Real Federación Española de Atletismo





 miércoles, 14 de abril de 2021   ENTREVISTA WEB 43/2021
La historia de Julio Gómez Almazán "el ruso"

Por : Miguel Calvo


"El riachuelo se mueve y no se mueve, la luna lo tiñe todo de plata. Se escucha una canción, y ya no se escucha en estas noches silenciosas (…) No olvides tú tampoco estas noches veraniegas de Moscú".
Las noches de Moscú, Vladimir Troshin


Igual que un relato de Antón Chéjov o de Lev Tolstói, la vida de Julio Gómez Almazán bien podría servir de trasfondo para una de las novelas de los grandes escritores rusos del siglo XIX o de guion para una serie de televisión del siglo XXI.

Nacido en 1931 en el popular barrio madrileño de Cuatro Caminos, con siete años Julio Gómez fue uno de los niños de Rusia que el gobierno de la República envió al exilio a la Unión Soviética durante la guerra civil española para ponerlos a salvo. Allí, alejado de su familia y de su tierra, se convirtió en un prometedor atleta universitario, llegando a formar parte incluso de un equipo de relevos 4x800 que mejoró el récord del mundo de la distancia. Nada más terminar sus estudios universitarios se embarcó en uno de los barcos que casi veinte años después comenzaron a repatriar a aquellos jóvenes que un día habían abandonado su país siendo solo unos niños. Recién llegado a Madrid, cansado y sin haber podido entrenar durante varias semanas, ganó la primera carrera a la que se presentó en la madrileña Casa de Campo. Se convirtió en uno de los asiduos de la vieja pista de ceniza de la Ciudad Universitaria de la capital y, consagrado como uno de los mejores atletas españoles de la época que tras la figura de Tomás Barris reinventaron el mediofondo español, alcanzó su sueño olímpico al competir en los Juegos Olímpicos de Roma 1960 que comenzaron a dibujar el mito de Abebe Bikila y en los primeros Juegos Iberoamericanos que se disputaron aquel mismo año en Santiago de Chile.

"Era tan pequeño y ha pasado tanto tiempo que no recuerdo nada de aquel viaje desde Madrid hasta la Unión Soviética - cuenta a sus 89 años Julio Gómez Almazán al tiempo que todavía hoy nos podemos transportar con la imaginación a aquellos años de guerras y conflictos que cambiaron el mapa del mundo durante la primera mitad del pasado siglo XX -. Viajé hasta allí con mi hermano pequeño y nada más llegar nos recogieron en Moscú, donde vivíamos juntos 200 o 300 niños españoles, hasta que empezó la II Guerra Mundial y nos tuvieron que evacuar a otras zonas más seguras a lo largo del río Volga".

"En la Universidad había una asignatura obligatoria de deportes y cuando empecé mis estudios superiores en la escuela de Ingenieros de Construcción (el equivalente ruso a Ingeniero de Caminos) comencé a correr y vi que se me daba muy bien, por lo que me apunté al grupo de atletismo. Allí se organizaban unas competiciones por relevos muy festivas y cada club presentaba equipos para todas las distancias. El nivel era muy alto, por lo que era muy difícil destacar, pero, aunque no era de los mejores, siempre estaba en el grupito de los buenos y llegué a ganar algunos campeonatos universitarios y a entrar en las finales de algunos campeonatos nacionales", continúa recordando el atleta que en Rusia llegó a correr los 800 metros en 1:50.2 y los 1.500 en 3:48.0 (por debajo de los récords españoles de Tomás Barris vigentes en ese momento) y que formó parte del relevo 4x800 del club Burevestnik de Moscú que batió el récord mundial de la distancia en 1956, a pesar de que fue una marca que nunca llegó a oficializarse al no ser todos los corredores del equipo de la misma nacionalidad.

"Al finalizar mis estudios mi idea era comenzar a buscar trabajo en Rusia, pero justo en ese momento comenzaron los viajes de regreso a España y, aunque mi hermano se quedó allí un tiempo más para terminar de estudiar, tan pronto como me enteré que se iba a flotar un barco decidí embarcarme de vuelta a Valencia - continúa Gomez Almazán -. En aquel momento pensaba que mi etapa en el atletismo había acabado, y de hecho estuve varias semanas sin entrenar por el viaje en barco, pero nada más llegar a Madrid, donde la casa de mi familia ya no existía y mi madre había rehecho su vida en Vallecas, pregunté por alguna carrera en la que poder participar y me dijeron que podía presentarme en una que se iba a disputar esos mismos días en la Casa de Campo".

"En España, en ese momento no me conocía nadie y de hecho tuve que participar en la prueba que se organizaba para neófitos, pero tras ganar aquella primera carrera todo el mundo se enteró de mi historia y comencé a salir en todos los periódicos como aquel niño de Rusia que había formado parte de un récord del mundo de 4x800", continúa recordando el veterano atleta que regresó a España a mediados de diciembre de 1956 y que, en plena resaca de la confirmación oficial de la irregularidad del estilo español de lanzamiento de jabalina, la víspera de nochebuena asombró a todos ganando aquel Trofeo de Navidad que organizaba la Jefatura Provincial de Educación y Descanso con una clase impropia de un atleta supuestamente desconocido o novel, lo que ocasionó que rápidamente la prensa de la época se hiciera eco de su verdadera historia.

