Real Federación Española de Atletismo





 viernes, 13 de noviembre de 2020   ENTREVISTA WEB 106/2020
Ana Carrasco, campeona a la primera

Por : Emeterio Valiente


Si escudriñan sus resultados advertirán, por supuesto a la primera, que sus concursos son más limpios que una patena, predominando abrumadoramente los círculos sobre las aspas; quizás tenga mucho que ver con quién aprendió los rudimentos del salto con pértiga, esa especialidad que todos presenciamos con la cabeza bien alta para no perder ripio de lo que acontece cerca de los cúmulos. Dicen que es duro llegar a la élite, pero más duras son las pértigas que Ana agarra y la han catapultado, hasta ahora, a 13.81 pies.

Nada mejor ni más cercano que empezar cualquier aventura bajo la égida paterna, "empecé a practicar atletismo desde muy pequeña; mi padre fue atleta de joven y quiso que mi hermano Roberto y yo lo conociésemos y probásemos. Antes de apuntarme, ya había pasado por varios deportes, desde la gimnasia rítmica hasta natación, e incluso kárate, pero al empezar con el atletismo ya no quise cambiar"; la vida es, en generosa proporción, circunstancia y fue una tan oportuna como leve molestia la que la catapultó hacia esta acrobática especialidad, "la pértiga, en todo caso, no fue del todo elección mía de primeras, de hecho, le tenía un poco de miedo siendo sincera; en mi primera competición hice un 500, altura y relevos y en ese primer año competí varias veces en triple. Un día vino Ángel Sainz a la escuela donde entrenaba, en el colegio Gredos San Diego, a dar una sesión de iniciación de pértiga y poco después tuve una pequeña molestia en la rodilla, que me impidió salir a correr con mi grupo de siempre, por lo que me quedaba a ver al grupo de pértiga, hasta que me entró el gusanillo y quise unirme, tenía 12 años".

A Ana le tocó la lotería en forma de mentor; sus más que conspicuos conocimientos sobre la disciplina son inversamente proporcionales a su exposición mediática, siendo algo así como una sabio deliberadamente invisible, "creo que no podría haber tenido un mejor entrenador para mis primeros años como pertiguista; además de ser un gran conocedor de la prueba, también tenía en cuenta a la hora de entrenar muchos detalles, como evitar errores muy graves de técnica, que ayudaron a prevenir lesiones y se implicaba muchísimo prestándole mucha atención a cada aspecto; Teníamos y tenemos a día de hoy una relación muy estrecha y diría que me conoce casi mejor que yo misma (risas), me siento muy afortunada de haberle tenido como entrenador". Al inicio de la temporada 2018-2019, y fiel a su filosofía de formar atletas y dejarlos volar después, Ángel dio un paso al lado y cedió los trastos a uno de sus pupilos más aventajados, Román Martín, quien disfrutó de sus enseñanzas durante ocho años para reconvertirse después en velocista (10.66 y 21.43 en 2005), "el cambio de entrenador vino en el momento justo, ya que la base técnica ya estaba bastante trabajada con Ángel y necesitaba una mayor preparación física; desde entonces hasta el día de hoy el trabajo con Román es mucho más intenso., tengo la suerte de poder entrenar con él en el CAR de Madrid. Es un entrenador muy exigente tanto en lo físico como en lo técnico, lo que me ayuda a seguir progresando y mejorando cada año. Además, está muy implicado en todo el trabajo del grupo".

La plusmarca española pertenece a Naroa Agirre desde el ya lejano 2007 con 4.56 mientras que la marca personal de Ana es de 4.21 a pesar de ese palmo y medio de diferencia, su descubridor cree firmemente que Ana tiene madera de plusmarquista española absoluta y ella no osa contradecirle, "no sé qué pasará de aquí a unos años, pero sé que mi límite todavía está lejos. Obviamente, la confianza que tienen en mí tanto Ángel como Román es un aliciente más para trabajar por ello. Si algún día llegase a batir el récord de España sería un gran honor para mí teniendo en cuenta que pertenece a Naroa Agirre desde hace muchos años. Creo que tengo mucho margen en algunos aspectos todavía y seguiré entrenando para sacar lo mejor de mí en los próximos años".

Bajamos ahora el listón, pero solo cronológicamente hablando, para situarnos en el Europeo sub-18 de Gyor, donde razonablemente debería haber avanzado a la final de no haber mediado alguna circunstancia adversa, "recordándolo ahora, pienso que los nervios me jugaron una mala pasada, aunque es verdad que tampoco iba en mi mejor forma física, ya que arrastraba molestias de espalda que ni me dejaron entrenar los días previos como me hubiese gustado, ni competir al nivel al que estaba".

