Real Federación Española de Atletismo





 lunes, 23 de noviembre de 2020   ENTREVISTA WEB 110/2020
Javier Álvarez Salgado: Más allá de Prefontaine y Adi Dassler

Por : Miguel Calvo

Tan caprichosos, en ocasiones el cine y las modas publicitarias tienen la virtud de crear sus propios mitos. Por ejemplo, sólo así pueden explicarse fenómenos como la leyenda de Steve Prefontaine, el talentoso y bravo atleta estadounidense dotado de una personalidad arrolladora que se hizo inmortal en los revolucionarios años setenta, incluso mucho más que el resto de atletas de su generación, a pesar de que muchos de ellos pueden presumir de un palmarés mayor, como Lasse Virén, Mohamed Gammoudi, Ian Stewart, Emiel Puttemans, Mariano Haro, David Bedford, Miruts Yifter, Frank Shorter o Juha Väätäinen entre otros.

Anclados a esos mitos cinematográficos, tan necesarios por otra parte para dar a conocer nuestro deporte, muchas veces el mundo de la moda y la publicidad vuelve a ellos, y hace unos meses nos sorprendíamos al ver una fotografía de Múnich 1972 en la colección de verano de una conocida marca de ropa, con Prefontaine en el centro de la imagen. Acostumbrado a vivir en un silencio mucho mayor, si abriésemos el enfoque de esa famosa fotografía veríamos a la derecha de la imagen con el dorsal 161 a Javier Álvarez Salgado (Vigo, 1943), cuya propia historia también daría para un gran guion cinematográfico. Quizás así podríamos explicar que un humilde joven de provincias que hasta los 18 años no sabía absolutamente nada de atletismo llegó a ser olímpico en México 1968 y Múnich 1972, compitió codo con codo con aquella irrepetible generación de atletas cuando en España tan solo estaba naciendo el atletismo moderno y el fondo era una rareza, llegó a llamar Lilian a su hija mayor en homenaje a la maravillosa atleta británica Lillian Board que fue segunda en los 400 metros de México 1968 tras la francesa Colette Besson, e incluso fue elegido por el alemán Adi Dassler para introducir su famosa marca de zapatillas en España.

"Como todos los niños de la posguerra, y más viniendo de una familia muy humilde y represaliada, tuve una infancia dura y desde los 14 años comencé a trabajar en el turno de noche de una fábrica de calzado - recuerda el propio Álvarez Salgado -. Hasta una semana antes de cumplir los 18 años nunca había oído hablar de atletismo, pero en ese momento un amigo de la pandilla me convenció para apuntarnos a la Carrera de Navidad que organizaba un sindicato vecinal en Vigo. Había una carrera para debutantes y de pronto me vi corriendo por toda la Gran Vía sin coches, con la sorpresa de que les di una paliza a todos. Unas semanas después, me volvieron a convencer para apuntarme a una carrera en el parque de Castrelos, con la promesa de que los tres o cuatro primeros viajarían a una competición a Madrid. De nuevo volví a ganar y, aunque hasta ese momento ni siquiera había viajado nunca en tren, fui al trofeo Elola Olaso y volví a ganar, en esta ocasión con corredores de toda España. Ahí supe que el atletismo sería una parte de mi vida, pero sobre todo descubrí que correr me gustaba una barbaridad. Simplemente me encantaba, tanto en entrenamiento como en competición".

A partir de ahí comenzó una historia maravillosa que nos devuelve la imagen de uno de los principales pioneros del fondo español y de uno de los corredores más elegantes de nuestra historia. Tan legendario como la fidelidad que mostró siempre a Alfonso Ortega, el único entrenador que tuvo durante toda su trayectoria, y al único club cuya camiseta defendió, el Real Club Celta de Vigo, personalizado en otra figura tan importante para él como Alfonso Posada, delegado celtiña. Y tan legendario como un palmarés tan lleno de éxitos, entre los que podríamos destacar sus dos títulos de campeón de España de 3.000 obstáculos en 1965 y 1967; sus cinco entorchados nacionales en los 5.000 metros entre 1966 y 1973; sus tres participaciones en las finales olímpicas de México 1968 (3.000 metros obstáculos) y Múnich 1972 (5.000 y 10.000 metros); sus medallas de plata y de bronce en los europeos de pista cubierta de Belgrado 1969 y Viena 1970; su quinto puesto en los 5.000 metros de Campeonato de Europa de Helsinki 1971; sus tres oros en los Juegos Mediterráneos de Túnez 1967 (3.000 obstáculos) y Esmirna 1971 (5.000 y 10.000 metros); su cuarto puesto en el cross de las naciones de 1971; sus más de veinte récords de España que le hicieron tener simultáneamente las plusmarcas nacionales de 3.000 obstáculos, 5.000 y 10.000 metros en 1970; e incluso su única pequeña decepción personal de no haber dado el salto al maratón, pese a que fue campeón de España de gran fondo (30 kilómetros) en 1971 y 1972.

