Real Federación Española de Atletismo





 miércoles, 25 de noviembre de 2020   ENTREVISTA WEB 111/2020
Javier Cobián, el heroico treintañero asturiano inspirado por Yago

Por : Antonio Aparicio


El flamante campeón de España de longitud duda que se pueda calificar a su trayectoria como "extraordinaria". Y cierto es que Francisco Javier Cobián García (Gijón, 21-jul-1989) ni siquiera ha sido internacional absoluto… de momento. Pero haber logrado tu primer título nacional (en cualquier categoría) a los 31 años y haber encadenado 5 campeonatos de España asaltando el podio y dejándote lo mejor para el último intento (incluidas 4 marcas personales) después de casi 8 años enteros apartado del atletismo es, indiscutiblemente, algo fuera de lo común y enormemente meritorio.

En esta interesante entrevista, el ex triplista paisano de Andrés Capellán explica el duro revés que le hizo abandonar el atletismo y por qué logró regresar después de tanto tiempo. Asimismo, nos revela prolijamente los secretos que se esconden tras su sensacional irrupción en los tres últimos años, incluida la fuerte conexión de amistad con su actual entrenador Alfonso Álvarez, su personal forma de ver este deporte, su estabilidad emocional en competición (y la importancia del entrenamiento mental), o en qué medida el añorado y también asturiano Yago Lamela constituye su "máxima referencia".

Javier, en 2008 eras un triplista de 19 años en progresión que había logrado dos medallas en Campeonatos de España júnior y que, en su primer Nacional absoluto (curiosamente, ganado por otro gijonés, Andrés Capellán), había sido 6º y subido su MMP a 15,30. Pero en 2009 sólo competiste una vez (en abril), y acabaste sufriendo casi 8 años enteros en blanco. ¿Qué te ocurrió exactamente, y cómo viviste esa dura situación?
Efectivamente, tras un 2006 en el que, todavía como juvenil, el atletismo cobró algo más de relevancia en mi vida y ya daba muestras de ciertas condiciones naturales para el salto, fue al año siguiente cuando tuve mis primeros éxitos en triple salto, subiendo al pódium en los Nacionales júnior y superando los 15m. Eso también supuso el pase a un Nacional Absoluto al que finalmente no iría, ya que coincidía con la que fue mi primera competición internacional. Fue precisamente al volver de ese Encuentro en Florencia cuando me di cuenta de que quería dedicarme a saltar, pero que tenía que aprender si quería seguir mejorando. En septiembre de 2007, decidí entrenar a las órdenes de Javier de la Fuente junto a Andrés Capellán, que estaba llamado a ser el primer español en saltar 17m. Entrenamos muy duro ese invierno de 2008; yo tenía 18 años y ambos estábamos muy motivados. Quiero pensar que mi presencia tuviera algo que ver para que fuese el año de su mejor marca personal, con 16,67m…
No me gustaría caer en eso de "lo que hubiera sido y nunca fue", pero creo que ese año podría haber saltado bien. ¿Por qué no fue así? En algún momento de ese invierno, próximo al inicio de las competiciones, comencé a notar molestias en el tendón rotuliano de la pierna izquierda -mi pierna dominante para los saltos-. No supe qué hacer… Tenía 18 años y no disponía de ningún recurso, así que decidí parar de entrenar totalmente hasta que dejara de doler, con la esperanza puesta en el aire libre. Comenzamos la pretemporada de verano y empezó a doler de nuevo, así que tuve que volver a parar. No recuerdo muy bien cómo terminé disputando el Campeonato de España Absoluto en Santa Cruz de Tenerife. Llevaba sin entrenar casi todo el año y con el tendón rotuliano roto; lo supe tiempo después, al volver de esa competición. Arrastré la lesión un tiempo y al año siguiente me operé. Tras el alta médica, se necesita una rehabilitación y posterior readaptación para volver a los entrenamientos. Acceder a este tipo de recursos fue del todo imposible. No negaré que la falta de madurez en aquella época me impidió actuar de otra manera, pero al encontrarme solo en esa situación, tomé la decisión de dejar el atletismo.

