Real Federación Española de Atletismo





 jueves, 08 de abril de 2021   ENTREVISTA WEB 40/2021
Ángel Cruz, apasionado y romántico del atletismo

Por : Emeterio Valiente


¿Qué se puede esperar de alguien que consigue el complicadísimo hito de ser seleccionado para competir en unos Juegos Olímpicos y renuncia, consciente de su inferioridad física, a tan maravillosa y única experiencia vital para no cercenar las posibilidades de sus compañeros? Evidentemente, todo y más. Ése es Ángel Cruz, velocista en el tartán y fondista en el periodismo tras más de 40 años de exquisita pluma, siempre eligiendo la palabra idónea y el adjetivo adecuado; cómplice de la moderación, el rigor y el buen gusto, huyó siempre de la estridencia y la exageración. Ninguna frase resultaba vacua, pero tampoco redundante. Más allá de su cambio de situación administrativa, la fiesta de las letras continúa en @AngelCruzJ. Disfrútenla.

Salamanca. 1971. Ahí empezó todo; un imberbe querubín presenciaba embobado las evoluciones del mejor velocista español de la época, qué inmensa fortuna la suya; diríase que estaba, literalmente, con y en el paraíso, y sintió que el atletismo llamaba a su puerta, "empecé a entrenar con 16 años recién cumplidos. Yo estudiaba el Bachillerato en el Instituto Fray Luis de León, que estaba al lado de las pistas de tierra de El Botánico y, al salir, veía entrenarse allí a José Luis Sánchez Paraíso, Álvaro González y a los demás grandes velocistas salmantinos de la época.; como yo era el más rápido del instituto, un día me presenté allí y dije que yo también quería entrenar. Carlos Gil me citó para el día siguiente, hice unas cuantas carrerillas con todos y, para mí sorpresa, porque, lógicamente, comparado con ellos yo era una 'tortuguilla', Carlos me dijo que volviera, eso me puso muy contento y fiché por la Unión Deportiva Salamanca, que iba a ser mi único club. Entrenábamos en una pista de tierra negra, con piedras y un repechón en una curva. Entonces no sabíamos que debajo de ella había enterrada una iglesia del siglo XVI e incluso restos íberos que hoy se pueden visitar en un Parque Arqueológico".

Chavales que practiquen atletismo con 16 años, aún sin esas ilustres compañías, hay unos cuantos, que también escriban ya no hay tantos; debutando a tan tierna edad en el noble arte de redactar, el medio en el que hizo sus primeros pinitos no podía llamarse de otra manera: 'El Adelanto', "yo quise ser primero piloto de caza, una locura de niñez influenciada porque un tío materno lo había sido durante la Guerra Civil; sobrevivió a la Guerra pero se estrelló con su avión, ya acabada ésta, aunque se me pasó pronto porque me mareaba en los coches, así que, en un avión… y creo que decidí ser periodista viendo en TVE los reportajes de Miguel De la Quadra-Salcedo. Carlos Gil lo sabía y como él era responsable de Deportes en 'El Adelanto', de Salamanca, pues me encargó que hiciera unas entrevistas por aquí y por allá".

Tras ese calentamiento charro de dos años combinando sus dos pasiones, la mayoría de edad le trajo a la gran ciudad, donde empezaba la auténtica competición, "con 18 años vine a Madrid a estudiar Periodismo, yo quería seguir haciendo atletismo en Madrid y Carlos Gil me puso en contacto con Paco López. Simpatizamos rápidamente y en el primer entrenamiento enganché unas cuantas salidas buenas y él pensó que era un sprinter muy explosivo. ¡Nada más lejos de la realidad! Él entrenaba a velocistas como Juan Sarrasqueta y, sobre todo, a los mejores saltadores de altura de España". Hablando de altura, la de Ángel es y era 1.63, lo que no fue óbice ni cortapisa para que atrapara el bronce del Nacional júnior del 74 en Oviedo e integrara, en su primera internacionalidad, el relevo de 4x100 que batió el récord de España júnior en Madrid con 40.6. "La verdad es que Paco López 'sacó petróleo' de mis cualidades, supo entrenarme muy bien. La estatura fue siempre un hándicap, era muy bajito. Cuando corría, oía como algún espectador gritaba, "¡Mira cómo corre ese pequeñajo!". Yo decía en broma que a mí nunca me había ganado nadie más bajito que yo… porque no lo había (risas). Mis marcas, creo, fueron modestas, pero buenas para mis condiciones. Tenía una buena técnica, subía mucho las rodillas, y tenía bastante fuerza en el tren inferior, pero físicamente estaba muy limitado".

