Real Federación Española de Atletismo





 martes, 06 de octubre de 2020   ENTREVISTA WEB 94/2020
Celia Rifaterra, una princesa de altura

Por : Emeterio Valiente

Una liviana preparación de tres días a la semana se ha revelado suficiente para volar por encima de 1.81 con 15 años, de lo cual se puede inferir que estamos ante un diamante en bruto capaz de alcanzar el mismísimo firmamento; será entonces cuando la prensa internacional tuiteará 'Celia Rifaterra placed in first today' otorgando así también relevancia y visibilidad a su apellido materno. Los cuatro campeonatos de España de su categoría en los que ha tomado parte los ha saldado con otros tantos oros y todo invita a pensar que va a continuar franqueando ese listón de excelencia.

Quien tiene todas las papeletas para convertirse en la primera dama del salto de altura patrio nos comenta qué circunstancias adornaron sus inicios, "la verdad es que nunca había hecho deporte antes y no me llamaba la atención el atletismo, lo más parecido que había hecho era jugar a 'polis y cacos en el colegio (risas), pero al pasar a 1º de la ESO tenía más tiempo libre que antes y mis padres me animaron a apuntarme a algún deporte; aprovechando que tenía dos amigas que ya hacían atletismo me apunté a la escuela de la A.D.Marathon. En el colegio no sacaba especiales buenas notas en Educación Física, era un poco 'pasota', me ponía con mis amigas y hacíamos lo justo, aunque es cierto que algunas veces me decía algún profesor que al ser alta y delgada se me podría dar bien el atletismo".

Lo que sí acompañaba a Celia era su árbol genealógico, que totaliza miríadas de horas de entrenamientos y un buen puñado de medallas en disciplinas deportivas dispares, "Gustavo Marqueta (campeón de España y plusmarquista nacional de altura con 2.18m en los años 70) es primo de mi abuela, Julio Rifaterra, (pertiguista de 5.25m 1979) es primo de mi abuelo, mi padre estuvo en la selección española de voleibol, mi tía Alicia hacía marcha y mi tío José compite ahora en veteranos".

Ya fuera por soterrada vocación o por herencia, ¿qué más da?, relata qué eventos reclamaron su atención en la escuela de Orcasitas, al sur de la capital "empecé con 12 años a entrenar con Antonio Gil y al principio hice de todo, altura, longitud, vallas, velocidad…". Su talento para la altura fue pronto advertido por su mentor, uno de esos héroes anónimos, tan imprescindibles en nuestro atletismo, que ha dedicado infinidad de horas a sus pupilos por amor al arte, "cuando mi padre me venía a recoger, Antonio le comentaba que tenía cualidades para la altura; mi técnica era muy pobre todavía pero veía que tenía buen bote". Le preguntamos si estima que tiene un don para la especialidad y con la timidez inherente a los 16 años que cumplió ayer, y casi pidiendo perdón, responde: "por las marcas que hago a mi edad supongo que sí". Autoanalizándose como saltadora cree firmemente que "mi punto fuerte es la batida sobre todo, el paso del listón también me sale bien pero tengo que trabajar la cadera y los brazos". Quizá donde se atisba más margen de mejora es en la carrera de aproximación al listón, "sí, sé que tengo que correr más rápido, sobre todo en los dos últimos apoyos, cuando entro rápido siempre hago marca".

Divertida anécdota la que nos cuenta a continuación, lástima que no tengamos el video-recordatorio, "llevaba solo unos meses entrenado y estábamos preparando un 80 vallas; en los entrenamientos, haciendo series, después de la última valla siempre nos parábamos, no seguíamos hasta la meta; llegó el día de la competición y estaba tan acostumbrada a eso que salté la última valla y me paré: enseguida me di cuenta de que todas seguían corriendo; luego pensé que es de sentido común que hay que llegar a la meta, pero siempre he sido un poco 'empanada' (risas)".

Su 1.74 de estatura le ubica sin duda en el primer cuartil de la sociedad civil femenina, pero en el exigente pasillo de altura debe girar la cabeza hacia arriba con frecuencia para dirigirse a sus compañeras de evento, "sí, es algo que se comenta a veces, 'si fueras más alta saltarías más'; para el salto de altura me gustaría ser más alta, pero para la 'vida normal' no, así que no hay que darle más vueltas, no me preocupa el no crecer más"….máxime cuando le citamos el caso de Inika McPherson, una estadounidense, ganadora del mitin de Madrid de aire libre en 2017, cuya marca personal es de 1.96….midiendo ¡1.65!, esperemos que la regla de tres mantenga su vigencia…

Aunque su nada provecta edad todo lo disimula, el confinamiento de marzo y abril supuso un leve freno en su preparación física, "la verdad es que decía siempre que me iba a poner a entrenar pero al final no hice casi nada; Antonio me hacía videollamadas para hacer algo al menos, pero estando en un piso es muy complicado mantener la forma, recuerdo que cuando volvimos a entrenar en mayo la gente me decía que me veía más delgada, había perdido masa muscular en las piernas por la inactividad".

