Real Federación Española de Atletismo





 lunes, 26 de octubre de 2020   ENTREVISTA WEB 99/2020
Marta Mendía y la clase media

Por : Alfredo Varona


Quizás esta conversación podría empezar en la madrugada del 21 de agosto de 2016.

En esa madrugada de verano Marta Mendía estaba de boda en Pamplona y Ruth Beitia se iba a proclamar campeona olímpica en Río.

Y en plena madrugada Marta salió a la calle a buscar y a encontrar un bar en el que le pusieron esa competición: el salto, el último salto de Ruth que a Marta le emocionó para siempre y le hizo recordar "aquellas competiciones en las que ella era más joven y yo la apretaba tanto".

-¿Y entonces no se le ocurrió pensar, "yo podía haber estado ahí"? -le pregunto.

-No, no, de ninguna manera -replica ahora-, pero sí pensé en que a lo mejor toda la caña que la metí yo cuando era más joven también le había ayudado a ser campeona olímpica.

A los 45 años, Marta Mendia sigue siendo una mujer humilde como la muchacha que se crió en Burlada (Navarra), donde ella era la hija del carnicero.

Su padre tenía una carnicería en la que nunca se imaginó que algún día esa niña, que empezó a saltar a los 9 años, llegaría a unos JJOO "porque no tenía nada especial".

-No era una máquina moviendo pesas ni era veloz pero entraba muy rápido a saltar en altura.

Quizás por eso el día que se retiró nos dejó un valioso currículum que nadie resumió tan bien como el periodista Ángel Cruz en su artículo de despedida en el 'As'.

-Siento no volver a verla competir de nuevo. Siento que haya dejado el atletismo sin haber conseguido alguna medalla en cualquiera de las grandes competiciones internacionales. Pero tiene un lugar en la historia. Ojalá haya muchas atletas en el futuro como Marta Mendía.

De eso han pasado 10 años.

-¿Quién nos lo iba a decir? -responde Marta.

-Se nos ha ido media vida.

-No me importaría volver a esa época. Disfruté tanto. Conocí a tanta gente. Pero a la vez me doy cuenta de que aquello ya pasó y que no volverá. Y fue todo tan bonito porque yo no apuntaba grandes maneras, no era el tipo de atleta como Ruth que se veía venir, no llamaba la atención...

Y, sin embargo, Marta Mendía se fue con siete récords de España, con cinco saltos por encima de 1,95 metros, con dos JJOO y a solo dos centimetros en el Europeo de Madrid, cuarta clasificada, de conseguir esa gran medalla internacional que nunca quiso llegar.

-Pero, a cambio, tuve una carrera larga en la que siempre supe moverme al filo de la navaja porque yo casi siempre conseguía las mínimas muy justa o entraba en las finales o me quedaba fuera por los pelos.

-Era lo que le decía antes -añade ella misma-. Yo no era una atleta top.

-Pero sí fue una gran competidora -le replico.

-Quizás sí, tal vez, porque me gustaba mucho competir. Es más, iba a las competiciones a disfrutar. Tenía esa templanza. Sabía desconectar en los descansos y me defendía bien cuando llegaba mi momento.

-Eso es un arte.

-Era mi forma de ser. Estaba acostumbrada. Aún recuerdo la primera vez que me clasifiqué para los JJOO. Solo me quedaba el campeonato de España para hacer la mínima que era de 1,93. No me puse nerviosa. Al contrario. Quise tener una oportunidad más y una semana antes fui a un mitin en un pueblo de Barcelona y me salió.

-Y fue a Sidney.

-Y no salió todo lo bien que quería, porque quizás llegué pasada de forma y el día de la clasificación se puso a llover. Pero ¿quién me iba a decir que yo iba a llegar a unos JJOO?

Pero cuatro años después volvió a Atenas 2004. Y fue décima clasificada. Y todo eso son recuerdos imperiales, inseparables de esta conversación en la que Marta Mendía insiste en que ella era "una atleta discreta de la clase media" que tuvo el mérito de acercarse a las mejores. Y es lo que nunca se olvidará y lo que Ángel Cruz plasmó en aquel artículo final en 2010.

-De Marta siempre admiré su calidad competitiva y esa carrera vertiginosa hacia el listón.

Fueron muchos años dando guerra, buscando el salto perfecto, insistiendo como solo insiste la gente que cree en lo que hace.

-Ahora, aunque estoy tan delgada como antes, a lo sumo, podría saltar 1,40 -ironiza.

Diez años después, Marta Mendía trabaja de profesora.

-Estudié Bellas Artes en Bilbao durante cinco años. Luego, me reciclé, preparé las oposiciones, me quedé en listas y ahora doy clase de audiovisuales en la Escuela de Arte de Pamplona.

Y es feliz.

- Sí, esta vida ya no tiene nada que ver con la de la atleta que fui. Antes me pasaba los días viajando, entrenando y ahora busco una estabilidad profesional y familiar, tengo una niña de seis años que sabe que su madre fue atleta porque me ve en las fotografías.

Y ése fue un tiempo ejemplar en el que Marta Mendía nos enseñó a algo más importante que ganar: a no darnos por vencidos.

- Quizás por eso me gustaba tanto competir -resume.

Hoy, a nuestro favor están los recuerdos, tan respetuosos con lo que pasó, tan obedientes con ella y con sus ambiciones y tan agradecidos a los entrenadores ("Raúl González, Miguel Velez o Ramón Cid") que, de una u otra forma, pasaron a su lado.

A veces, como esta tarde, Marta regresa al pasado y entonces se declara una afortunada por vivir lo que vivió.

El silencio, que ella conoce tan bien, le da la razón.

Marta vive en Salinas, un pueblo de 120 habitantes en Pamplona donde el pan viene cada día en una furgoneta; el ruido no sale en portada y la naturaleza es un mensaje de tranquilidad plagado de grandes recuerdos.

Y la paz invita a escuchar a los demás.

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