Bendita limitación, que pronto atisbó el sabio Paco López, dirigiéndole progresivamente hacia la vuelta a la pista, "en el 76 gané la plata del Nacional absoluto en 200 y Paco me sugirió que en dos años pasásemos al 400. Le dije que mejor en uno solo, aumentamos mucho el volumen de trabajo en series y tuve problemas serios con los tendones de Aquiles, pero así y todo hice 47.5 en mi primer año de cuatrocentista y conseguí la medalla de plata en el Campeonato de España en Granollers y ser internacional absoluto, me seleccionó José Luis Martínez, el director técnico de entonces".

Poco después afrontó su semestre más exigente, de noviembre de 1977 a junio de 1978, pero es que hay algunos trenes que pasan solo una vez y gracias a su explosiva salida no le resultó complicado cogerlo, "entrenaba, estudiaba, trabajaba a la vez y dormía poco. Comencé a trabajar en el AS a finales del 77 porque Miguel Ángel Escamilla, hijo de Pedro Escamilla, dejó el periódico para irse a Radio Nacional y necesitaban a alguien que escribiese de atletismo. Carlos Gil me dijo que llamase a Carlos Jiménez, que era jefe de sección y que ya me conocía como atleta; me citó en el periódico y comencé a trabajar allí. Carlos Jiménez es uno de los mejores periodistas que he conocido en mi vida, me enseñó casi todo lo que sé y fue mi amigo".

Ángel dejó plusmarcas personales de 21.48 (200) y 47.3m (400); cuando indagamos sobre cuál considera que ha sido la mejor carrera de su vida, su tiempo de reacción en responder, 0.100s, le coloca al borde de la salida nula, "mi primera posta en el 4x400 de la final de la Universiada de México. Acordamos entre los cuatro (Benjamín González, José Casabona, Isidoro Hornillos y yo) que teníamos que jugárnosla para batir el récord y yo salí casi como si estuviera corriendo un 200, no he corrido más rápido en mi vida. Desde la grada me tomaron 46.6, pero cronometrar al primer relevista en el relevo largo desde la grada siempre es complicado. Por cierto, entre nosotros cambiamos el sistema de cambio de testigo, que nos parecía suicida, aprovechando que Manuel Pascua, el responsable de la especialidad, no estaba allí y nos salió perfecto, fuimos cuartos en una carrera en la que EEUU batió el récord mundial universitario, mejoramos el récord español por más de dos segundos con 3:04.22 y terminamos el año como undécimos del mundo".

Con esas credenciales podría intuirse que la plaza para los Juegos Olímpicos de Moscú estaba ya bien amarrada, pero nada más lejos de la realidad, "entonces las mínimas había que hacerlas cada año, de forma que no valía el récord de México. Nos quedamos cerca en una Westhtletic en Wintenthur (Suiza), donde competí en el relevo con el padre de los Borlee y finalmente la alcanzamos en Thonon-les-Bains, corriendo fuera de concurso en un Francia-Suecia-Suiza, llegamos a tener las tres mejores marcas históricas en 4x400". Ya en la capital moscovita, el cuarteto titular lo iban a conformar Benjamín González (qepd), Colomán Trabado, Isidoro Hornillos y nuestro protagonista, pero sucedió lo triste e inesperado, "me lesioné en el primer entrenamiento allí, unos seis días antes de las semifinales; haciendo un progresivo por la hierba sufrí una contractura en el bíceps de la pierna derecha; al principio, pensé que no tenía importancia, pero sí la tuvo. Cuando llegó la hora de confirmar el equipo, los técnicos me dijeron que me probara en unas series de 150 metros y que decidiera yo mismo. Podía correr sin problemas en algo más de 17 segundos, pero en cuanto aceleraba me dolía, y de esa forma no podía competir, máxime en un relevo. Si hubiera sido una prueba individual, me la hubiera jugado, pero no podía hacerlo en el 4x400, por respeto a mis compañeros. Mi sustituto iba a ser Antonio Páez, pero renunció a competir y entonces lo hizo Casabona".