Por aquel entonces, la vieja pista de ceniza de la Ciudad Universitaria de Madrid era el auténtico epicentro atlético de la capital. El hogar de una inolvidable generación de atletas que, dirigidos por José Luis Torres, comenzaron a modernizar el atletismo español camino de Roma 1960, Tokio 1964 y México 1968. Y un auténtico reflejo del ambiente universitario del Madrid de la época, donde se daban cita toda clase de deportistas y personajes, desde atletas a jugadores de rugby o baloncesto, futbolistas e incluso toreros, actores o lo más granado del periodismo deportivo de la época. Razones por las que es fácil imaginar la gran expectación que se generó alrededor de aquel talentoso joven que acababa de llegar de Rusia.

"En cuanto pregunté que donde podría entrenar, todo el mundo me habló de la pista universitaria, que por aquel momento era el centro del atletismo madrileño y español. Al principio comencé a entrenar solo, pero pronto empecé a conocer a más atletas y a sentirme como en casa", continúa Gómez Almazán al tiempo que recuerda cómo empezó a trabajar durante los primeros días con Juan Sastre y Rafael Cavero, cómo empezó a vestir los colores del Real Madrid cuando el equipo blanco tenía sección de atletismo y cómo rápidamente comenzó a formar grupo junto a otros atletas tan legendarios como Jesús Hurtado o Enrique Moreno, al mismo tiempo que confiesa que cuando llegó de Moscú pensó que aquí podría ser un gran campeón, pero que luego se sorprendió al encontrar atletas tan buenos como nunca hubiese imaginado.

"Tenía una calidad enorme y fue el primer gran atleta que pude entrenar", tal y como recordamos las palabras del profesor José Manuel Ballesteros. "Fue un atleta muy especial que con su gran valía deportiva y personal enseguida se ganó el cariño de todos nosotros", tal y como podemos volver a escuchar las palabras de Jaime López Amor siempre que regresamos a la vieja pista de ceniza.

Tan rápido como el resto de su trayectoria como atleta, repleta de momentos tan icónicos como su victoria por delante del gran Tomás Barris en el campeonato de España disputado en Montjuïc en 1960; su participación en los Juegos Olímpicos de Roma 1960 (sexto en su eliminatoria de 800 metros); sus paseos por las calles romanas junto al resto del equipo olímpico español dirigido por José Luis Torres y formado por atletas como Miguel de la Quadra-Salcedo, Carlos Pérez, Miguel Navarro, Pipe Areta, José Molins o el propio Barris entre otros; su gran participación en los primeros Iberoamericanos de Chile (4º en 800 metros y bronce en 1.500); sus diez internacionalidades entre 1959 y 1962 o la legendaria fotografía de la inauguración del Palacio de los Deportes de Madrid, donde fue tercero en una exhibición de 1.000 metros tras Barris y Hurtado.

"Pero ya tenía muy claro que cuando compites tienes que estar todo el día entrenando en el estadio y que lo que me tocaba era buscar trabajo y seguir preparando mi futuro", termina de relatar el atleta residente en Blanes (Girona), donde llegó tras viajar primero a Andalucía y luego a Barcelona para trabajar en la construcción de la autopista del Mediterráneo.

Lejos de aquella época de pistas de ceniza que sucedió a las grandes guerras y donde el atletismo siempre era una manera de seguir celebrando la vida, a sus 89 años Gómez Almazán sigue transformado en realidad su sueño de seguir corriendo por las calles de su barrio, como ha hecho toda la vida. Continúa siguiendo el atletismo gracias a la televisión. Y continúa aferrado a todos los recuerdos que perviven en su cabeza como si fueran una colección de muñecas rusas, donde un recuerdo siempre lleva a otro: "Le debo toda mi vida al atletismo. Miro hacia atrás y me sigo emocionando por haber podido ir a unos Juegos Olímpicos tan especiales como fueron los de Roma 1960 o de haber tenido la suerte de correr en varias ocasiones con un mito como Vladimir Kuts en las carreras por relevos que se organizaban en Moscú y donde competíamos entre los mejores equipos de la capital".

"Me hubiese encantado regresar a Rusia en alguna ocasión, pero nunca he vuelto. Todos mis estudios los hice en ruso y en mi cabeza el idioma en el que crecí sigue tan vivo como siempre. Me gusta mucho leer en ruso y lo hablo siempre que puedo. Al fin y al cabo, es una forma de continuar recordando toda aquella parte de mi vida", termina de relatarnos Julio Gómez "el ruso", a quien siempre recordaremos corriendo tras los pasos de Kuts o de Barris, a medio camino entre la pista de ceniza de la ciudad universitaria de Madrid o los grandes estadios de Moscú.

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Junto a Jesús Hurtado posando con sus trofeos a su regreso de Lisboa donde compitieron en pista cubierta
Junto a Jesús Hurtado posando con sus trofeos a su regreso de Lisboa donde compitieron en pista cubierta

Julio Gómez y Jesús Hurtado tras finalizar el 1.500m del Campeonato de España de 1960 en Barcelona.
Julio Gómez y Jesús Hurtado tras finalizar el 1.500m del Campeonato de España de 1960 en Barcelona.

Portada de la revista Atletismo Español. Inauguración del Palacio de los Deportes de Madrid: Julio junto a Tomás Barris y Elías Reguero
Portada de la revista Atletismo Español. Inauguración del Palacio de los Deportes de Madrid: Julio junto a Tomás Barris y Elías Reguero

Ganando un cross en la Casa de Campo madrileña
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