Real Federación Española de Atletismo





 martes, 24 de noviembre de 2020   NOTICIA WEB 205/2020
100 años de curiosidades y anécdotas del atletismo español (XIII)

Por : Miguel Villaseñor


Decimotercer capítulo de "100 años de curiosidades y anécdotas del atletismo español", hoy de nuevo traemos tres historias: los españoles que más han saltado por encima de su estatura, José Andía y la primera medalla olímpica española y la Olimpiada Obrera de 1937.

Atletas por encima de su cabeza
En uno de los primeros capítulos de este serial hablamos de los primeros atletas españoles que saltaron por encima de su propia estatura y dejamos en el aire el afrontar qué mujeres y hombres de nuestro país han saltado más por encima de su cabeza. Como otras veces, nos vamos a lanzar a una piscina con poca agua, pues no hay estadísticas al respecto y siempre bailan las cifras respecto a la estatura de los atletas, no es fácil en muchas ocasiones conocer o precisar esta circunstancia. Por lo que la estadística que figura al final del presente artículo es un primer bosquejo de 10 atletas de esta estadística tan peculiar; se agradecerá cualquier corrección o adenda (miguelvillasenororozco@hotmail.com) para elaborar un listado top10 lo más perfecto posible.

El que esto escribe cree que los líderes españoles de este ránking son Clàudia García y Miguel Ángel Sancho. Comencemos con las mujeres. La barcelonesa Cláudia García Jou ostentaría la plusmarca española femenina de elevarse por encima de la propia estatura. García, que mide 1,69m, se elevó por encima de 1.90 en la pista cubierta de 2015, en Estados Unidos, es decir, 21 cm más que su estatura. Citemos además a la navarra Marta Mendía, que se ha elevado 20 cm por encima de su talla (1,76m y 1,96m, respectivamente). Y digamos que nuestra campeona olímpica y plusmarquista nacional, Ruth Beitia, se ha elevado 10cm por encima de su estatura, pues mide 1.92m y su récord de España es de 2.02.

La plusmarca española masculina pertenece al valenciano Miguel Ángel Sancho, que mide 1.80m y saltó 2.27 en 2009, es decir, 47 cm por encima de su estatura. Le sigue, siempre según nuestros datos, el barcelonés Gustavo Adolfo Bécker, cuyo diferencial es de 46cm, uno menos que Sancho; Bécker saltó 2.30 pero mide 4 cm más. Nuestro eterno plusmarquista nacional (¡lleva 33 años siéndolo!), el madrileño Arturo Ortiz, saltó 2.34 pero mide 1,94m, es decir, saltó 40cm por encima de su cabeza.

Y terminemos por citar las "plusmarcas" mundiales. La masculina la poseen el estadounidense Franklin Jacobs, que, con sólo 1.73m de estatura, saltó 2.32 en 1978, y el sueco Stefan Holm, que con 1.81m saltó 2.40 en 2005, en Madrid precisamente. En ambos casos, 59cm de diferencia. La plusmarca femenina es de 35cm y la posee la italiana Antonietta di Martino (1.69m y 2.04 en 2011); digamos que la estadounidense Inika McPherson (1.65m) saltó 2.00 en 2014 pero recibió una sanción por dopaje que anuló la marca.

Mujeres


Atleta Estatura Marca Diferencia
Clàudia García  1.69m 1.90 (2015) 21cm
Marta Mendía 1.76m 1.96 (2004) 20cm
Mercedes Alonso 1.59m 1.76 (1985) 17cm
Valvanuz Cañizo 1.64m 1.81 (2018) 17cm
Claudia Conte 1.70m 1.87 (2000) 17cm
Covadonga Mateos 1.70m 1.86 (1986) 16cm
Julia Lobato 1.68m 1.82 (1994) 14cm
Raquel Álvarez 1.76m 1.90 (2016) 14cm
Cristina Ferrando 1.75m 1.88 (2015) 13cm
Montserrat Fernández 1.67m 1.80 (1988) 13cm








Hombres


Atleta Estatura Marca Diferencia
Miguel Ángel Sancho 1.80 2.27 (2009) 47cm
Gustavo A. Bécker 1.84 2.30 (1992) 46cm
Roberto Cabrejas 1.81 2.26 (1983) 45cm
Daniel Martí 1.73 2.15 (2007) 43cm
Xesc Tresens 1.75 2.16 (2018) 41cm
David Antona 1.84 2.25 (2001) 41cm
Arturo Ortiz 1.94 2.34 (1991) 40cm
Simón Siverio 1.86 2.26 (2012) 40cm
Francisco M. Morillas 1.83 2.22 (1979) 39cm
Javier Bermejo 1.90 2.28 (2004) 38cm









José Andía y la primera medalla olímpica española
José Andía es parte de la historia del atletismo español. Sin embargo, este atleta es poco o nada conocido por los aficionados a nuestro deporte. Realmente ha pasado a la historia con mayúsculas por lo que aconteció aquel 12 de julio de 1924 en París, en la octava edición de los Juegos Olímpicos. Rectifico, más bien por lo que no pasó, por lo que pudo ser y no fue.