La de Moscú no es, y no solo por ese infortunio personal, una cita que recuerde con especial agrado, "los atletas no estuvimos en la ceremonia inaugural, nos incorporamos en la segunda expedición; para mí no fue una experiencia muy agradable, por la lesión. En todo caso, fueron unos Juegos tristes, por el boicot de muchos países de Occidente, siguiendo las presiones de Estados Unidos, que protestaba así por la invasión soviética de Afganistán. España no cedió a esa presión, igual que el Reino Unido, por ejemplo, pero estábamos allí con bandera del Comité Olímpico Español, no con la bandera española. Por cierto, en el equipo éramos tres periodistas: Martí Perarnau, Jenaro Iritia y yo".

Quién sabe si esa especialmente inoportuna lesión fue el desencadenante de su más que prematura retirada, si bien el tenor de sus palabras parecen confirmarlo: "el no poder competir en Moscú por lesión supuso una gran decepción para mí. El Campeonato de España se celebró aquel año después de los Juegos y me empeñé en recuperarme y hacerlo bien allí. Se disputaron en el INEF de Madrid, con preciosas jornadas nocturnas, y fui tercero, por detrás de Isidoro Hornillos y Benjamín González. Me alegré mucho de volver a competir a buen nivel, pero creo que ellos se alegraron aún más. Luego participé en un encuentro internacional en el estadio de Serrahima, en Barcelona, y aquella fue mi última competición, a los 25 años. Comencé a entrenarme para la siguiente temporada, pero ya pensaba mucho más como periodista que como atleta, y lo dejé. Volví esporádicamente para ayudar en la liga a la Unión Deportiva Salamanca, mi club de toda la vida pero haciendo 100 metros, ya que no tenían velocistas, y entrenándome solo quince días antes, solo se trataba de ayudar". Vicente Capitán, que compartiera con Ángel redacción en As varios años, relata una anécdota acontecida en un trofeo para periodistas de finales de los 90 en La Peineta, "una de las pruebas era un 100 y recuerdo que Ángel salió de tacos con su técnica impecable, el que tuvo retuvo, pero acabó con una rotura de fibras a los 40 metros", mientras el protagonista corrobora: "un amigo me dijo que mi problema era que mi musculatura no estaba ya al nivel de mi técnica" (risas).

A la hora de citar las actuaciones de españoles que más le han impactado es cristalino, "recuerdo con admiración profunda la medalla de plata de Jordi Llopart en Moscú 1980, la primera olímpica para el atletismo español, y también en el Estadio Lenin, a José Marín, Antonio Corgos, Domingo Ramón, Paco Sánchez Vargas y Javier Moracho, que fue mi compañero de habitación; ya solo como periodista destaco las medallas españolas en los Juegos de Barcelona 92 firmadas por Fermín Cacho, Antonio Peñalver, Javier García Chico y Daniel Plaza, el triplete de los maratonianos en los Europeos de Helsinki (Martín Fiz, Diego García y Alberto Juzdado) y el doblete de Abel Antón y Martín Fiz en Atenas 1997, aunque hay muchas más, evidentemente".

Del espectro internacional rescata algunos momentos históricos que no todos conocen, "recuerdo que quedé asombrado el 21 de agosto de 1977, en la Universiada de Sofía, al ver cómo el mismo día, y con una hora de separación, batían sendos récords del mundo dos cubanos, Alejandro Casañas (13.21 en 110 mv) y Alberto Juantorena (1:43.44 en 800). Allí hablé por primera vez con Juantorena, uno de mis atletas preferidos de siempre, me asombró en 400 metros el primer día que le vi correr y me sigue impresionando cuando veo sus vídeos. Como informador, lo más impresionante que he visto ha sido la competición de longitud en los Mundiales de Tokio 1991, con Powell en 8,95, récord mundial, y Lewis, en 8,91 con viento y 8,87 legal. También destaco los dos récords mundiales de Sotomayor en Salamanca, el último de 2.45 aún vigente, el 19.32 de Michael Johnson en los 200 de Atlanta y aquella final de 100 metros de los Mundiales de Roma, con Ben Johnson y Carl Lewis. Fue trepidante, aunque entonces no sabíamos cómo iba Johnson, claro… He tenido la suerte de ver y escribir sobre récords mundiales espectaculares. En el mundial de Helsinki 1983 tuve la oportunidad de ver cómo nacía una estrella grandiosa como Carl Lewis y admiré allí y posteriormente a una generación irrepetible: Edwin Moses, Sergey Bubka, Grete Waitz, Mary Decker…".

