Real Federación Española de Atletismo





 lunes, 16 de noviembre de 2020   ENTREVISTA WEB 107/2020
Reyes Estévez, nacido para correr

Por : Miguel Olmeda


"¡Ha hecho trampa, seguro! ¡Tiene que haber acortado!", gritaba furioso un puñado de padres en el parque Can Mercader de Cornellá, un sábado a finales de 1985. Se celebraba un cross escolar y a unas edades en las que el físico suele imponer su ley la sorpresa es que había ganado, con diferencia, el chaval más enclenque de los que tomaron salida.

Reyes Estévez tenía entonces nueve años y sus rivales, 11. Un benjamín entre alevines. Y eso que el precocísimo campeón había acabado en aquel parque casi de casualidad. Sus dos hermanos mayores querían correr el cross y la condición que pusieron en casa para ir era que se llevasen consigo al pequeño, que nunca había estado en una carrera.

Ese día, el atletismo descubrió a un talento. Dicen que no ha habido en España uno tan natural. Manuel Carrasco, un monitor del Cornellá Athletic, se apresuró a invitarlo a bajar a la pista del club. A los dos meses, le tomó tiempo en un 1000m y tuvo que comprobar que el cronómetro funcionaba correctamente. ¡Reyes había marcado 3:06 con nueve años!

Fácil. Es la palabra que mejor representa la carrera de Estévez durante su formación. "Me salía todo de forma un poco natural; al principio no entrenaba, solo iba a la pista a hacer juegos, y el fin de semana a competir. Ahí te picaba el gusanillo de la competitividad", cuenta Reyes. Tan natural que siendo alevín ya era capaz de correr un 2000m a 6:12 y a los 15 años parar el reloj en 8:19.78 en un 3000m, entonces el récord nacional de su categoría. Tan competitivo que, hasta cadete, ganó cuatro veces la mítica Jean Bouin de Barcelona, la carrera urbana más antigua de España.

Aquellos registros le abrieron las puertas de la que sería su segunda casa, el CAR de Sant Cugat, donde conoció a su segundo padre, Gregorio Rojo. Es junior de primero y su progresión se dispara. "Empecé a meter gimnasio y dos entrenamientos diarios", recuerda Reyes. Se proclamó dos veces campeón de España de cross y otras dos de 1500m en su categoría (1994 y 1995), y llovieron los récords: el de 1000m (2:19.34), el de 1500m (3:35.51, también plusmarca europea), el de la milla (3:55.90), el de 3000m (7:56.10)…

Tan rápido quemaba etapas Reyes Estévez que sus primeros Juegos Olímpicos le llegaron demasiado pronto, a las puertas de la veintena. "El presidente decidió apostar por mí, por la juventud, para que aprendiera, pero esos no eran mis Juegos, y Gregorio Rojo tampoco estaba muy de acuerdo. No estaba para competir en Atlanta", admite el mediofondista. Sin embargo, esa experiencia del debut -"cualquiera que haya ido a unos Juegos entenderá que es un sentimiento que no se puede explicar"- sentó las bases de los que serían los mejores años de la carrera de Reyes. "Tenía 3:34.86 en 1500m con 19 años y llevaba una progresión muy buena, pero sobre todo era el competir. Llegar a Atlanta y enfrentarte a El Guerrouj, Morceli… Eso impone. Es pasar de verme siendo el mejor contra chicos de mi edad a ser nada, y te hace madurar mucho más rápido".

Un verano después, en el Mundial de Atenas, Reyes Estévez ya era un atleta de 3:33.40. A la sombra de Fermín Cacho, campeón y subcampeón olímpico, el catalán se liberó de presión: "Ir a cámara de llamadas con él, a competir con él… Estuvimos todo el campeonato juntos y no dejaba de aprender". Su carácter ganador hizo el resto: "Mi reto era clasificarme para la final y luego ahí no se sabe, pueden pasar muchas cosas". Y pasaron, vaya si pasaron.

