Real Federación Española de Atletismo





 jueves, 04 de febrero de 2021   ENTREVISTA WEB 14/2021
La década de Colomán Trabado, el 'Invencible'

Por : Miguel Olmeda



Busquen y no encontrarán en el archivo de los Campeonatos de España absolutos una final de mediofondo perdida por Colomán Trabado, el gran ochocentista español de los ochenta. Y no es porque el leonés disputara pocas, qué va, ni porque no tuviera rivales de entidad: la realidad es que Trabado, un atleta sólido donde los haya, se hizo con 17 entorchados nacionales entre el aire libre y la pista cubierta, de 1979 a 1988. Todos aquellos que disputó en esa década. Solo falló en una final, la de 400m en 1978, cuando todavía no había explorado las dos vueltas.

Pese a su histórico palmarés nacional, y pese a sus cuatro récords de España (cinco contando el del relevo 4x800m), a su plusmarca mundial en 600m, a sus tres medallas en Europeos bajo techo y a su título en los Juegos Mundiales en sala -que luego sería el Mundial de pista cubierta-, Colomán Trabado no se considera el 'padre' de los grandes ochocentistas que le siguieron. Los Tomás de Teresa, Luis Javier González, Antonio Reina, Kevin López o Saúl Ordóñez (su favorito entre los actuales), por citar a los cinco sucesivos plusmarquistas. "No, no, no", niega una y otra vez Trabado, "el primero de todos fue Antonio Páez, fue el espejo en el que todos nos mirábamos".

Y es que el granadino era quien reinaba en el 'ocho', en continua pugna con el barcelonés Andrés Ballbé, cuando irrumpió con fuerza Colomán, un junior con trazas de velocista largo sacado de Ponferrada por Julio Bravo.

Nacido en Vega de Valcarce en 1958, el joven Colomán le daba a todos los deportes sin especializarse en ninguno. "Fútbol, baloncesto, correr… Incluso halterofilia hacía", recuerda el 'hijo del Bierzo'. Hasta que con 16 años un técnico del Club Atletismo Endesa de Ponferrada le invitó a entrenarse con su grupo. "Y entonces seguí también con el fútbol, jugando en la Ponferradina", relata Trabado.

Compaginó ambos deportes hasta que en 1977, después de proclamarse campeón de España junior de 400m y acudir con el relevo largo al Europeo de su categoría en Donetsk, Julio Bravo se lo llevó a Madrid.

"El primer año (1978) no cumplí con las expectativas, supongo que por el cambio de método de entrenamiento, totalmente distinto a lo que hacía en Ponferrada. Al año siguiente (1979), por mi velocidad sostenida y resistencia, Julio Bravo me vio más para hacer 800m y decidimos cambiar de prueba. Subí de distancia y le gané el Campeonato de España en Vallehermoso a Antonio Páez", rememora. El granadino venía de llevarse el oro en el Europeo y en el Nacional de pista cubierta y había llegado a la cita como vigente campeón al aire libre después de tres años de dominio de Andrés Ballbé. "En 1979 me colé entre ellos y ya nunca perdí un Campeonato de España", cuenta Colomán.

"Sabía cuál era mi ritmo y mi forma de correr. Sabía que era más rápido que los demás e iba muy confiado por ello", explica Trabado sobre su prolongada racha triunfal. "A veces me interesaba hacer un paso rápido y salía más fuerte; otras, iba en una carrera lenta, controlando en la segunda o tercera posición, viendo cómo iban mis rivales y jugándome mi baza final, que me salía". Vaya si le funcionaba: el leonés ganó el oro en 800m al aire libre en nueve ocasiones (de 1979 a 1982 y de 1984 a 1988), y en pista cubierta en otras siete (de 1980 a 1983 y de 1986 a 1988), además de otro título en 1.500m en verano de 1983.

Sus dos únicas ausencias bajo techo, en 1984 y 1985, se debieron a que en el año olímpico decidió no hacer pista cubierta para preparar a fondo los Juegos y a un resfriado el curso siguiente.

