Real Federación Española de Atletismo





 miércoles, 28 de octubre de 2020   ENTREVISTA WEB 100/2020
Montxu Miranda: "No imaginaba que mi récord de España iba a durar más de 20 años"

Por : Antonio Aparicio

Con su 1,91 metros de altura, su potencia innata o su rápido aprendizaje, Ramón "Montxu" Miranda Díez (Santurce, 27-dic-1976) lo tenía casi todo para triunfar en el salto con pértiga. Al sabroso cóctel, no obstante, le faltaba un ingrediente esencial: la suerte. Tras una fulgurante progresión, el precoz vizcaíno sufrió durante su apogeo (1997-2001) varios episodios de infortunio en grandes citas internacionales; incluido un listón trémulo que marcó la diferencia entre un histórico oro y un 4º puesto tras acabar cayéndose, una lesión en el calentamiento de una final, o una "pesadilla" desde la grada por un lamentable error organizativo. Sin embargo, lo peor con diferencia fueron esos "años durísimos" en los que unos problemas lumbares crónicos minaron su escalada y acabaron privándole de disfrutar más tiempo de su "auténtica pasión".

Pero Montxu, que tuvo que recurrir a pértigas prestadas de camino a su primera y única medalla internacional (en un Europeo sub-23), sabía desde un principio que no iba a tenerlo fácil. Y aunque el podio en categoría absoluta se le resistiese, bregó y tiró de talento para cosechar otros tres resultados muy notables en grandes campeonatos (incluida una "experiencia impresionante" en la que acarició el diploma olímpico aunque pudo "haberlo hecho un poco mejor"). A nivel nacional, asimismo, su legado permanece con una plusmarca sub-23 de gran valor (5,78) y un récord absoluto (5,81) que, confiesa, esperaba que durase menos. En esta entrevista, el de Santurtzi nos habla además de sus comienzos, su presunto techo inalcanzado, la importancia de su único entrenador (Javier Navas) y de sus duros competidores en España, su breve pero bonita reaparición como veterano, y su nueva faceta como entrenador que le permite seguir vinculado a la disciplina que tanto ama.

Para empezar, háblanos de tus inicios. ¿Cómo y por qué empezaste a practicar atletismo, y por qué te decantaste por la pértiga? ¿Tuviste algún ídolo o referente?
Empecé por casualidad. Un día mi tío, cuando yo tenía 9 años, me inscribió. Pasados unos años comencé a entrenar con un grupo en el que casi todos hacían salto con pértiga. Un día me animé a probar y me encantó la sensación de elevarme por encima del suelo. A partir de ese momento ya me di cuenta de que era la disciplina atlética que más me gustaba. Siempre tuve el referente de Sergéi Bubka; no sólo porque era el que más saltaba, sino porque su técnica era inmejorable.

De júnior ya disputaste en esa categoría un Mundial (1994) y quedaste 9º en un Europeo (1995), pero fue en tu segundo año de promesa (1997) cuando empezaste a frecuentar la élite estrenándote con la selección absoluta (en el Mundial indoor de París), elevándote sobre 5,65m y logrando la que sería tu única medalla internacional. ¿Cómo recuerdas esa plata en el Europeo sub-23 de Turku?
La recuerdo con mucho cariño, aunque por otro lado me costó mucho, ya que en la calificación tuve que saltar con las pértigas de los rusos porque las mías no llegaron a tiempo. Fue estresante, porque eran pértigas de una marca diferente a las que yo utilizaba y me encontraba un poco perdido. Finalmente conseguí entrar a la final tras una dura lucha. Ya en la final, con mis pértigas, fue todo más rodado. Y aunque había mucho viento en contra, conseguí saltar 5,50 [a la primera] y así llevarme a casa la medalla de plata que tanta ilusión me hizo.

Tu espectacular progresión continuó en el invierno de 1998. Con sólo 21 años, empezaste batiendo por 1 cm el récord de España de pista cubierta (y absoluto) en el Nacional de Sevilla (con 5,78). ¿Qué supuso para ti ese logro, y qué te dice que hoy siga siendo la plusmarca nacional sub-23?
La verdad es que el 5,78 fue como la culminación a mucho trabajo realizado. Empecé esa pista cubierta saltando 5,71 y vi que, realizando algunos ajustes, podría batir el récord de España. Fue una enorme alegría. Han pasado 22 años y aún sigue siendo récord de España sub-23, algo que en su día sí me imaginaba que fuese a durar tanto. Para un sub-23 es una gran marca.