El hecho de haber sido atleta de élite se reveló un plus, tanto para Ángel en su faceta periodística, como para su legión de afortunados lectores, "haber sido atleta ayuda, sin ninguna duda: sabes lo que siente en una cámara de llamadas, la guerra psicológica que puede haber en un calentamiento, la tensión de estar en posición de listos esperando el disparo… ; pero, además, he intentado aprender también por otros medios, por ejemplo, aprobé en su momento el curso de ingreso en la Escuela Nacional de Entrenadores, he asistido a conferencias y he charlado horas y horas con atletas, médicos y entrenadores; recuerdo especialmente un par de horas con Hans Ruf en su habitación del hotel, con vídeos incluidos, con las que salí 'diplomado' en pértiga: agarres, durezas…".

Pedirle a un periodista de atletismo que tenga un conocimiento conspicuo de todas y cada una de las disciplinas que componen el deporte olímpico por excelencia sería algo tan poco razonable como exigirle a un médico que dominara en profundidad todas las especialidades de la medicina, "ningún periodista domina todas las especialidades del atletismo, es imposible. Yo domino algunas y otras no tanto, pero cuando desconozco algo, lo pregunto al que sí sabe, sobre todo a los entrenadores; ya como espectador, me gustan los 100 metros y los 1.500, sobre todo, pero disfruto con todas las pruebas y me veo del principio al final los 50 kilómetros marcha, por ejemplo". En este punto creemos que, increíblemente, Ángel ha tenido un lapsus: obviamente quería decir los 50 kilómetros Bragado. No exageramos; de hecho, su retirada después de los Juegos de Tokio llevará aparejada la desaparición de la disciplina.

Habiendo mentado Ángel los emblemáticos y glamourosos 1.500, recordamos que los años 80 fueron testigo de la época dorada del 1.500 hispano con aquella dupla inolvidable que formaban José Luis González y José Manuel Abascal, casi coetáneos suyos; cuando en aquella época se hablaba de 'las 2 Españas', no solo significaba eso ser de derechas o de izquierdas, o ser ferviente seguidor del Real Madrid o del Barcelona, sino también cuál de los dos excelsos milleros era tu favorito, no cabía la abstención ni la duda; Ángel rememora cómo encaró el reto de ser imparcial y equidistante, "nunca hay que dejarse llevar por las simpatías personales, pero somos personas y a veces es difícil evitarlo. Abascal me dijo una vez, cariñosamente, que yo era 'Gonzalista', y algunos atletas me comentaron que González aseguraba por ahí que era 'Abascalista'. De todo ello se deduce que, efectivamente, fue un árbitro neutral y que solo los más exacerbados partidarios de uno y de otro veían fantasmas en sus mesuradas crónicas, "no creo haber tomado partido ni por uno ni por otro, pero el trato siempre era más fácil con Abascal, en mi caso y en el de todos los periodistas. Los dos, en la pista, daban un tremendo espectáculo, cada uno a su manera".

Antes del advenimiento de internet, donde todo cabe, Ángel tuvo que luchar con denuedo, más quizás que en la última recta de un 400, para no dejar huérfanos de contenido a sus ávidos lectores dada la obvia limitación de espacio que imponía el formato papel, "la verdad es que se quedaban muchas cosas en el tintero y la negociación era a veces muy dura, pero finalmente siempre se imponía, como es natural, el criterio del jefe, acertado o no. Los atletas que se me quejaban de lo poco, según ellos, que se escribía de atletismo, desconocían lo duro que era, y que sigue siendo, conseguir espacio para nuestro deporte en las páginas de un periódico. No todos los atletas saben que los que escribimos de atletismo nos hemos dejado la piel en las redacciones buscando siempre un poquito más de espacio y que hemos sufrido bastante".