Durante esa travesía del desierto, aparece intercalado un pequeño oasis en la pista cubierta de 2014, en la que disputaste varias carreras de 60 metros. ¿Estuviste luchando por volver todos esos años y hubo momentos en los que creíste que lo conseguirías, o llegaste a pensar que el deporte se había acabado para ti?
Algo dentro de mí me decía que la etapa del atletismo no se había terminado; en mi interior nunca abandoné esa posibilidad. Siempre llevaba el atletismo en mi corazón, pues el deporte marcó mi vida: practicaba atletismo, halterofilia, esquí -como hobbie, nunca competí en este último-… Y durante todo el tiempo ausente de la competición, me fui documentando y no dejé de hacer series de velocidad o halterofilia. Lo hacía un poco "a mi modo". Me planificaba y seguía entrenando por épocas; nunca a pleno rendimiento ni con ninguna pretensión de competir. En 2014 se me presentó la oportunidad de poder retomar entrenamientos y competir, y así lo hice. Corrí unos cuantos 60m.l y logré clasificarme para el Campeonato de España Absoluto que se celebró en Sabadell. La verdad es que yo quería saltar y, ante la imposibilidad nuevamente de entrenar con algún grupo de saltadores, volví a dejarlo.

¿Qué es lo que te hizo mantener la motivación? ¿Tanto te gusta el atletismo?
Siempre mantuve la ilusión de volver a entrenar y competir. Creía que esa etapa no se había acabado. Solo necesitaba conseguir un entorno favorable para poder practicarlo con garantías. Después de la operación del tendón rotuliano sabía que, para poder saltar, tendría que hacerlo de la forma más profesional posible. Entrenar 6 días a la semana, varias horas al día, implica que el entrenamiento esté bien planificado y dirigido.

En 2017 llegó tu ansiado regreso, pero no en triple salto sino en longitud (alcanzando 7,36 bajo techo). ¿Qué pasó para que pudieses volver por fin, y por qué cambiaste de prueba?
En 2017, un amigo y atleta de combinadas que había regresado de terminar sus estudios de INEF en Barcelona (Aldo Tuya), nos propuso entrenarnos a mí y a Alfonso Álvarez -mi actual entrenador, que todavía saltaba-. En ese momento vi la oportunidad de volver a una añorada época del pasado, ya que todos éramos amigos y compañeros de entrenamiento desde hacía muchos años y compartimos muchos momentos que recuerdo con gran cariño. No sabría decir si regresé por la ilusión de poder volver a saltar, o por revivir esa época; pero así lo hice. Aunque totalmente recuperado de mi lesión en la rodilla, nunca se me ocurrió en esta nueva etapa volver a saltar triple; habían pasado casi 10 años desde que lo dejé y mi anatomía había cambiado mucho. Por aquel entonces apenas pesaba 64 kg, frente a los casi 76 kg que pesaba ahora. Además, ahora me conozco más y, por mis manifestaciones físicas, soy consciente de que, quizá, el triple salto nunca debió ser mi prueba. La temporada de mi regreso, aunque con un interesante inicio con 7,36m en un control en León bajo techo, con una carrera de 20m, fue muy difícil para mí. Solo salté en dos ocasiones ese año, y no volví a competir hasta el siguiente invierno. El salto de longitud no es solo tener una buena condición física; hay presentes infinidad de factores que son determinantes y, tras la pista cubierta, aparecieron lesiones que hubo que afrontar.

Tu revelación se produjo en 2018. Aunque en junio creciste hasta 7,71, llegaste al Nacional de Getafe como un absoluto desconocido para el gran público, pero te destapaste con esos 7,78 que te dieron la plata por 1 cm en el último intento. ¿Cómo recuerdas esa primera medalla absoluta, y qué supuso para ti?
Empecé esa temporada al aire libre con mucha motivación y determinación, tras no haber salido bien la pista cubierta. Entrenando, empezaron a salir buenos saltos, así que decidimos competir en Vigo a primeros de junio, y salté 7,71m. Definitivamente, habíamos dado un paso de gigante. A partir de ahí, Alfonso dejó de competir y se puso de lleno a ser mi entrenador. Ese día en Vigo, a 7 semanas del campeonato de España, rompí fibras en el isquiotibial, y nos encontramos con el desafío de pautarnos nosotros la recuperación. En Getafe llegaba con la incógnita de la lesión, pero fue allí donde refrendé esos buenos registros de semanas atrás. Sabía que iba con muchas opciones a las medallas y que podía dar un gran salto. Podría haberlo percibido como ruido exterior que mermara mi rendimiento, pero una vez entro en el pasillo, no hay distracciones que puedan alterar mi silencio interior. Esa es la cualidad que aplico a todas las competiciones: todo lo que haya pasado antes o después del salto no importa; no hay nada en ese momento que pueda perturbar mi estabilidad emocional. La competición se desarrolló de menos a más y, en los tres últimos saltos, conseguí alcanzar un punto de velocidad y de salto que me permitió llegar a 7,65, 7,68 y esos 7,78m… con aire en contra. El subcampeonato de España me dio cierta visibilidad y desperté el interés de un patrocinador (INTEGRA3). Quería participar en el proyecto que habíamos iniciado, así que, junto con mi club (Universidad de Oviedo) y mi fisioterapeuta, nutricionista y readaptador, a día de hoy son el conjunto de personas que forman mi grupo de trabajo.

