Real Federación Española de Atletismo





 jueves, 14 de enero de 2021   ENTREVISTA WEB 6/2021
Manuel Rosales: "Me habría gustado hacer atletismo de joven, y haber peleado por una medalla olímpica"

Por : Vicente Capitán


De Manuel Rosales recuerdo oír hablar cuando yo empezaba a competir en el atletismo federado, porque los veteranos de mi grupo de entrenamiento (entonces con 40 años recién cumplidos) no paraban de comentar las gestas de aquel hombre gallego, unos 15-20 años mayor que ellos, que no dejaba de superar marcas o ganar prestigiosas carreras en su franja de edad, en una época en la que hacer atletismo de competición a partir de los 40, era algo bastante excepcional, o al menos nada que ver con el movimiento internacional Máster que estamos conociendo desde hace una década aproximadamente.

Rosales nació en agosto de 1935 en Marín (Pontevedra) y desde pequeño se crio en el taller que su padre tenía, donde hacía tubos de cobre. Su padre que había sido campeón gallego de ciclismo en carretera, le transmitió el amor por la bicicleta y Manuel llegó a competir a buen nivel y en algunas carreras, coincidió con mitos como Bahamontes o Julio Jiménez. "Pero poco después de los 20 años lo dejé, porque me fui a Alemania a trabajar y allí estuve como soldador en la Porsche, luego como tornero… y así hasta que enfermé, me encontraba agotado y no podía más, y a los 32 años más o menos me volví para España junto a mi mujer y mi hijo, que había nacido allí. Aunque había dejado de competir en ciclismo, en Alemania salía a correr a menudo por los bosques alrededor de dónde vivía. Al llegar a España me vieron que tenía los pulmones negros, como si fuera un fumador, y el origen estaba en los trabajos que había hecho con mi padre de chaval en el taller. Por ello, para recuperarme, busqué salir a correr, porque yo notaba que eso venía bien a mis pulmones como así fue, aunque me costó tiempo adaptarme, porque vine muy tocado", nos cuenta Manuel.

Llegada tardía al atletismo veterano y gran adaptación al maratón.
Pero Rosales tardó años en llegar al atletismo de competición, continuó eso sí, saliendo a correr por su cuenta y nunca dejó de pedalear, porque la bici le ha acompañado siempre desde niño y de hecho hoy en día, a sus 85 años, sigue montando en bicicleta sin problemas e incluso se le pude ver subiendo con su bici de carretera BH de hierro, de los años 80, el puerto Cruz de Maceiras de casi 9 km de longitud. "En bici me defiendo bien porque nunca he dejado de montar. Busco desarrollos cómodos y para arriba". En 1984 un amigo que había sido velocista y competía en veteranos fue el que le animó a federarse y así ir a su primer campeonato de España. "Me apunté a los 10.000 metros y en aquella carrera los mejores me doblaron hasta tres veces". Pero un año más tarde Manuel, esta vez en los 1.500 metros, ya era medallista: "Recuerdo que ganó Agustín Fernández y José María Odriozola quedó segundo". Una temporada más tarde empezó a ser un atleta referente porque apenas perdía carreras en su categoría, ya para mayores de 50 años.

"La primera maratón que hice fue la de Atenas, a finales del 85, y me hizo mucha ilusión porque gané y mi padre hacía tallas de madera de dioses griegos, de atletas de los Juegos y me acordé mucho de él. De hecho, motivado por aquello, mi padre acabó una talla que había empezado años antes con imágenes de los Juegos Olímpicos y me la regaló y está en el Museo de Marín". Había empezado su idilio con la distancia de Filípides, la que le ha hecho tener un reconocimiento internacional importante, porque ha sido un hombre capaz de ganar en sus franjas de edad maratones de la talla de Berlín, Rotterdam, Londres, Boston… en España Madrid, Valencia, Sevilla, San Sebastián… y sobre todo Nueva York. "La primera vez que fui a Nueva York lo hice junto a un amigo de Pontevedra, con aquellos viajes que organizaba Fernando Pineda, iríamos unos 20 corredores o así. Era 1986 y quedé 4º", señala Rosales. Luego en 1990 ya ganó en su categoría, para repetir triunfo hasta en ocho ocasiones, para un total de 14 presencias allí. "Me daban un trofeo de Tiffany's muy bonito, no había nada de dinero por ello y estoy muy contento de haber batido seis veces los récords de Nueva York en mi edad. Con 55 años y hasta con 60 era capaz de correr cerca de 2h32… y durante años sí tuve patrocinadores que me ayudaban con los viajes, material, etc".

A efectos de marcas, en 1996 llegó su mayor gesta al superar el récord del Mundo de media maratón M60, con 1h14:18 hechos en Lisboa, un récord que en España le duró más de 20 años, y aunque como ese otros muchos se los han arrebatado atletas posteriores, Manuel sigue conservando tanto en ruta como al aire libre las siguientes plusmarcas: 5.000 metros (M65, M70 y M80); 10.000 (M80); 10k (M80); media maratón (M65, M70, M75 y M80), y maratón (M70).

