Real Federación Española de Atletismo





 jueves, 25 de marzo de 2021   NOTICIA WEB 51/2021
Rumbo a Tokio 2021: Historias del atletismo olímpico español (II)

Por : Miguel Villaseñor


Segundo capítulo de las historias del atletismo olímpico español. Hoy hablaremos del Campamento Olímpico de Londres 1948 y de la evolución del mejor puesto olímpico de los atletas españoles.

El Campamento Olímpico de Londres 1948
La cita olímpica de Londres 1948 fue calificada como los Juegos de la Austeridad. Efectivamente, la austeridad fue la nota predominante, y los británicos asumieron la organización como una cuestión de orgullo nacional, gastando lo imprescindible. En la capital británica no se construyeron nuevas instalaciones deportivas y se adaptaron todas las que había disponibles. La villa olímpica fueron los antiguos barracones de uso militar en Richmond Park, al suroeste de Londres, a unos 15 km del centro de la ciudad. Richmond Park era, y es hoy día, un muy antiguo parque natural o seminatural, que había sido utilizado en parte como asentamiento militar en las décadas anteriores.

El "olympic camp" o "campamento olímpico", como se le llamó de manera oficial en aquellos días, eran unas instalaciones ciertamente modestas, en parte de nueva planta y en parte aprovechando las infraestructuras del anterior asentamiento militar. Bien es verdad que muchos deportistas venían de una Europa todavía en ruinas tras la Segunda Guerra Mundial y no les parecieron tan mal. España, que no había vivido la contienda universal, intentaba salir de la dura posguerra de nuestra Guerra Civil, en la que las condiciones de vida de la mayoría de los españoles fueron muy complicadas. Por ello, a nuestros compatriotas españoles tampoco les parecieron mal.

Desgranemos los nombres de nuestros atletas en aquella cita olímpica: Juan Bautista Adarraga (800 y 1.500 metros), Gregorio Rojo (5.000 y 10.000), Constantino Miranda (10.000 y obstáculos), Manuel Suárez Molezún (110 metros vallas), Félix Erausquin (disco), Pedro Apellániz (jabalina) y Enrique Villaplana (50km marcha). Viajaron también los directivos Joaquín Agullá (presidente de la RFEA), Manuel Segurado y Diego Ordóñez, antiguo atleta olímpico y Jefe de Equipo según nomenclatura actual.

Los deportistas españoles viajaron a Londres en tres expediciones, los siete atletas lo hicieron el día 27 de julio en un vuelo directo de la KLM desde Madrid. Suerte tuvieron, pues el día anterior los que viajaron lo hicieron con escala en Ginebra y en Ámsterdam, nada menos. Y del aeródromo de Croydon a Richmond Park, al Campamento Olímpico. Añadamos que los Juegos fueron inaugurados dos días más tarde, el día 29. "Los españoles, contentos con sus alojamientos", se publicó en su día en la prensa. Sin embargo, hubo dificultades desde el principio, con temas menores o no tan menores, que se fueron solventando según pasaban los días, en parte por el buen hacer de José María Gutiérrez de Castillo, jefe del campamento español. Lo primero que sorprendió fue el fuerte calor, inusual en Londres. Sin embargo, en los días siguientes el tiempo cambió y llegó a ser frío y lluvioso.

Los atletas españoles hicieron sus entrenamientos, el primero de ellos al día siguiente de llegar, en la pista de Paddington, que hoy todavía existe, no lejos del centro de la capital británica. El ir y volver a Paddington era tedioso y ocupaba mucho tiempo, compartiendo autobús con finlandeses, suecos e italianos, por lo que muchos atletas, españoles incluidos, se ejercitaban en los alrededores del campamento, que era, y es, un parque seminatural precioso, con bosques y praderas verdes. Los desplazamientos a Wembley tampoco fueron sencillos. La sensación que tuvieron muchos deportistas en aquel entonces fue la de aislamiento respecto a la cita olímpica. Además de la comida, de la que hablamos a continuación, muchos problemas vinieron con el idioma para comunicarse con los distintos servicios del campamento, pues para todos los países de habla hispana solo había un intérprete, un muy voluntarioso inglés que había vivido en Jerez de la Frontera. Pensemos que entonces los españoles e hispanoamericanos no hablaban inglés como hoy día, la mayoría no sabía más que tres palabras.