Tras quedar 4º en los dos Nacionales de 2019 (¡en ambos casos a 1 cm del bronce!), en el pasado Campeonato de España 'indoor' regresaste al podio con tu vigente MMP (7,80). ¿Cómo viviste ese espectacular concurso de Ourense en el que las tres medallas se decidieron en el último salto?
En 2019, pensando en profesionalizarnos un poco más, empezamos a incluir profundos cambios; tanto en la estructura de la carrera, la entrada a tabla y la forma de correr, como en la planificación del entrenamiento. Hasta entonces tenía una técnica de salto más bien natural. ¡Creíamos que se notaría enseguida…! Pero no es fácil adaptarse, así que dimos tiempo a algunas cosas y corregimos otras. No salté especialmente cómodo en ninguna competición, ni siquiera entrenando, pero creo que fue un año necesario y constructivo. Al año siguiente, con las cosas más claras, llegué al Nacional de pista cubierta en buena forma, tras haber hecho tres competiciones. El bronce de Ourense puede que sea la medalla y la competición con más valor para mí hasta la fecha. No comencé con buen pie; llevaba dos nulos y tuve que hipotecar el tercer salto para hacer válido. Jean [Okutu] estaba pletórico desde el primer salto y Eusebio [Cáceres] también estaba haciendo nulos. Otra vez alcancé un punto bueno de competición en los tres últimos saltos, consiguiendo 7,80m en el sexto y ponerme segundo, por delante de Eusebio. ¡Obligar a un rival como él a entregarse al máximo fue una sensación impresionante! Se colocó primero con 7,91m, lo que hizo que Jean tuviera que saltar 7,93m para ganar. Creo que de alguna forma exploté la competición con ese salto de 7,80m.

Y este verano, al fin lograste tu primer oro nacional en cualquier categoría, superando al hexacampeón Jean-Marie Okutu… ¡por 1 centímetro! (7,79, marca personal al aire libre). ¿A qué te supo ese meritorio triunfo en Alcobendas a los 31 años, después de todo lo pasado y de los meses de confinamiento?
Llevaba desde el año pasado resentido de una bursitis en el tendón de Aquiles. Estaba tratándola y la mantenía más o menos controlada; digamos que convivía con el dolor. Pero justo un mes antes del campeonato de España, en una competición en Pontevedra me hice bastante daño. Y como la inflamación no remitía, decidimos parar totalmente de entrenar y acudir a Alcobendas. El médico me dijo que hay más posibilidades de romper un tendón asintomático y que el dolor indicaría mi límite, así que decidí encontrarlo: dolió como un condenado. Sabía que tenía que manejar esa situación de alguna manera y evadir el dolor en el momento de saltar, poniendo a prueba mi estabilidad emocional y mi concentración. La lesión no era en la pierna de batida y sabía que estaba corriendo rápido, así que solo tenía que llegar bien colocado a la tabla para saltar. Ya solo existía eso en mi mente... Hice tres saltos. Y en el último salió 7,79m…
Respecto al confinamiento, simplemente decidimos que nunca supondría una excusa para no hacer todo lo que pudiéramos. Buscamos material de gimnasio, me fui a vivir esos meses a la finca de mi pareja, adaptamos el entrenamiento y prácticamente entrené con normalidad dentro de las limitaciones.

¿Qué nos cuentas de tu entrenador, Alfonso Álvarez, y de lo que ha aportado a tu progresión?
Para 2018, Aldo Tuya tuvo que atender compromisos laborales y nos comunicó que tendría que dejar de entrenarnos, por lo que decidí hablar con Alfonso para que tomara su testigo. En realidad, siempre cumplió esa función desde que comenzamos a entrenar en 2017, y yo siempre vi en él esa posibilidad. Nos conocemos desde que yo era un niño y empecé a entrenar en la pista de Las Mestas en Gijón. Por entonces, él era un saltador de longitud que acababa de volver del Mundial Júnior de Jamaica, y conecté mucho con él. Por algún motivo, él confiaba ciegamente en mí, en que tenía dentro mucho más de lo que parecía, y tímidamente fue consiguiendo llegar a esos factores que hacían que mi rendimiento y mi potencial explotaran. Tenía muy claro que yo dejaba ver solo la punta del iceberg. Alfonso tuvo unas circunstancias deportivas y personales muy parecidas a las mías, marcadas por las lesiones y la falta de recursos. Nunca se dio por vencido, y creo que todo eso, unido a su personalidad, le forjó unos recursos y una sensibilidad para reconocer este potencial. Consiguió trasladarme esa confianza; hacerme ver que eso que tenía dentro de mí, era posible, era real. Lo confirmamos un sábado entrenando en Gijón en mayo de 2018. No podré olvidar el intento de ocultar su asombro cuando vio la medición en la cinta: 7,70m. Él siempre trata de controlar sus emociones, ya que sabe que influyen directamente en las mías y por ende en mi rendimiento, por lo que el entrenamiento mental es una parte esencial en mi preparación. Tenemos una relación basada en la confianza total, donde él hace su parte del trabajo y yo la mía. Damos mucha importancia a ir paso a paso cumpliendo etapas, y nunca pasamos a la siguiente sin completar la anterior. Esto nos permite llegar a competir siempre con el objetivo de sacar lo mejor que tenemos, sea cual sea la marca.