Sucedió que el jovencísimo español se puso a marcar el ritmo al paso por el 600, y solo cedió el mando cuando Hicham El Guerrouj se lo arrebató sin contemplaciones para lanzarse a la victoria. Sucedió que, después de aquello, Estévez cayó a la quinta plaza, desde donde tomó la última curva. Y sucedió que, en la recta de meta, nadie abrió tanto gas como el de Cornellá, que se merendó a Morceli sobre la línea para ganar la medalla de bronce tras El Guerrouj y Cacho. Un exitazo que, sin embargo, a Reyes le supo a poco: "No estaba contento conmigo mismo porque podía haber dado más de mí. Terminé con mucha fuerza. En semifinales no me había encontrado del todo bien siguiendo la estela de El Guerrouj, creía que de un día para otro no habría recuperado bien y no quería clavar a falta de 100 metros. Ahí aprendí que hay que ir para delante, que el que no arriesga no gana".

Corredor de corazón
Reyes se grabaría a fuego en el pecho aquella lección de competición. No volvería a quedarse con gasolina en el tanque nunca más: "En una final tienes que tomar decisiones. He perdido muchas carreras por tomarlas con el corazón, pero eso va en el ADN del atleta. Siempre me ha gustado dar la cara, probarme y hacer cambios largos a falta de 300 metros o incluso más, y muy bruscos. Si me pasaba de fuerte, acababa repercutiéndome, pero era mi forma de correr. También el dar espectáculo. Siempre pensaba con la cabeza: quieto, tranquilo, no cambies… Y luego al final el corazón me podía".

Parece como si Reyes Estévez narrase sus propias victorias. En el Europeo de Budapest, en 1998, desplegó su manual de competición en la final del 1500m. Mostrarse, atacar largo y brusco, ganar. Apareció en el tren de cabeza a falta de una vuelta y en el último 250 se despidió de todos los rivales. Ahí estaban Cacho, Andrés Díaz, Rui Silva, los británicos Whiteman, Mayock y Yates. No pudieron con el mediofondista de moda, el rubio de Cornellá. "Si tenías un día malo, te pasaban cuatro. Afronté el Europeo con muchas ganas, 1998 fue el año en el que más fuerte estuve en mi carrera, pero la responsabilidad volvía a ser de Cacho, que era el subcampeón del mundo y defendía el título", señala Reyes. "Me hizo mucha ilusión poder dedicarle a Gregorio Rojo un gran título, que ya tenía una edad y le quedaba poco para retirarse", añade.

La semana anterior a proclamarse campeón de Europa, Estévez corrió por primera vez en 'tres treinta'. Exactamente, en 3:30.87. Un año después haría 3:30.57, aunque jamás rompería esa mítica barrera que en España solo ha superado Cacho. "Es una de las cosas que jamás me explicaré. He corrido varias veces en 3:30, 3:31, 3:32, 3:33… Si bien no he tenido suerte de enganchar la carrera para conseguirla, el 'día D', la 'hora H'. A nivel de entrenamientos, por marcas, estaba para bajar de 3:30. Es una espina que tengo ahí clavada, pero la realidad es que no lo he logrado", lamenta el catalán.

Sevilla, el momento más especial
Ese 'día D' del que habla Reyes Estévez pudo haber sido el 24 de agosto de 1999. La final del Mundial. Sevilla. El Guerrouj pone a todos los favoritos en fila, a ritmo de mitin. 53 segundos el primer 400. Estévez aguanta, agazapado, y a falta de 500 metros se lanza hacia delante. Se deshace de Morceli y alcanza a Cacho. El Estadio La Cartuja ruge con el movimiento del campeón de Europa, que ya no mira atrás. "En ese momento sucedió algo que no me había ocurrido nunca: se me puso la piel de gallina corriendo", admite Reyes, emocionado. Sobrepasó a Ngeny y se tiró tras El Guerrouj, pero aquella no era su rueda. "Fríamente, si me hubiese quedado detrás de Ngeny creo que hubiese podido pelear con él por la plata. En cambio, en ese momento sentí que era lo que tenía que hacer. Me vi con fuerzas: el Mundial en tu país y el estadio a reventar, había que ir de frente". El marroquí ganó con 3:27.65, récord de los campeonatos, seguido por el keniano, con 3:28.73, y Estévez, que ganó su segundo bronce global con 3:30.57, la que por siempre será su marca personal en 1500m.

El mediofondista de Cornellá recuerda aquella final como uno de los dos momentos más especiales de su carrera: "Correr un Mundial en tu país, en la final más rápida de la historia, batallar hasta el último 200 con el mejor corredor de la historia de 1500m, conseguir una medalla en casa… Siempre lo llevaré conmigo". El otro, aunque pueda sorprender, se remonta a su época de junior: "El Campeonato de Europa de 1993, en la inauguración del Estadio de Anoeta. La ilusión de un chaval que llega con ganas de comerse el mundo y logra quedar campeón. Para mí fue un subidón a nivel personal y es una de las carreras que más ilusión me han hecho".