"Si tuviera que definirme como atleta, diría que fui un corredor sin complejos, que siempre corría hacia delante y nunca me quedaba esperando mi oportunidad", reconoce el corredor gallego al tiempo que afirma que le gustaba tanto correr que siempre estaba dispuesto a participar en lo que le pidiera la federación, ya fuera cualquier distancia en la pista, cross o pista cubierta.

"Hay momentos que nunca olvidaré - continúa Álvarez Salgado -. Por ejemplo, el Campeonato del mundo Militar de 1964 que se disputó en A Coruña, con el estadio lleno, y que supuso mi primera victoria internacional al ganar los obstáculos sobre la misma línea de meta. O el día del mes de septiembre de 1971 que corrí los 10.000 metros en Múnich con mi amigo Puttemans en 28:01, terminando los últimos mil en 2:31 o el último 800 en 1:58. O el día que gané a Gammoudi en los 5.000 metros de los Juegos Mediterráneos de Esmirna 1971. O las dos finales olímpicas de Múnich 1972, donde llegué después de superar una hepatitis y donde recuerdo cómo Puttemans, en las eliminatorias de 10.000 metros que siempre las carga el diablo, me dijo que saldríamos juntos él, Bedford y yo y que nos clasificaríamos sin problemas para la final".

"Mi ídolo siempre fue Ron Clarke - recuerda con nostalgia el veterano corredor vigués -. Fue una pena que no tuviese final y que siempre se quedara a las puertas del oro, pero fue un auténtico referente para todos nosotros, tanto en el entrenamiento como en la manera de sentir el atletismo. Todos sabíamos que la cuestión era correr detrás de él. Y aquí, en España, Mariano Haro siempre ha sido lo más grande, el tipo con más genio que yo he visto nunca compitiendo".

Lejos quedan aquellos años en los que Álvarez Salgado tenía que escaparse de su trabajo en una fábrica de conservas para seguir corriendo o los años posteriores en los que subía corriendo cada día a su nuevo trabajo en una gasolinera. Lejos quedan aquellas concentraciones de la selección en las que Haro y Álvarez Salgado siempre formaban a su alrededor el grupo de fondistas, tan locos como la pasión por los kilómetros con los que soñaban. Lejos quedan todos aquellos viajes por el norte de Europa donde buscaban los secretos de las distancias de largo recorrido. E incluso lejos queda ya la lesión en el talón de Aquiles que tuvo en Zagreb tras los Juegos Olímpicos de Múnich y que poco a poco le hizo ir pensando en la retirada y en la nueva vida que le esperaba alrededor de su tienda de ropa deportiva en Vigo y el amor que siempre le ha unido a su familia y al deporte de su ciudad natal, presidido por su mujer Loly García (auténtica pionera, pocas parejas pueden presumir de haber ganado los dos la San Silvestre Vallecana), sus tres hijos, sus nietos y su participación política en la vida municipal viguesa, tanto como concejal como a través de su papel al frente de su precioso medio maratón.

Camino ya de los 80 años y a años luz de las luces de Hollywood, la fantástica cuenta de Instagram de la familia Álvarez Salgado nos permite seguir colándonos cada día en su vida. Como una ventana abierta al pasado, por ahí desfilan las grandes hazañas del corredor vigués y que hoy, como si de un ídolo pop se tratara, siguen latiendo en su imagen con la camiseta de la pre olimpiada de México 1966 firmada por Onitsuka Tiger o la camiseta con la que toda la familia viajaron en 2018 a Múnich para revivir juntos aquellos días de 1972. Como una ventana abierta al presente, ahí podemos colarnos en el día a día de Javier y su mujer Loly, presidido por las vistas de las islas Cíes desde su casa en Nigram y por unas mañanas que siempre comienzan con la pareja recorriendo juntos los diez kilómetros que les separan de Balaídos o de otros retos como el mirador de Monteferro que les espera más allá de la playa América o la virgen de la Roca en Baiona. Y, como una ventana abierta al futuro, ahí podemos seguir soñando con toda la familia al mismo tiempo que les acompañamos en su sueño de llegar juntos al maratón de Múnich 2022 con el que celebrarán los 50 años de una fecha tan especial.

"Con el paso de los años, ya no podemos correr, pero seguimos caminando. Siempre a ritmo, lo más rápido que podemos. Y cada día ando con la ilusión de que voy corriendo - finaliza Javier Álvarez Salgado recordando lo que el atletismo siempre ha representado para toda su familia -. Eran otros tiempos. Siempre le toca a alguien abrir los caminos y yo tuve la fortuna de ser uno de ellos. Antes de comenzar a correr, ni siquiera había montado nunca en tren, pero el atletismo me enseñó otra vida y nunca le podré agradecer lo suficiente que me haya dado todo lo que tengo". Sin duda, mucho más allá de Adi Dassler. Mucho más allá de la leyenda de Steve Prefontaine

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