Nos glosa a continuación un ahora divertido episodio con el que más de un compañero de prueba se sentirá identificado y es que un pertiguista tiene que estar perennamente atento a su herramienta de trabajo, "es verdad que tenemos ese 'extra' de responsabilidad con las pértigas en viajes y competiciones, tenemos que organizar y planear los viajes con más antelación para asegurarnos de viajar con ellas y, siendo sincera, yo soy un poco desastre en este aspecto, soy una persona muy olvidadiza y alguna que otra vez me he llevado sustos. Recuerdo que, en el campeonato de España sub-16 de pista cubierta del 2016 en Oviedo, viajé con la federación madrileña. Nos trasladaron en bus el día de la competición a la pista, y al ir con mis amigos me olvidé por completo de sacar las pértigas del bus. Lo peor fue que me acordé tras haber calentado y cuando ya me tocaba entrar a cámara de llamadas. Te puedes imaginar el lío que monté para traerlas a tiempo... me tocó aguantar el agobio y parte del calentamiento sin pértigas viendo al resto de compañeras saltando, hasta que mi padre y Ángel consiguieron llevarme las pértigas A pesar del susto conseguí mi primera medalla nacional, por lo que fue un campeonato inolvidable, no solo por el despiste sino también por el resultado; lo curioso es que conseguí ese bronce con una pértiga, más dura que las que estaba utilizando por esa época, que estrené en ese campeonato, no había saltado nunca con ella". Risas, olvido, angustia, alivio y medalla, no se puede pedir más a un campeonato de España desde luego…

De forma recurrente y con la sola excepción de 2017 Ana ha volado más alto en pista cubierta que a cielo abierto y su actual tope de 4.21 lo consiguió bajo techo, pero no es sencillo desentrañar el motivo de ello, "la pista cubierta siempre me ha gustado mucho ya que, además de entrenar todo el año bajo techo, siempre coincide en épocas de exámenes y clases en las que ir a competir supone una vía de escape y desconexión, pero el aire libre es muy especial para mí ya que siempre son los grandes campeonatos y el factor del clima da mucho juego a las competiciones".

El grupo de Román, responsable de la especialidad en el CAR de Madrid, cuenta con más de un ilustre y acumula campeones de España absolutos de ambos sexos, "tengo la suerte de entrenar con un grupo de un alto nivel, del que forman parte Andrea San José, Adrián Vallés, Javier Fernández y Adrián Pérez; desde que empecé a entrenar con ellos siempre me han servido como referencia y sigo intentando a día de hoy aprender lo máximo que pueda de ellos".

Tan rápido asimila y aprende Ana que en septiembre consiguió, aún como sub-20, su primera medalla absoluta al ser bronce en el Nacional de Vallehermoso, "no ha sido una temporada fácil para mí; además de la situación de la pandemia, las cancelaciones de los campeonatos sub-20, tanto el de pista cubierta como el Mundial, me entristecieron bastante. Las competiciones en verano no me habían ido demasiado bien. Además, mi entrenador y yo decidimos cambiar de las pértigas de 4.15m a las de 4.25m justo antes del absoluto. Aun así, llegué con ganas de disfrutar la competición pasase lo que pasase, ya que el hecho de que pudiera celebrarse ya era un premio para mí, y el competir sin presión hizo que compitiese a gran nivel y que me pudiese competir con las mejores de España, lo cual me hizo mucha ilusión". Cuatro semanas más tarde refrendó la supremacía que viene ejerciendo desde 2018 en su grupo de edad, habiendo acumulado cinco oros consecutivos desde entonces, el postrero de nuevo con el renacido Vallehermoso como escenario y únicamente faltó la guinda de adicionar la plusmarca sub-20 de aire libre a la de pista cubierta que ya ostenta con 4.21, "en casi todos los intentos me veía en esa altura, aunque al final no pudo ser, la verdad es que era mi principal objetivo para este aire libre pero, a pesar de no haberlo conseguido, sé que he trabajado mucho esta temporada y que todo lo aprendido y acumulado saldrá algún día".

En la procelosa tarea de autoanalizarse, Ana, como cuando enfrenta el listón, no dubita, "mis puntos fuertes como pertiguista son: el hecho de ser capaz de saltar con pértigas más duras que las que corresponderían a alguien de mi peso, 52 kgs, la velocidad a la que llego en el momento de la batida, la base técnica, y el ser ligera; creo que lo que me ayuda a saltar con pértigas duras es precisamente la velocidad a la que llego a la batida y una buena ejecución técnica por supuesto. También ayuda el ser una atleta más o menos alta, 1.71m, con envergadura para que la distancia entre el pie al batir y la mano más alta sea la mayor posible, pero también es importante quitarse el miedo a saltar con pértigas más duras de lo normal, e ir con decisión en cada salto. Debo mejorar aún más la técnica por supuesto y creo que todavía tengo mucho margen de mejora en la parte física, además de la fuerza en general y en el aspecto psicológico a la hora de manejar la presión y los exámenes".