Crónicas, reportajes, entrevistas…ningún género escapó a su pasión periodística, aunque siempre existen preferencias, "disfruté mucho entrevistando a Mike Powell, por ejemplo, y sufrí bastante, en una época con los cubanos, porque apenas hacían declaraciones, salvo Juantorena. Escribí con mucha satisfacción las crónicas de los grandes éxitos y, a veces, casi con lágrimas, las de los fracasos; en todo caso, lo que más me gustaban eran los reportajes".

Una entrevista en la que todo sea de color de rosa no sería real ni siquiera creíble; es por ello que abordamos el espinoso y feo asunto del dopaje; de los no pocos episodios que han salpicado a algunos de los mejores atletas españoles de todos los tiempos, Ángel tiene claro cuál le ha dolido más, "casi todos los casos de dopaje me sorprendieron y eso que, en algunos casos, ya me habían advertido de qué iba la cosa con algunos de ellos. El caso que más daño ha hecho es el de Marta Domínguez, sin duda alguna. Algún positivo, hace muchos años, me fue anunciado antes de hacerse oficial, con la condición de no publicarlo, algo que siempre respeté".

Si dando una charla en un colegio tuviera que glosar la excelencia de un atleta español para ensalzar a nuestro deporte, comenta: "la lista de candidatos sería amplísima, pero si hay que elegir a una sería Ruth Beitia, por ser campeona olímpica aún vigente, por su inteligencia y por la pasión que siempre ha mostrado y muestra por el atletismo. A Ruth le debemos muchísimo".

Dicen que son odiosas, pero en este caso merece sin duda hacer la comparativa entre el atletismo español que conoció hace justo media centuria y el actual, chapado a la moderna, "son como la noche y el día: entonces no había ayudas económicas, la inmensa mayoría de las pistas en España eran de tierra, cuando viajabas con el equipo nacional no había médicos y, a veces, ni masajistas; a mí ha llegado a atenderme de una lesión muscular un médico de la Seguridad Social que no comprendía por qué iba por allí un chico joven alegando que no podía correr; a los que se entrenaban por las carreteras les llamaban vagos y les mandaban a trabajar y, si eran chicas, mejor no contar a dónde las mandaban; afortunadamente se ha evolucionado mucho y bien, aunque siempre quedan cosas por conquistar".

Evidentemente, además de los propios atletas, son innumerables las personas, de todos los estamentos, que han contribuido sobremanera a alumbrar el actual atletismo español, moderno y reconocido en todo el mundo, así que le ponemos a Ángel en el aprieto de que relacione a los imprescindibles: "me voy a dejar a muchos fuera y me limitaré solo a los anteriores a los actuales. Juan Manuel de Hoz, porque supo ver que había que ayudar económicamente a los atletas, José María Odriozola, porque creó la estructura actual del atletismo, Carlos Gil, director técnico, porque innovó en la Dirección Técnica...;entrenadores míticos, como Paco López, Julio Bravo, José Luis Martínez, José Luis Torres, Jaime Enciso, Hans Ruf, José Manuel Ballesteros…y periodistas a los que se debe mucho, como Pedro Escamilla (Marca), Carlos Jiménez (As) o Gregorio Parra y José Ángel de la Casa (TVE)".

Su proverbial modestia le lleva a tildar de desnivelada la balanza entre lo que Ángel Cruz le ha dado al atletismo y lo que el atletismo ha dado a Ángel Cruz, "el atletismo me ha dado mucho más a mí que yo a él. Como atleta me enseñó que la disciplina y el trabajo son los únicos métodos para alcanzar algo. Me ha dado ilusión, me ha permitido trabajar en lo que me gustaba, conocer a mucha gente, viajar por muchos países que nunca hubiera visitado de otra manera y momentos de gran alegría".

Su cuenta de Twitter se ha revelado estos días como un magnífico e ideal escenario de un multitudinario, espontáneo y merecido agasajo por parte de colegas periodistas, atletas y hasta aficionados anónimos, "me ha sorprendido mucho, no esperaba una reacción así, ni de lejos. Y, además, con comentarios muy cariñosos de gente que ni siquiera conozco y que me dedican frases que me han llegado al alma. Estoy muy agradecido".

Quizás, querido Ángel, las gracias hay que dártelas a ti por tan extensa e impecable trayectoria.

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en su época de atleta, en una salida de tacos
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1980. En la plaza roja de Moscú
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