Real Federación Española de Atletismo





 miércoles, 27 de enero de 2021   ENTREVISTA WEB 11/2021
Enrique Molina: "Me gustaba vivir como un monje"

Por : Alfredo Varona


Lleva 40 años corriendo y a Enrique Molina aún le salen kilómetros por debajo de 3'00", qué grande.

También les puedo contar que con 49 años llegó a hacer 9'02" en un 3.000 y 4'15" en un 1.500.

Ahora, tiene tres años más, 52, pero realmente la cosa ha cambiado poco.

Si no fuese por la amenaza de las canas y por alguna de esas arrugas que no nos piden permiso, cuesta advertir diferencias entre el atleta de élite que fue y el hombre de 52 años que es.

- Sigo pesando lo mismo.

- Me gusta comer sano -razona.

También es posible que, desde que se retiró en 2005, no haya dejado ni un solo día de correr.

- Si no he estado lesionado no: no lo recuerdo.

A los 52 años, Enrique Molina hace a mediodía 12 kilómetros diarios en los pinares que tiene al lado de casa.

Allí, en La Zubia, en la falda de Sierra Nevada, a 900 metros de altitud, donde, por encima de todo, habita un fanático del atletismo.

En realidad, es lo que pretendo contar hoy.

No cabe duda que se trata de un personaje muy amplio. Seguramente tuvo más prestigio que popularidad en la profesión.

- Sí, eso me decía Miguel, mi mánager, "es que eres poco conocido".

Pero entonces Enrique Molina no se echaba nada en cara

- Porque no pasaba nada, lo importante es que siempre me ha apasionado esto.

De hecho, hoy, a los 52 años, todavía es así. Molina aún es un hombre que se lo sabe todo, que está al día de todo y que envía este mensaje a las nuevas generaciones:

- Creo que en mi época teníamos más pasión.

- Mi hermano tiene un grupo de jóvenes y ahora no percibimos esas ganas -razona después.

Quizás también Enrique Molina fue un caso extremo. Un hombre que aún siendo andaluz o que aún teniendo nombre de torero (como le digo ahora irónicamente), amaba llegar a casa a descansar tras el entreno.

- Porque a mí me gustaba vivir como un monje.

Y el resultado le dio la razón. Comenzó a correr a los 12 años y en la madurez llegó a ser finalista en un Mundial y hasta en unos JJOO.

Hoy, que repasamos su biografía atlética, confiesa que echa "mucho de menos" aquella época en la que Enrique Molina fue uno de los mejores.

Siempre daba la cara, incluso en aquellas carreras en pista en las que Gebrselassie y Daniel Komen imponían un ritmo imperdonable desde el inicio.

A Enrique Molina, en realidad, sólo le faltó una medalla en alguno de los grandes campeonatos de verano: lástima que se equivocase en el Europeo de Budapest 98 (lo recuerda hoy).

El resto de su biografía es para ponerse de pie. Un atleta que dejó 7'32" en 3.000, 13'07" en 5.000 o 27'49" en su primer 10.000; un atleta que fue campeón de España de cross; un atleta que de junior hizo 3'43" en 1.500: ya se veía que era muy bueno.

Cuando se retiró en 2005 admitió que no valía la pena insistir, que ya no era el atleta que bajaba a la pista de Granada y los miles le salían a 2'30"; que ya le costaba bajar de 8'00" en un 3.000.

Las leyes de la vida.

A todo el mundo nos llega de una u otra forma.

- Pero el día que me retiré no me arrepentí de nada. No tenía nada de lo que arrepentirme. Había sabido aprovechar mi tiempo.

Es verdad que quedó alguna cosa por el camino como el maratón.

- Estoy cansado de perseguir a negros: me paso al maratón - anunció en Sidney, en los JJOO, en la misma pista, nada más terminar el 10.000.

Y, sí, iba a debutar en Rotterdam. Pero una lesión y luego ya no se sabe qué: el caso es que Enrique Molina nunca debutó en la distancia.

- Había hecho 5.000 en los JJOO de Atlanta 96; 10.000 en los de Sidney y quería terminar con el maratón en los de Atenas, pero.

Siempre hay algún pero. En todas las vidas hay algún pero.

Atrás quedaron años y veranos viajando por el mundo (Bruselas, Zurich, Oslo...), invirtiendo tiempo y esfuerzo en ese talento que la vida le reconoció para correr, haciéndolo bien.

Cogió una buena época, "porque en ese tiempo había dinero", y sus marcas se pagaban bien.

Abrió en el pueblo una cafetería que hoy es su medio de vida. Enrique Molina dejó la vida bien encaminada y los recuerdos que podrían representarse en la revista 'Atletismo Español', en todos esos numeros que hoy tiene guardados en casa, en el piso de arriba.

Volvió a verlos y a leerlos durante el confinamiento y volvió a darse cuenta entonces de que el tiempo pasa muy rápido: nos pasa a todos.

Su hija mayor ya tiene 21 años, estudia psicología y está de Erasmus en Alemania y le ha dado por el rugby. El pequeño, de 15, prefiere el baloncesto mientras que él, el padre, sigue siendo un atleta de pura cepa.

Un atleta que la única promesa que se hizo el día que se retiró del atletismo de élite fue "la de no volver a doblar más"; la de prevenir para no tener que curar, "porque a estas edades cualquier lesión te puede dejar fuera meses", y él necesita correr a diario.

Y lo necesita como en sus mejores años cuando iba por todas partes diciendo que "el atleta siempre está cansado".

Yo se lo escuché entonces y me hizo pensar.

Hoy, Enrique Molina me resolvió todas las dudas y me prometió que ese es el cansancio más amable del mundo.


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Historial Deportivo de Enrique Molina
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