Decepción, redención y despedida
Después de tres veranos encadenando bronce mundial, oro europeo y bronce mundial, los Juegos de Sídney 2000 se presentaban como la oportunidad perfecta para Reyes Estévez, que llegaría a la cita olímpica con 24 años recién cumplidos. Sin embargo, no habría cita para el catalán. Y eso que llegó a recibir por carta su preselección. Aquello fue antes del Campeonato de España, donde el catalán acabó tercero. En la selección definitiva estarían Juan Carlos Higuero, campeón; José Antonio Redolat, segundo; y Andrés Díaz. Los tres presentaban mejores registros que Estévez aquel verano, pero ninguno ofrecía su bagaje en grandes competiciones. "Mi preparación estaba enfocada a Sídney, que era un mes después del Campeonato de España, y quedarme fuera fue un palo muy gordo porque era el año olímpico de mi vida. Me hizo un daño irreparable", lamenta.

Aquella decepción le hizo replantearse su carrera. Gregorio Rojo volvió a ser fundamental, convenciéndole no solo de no abandonar la selección española, sino de no dejar el atletismo. "Me dijo que contestara en la pista y a los seis meses yo hablé en la pista, con el subcampeonato en el Mundial indoor de Lisboa, ganando al que había sido campeón olímpico en Sídney (Ngeny)". Solo el portugués Rui Silva privó a Estévez del oro por apenas 19 centésimas. Más ajustada sería su medalla de plata en el Europeo de Múnich de 2002, tanto que después de clavar el tiempo de Mehdi Baala por el oro tuvo que ser la foto finish la que definiera al campeón.

La plata de Múnich fue la última medalla de Reyes Estevez en un gran campeonato. Sus resultados internacionales irían decayendo: sexto en el Mundial de París 2003, undécimo en Helsinki 2005 y eliminado en las eliminatorias de Berlín 2009; séptimo en los Juegos de Atenas y caído en las eliminatorias de Pekín 2008. Sus marcas no volverían a acercarse a 3:30, y ni siquiera lideraría de nuevo el ranking español antes de su retirada en 2010, antes de cumplir 34 años.

"Al quedarme fuera en primera ronda en Berlín 2009 me di cuenta de que es ley de vida, la frescura y la chispa que tienes de joven se van apagando. Era consciente de que podía seguir yendo con la selección, pero después de lo que había logrado no quería verme cayendo en semifinales", reconoce Reyes. Decidió colgar los clavos el verano siguiente, tras el Europeo de Barcelona: "Aguanté porque era en mi ciudad y era un buen broche poderme despedir allí del atletismo". Solo le faltó hacerlo con una medalla, que tuvo que ser de chocolate en contraposición al oro de Arturo Casado y el bronce de Manuel Olmedo.

A lo largo de dos décadas, Reyes Estévez firmó algunos de los capítulos más brillantes de la historia del mediofondo español. Especialmente entre 1997 y 1999. Se proclamó campeón de España de 1500m al aire libre en cuatro ocasiones (1997, 1998, 2004 y 2009) y en pista cubierta en otras dos (1997 y 2001), así como una vez de 3000m bajo techo (2005). Fue internacional en 26 ocasiones, logrando dos bronces (Atenas 1997 y Sevilla 1999) y otros dos puestos de finalista (5º, Edmonton 2001 y 6º, París 2003) en seis participaciones en Mundiales; un puesto de finalista (7º, Atenas 2004) en tres Juegos Olímpicos; y un oro (Budapest 1998), una plata (Múnich 2002) y un puesto de finalista (4º, Barcelona 2010) en tres Europeos al aire libre. En pista cubierta, fue subcampeón del mundo de 1500m (Lisboa 2001) y bronce continental de 1500m y 3000m (Madrid 2005).

  


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Historial Deportivo de Reyes Estévez
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Un jovencísimo Reyes Estévez ganando en la Jean Bouin (Foto: El mundo Deportivo)
Un jovencísimo Reyes Estévez ganando en la Jean Bouin (Foto: El mundo Deportivo)

































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