Nunca la comida británica se ha distinguido por su calidad, pero es que en los comedores de Richmond Park era especialmente discreta, además de monótona y a veces escasa; "no es como la que acostumbramos a tomar en España, no es buena, aunque no se pasa hambre", comentó a la prensa uno de los nuestros. Chocaba sobremanera la utilización de mantequilla por doquier. Por ello todos los equipos se afanaron en proporcionar a sus deportistas alimentos traídos directamente de sus países, lo que a la organización le vino de perlas. Los españoles recibieron aceite, arroz y vino. Sí, habéis leído bien, vino. En este sentido fue muy notable la ayuda que nos dio la delegación argentina, que nos ayudó mucho con todo y proporcionó comida extra a los españoles hasta que nuestros propios envíos pudieron llegar. Se agradeció especialmente el coñac que los españoles pudieron degustar gracias a los argentinos; sí, habéis vuelto a leer bien.

Ciertamente se generó un gran ambiente la comunidad iberoamericana dentro del campamento, y los españoles recibieron ayuda, no sólo de los argentinos, sino de todas las delegaciones de habla hispana. La estancia en Richmond Park se prolongó más de 20 días. En uno de los últimos días, en los que la mayoría de los atletas habían terminado su participación, las delegaciones organizaron funciones de teatro y los españoles representaron, cómo no, una corrida de toros, en la que Constantino Miranda hizo de picador.

Y terminamos con la jugosa circunstancia, no la podemos llamar anécdota, que el maestro Pedro Escamilla relata en el libro "El atletismo olímpico español" (1992): "Londres tenía aún las huellas de los bombardeos de la Luftwaffe y en el plan económico persistían las dificultades. Hay racionamiento, aunque a los atletas se les deja cierta libertad, mejor dicho, se les aumentan las raciones, y al estadio de Wembley se le dota de pista nueva. Los deportistas son acomodados en el campamento de Richmond. Los españoles acuden cada uno con su "mono" de entrenamiento, sin ninguna uniformidad. Los extranjeros, todos, llevan sus "buzos" con las letras de sus países cosidas en el pecho. Los dirigentes españoles se percatan del efecto que hace esa carencia de uniformidad. Sale un telegrama desde Londres a Madrid, al Jefe de Departamento de Federaciones. "Envíe urgente 50 buzos de entrenamiento para deportistas olímpicos". Dos o tres días más tarde llegan unos paquetes a la representación española. Los paquetes contienen… ¡50 buzos azules de peto, de los que usaban los mecánicos! Definitivo."

Progresión del mejor puesto olímpico: de Mendizábal a Plaza, Cacho y Beitia


Barcelona 1992 y Río de Janeiro 2016 supusieron un hito en la historia del atletismo olímpico español. En ambas citas se consiguió el mejor puesto posible, es decir, la medalla de oro. En 1992 las obtuvieron Daniel Plaza y Fermín Cacho; en 2016 la consiguió Ruth Beitia. Pero el camino hasta llegar ahí estuvo jalonado de pequeñas mejoras desde nuestros inicios olímpicos en 1920. Veamos la evolución del mejor puesto conseguido por los atletas españoles en los Juegos.

Ya hemos hablado en otras ocasiones en esta web del guipozcoano Félix Mendizábal, para algunos el mejor sprinter español de la historia, que fue 5º en la semifinal de 100 metros en Amberes 1920, nuestra primera cita olímpica. Mendizábal fue un teórico noveno o décimo clasificado, según el criterio que apliquemos. Dionisio Carreras, aragonés del pueblo zaragozano de Codo, fue 9º en el maratón de los Juegos de 1924, en París, igualando o superando a Mendizábal. No se mejoraría puesto en 1928 en la cita de Ámsterdam. Ausentes los españoles en Los Ángeles 1932 y Berlín 1936, le cupo el honor de mejorar puesto al barcelonés Constantino Miranda, que fue quizá dos veces octavo en Londres 1948, mejorando un puesto el conseguido por Carreras. ¿Cómo que quizá? Porque no sabemos con seguridad si fue octavo en la prueba de 10.000 metros, que fue un caos. Sí sabemos con certeza que fue 8º en los 3.000 metros obstáculos. Hoy diríamos que Miranda logró puesto de finalista y diploma olímpico, pero en aquel entonces aquellos conceptos no existían, pues los diplomas se otorgaron por primera vez en Helsinki 1952 y hasta el sexto clasificado; fue a partir de Los Ángeles 1984 cuando se otorgaron a los ocho primeros.