Coleccionista de medallas mundiales y europeas
Aunque sus registros siempre dieron que hablar, "a mí siempre me han llamado más la atención los campeonatos, me encantaba competir y subir al podio con la bandera de España". Y en este sentido la colección de galardones de este gallego es enorme. Tiene 18 medallas en Mundiales Máster al aire libre, y en el amplio período desde 1991, cuando en Turku (Finlandia) como M55 fue campeón de maratón y 2º en los 10.000 metros, hasta Sacramento 2011, cuando se trajo ya como M75 el oro en maratón, la plata en los 5.000 metros y el bronce en cross. Su momento mágico llegó en Brisbane (Australia) en 2001, allí como M65 se hizo con la medalla de oro en 5.000, 10.000 y maratón, además de ser subcampeón de cross. "Muchas veces cuando hacía varias pruebas dependía del orden de las mismas para optar al oro o no, porque en las que me tocaban al final ya llegaba cansado y era en las que solía perder". En 2005 y corriendo en casa, en San Sebastián ya dentro de la categoría M70, también se colgó tres medallas de oro (5.000, 10.000 y cross) y la plata en maratón. En Europeos tiene otras seis medallas, desde Atenas 94 hasta Poznan 2006, haciendo en la ciudad polaca el doblete 5.000, 10.000 en M70.

Respecto al pista cubierta, también suma en su colección de preseas otras seis medallas en Mundiales, las últimas de Budapest 2014 como M75. En Linz 2006 hizo un magnífico triplete M70 en 3.000, cross y media maratón, las pruebas exteriores sobre la nieve. Y en los Europeos, son tres las veces que ha estado en el podio, destacando el título en los 3.000 metros (M65) en San Sebastián 2003. Respecto a la ruta, terreno que más agrada a nuestro hombre, encontramos en su currículo ocho medallas en campeonatos de Europa, desde su título en el maratón de Brujas 89, hasta el doblete de 10k y media maratón de Aarhus 2009 y es el segundo atleta español más laureado tras las nueve medallas de María José Briz.

En Mundiales en ruta es el español líder con siete medallas conseguidas desde 1992 (M50) hasta 2004 (M65) y entre las distancias de los 10k, media maratón y 25k (distancia sobre la que se competía en los años 90).

Reconocimiento de los organizadores y fin de ciclo
Rosales se define como "un competidor de los de dar la cara, alguna vez me podía poner detrás, pero normalmente me gustaba tirar. En ese sentido he admirado a atletas como el portugués Carlos Lopes o Martín Fiz, que no se arrugaban ante nadie" y se considera un afortunado por el trato que le han dado la mayoría de organizadores en los grandes maratones y otras carreras: "Me daban un trato como a la élite en muchos sitios, recuerdo en Nueva York saliendo junto a De Castella, por ejemplo, o en Boston el día de su centenario estar allí en primera línea junto a los mejores… y tengo guardado lo que escribió de mí George Hirsch, el organizador de Nueva York, en la revista Runners World de EE.UU. donde me trataba como una especie de mito en su maratón por las ocho victorias que había conseguido".

Pese a la gloria y reconocimiento que le ha dado el maratón, nuestro hombre se queda con la media maratón como "la distancia en la que más me gustaba competir". Precisamente hace tres años, cuando ya tenía 82 cumplidos hizo 1h47 en esta distancia, su última marca en una competición oficial, porque a partir de ahí una hernia inguinal empezó a limitarle la carrera a pie, lo que le obligó en 2018 a pasar por el quirófano. Y aquello fue el inicio de su final como atleta de competición, porque debido a su edad y a las pulsaciones tan bajas que tenía, le llevó, según valoración del cirujano, a ponerle un marcapasos para poder operarle. "Aquello fue un error, no pedí segunda opinión y el marcapasos me ha dejado muy limitado para hacer esfuerzos, no puedo pasar de 80 pulsaciones al minuto más o menos y si paso me veo muy fatigado… y me da rabia porque aunque sigo saliendo por mi cuenta a andar y cojo la bici, tuve que dejar la competición y tras la marca en media maratón, me había hecho la idea de atacar el récord del Mundo de mi colega y admirado Ed Whitlock en maratón M85, con 3h56".

Mirando al pasado, Manuel agradece mucho a Carlos Landín, su entrenador desde que empezó y con el que fundó el club de Atletismo San Miguel en Marín, del que salieron por ejemplo los olímpicos hermanos De la Torre. Landín aparte de entrenarle con criterio compartía muchos entrenos junto a Manuel: "Hacíamos rodajes juntos con muchos kilómetros desde Marín a Pontevedra y vuelta, a 3:30 e incluso a 3:20 cada mil". Y con un convencimiento total nos dice que "si me hubiera dedicado al atletismo de joven creo que podría haber llegado a un alto nivel y me habría encantado pelear por una medalla olímpica".

El deporte como valor fundamental
Y ahora, desde su retiro deportivo Manuel Rosales ve con optimismo el que tanta gente de cierta edad se haya lanzado a hacer deporte en España, una situación muy diferente a cuando él empezaba a finales de los 80. "Hacer deporte es salud, ahora hay más cultura en general, y la gente se ha dado cuenta que si haces deporte te encuentras más activo para trabajar, para estudiar… A mí me encanta ver a tantas personas haciendo deporte por la calle haga frío o calor". Y el atleta, porque nunca dejará de serlo, nos deja caer su propósito más inmediato: "Me gustaría dar charlas a la juventud para que no dejen de hacer deporte y forme parte de su vida. Me gustaría transmitir el ambiente deportivo en el que crecí", algo de lo que Manuel ya ha escrito más de una vez en algunos diarios gallegos. Y por otro lado también se refiere a los más mayores, "para que el deporte sea una de sus rutinas, porque eso les hará estar mejor".

Y nos despedimos de Manuel Rosales, el hombre de los récords, el hombre de las medallas, el que pudo ser un gran ciclista y se tuvo que conformar décadas más tarde en ser uno de los atletas veteranos más grandes que ha tenido nuestro país, un referente, y sin duda un tipo carismático en una época en la que ser atleta veterano, ya era todo un logro.

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