Sin embargo, el errático calendario de esta temporada le iba finalmente a brindar la oportunidad de mejorar su plusmarca personal de 1.77; todo empezó en la playa y sin material de competición, "ha sido una temporada muy rara, otros años en julio ya la había terminado; en agosto entrené unos días en Madrid pero luego me fui de vacaciones a la playa y allí en Castellón no hice nada pero dio la casualidad que estando allí me enteré de que se celebraba un mitin el 24 de agosto y entre la ropa que me enviaron allí y la que me dejó una chica de mi club me arreglé. Ese concurso (1.75) me salió bastante mejor de lo que esperaba y me sirvió para afrontar con ganas las siguientes competiciones"; tras un cantado triunfo en el campeonato de Madrid absoluto con 1.76 llegaron los fuegos artificiales del Nacional; en Alcobendas batió dos veces su marca y brincó por primera vez por encima de 1,80; el guión ya establecido de la altura de los listones hizo que regalara un centímetro más al ránking, convirtiendo su gesta en capicúa, 181 centímetros en su segunda tentativa, que le hizo acariciar la medalla de bronce absoluta, "no me lo esperaba; ya estaba contenta con el 1.78, que era marca personal y creo que eso me motivó mucho para la siguiente altura y pensé, "¿qué son tres centímetros más?"; le inquirimos sobre qué hizo mejor en ese salto récord, "creo que fue todo psicológico, le puse muchas ganas". La barrera del 1.80 suena ya seria, "totalmente, estoy acostumbrada, y no siempre, asaltar 1,7x y el saltar 1,8x es alucinante, se me hace muy raro, aunque sé que no voy a saltar todas las veces por encima de 1.80m".

Después de contarle la primicia de que su entrenador, instantes antes de la entrevista, había pronosticado que en 2021, palabras mayores, va a volar por encima del listón situado a 1.90 Celia se ríe y enseguida exclama "está loco…yo no me suelo poner objetivos de marcas, no sabría además cómo calcularlos pero también es cierto que más de una vez Antonio me ha dicho, 'vas a hacer tal marca' y luego la he hecho, ha conseguido que confíe en mis posibilidades; lo que tengo claro es que tendré que entrenar más de lo que entreno. 1.90 no lo veo fácil, 1.85 (la marca que ostenta Ruth Beitia como récord de España sub-18) quizás sí lo veo factible al final de la temporada que viene". Ese epílogo tendrá su máxima expresión en el Europeo sub-18 de Rieti, que debía haberse celebrado este pasado verano y que finalmente ha sido reubicado del 26 al 29 de agosto del venidero 2021; en tierras transalpinas debería jugar un papel preponderante, máxime si su evolución continúa siendo desatada.

Cuando le pedimos que nos hable de Antonio Gil lo hace con pasión, "le quiero un montón, me ayuda mucho, es mi entrenador desde que empecé; también me supervisa Julio Rifaterra en algunos entrenamientos"; sale más que airosa de la pregunta-trampa, ésa que insta a elegir dónde te encuentras más a gusto, si entrenando o compitiendo, "me gusta entrenar porque estoy con mis amigos y hacemos más cosas además de saltar, pero me gusta más competir, me motiva más, esa adrenalina de la competición no la sientes entrenando", aunque dubita a la hora de expresar sus preferencias entre pista cubierta y aire libre, "no sabría decir, suelo hacer mejor marca al aire libre pero creo que es simplemente porque la temporada es más larga y me coge más entrenada; de la pista cubierta me gusta que las gradas están muy cerca de la pista, pero vamos, me gustan las dos por igual, empate (risas)".