Ante la escasez de enfrentamientos directos esta temporada, diríase que el ranking ha cobrado en este 2020 especial relevancia y ahí Ana ha merecido la matrícula cum laude merced a sus respectivas posiciones en el ranking europeo (3ª) e incluso mundial (5ª) de pista cubierta, honores que han desatado su vena competitiva, "esos datos me anima a querer ir a por más y mirar más allá de competiciones nacionales; muchas veces, al no competir fuera de España se pierde la referencia a nivel internacional y creo que es importante el querer competir con gente de mayor nivel siempre para motivarte a ir a por más; creo que necesitamos competir más a menudo fuera de España y medirnos con el resto de atletas europeas". Guarda un imborrable recuerdo de una visita que realizó, muy bien acompañada, a la ciudad sueca de Sollentuna hace un par de temporadas, "fue idea de Ángel, mi entrenador por aquel entonces, y de Javier Blasco, un entrenador cordobés. Fuimos para entrenar y culminamos el viaje con una competición. Por desgracia, Ángel no pudo venir con nosotros, pero aun así fue una gran experiencia. Viajé con una gran amiga y compañera con la que compito en todos los nacionales, Ana Mª Chacón, además de con su entrenador Javier Blasco y con mi padre. Me llamó mucho la atención las instalaciones y las facilidades que nos dieron para poder usarlas a pesar de ser extranjeros. También el grupo de pértiga de allí, que era muy denso y su forma de entrenar, que era algo distinta a la nuestra, pero lo más curioso fue a la hora de competir, la importancia que daban a las escuelas de atletismo, la pista estaba repleta de niños de 6 a 12 años compitiendo y jugando".

Ana argumenta a los mortales por qué no siente miedo cuando levita a más de cuatro metros sobre el suelo, "siempre hay un miedo inconsciente cuando vas a realizar un salto exigente, pero con la adrenalina se olvida. He tenido la suerte de que a lo largo de mi carrera deportiva no he tenido accidentes saltando, lo más cerca que estuve fue este verano compitiendo cuando se me resbaló la pértiga justo después de despegar del suelo y salí disparada, pero no me dio tiempo casi ni a reaccionar como para sentir miedo".

Con el foco ya puesto en el 2021, esta estudiante de Ciencias de la Actividad Física y Deporte recita de carrerilla todos sus anhelos deportivos "al ser mi primer año como sub-23, quiero aprovecharlo para entrenar más y mejor sin presiones. No sabemos si se celebrarán los diferentes campeonatos, así que toca entrenar y acumular trabajo. Si competimos me gustaría pelear de nuevo por subir posiciones en el absoluto, y mejorar mi marca todo lo posible; aunque tengo tres años de sub-23 por delante, trataré de atacar ambos récords de España (4.45 al aire libre y 4.32 en pista cubierta) y si se celebran los europeos o competiciones internacionales me gustaría poder pelear en una final". Sondeada sobre la posibilidad de dar un salto de calidad a su plusmarca en 2021, próximo a 4.50, comenta, "a día de hoy, sé que mi marca personal no se corresponde con lo que creo que podría saltar y espero seguir progresando para estar pronto en esas alturas".

Todo en esta vida tiene una explicación, incluso el que una madrileña esté enrolada en el F.C.Barcelona, "cuando cambié de entrenador, también cambié de club; con Ángel no nos interesaba desplazarnos tanto para competir y participar en ligas; en cambio, ahora buscamos competiciones y de mayor nivel, por ello sabíamos que estar en un club de esa categoría nos beneficiaría a la hora de planificar la temporada y estoy muy contenta de empezar mi tercer año compitiendo con el F. C. Barcelona".

Si hay una cota que quita el hipo en el programa femenino ésa es la de los 5m en la disciplina favorita de Ana, quien se muestra cauta pero no pestañea cuando escucha la mareante altura, que solo tres mujeres en la historia han conseguido franquear, "es verdad que muy pocas atletas en el mundo han sido capaces de pasar esa barrera; creo que se necesita no solo trabajo y entreno, sino una serie de cualidades físicas y un buen entrenador y equipo detrás. No sé cómo ni dónde estaré de aquí a unos años, pero por ahora quiero centrarme en el camino y en trabajar lo mejor que pueda para en un futuro estar peleando por alturas muy exigentes". Con el frío que debe hacer en esas latitudes, ¿no les hace abrigar las máximas esperanzas esas sugerentes palabras de Ana? Al fin y al cabo, en la vertiente femenina, ¡alguien tendrá que suplantar a Duplantis!

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La temporada 2020 de Ana Carrasco
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Junto a su entrenador Román Martín
Junto a su entrenador Román Martín





















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