En Helsinki 1952 y Melbourne 1956 los atletas españoles no compitieron. Sí lo hicieron en los Juegos de Roma 1960 pero no se consiguió igualar o superar el octavo puesto de Constantino Miranda de doce años antes, pues el mejor puesto fue el 17º de Miguel Navarro en el maratón. Cuatro años más tarde, en Tokio 1964, sí se produjo una mejora. El protagonista fue el donostiarra Luis Felipe Areta; es curioso que el mejor triplista de nuestra historia, al menos hasta ese momento, no logró la sexta posición en su prueba, el triple, sino en la longitud. Aquel día fue horrible en la capital nipona en lo meteorológico, con lluvia, pista muy blanda o encharcada y fuerte viento racheado y contrario, pero Pipe Areta se adaptó a aquellas complicadas condiciones y fue sexto.

Sin mejora de mejor puesto en los Juegos de México, en los que el bilbaíno Ignacio Sola consiguió la mejor posición, el noveno puesto en la pértiga. El palentino Mariano Haro, leyenda del atletismo español, consiguió mejorar en los Juegos de Múnich el 1972 el mejor puesto histórico en aquella memorable carrera de 10.000 metros. Haro fue cuarto en una inolvidable final en la que fue protagonista, a un puesto de la medalla, mejorando en dos posiciones la hazaña de Areta de ocho años antes.

Precisamente sería el gran Haro en conseguir el mejor puesto en Montreal 1976; fue sexto en la final de 10.000 metros, sin mejorar por tanto el cuarto de Múnich. La primera medalla olímpica española en Moscú 1980 trajo consigo, lógicamente, el mejor puesto conseguido hasta ese momento. Jordi Llopart lograba la plata en el estadio Lenin de la capital moscovita en los 50km marcha, mejorando en dos puestos el mejor histórico conseguido. Tras los Juegos de Los Ángeles 1984, con medalla de bronce incluida para José Manuel Abascal en los 1.500 metros, y Seúl 1988, con una mejor posición, la quinta, de José Marín en la prueba menos larga de la marcha, llegamos donde empezamos, a Barcelona 1992 y los oros de Daniel Plaza en 20 km marcha y de Fermín Cacho en 1.500 metros. Desde entonces ningún español ha logrado el oro, por lo tanto, no ha igualado (mejorarlo ya no es posible) el mejor puesto de Plaza y Cacho.

Vamos ahora con las mujeres, en una historia mucho más corta. Carmen Valero fue nuestra primera olímpica; compitió en Montreal 1976 en 800 y 1.500 metros. En la primera de las dos distancias fue sexta en su eliminatoria; aquí se inicia esta cronología femenina. Sin representación femenina en Moscú 1980, la catalana Teresa Rioné, en los Juegos de Los Ángeles 1984, consiguió superar la eliminatoria de 100 metros y disputó los cuartos de final, obteniendo un teórico 18º puesto.

En Seúl 1988 Maite Zúñiga logra ser la primera española en una final olímpica. En las semifinales de 800 metros es cuarta, clasificándose, y en la final es séptima, el mejor puesto femenino hasta ese momento. La propia Zúñiga se supera en Barcelona 1992, cambiando de distancia a los 1.500 metros, y es sexta en la final, con récord nacional incluido. Cuatro años más tarde, en Atlanta 1996, nueva mejora. Rocío Ríos, leonesa de nacimiento, asturiana de adopción, logra la quinta posición en el maratón olímpico.

Y llegamos a la primera medalla olímpica española, la catalana María Vasco la logra en Sidney 2000, al conseguir el bronce en los 20km marcha. Sin mejoras y sin nuevas medallas femeninas en Atenas 2004 (con el mejor puesto, el sexto, de Naroa Agirre en pértiga), Pekín 2008 (la propia María Vasco fue quinta) y Londres 2012 (Ruth Beitia fue cuarta). Al hablar de la capital londinense hay que tener en cuenta que Ruth Beitia, en este momento y hasta hoy cuarta clasificada, puede lograr la medalla de bronce si finalmente la rusa Shkolina es descalificada por dopaje, en un proceso que está aún en curso. En Río de Janeiro 2016, en una madrugada inolvidable en nuestro país, la cántabra logró la primera medalla de oro para el atletismo femenino español, igualando así el logro absoluto de Dani Plaza y Fermín Cacho 24 años antes.


Enlaces relacionados:

Rumbo a Tokio 2021: Historias del atletismo olímpico español (I)
Comparte la noticia:





Imprimir esta noticia

















Félix Mendizábal
Félix Mendizábal

Constantino Miranda
Constantino Miranda

Luis Felipe Areta
Luis Felipe Areta

Carmen Valero
Carmen Valero

Jorge Llopart
Jorge Llopart

María Vasco
María Vasco









Servicio Oficial diseñado y producido por ATOS España. © Copyright 2021 / RFEA 1997-2021. Reservados todos los derechos.

| AVISO LEGAL | POLÍTICA DE PRIVACIDAD | Ejercicio de derechos ARSOL |