Andía era un hombre pequeño, incluso para aquella época de hombres bastante más bajos que hoy, de piernas robustas, era guipuzcoano y había nacido en 1898. En 1919 apareció en el mundillo atlético, destacando sobre todo en las pruebas de campo a través. En el campeonato de Guipúzcoa de 1920, disputado en Tolosa, ya fue segundo detrás del legendario Juan Muguerza. Y en el campeonato de España celebrado días después, retirado Muguerza, es de nuevo segundo tras Julio Domínguez. En los años siguientes participa en numerosos crosses y se va haciendo sitio importante en el mundo del campo a través de aquellos años, proclamándose campeón de España en 1921 y 1924.

El cross olímpico de 1924 fue el último cross olímpico, ya no se volvería a disputar. 12 de julio, a las dos y media de la tarde, con un calor tórrido y húmedo, un sol implacable y un recorrido de gran dureza. Todo ello hizo estragos entre todos los participantes excepto en uno, españoles incluidos. Había 55 atletas inscritos, de los cuales tomaron la salida 38 y de los cuales finalizaron sólo 15. Al que no le influyó el calor fue al finlandés Paavo Nurmi, que se dio un paseo, casi literalmente hablando, y se adjudicó uno de sus nueve oros olímpicos. La prueba tuvo su llegada en el estadio de Colombes y después de Nurmi, llegó deshecho su compatriota Ville Ritola, y luego el estadounidense Earl Johnson, bronce, y luego el británico Harper, ambos también en malas condiciones. En quinto lugar apareció sorprendentemente por el túnel del estadio el pequeño español: José Andía.

Los pocos compatriotas presentes no cabían en su asombro y emoción. Pero pronto se advirtió que Andía estaba completamente mermado de facultades, pues, con una mirada perdida, se puso a dar vueltas alrededor de la banderola clavada al final del túnel, casi en la pista, y que indicaba a los atletas el camino a seguir hacia la meta. Sólo le quedaban 300 metros para terminar la carrera pero fueron imposibles para el guipuzcoano. Leemos en la obra "Bodas de Oro del Atletismo Guipuzcoano": "Andía no hacía caso a nuestras indicaciones ni a las del juez. Cuando el pobre Pepe dio el tercer rodeo a la banderola, cayó al suelo de bruces, lastimándose la cara y allí, como un autómata, siguió moviendo los pies, como si corriera, mientras el público nos chillaba para que lo levantáramos, cosa que nosotros no podíamos hacer. Recordamos aún la inolvidable e interminable noche en que, con temor por la vida de nuestro campeón -pues el médico que le atendió calificó su estado de gravísimo-, hubimos de aplicarle cada cinco minutos, entre Diego Ordóñez y el autor de estas líneas, compresas de hielo, mientras que la temperatura ambiente era de 34 grados, los mosquitos que procedían del Bois de Maisons Laffitte inundaban la habitación, hinchándonos cara y manos. A las ocho de la mañana Andía comenzaba a tranquilizarse y recobraba la consciencia".

Pero en el titular hablábamos de primera medalla olímpica española. ¿Por qué? José Andía, de haber terminado, hubiese ocupado la quinta posición, posición que por cierto no se hubiese mejorado hasta 48 años más tarde con el cuarto puesto de Mariano Haro en Múnich 1972. Hablamos de medalla porque hubo también clasificación por equipos, y de haber terminado Andía en ese quinto puesto, y con los puestos de Fabián Velasco (13º y 10 puntos para la clasificación) y Miguel Peña (14º y 11 puntos) hubiese sumado los mismos puntos que Francia por el tercer puesto, tras Finlandia y Estados Unidos. Desconozco si se habrían otorgado dos medallas de bronce o como se habría desempatado, pero a favor de España en ese desempate está el hecho de que "cerró equipo" antes y de que el mejor español hubiese sido mejor que el mejor francés. Esto, evidentemente, es historia-ficción. Otro día contaremos otros casos de historia-ficción, serán otras historias de lo que pudo ser y no fue.

La Olimpiada Obrera de 1937
Pocos días antes de que estallara la Guerra Civil Española, el 18 de julio de 1936, se disputó en Barcelona un espléndido Campeonato de España, el 11 y 12 de aquel mes. Fue un campeonato brillante, con buenos resultados y con el escenario siempre magnífico de Montjuïc. Y del 19 a 26 de julio se disputaría en dicho estadio la llamada Olimpiada Popular, en respuesta a la disputa de los Juegos Olímpicos de Berlín en la Alemania hitleriana. El Comité Olímpico Internacional estaba en contra de esa competición, y más de que se utilizase la palabra Olimpiada. Pero en la víspera hubo de suspenderse por el comienzo de la Guerra, cuando muchos equipos participantes se encontraban ya en la Ciudad Condal.