Muy sutilmente le sondeamos sobre si se le hacen largos los concursos con sus coetáneas, dado que el resto de competidoras inician el concurso por debajo del 1.50 y para cuando ella se estrena el calentamiento se ha convertido en enfriamiento; casi disculpándose, detalla: "la verdad es que sí se me hace un poco pesado porque caliento antes de ir a la cámara de llamadas pero luego suelo estar más de media hora sentada en el banco hasta que empiezo a saltar porque no tiene sentido cansarme en alturas bajas y al final muchas veces tengo que calentar una segunda vez". Curiosamente, su confesado despiste le ha ahorrado algún calentamiento que otro, "como decía antes, soy muy despistada y más de una vez he llegado por los pelos, por no decir tarde, y sin calentar a la cámara de llamadas, así que ya caliento durante la competición". Reflexiona seguidamente sobre la ingratitud de los saltos verticales, donde, a menos que tras franquear una altura decidas acabar ahí el concurso, el final siempre lleva implícito el derribo del listón, "sí, no es como el salto de longitud donde a lo mejor en el último salto ganas la competición, aquí al final siempre tiras el listón; hay veces que pienso, "si me dejaran un cuarto intento, seguro que lo saltaba, de hecho en mis inicios no llevaba bien la cuenta y en alguna ocasión, no sabiendo que estaba eliminada, hice un cuarto intento (risas)" en más de una ocasión, el ver las orejas al lobo se ha revelado su mejor aliado para sobrepasar la varilla, "hay veces que derribo las dos primeras veces un listón bajo y me digo, "vamos, Celia, ponte las pilas' y ya lo salto bien".

Ya conoce personalmente a la unánimemente considerada mejor atleta española de la historia, una tal Ruth Beitia, "coincidimos en un mitin en Gallur, es muy maja, y, en una jornada de liga en Pamplona el año pasado en la que no estaba mi entrenador, me acuerdo que me aconsejó y me dio indicaciones, me hizo mucha ilusión".

En 2018 batió por primera vez el récord de España sub-16, que databa del año 2000, en Avilés, donde la reina Beitia franqueó por vez primera la icónica cota de los 2.00m en 2003, 14 meses antes de que Celia viera la luz, "en esa época yo no sabía nada de marcas, no tenía ni idea de cuál era el récord de España; competía con la selección madrileña y mi entrenador animó a mis compañeros a que me dieran palmas porque yo soy muy vergonzosa y nunca las pido; me fui hacia el listón, lo salté y fue una gran alegría, aunque tampoco era muy consiente entonces de que había batido un récord de España". No es de extrañar su júbilo si tenemos en cuenta que la reina Beitia figura en esa lista sub-16 de todos los tiempos con 1.74.

Más allá del atletismo, a la estrella del Colegio Base se le presenta un horizonte académico muy abierto, "me quedan los dos años de Bachillerato y luego me gustaría estudiar en la universidad; algunos me dicen que como soy buena en el deporte podría estar CAFD pero prefiero estudiar algo diferente, todavía no sé el qué pero relacionado con las ciencias sociales, que es el bachillerato que estoy haciendo; también me han hablado de la posibilidad de ir becada a Estados Unidos y no lo descarto porque me gusta el inglés".

En el Nacional absoluto de La Nucía 2019 fue la más joven participante con ¡14 años! y 331 días, que es lo mismo que decir que le faltaban 34 días para cumplir los tres lustros, "cuando me enteré del dato pensé, ¡qué guay, qué fuerte! pero la verdad es que estuve muy nerviosa, me temblaban las piernas y además era por la noche, estaba oscuro, había luz artificial….todo era muy distinto a lo que yo estaba acostumbrada; fue un poco desastre, la verdad, aunque la marca no fue del todo mala, quedé 7ª con 1.70". Esa cita mediterránea supuso su puesta de largo entre la élite de la especialidad, "recuerdo que Saleta (Fernández) se quedó sola al final en el concurso y cuando acabó todas fueron a felicitarla y abrazarla; yo soy un poco vergonzosa pero quería integrarme y me uní al grupo, son todas majísimas y tanto en esa ocasión como este año en Alcobendas me han tratado fenomenal".

Aunque sin duda el salto de altura es y será su disciplina predilecta, Celia disfruta compitiendo en otras especialidades, "me gustan la longitud, las vallas y, aunque no las entrene mucho, las combinadas, menos el 800 (risas); este año hice el campeonato de Madrid de combinadas y bastante bien; Antonio me dice a veces, 'hay una campeona de España de triple que empezó haciendo altura, (por Carlota Castrejana) pero yo creo que en ninguna prueba podría sobresalir tanto como puedo hacerlo en la altura".

Lejos de complicarse con objetivos grandiosos, Celia demuestra tener, a pesar de su condición de saltadora, los pies en el suelo y recita con aplastante naturalidad, "mi objetivo en el atletismo es seguir practicándolo el máximo tiempo que pueda con la misma ilusión que tengo ahora, seguir conociendo gente y disfrutar; si además puedo seguir a yendo a campeonatos importantes estaría superbien". Ojalá esa sencilla receta le conduzca a surcar el espacio aéreo con su prodigiosa batida.

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