Enseguida llegó el Euroindoor de Valencia, donde viviste un cóctel de emociones deportivas: un pase apurado a la final en el tercer intento sobre 5,65, un gran 4º puesto (mejor resultado de un pertiguista español en la competición) con 5,70 por detrás de ¡tres alemanes!, una lucha por el podio sobre 5,80… ¿Qué sabor te quedó tras esos tres intentos de récord de España? ¿Tuviste a tu alcance la medalla e incluso el oro?
Fue el primer campeonato internacional absoluto al que iba con posibilidades de hacer un buen papel. Me quedó un sabor agridulce por no conseguir medalla, ya que me quedé muy cerca. Fue una lástima… Se consiguió ganar la competición con 5,80 al tercer intento. Yo estuve cerca de saltarlo en el segundo intento; lo toqué muy poco y pensé que se quedaba en los soportes, pero finalmente se cayó. De haberlo superado hubiese conseguido la victoria, pero finalmente no fue así. Aun así, fue muy importante para mi carrera deportiva estar luchando con los mejores pertiguistas de Europa siendo tan joven.

Tus siguientes competiciones internacionales no pudieron ser más desafortunadas. Tras superar la calificación en el Mundial en casa de Sevilla 1999, no pudiste disputar la final por lesión. Y en el Euroindoor de Gante 2000, ¡no llegaste ni a participar porque un lamentable fallo de la organización te dejó sin tus pértigas! ¿Cómo recuerdas esos duros episodios, y qué lecciones sacaste de ellos?
Fueron situaciones diferentes. En el Mundial de Sevilla me lesioné en el calentamiento en la final, debido a una mala caída en uno de los saltos. Fue un golpe duro, pero por lo menos estuve peleando todo lo que pude. Fue diferente en Gante, donde ni siquiera pude competir porque no me llegaron las pértigas. Fue como una pesadilla ver competir a mis compañeros y yo desde la grada sin poder hacer nada. Además resultó más duro porque fue un campeonato relativamente accesible, ya que se consiguió medalla con 5,60, una marca que ya había saltado ese invierno.

En todo caso, en la temporada al aire libre te repusiste admirablemente. Y en el Nacional de Barcelona batiste al tercer intento ese récord de España (5,81) que el pasado septiembre cumplió 20 años vigente. ¿Cómo valoraste entonces ese logro, y cómo lo valoras ahora?
Me hizo muchísima ilusión porque llevaba mucho tiempo intentándolo y por fin lo conseguí. También fue especial porque justo un año antes me operaron del tobillo, y tuve que hacer una larga rehabilitación para recuperar las funciones de ese tobillo. Entonces no me imaginaba que ese récord iba a durar 20 años. En primer lugar, porque yo pensaba que podía saltar más; y en segundo lugar, porque también pensaba que lo podría batir otro compañero.

Con esos 5,81 superaste los 5,80 que saltó bajo techo José Manuel Arcos en febrero de 1999. ¿Cómo era tu rivalidad con el vigente plusmarquista en pista cubierta, y qué aportó a tu carrera?
La verdad es que no competimos juntos durante mucho tiempo, ya que José Manuel tuvo alguna lesión importante cuando yo estaba en mi plenitud y además se retiró joven, en el año 2000.
Fue un gran pertiguista. La competencia que teníamos me sirvió para mejorar como pertiguista.
También recuerdo las luchas en la pista con Javier García Chico, que fueron muy estimulantes.




Luego encadenaste otras dos destacadas actuaciones internacionales: 9º en Sydney 2000 (tus únicos JJ.OO.) y 6º en el Mundial indoor de Lisboa 2001, superando los 5,70m en ambas ocasiones. ¿Qué puedes contarnos de esas dos citas?
Sydney fue la mejor experiencia que he tenido como deportista. Pude haberlo hecho un poco mejor porque iba en un estado de forma muy bueno. Pero entre que no me salió todo lo mejor que pude y el nivel de esa final fue muy alto, terminé en esa novena plaza que me supo a poco. Pero ya digo que la experiencia fue impresionante. En Lisboa recuerdo que fue final directa. La mínima de participación era 5,80, con lo que ya sólo participar era complicado. Aquí también creo que pude haber saltado más, ya que hice un 5,70 muy alto y dos intentos buenos en 5,80. Me dejé el último intento para 5,85, que fue la altura con la que se consiguió medalla, pero no lo pude conseguir. Aun así, son dos de mis mejores competiciones a nivel internacional.