Durante los 1.000 días que duró la contienda hubo muy poca actividad atlética en España. Fue Barcelona, en la zona republicana, donde hubo algo de atletismo. En esos años, de 1936 a 1939, la actividad atlética mundial siguió su curso en un panorama mundial incierto; se disputaron los Juegos Olímpicos de Berlín (en agosto de 1936) y el Campeonato de Europa de 1938 en Viena, a los que no acudió España.

A la competición a la que sí se desplazaron atletas españoles fue a la tercera edición de la Olimpiada Obrera, que se disputó en Amberes a finales de julio de 1937, en el estadio Olímpico que 17 años antes había acogido los Juegos Olímpicos. Ha habido mucha confusión con ambos eventos, la Olimpiada Obrera y la Olimpiada Popular. La Obrera era una competición deportiva (y atlética) que en Amberes celebró su tercera edición, tras Frankfurt 1925 y Viena 1931, organizada por la Internacional Deportiva Obrero Socialista y alentada por organizaciones políticas de izquierdas, pero competición deportiva al fin y al cabo, como lo fueron las Espartaquiadas en las décadas siguientes. En cambio la malograda Olimpiada Popular de Barcelona iba a ser un conglomerado de actividades deportivas (con tres tipos de deportistas: de élite, expertos y aficionados), sociales y culturales alentada principalmente por organizaciones de izquierda como respuesta a los Juegos Olímpicos de Berlín, con una participación mayoritariamente española y un nivel deportivo limitado. Nunca sabremos qué hubiera supuesto en el concierto mundial de haberse disputado, pero el que esto escribe cree que muy poco o casi nada; los Juegos de Berlín fueron un rotundo éxito en un mundo que no intuía lo que se le avecinaba.

La delegación española fue acogida con entusiasmo en Bélgica por los organizadores y por el resto de equipos, pues no olvidemos que nuestro país estaba inmerso en la Guerra Civil. España compitió en varios deportes, entre ellos atletismo. 11 países lo hicieron en nuestro deporte. Se desplazaron un buen número de atletas españoles, en su mayoría catalanes, con dos mujeres en el equipo: Margot Moles, Carmen Ribé, Armando Roca, Enrique Piferrer, Jaime Ángel, Luis Altafulla, Luis Pratmarsó, Jaime Fernández, Borras, Miguel Consegal, José Fontseré, Luis Agostí, Antonio Gil, Gerardo García, Francisco Albesa, José Catalina 'Lacomba', Fernando Casado, Francisco Montfort, Macario Meneses, Ugarte, Lerma y Santandreu.

Los resultados de los nuestros fueron en general discretos; además el infortunio se cebó con el equipo de varias formas, principalmente por lesiones, pues varios atletas no pudieron llegar a competir o lo hicieron mermados. Su estado de forma no era el mejor en la mayoría de los casos. La pista de Amberes, muy blanda, "infame" en palabras de Miguel Consegal, perjudicó el nivel de la competición. Lo mejor estuvo a cargo del catalán Luis Pratmarsó en 800 metros, que fue segundo, se confió al final y perdió el oro; de Margot Moles, que fue 3ª en disco con gran mérito, pues venía de un Madrid asediado y sin haber entrenado durante meses; y del también catalán Jaime Fernández, tercero en un 10.000 en el que se dio una vuelta de menos, por lo que su 32:11.3 no pudo ser homologado como récord de España.

Fueron cuartos Carmen Ribé en longitud y Pepe Lacomba en triple. Los marchadores García y Albesa fueron descalificados de forma sorprendente, y quizá injusta, cuando iban marchando en primera y segunda posición. Pero sin duda el más ovacionado fue el jabalinista Fernando Casado, que hoy sería atleta paralímpico dado que era mutilado de guerra, "el glorioso manco", había perdido el brazo izquierdo en combate al comienzo de la guerra. Casado fue el abanderado de la delegación española, una delegación que fue acogida en Bélgica con inusitado cariño. A la vuelta de Amberes muchos compitieron en una excelente reunión en el estadio de Pershing de París el 8 de agosto. Otro día hablaremos de otro campeonato importante en nuestra historia, de signo político radicalmente opuesto, el entonces llamado Campeonato de Europa de la Juventud, celebrado en septiembre de 1942 en Milán; eso ya formará parte de otra historia.

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Claudia García
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Marta Mendía
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Gustavo Adolfo Becker
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Arturo Ortiz
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Cartle Juegos Olímpicos París 1924
Cartle Juegos Olímpicos París 1924

José Andía
José Andía

Imagen del cross olímpico de 1924
Imagen del cross olímpico de 1924

Cartel Olimpiada Obrera Barcelona 1936
Cartel Olimpiada Obrera Barcelona 1936

Cartel Olimpiada Obrera Amberes 1937
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Luis Pratmarsó ganando el campeonato de España en 400m de 1936
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Margot Moles lanzando disco
Margot Moles lanzando disco









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