Un dato impresionante: en los últimos 5 campeonatos de España (2018-2020), siempre lograste tu mejor salto en la sexta y última tentativa (y en 4 de ellos supuso marca personal; bajo techo o al aire libre). ¿Qué nos dices de esa muestra de buen competidor, y qué te parece esa pretensión que planea por ahí de reducir el número de intentos?
Como estoy diciendo, todo se entrena. Intentamos llegar con la máxima confianza y sin ninguna obligación, más allá de sacar lo mejor de mí ese día y en ese momento. Respecto a la reducción de saltos, a mí me gustan seis y no me gustaría que eso cambiara; no sé si porque siempre lo he conocido así o porque crea que pudiera añadir una dificultad añadida. No obstante, si definitivamente se estipulara en cuatro el número de saltos, no quedaría otra que adaptarse. Al fin y al cabo, sería para todos igual. De todas formas, rezaremos por que sigan siendo seis.

¿A qué dedicas tu vida cuando no entrenas?
Ahora mismo estoy estudiando y, con el apoyo de mi club y patrocinador, puedo entrenar bastante concentrado. Me gusta mucho leer y cuido la alimentación, por lo que me interesa mucho este campo también.

Eres asturiano como el gran y añorado Yago Lamela (que, por cierto, empezó brillando como triplista). ¿Qué ha supuesto en tu carrera su figura? ¿Lo conocías personalmente?
Para nosotros, Yago es el máximo exponente del salto de longitud, la mayor referencia posible en esta prueba. Con él compartí algunos momentos de ocio, ya que nunca lo conocí durante su etapa deportiva; pero a través de Alfonso, estoy conociendo mucho más sobre cómo era como saltador. Analizamos sus saltos, vemos competiciones suyas, hablamos de cómo era su técnica y de cómo vivía el atletismo, con una sencillez ejemplar. No puedo emitir muchas más opiniones que las que pueda analizar de observar sus vídeos, que, por supuesto, son nuestra máxima referencia, ya que creo que él estaba en un Olimpo al que pocos saltadores del mundo se han acercado.

Cuando Yago explotó con su plata en Maebashi, apenas tenías 9 años. ¿Tienes recuerdos de aquella noche?
Cuando Yago saltó 8,56m había comenzado a practicar atletismo apenas unos años atrás, por lo que, a pesar de que fuera imposible no oír hablar de él, no tengo un recuerdo nítido de lo que aquello supuso para el atletismo en España.

Concluida la temporada, ¿con qué objetivos miras hacia 2021 y más adelante? ¿Ves a tu alcance la barrera de los 8 metros?
La verdad, nunca espero nada de las competiciones -ni del atletismo en general- que no sea mi autodesarrollo como deportista, los valores que me ha aportado y, lo más importante, toda la gente que, de una forma u otra, ha formado parte de mi vida dentro de este deporte. Yo he estado fuera del atletismo casi diez años, pero fueron estos últimos quienes seguían cuando regresé… y seguirán. Siempre intento disfrutar de esta segunda oportunidad que me ha dado el atletismo. Todo saltador en algún momento de su carrera, tanto si está cerca como incluso si está lejos, sueña con esa marca de 8 metros; y yo no iba a ser distinto, claro. Tengo mis objetivos, mis ilusiones y mis sueños, por supuesto; pero luego llega el entrenamiento y la competición para recordarte cuál es el verdadero camino para conseguirlo.

De júnior ya acudiste a un Encuentro Internacional en Florencia con 6 países, ¿pero aspiras a debutar con la Selección absoluta?
Como digo, no suelo ponerme más metas que sacar lo mejor de mí, pero claro que me gusta la idea de poder acudir a algún campeonato y participar con la selección española.

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