Récords de España y el veto de Coe
Es posible que el cronómetro no haga justicia a la calidad y el palmarés de Colomán Trabado. Al aire libre, fijó su tope en 1:45.15 el 21 de julio de 1984 en Oslo, aunque el mediofondista berciano "hacía entrenamientos para correr 1:44 pelaos". Lamenta que los Cruz, Barbosa, Ovett, Coe, Cram y compañía le cerrasen las puertas de la serie A de Zúrich una y otra vez: "En la serie B gané una vez con 1:45.98 y en la C, otra con 1:46.09".

Trabado se queda "con la espina de no haber bajado de 1:45", una barrera que pudo haber superado el día del récord, cuando fue tercero. "Ikem Billy se impuso aquel día con 1:44.65 y yo no hice mejor marca porque cuando iba a adelantar me dieron un codazo que me sacó a las calles exteriores, obligándome a recuperar. Estaba como una moto entonces", cuenta Colomán, que tres días antes había ganado a Steve Ovett en Larvik.

El de 800m al aire libre fue su tercer récord de España individual. Dos años después batiría el de 600m con 1:16.74; y antes había logrado el doblete 'seis-ocho' en pista cubierta. El de 600m, 1:17.2 en Madrid el 27 de febrero de 1982, fue durante un año plusmarca mundial de la distancia; y el de 800m, 1:46.91 en Budapest para colgarse el oro continental el 6 de marzo de 1983, lideró durante seis días el ranking mundial: "Hasta que Coe batió el récord del mundo en Cosford, al lado de Londres, en una carrera en la que él me vetó. No me dejaron ir, pero hubiera ganado seguro, porque lo que tenía es que me pegaba como una lapa y al final sacaba fuerzas de donde fuera".

Mejor en invierno
Aun con 182 centímetros de altura y las espaldas anchas, Colomán Trabado no cree que su corpulencia le ayudase en las pequeñas pistas de 200 metros bajo techo. "No notaba ninguna diferencia técnica con el aire libre", asegura, "ni me motivaba más". Sin embargo, sí admite que le gustaba competir en sala "porque era muy sólido ahí y obtenía resultados muy rápido".

Aunque sostiene que al aire libre "perdía muy pocas carreras", y no le falta razón, bajo techo los éxitos de Trabado fueron mucho mayores. En sala disputó siete Campeonatos de Europa, que saldó con tres medallas, una de cada color; y unos Juegos Mundiales, de los que salió por la puerta grande.

En su primer Europeo a cubierto en Sindelfingen (1980), sin embargo, acabó descalificado en la final: "Iba con el holandés Koen Gijsbers dándome leches y como yo era novatillo le solté un codazo que se notó mucho". A la segunda (1982), eso sí, Colomán Trabado ya probó los metales. Aunque, paradojas de la vida, le relegó al bronce un rival al que tenía 'domado' en España: Antonio Páez, que se impuso con la receta de Trabado, rematando en la recta de meta.

Doce meses después (1983), el berciano se rehízo con el oro en Budapest. "En la semifinal dejamos fuera al holandés Rob Druppers -que sería plata mundial ese mismo verano y llegó a correr en 1:43.56-, y en la final el que más respeto me daba era Peter Elliott -futuro subcampeón mundial y olímpico-", recuerda Trabado. "Mi objetivo era seguirle, dejar que marcara el ritmo, y a falta de 150 metros le pasé y hasta la meta". ¿Que si temía a alguien más? "No, no pensaba en nadie más que en nosotros dos porque nadie podía hacernos sombra. Sabía que el oro me lo iba a jugar con él". Tan fuerte estaba el pupilo de Julio Bravo que paró el crono en 1:46.91, récord de España y a poco más de medio segundo de la plusmarca mundial (1:46.37).

