Real Federación Española de Atletismo





 martes, 03 de noviembre de 2020   ENTREVISTA WEB 102/2020
Encarna Granados y la ONU

Por : Alfredo Varona


Su casa parece la ONU como siempre imaginó.

Salka, su hija mayor que ya tiene 25 años, es saharaui. Nil, el adolescente, 16, y es de Magadascar y los dos son adoptados por ella, Encarna Granados, que es la madre.

La misma mujer que de niña ya avisó que no creía en las banderas, que prefería un mundo sin países.

Y como para ella "el primer pensamiento es el que vale" hoy, a los 48 años, sigue pensando igual, abriendo las puertas de su casa, defendiendo la misma idea.

-Haz lo primero que pienses.

-¿Y eso es rentable? -le pregunto.

-Para mí, sí, y he sido muchas cosas en la vida que me han acercado a mi palabra favorita: reinventarse. Creo muchísimo en ella: no creo en los miedos que uno tiene. Si no nunca tiras para adelante.

Desde que se retiró en 2001, tras los Juegos de Sidney, Encarna Granados se especializó en una profesión que no está registrada en ninguna universidad:

-Cambiar el chip.

Hoy, trabaja de "decoradora de interiores", y obedece a la que siempre fue su "gran pasión".

-¿Incluso por encima de la marcha? -vuelvo a preguntarla.

-Bueno, yo empecé corriendo... De hecho, era mediofondista, hacía cross corto... Pero un día, en una prueba de marcha en Girona, faltaba una compañera. Salí yo y, desde entonces, Teresa Maso, mi entrenadora, dijo: 'haz marcha que se te da bien", y me enamoré de la marcha.

- Llegó lejos usted.

-Bueno, depende. Mi padre dice todo lo contrario.

-Su padre también puede estar equivocado.

- Es verdad que él es un hombre muy exigente. Eso sí es verdad. Pero es que su vida es así. Trabajaba en una fábrica de papel, fumaba y de repente empezó a entrenar y con 53 años en su primera maratón hizo 2h57m y luego llegó a hacer 1h17m en media, pruebas de 100km..., qué sé yo, una cosa increíble. Hoy, con 78 años, sigue entrenando a diario a pesar de una pequeña arritmia.

La realidad es que Encarna llegó a ser aún mejor.

Llegó a participar en tres JJOO (Barcelona 92, Atlanta 96 y Sidney 2000) y a lograr una maravillosa medalla de bronce en aquel Mundial de Sttutgart del 93.

Tenía 21 años.

-Me acuerdo que nada más terminar me metí en el vestuario porque me daba vergüenza que me hicieran entrevistas. Sentía verdadero pánico. Me limitaba a contestar sí o no.

Era muy tímida Encarna Granados.

-Al principio, cuando empecé a hacer marcha, me daba vergüenza y, cuando pasaba delante de alguien, me ponía a correr.

Después, descubrió que una no puede vivir escondiéndose toda la vida.

El resultado es la mujer de hoy: la misma que casi nunca se arrepiente de nada.

-Lo que he hecho lo he hecho porque lo tenía que hacer.

A su lado, las palabras se sienten bien tratadas.

Es el trato que le ha dado la vida: lo que le ha enseñado.

-La vida me hizo aprender. Sí, claro. Cuando me puso a prueba no tuve miedo. Sin ir más lejos, tras los JJOO de Sidney. Yo veía que físicamente podía, que el problema no estaba ahí, pero que ya no tenía esa motivación. Y me fui porque, al final, la mente lo es todo.

- La motivación también se entrena.

-Pero cuando se acaba se acaba. Es la diferencia de Bragado con todos nosotros. Mientras los demás perdemos la motivación él conserva la ilusión.

-¿Y nunca más ha vuelto a competir?

-Sigo corriendo. Es más, aún puedo hacer 12 o 14 kilómetros por debajo de 4'00", pero ahora lo hago por placer, por encontrarme bien o por conservarme, sin marcarme objetivos. En su momento entendí que no se puede competir toda la vida y es lo que hago ahora.

-La cosa es entender cada época.

- Así es. El tiempo pasa y, además, pasa muy rápido y en mi forma de ver la vida lo que pasó ya pasó. Por eso no verás ninguna foto mía del pasado en redes sociales y no me oirás decir, 'es que yo he sido olímpica', porque ésa época ya terminó y no te puedes quedar a vivir en ella porque no se puede volver.

Y añade:

"Mire, yo le puedo contar que trabajé en una tienda de deportes y a veces me preguntaban: '¿y tú qué sabes de correr?' y ninguna vez contesté que yo fui atleta o que conseguí tal o cual cosa porque quiero que la gente me valore por lo que soy, no por las medallas que conseguí.

-Lleva usted razón.

-Hay gente que es muy buena en su trabajo que no tiene ninguna medalla. Por eso yo no soy mitómana: no me gusta esa forma de pensar. Prefiero que el día a día demuestre de lo que soy capaz.

-Ya lo dijo antes: reinventarse.

-Que es lo mismo que no tener miedo. A veces, no eres feliz en tu zona de confort y te limitas a poner excusas para no moverte. Pero yo no creo en las excusas. Eres tú la que no te atreves, o el que no te atreves, a dar ese paso, y eso no es justo contigo: todos merecemos buscar la felicidad.

Y Encarna Granados la ha encontrado.

Y la prueba está en su casa: la ONU, que escribíamos al principio, esa ONU que explica esa idea suya que se defiende frente al paso de los años. Es la fidelidad con aquella niña que un día dijo:

-A mí es que lo que realmente me gustaría sería un mundo sin banderas.

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Historial Deportivo de Encarna Granados
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