A partir de entonces, aunque también acudiste a Edmonton 2001 y Viena 2002, y añadiste más oros a tu cosecha de títulos nacionales, tu nivel fue decayendo paulatinamente hasta tu retirada en 2007. ¿Cómo recuerdas esos años, y cuáles fueron las causas de esa retirada prematura?
Fueron años durísimos, tanto física como mentalmente. Principalmente la causa de la retirada prematura fueron los problemas de espalda, concretamente en la zona lumbar. Ese problema se me hizo crónico y no hubo manera de recuperarme. A veces parecía que iba bien, pero de repente reaparecía obligándome a parar. Por todo eso mis niveles físicos fueron bajando, y mentalmente se hizo muy duro.

Si tuvieras que colocar en un podio tus actuaciones en Valencia 1998, Sydney 2000 y Lisboa 2001, ¿a cuáles concederías el oro, la plata y el bronce según tu valoración personal?
El oro para Sydney, por lo que suponen unos Juegos Olímpicos y la experiencia tan buena que tuve. Lisboa y Valencia los pongo al mismo nivel.

La gran mayoría de tus rivales en esas finales tuvo marcas personales sobre 5,90 e incluso más de 6 metros. ¿A qué marca crees que podrías haber llegado de haberte respetado las lesiones? ¿Consideras que podrías haber estado a su altura?
Nunca se sabe, pero lo cierto es que hubo momentos, en 2001, en los que me encontré mejor que cuando salté 5,81. En esos momentos conseguí saltar con una pértiga más rígida que la que utilicé cuando salté mi marca personal; algo que en circunstancias normales me habría hecho saltar más. Mis niveles físicos decían que habría podido rondar los 5,90, pero bueno, estoy bastante satisfecho con la marca que conseguí.

¿Hubo alguna espinita que se te quedara especialmente clavada, o en general estás satisfecho con lo que conseguiste en tu carrera?
Haber saltado un poco más y conseguir una medalla a nivel internacional absoluto. Pero la mayor espina es no haber podido dedicarme y disfrutar durante más tiempo del salto con pértiga, que era mi auténtica pasión.

¿Qué papel jugó en tu trayectoria tu entrenador, Javier Navas?
Un papel muy importante. Con decir que fue mi único entrenador durante toda mi carrera deportiva creo que lo digo todo. Fue un crecimiento mutuo que nos hizo conseguir cosas importantes.

En 2017, ya con 40 años, reapareciste para competir durante una temporada y media, llegando a saltar 4,50m. ¿Cómo fue la experiencia? ¿Necesitabas reencontrarte con la pértiga?
Fue por casualidad. Una vez retirado estuve 8 años sin hacer nada de deporte y empecé mi faceta como entrenador. La cosa es que me puse a dieta y perdí peso, y me puse a jugar con mis atletas de vez en cuando, cuando ellos estaban entrenando. Me fui animando y decidí competir alguna vez como veterano, pero sin ninguna intención de rendir al máximo, sino para disfrutar. La verdad es que fue muy bonito, porque cuando me retiré en 2007 pensaba que nunca más iba a volver a saltar con la pértiga y pude volver a hacerlo.

Por último, háblanos un poco de a qué dedicas tu vida actualmente, de cómo vives hoy día el atletismo, y qué planes tienes para el futuro…
Ahora mismo el atletismo lo vivo como entrenador de salto con pértiga. Llevo 8 años como entrenador. En la actualidad entreno a Gonzalo Santamaría (5,36m) y luchamos por intentar mejorar día a día. Por desgracia ahora mismo es muy difícil vivir del atletismo como entrenador, por lo que en la actualidad estoy intentando conseguir empleo.


     


Enlaces relacionados:

Historial Deportivo de Montxu Miranda
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En los Juegos Olímpicos de Sidney 2000
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Con su pupilo Gonzalo Santamaría
Con su pupilo Gonzalo Santamaría









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