta la música -toca el trombón desde los ocho años- porque no podían reunirse las bandas de música por la pandemia y decidió hacer en la UCAM un máster en producción discográfica. Una novedad que germinó durante la cuarentena, cuando su hermana y él empezaron a entretenerse grabando vídeos y, entonces, chocaba con los programas que no dominaba, una frustración que le animó a estudiar para productor musical.

El confinamiento dejó más poso. Como el aprendizaje de dar importancia al presente. O que el día que toca meter kilómetros y le entra la pereza -"y a mí eso me pasa mucho", advierte-, basta con acordarse de cuando sí quería marcharse a la Casa de Campo a pasar la mañana marchando y no podía. Y entonces la cabeza hace clic y accede a enfrentarse a ese entrenamiento más tedioso que un rato antes parecía un suplicio.

El encierro en casa también trajo aceptación "No me rayé demasiado. A veces sí que merece la pena enfadarte y darte un escarmiento para que no se repita, pero en este caso era tontería". Diego amplía eso de darse un escarmiento y explica que es útil cuando los errores que se cometen son por culpa de uno mismo. Pone el ejemplo de la lesión de rodilla que le dejó fuera de los Juegos de 2016 y que pudo haber evitado. Aunque no hay mejor estímulo que unos Juegos Olímpicos. "Te acuerdas todos los días cuando entrenas. A mí me sirve de mucho y me siento afortunado por estar a tiempo de hacerlo bien en los Juegos".

Diego es un atleta con dos apellidos. Hace unos años, cuando Gerardo Cebrián todavía era el jefe de prensa de la RFEA, le llamó para pedirle un favor, que a partir de ese día siempre se refirieran a él como Diego García Carrera. "Hay dos motivos: uno como nombre artístico, que Garcías ya hay muchos en España y fuera de España; pero también porque a mi madre le hace ilusión. Sin olvidar que Carrera, siendo esto atletismo, tiene su punto divertido". Entonces concede que, además, Diego García pertenece a aquel maratoniano que murió en 2001. "He leído mucho sobre él y he visto que era muy querido, así que merece que ese nombre, Diego García, sea suyo. Por eso cogí un día y mandé un correo a World Athletics pidiendo también que me llamarán García Carrera, aunque ahora me lo han quitado y me va a tocar volver a escribirles".

El subcampeón de Europa no solo ha leído sobre Diego García. Al atleta de la AD Marathon le gusta profundizar en la historia del atletismo, una práctica que cree "necesaria". Y en ese repaso por el pasado se detiene especialmente en la marcha, lógico, y se recrea viendo ese historial larguísimo de su amigo Chuso García Bragado, una leyenda del olimpismo. "Para mí es todo un ejemplo. Es un ser sobrehumano que nos sorprende a todos", cuenta sobre su paisano, el mítico 'hombre de mármol', que le dobla la edad. Pero también le gusta recordar el caso de Dani Plaza. "Me mola porque él no tiene los récords ni los mejores puestos, pero llegó un día y se convirtió en campeón olímpico, y encima fue el primero. Abre la puerta a que no solo los mejores se llevan las medallas. Es la parte bonita del atletismo".

Hay más, también no marchadores, como Ruth Beitia. Porque posee un palmarés "espectacular" y porque ha marcado el camino a otros atletas. Y entonces relata Diego la satisfacción que le produce haber llegado a tiempo de coincidir con algunos de los más grandes, los que hicieron que se enamorara del atletismo siendo un niño. Como Ruth Beitia o como Jesús España, de quien aún recuerda con excitación la primera vez que se lo encontró en la Blume y le saludó. "Ese día flipé", explica sin avergonzarse.

La verdad es que Diego García Carrera llegó pronto a la élite. El marchador fue de esos adolescentes que siempre lo hacían bien, con medallas en Europeos y Mundiales desde que era un atleta sub18, con plusmarcas nacionales. Un éxito detrás de otro. Y como todos los niños precoces sufrió el frenazo, la llegada a la categoría absoluta, donde no siempre se puede ganar. "Yo soy un atleta que mejoro mucho mis prestaciones en las competiciones. En un entrenamiento jamás me acerco a mis mejores registros. Me ayuda esa adrenalina de oler que las medallas están cerca. Por eso, cuando las medallas no estuvieron a mi alcance durante unos años, no me convencía salir en un Mundial para intentar quedar entre los 10 o los 16 primeros. Y esos fueron mis peores resultados de siempre y mis peores sensaciones. Un año, después de quedar campeón de Europa júnior con cierta facilidad, llegué a un Mundial y me vi el último literalmente. Luego fui recuperando, pero iba el último. Y eso duró entre 2015 y 2017. Pero ahora agradezco ese aprendizaje", matiza.

Ahora ya no. Ahora lleva varios años equiparándose a los mejores del mundo. Y se niega a pensar que, por su edad, sus Juegos deberían ser los siguientes. Porque este dichoso virus le ha enseñado que hay que ir a tope a por esta cita olímpica y después ya veremos qué pasa con la siguiente. "Yo últimamente salgo siempre a por todas. Aunque luego te puede pasar como en Doha. Pero yo en Doha salí a ganar, me veía ganando. Porque ya hace tiempo que aprendí que si no sales a ganar, no ganas. Y así saldré en los Juegos".

Y dicho esto, se despide educadamente, un señor de 25 años, y se marcha a entrenar a la Casa de Campo. Sin parar. Una cosa detrás de otra. La vida de Diego García, Diego García Carrera.

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