Colomán aún redondearía su trayectoria indoor con dos medallas más, un oro y una plata. El primero llegaría en enero de 1985, fecha temprana para campeonatos internacionales, en la que se celebraron los primeros -y únicos- Juegos Mundiales de pista cubierta, que dos años después derivarían en el actual Mundial bajo techo. En el Palais Omnisports de París-Bercy, Trabado y su compañero de entrenamiento Benjamín González se adjudicaron el doblete oro-plata con autoridad, por delante de rivales de nivel entre los que destacaba el británico Ikem Billy (1:44.65 de marca personal). "Le dije a Benjamín que se pusiera detrás de mí e hiciera mismo que yo, y que en la recta final nos la jugásemos", desvela.

El Europeo en sala de Madrid en 1986 puso el cierre al medallero internacional de Trabado, ya con 28 años. "Ahí perdí el oro por confiarme demasiado. Estaba muy bien de forma y era el campeón de los Juegos Mundiales, así que pensé que no tenía de qué preocuparme y que podía tirar cuando me diera la gana", cuenta el berciano. La realidad fue distinta: "Cambié cuando quedaban casi dos vueltas, 100 metros antes de lo que debía, y el alemán Peter Braun (que acreditó ese año 1:44.03) vino de atrás y me adelantó ya en los cuadros. Pequé de ambicioso, y posiblemente el celebrarse el campeonato en Madrid ayudó a que fuera demasiado motivado, pero acabé desfondado".

Sinsabor olímpico y retirada
Al aire libre, sin embargo, el palmarés internacional de Colomán Trabado no llegó a estrenarse en grandes campeonatos. Solo participó en un Mundial, el de Helsinki en 1983, pero se quedó en semifinales: "No fui finalista porque me faltó ambición".

En los Juegos Olímpicos, Moscú 1980 le pilló muy joven, "era un pipiolo de 21 años", y cayó en semifinales sin opciones de clasificación. En Seúl 1988, al contrario, "ya estaba de vuelta, trabajando en la empresa privada y con la cabeza en otro lado".

Quedaban pues Los Ángeles 1984, en el pico de su carrera. "Estaba fantástico", asegura Trabado, que pasó la primera eliminatoria (eran cuatro rondas) con 1:46.00, "pero me jodí el pie". Sucedió quince minutos antes de disputar los cuartos de final, apurando los últimos progresivos. "La prensa dijo que pisé mal el raíl, pero no fue así. Estaba en la pista de calentamiento, que era una recta de 100 metros sin bordillos, ya con los clavos puestos, haciendo unos cambios, cuando sentí como si me hubieran clavado un cuchillo en el arco plantar, que ya me dolía antes. No pude salir", lamenta el berciano. En su serie se corrió muchísimo y Trabado habría tenido que bajar de 1:45.49 para meterse en semifinales. Dos semanas antes había fijado el récord de España en 1:45.15.

En Seúl 1988, Colomán superó la primera eliminatoria, pero apenas pudo ser séptimo en los cuartos de final con 1:48.12. Sería su despedida de los Juegos y también del atletismo de élite. "Venían los Juegos de Barcelona y yo no me veía llegando allí. Había fichado por una empresa, Aguirre y Compañía, que distribuía en España la ropa Asics, John Smith, los balones Mikasa… Y me habían encargado la misión de patrocinar los Juegos Olímpicos. Eso era un reto para mí: negociar con el Comité Organizador para hacer que Asics fuera proveedor oficial de la ropa de los Juegos. Tenía que competir con Adidas, Nike, Kappa, Puma… Aquello me excitó mucho, y entonces no podía ya alternar el atletismo con la empresa", explica Trabado, retirado con solo 30 años e invicto en los Campeonatos de España en mediofondo.

Priorizó el trabajo al atletismo, y lo cierto es que le fue bien: "Conseguí que Asics fuera la ropa oficial de Barcelona 1992 y que Mikasa fuera el balón oficial en voleibol y waterpolo". Aunque su producto estrella, sin dudas, fue un balón de fútbol que se coló en todas las casas de España y que tres décadas después es un icono de los noventa, el Mikasa FT-5: "Sin duda lo mejor que había, era el balón por excelencia". Como Trabado, el ochocentista por excelencia.

Enlaces relacionados:

Historial Deportivo de Colomán Trabado
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