Real Federación Española de Atletismo





 miércoles, 23 de septiembre de 2020   ENTREVISTA WEB 93/2020
Es el turno de Claudia Conte

Por : Fernando Miñana


Al segundo o tercer día de confinamiento, Manoli Alonso, una institución de las pruebas combinadas, llamó uno por uno a todos sus atletas. Tanteó a ver cómo estaban y aprovechó para preguntarles qué tenían a mano para entrenar: gomas, escaleras, cintas, garrafas de cinco litros… Con esa información, la entrenadora del Playas de Castellón desarrolló un plan de urgencia, se podría decir, para cada uno de sus deportistas. Ese cambio, ese encierro a traición, hundió a Claudia Conte. Pero no se rindió…

Medio año -casi exacto- después de aquel infausto 14 de marzo en el que se declaró el estado de alarma en España, Claudia Conte recogía en el estadio Vallehermoso, al lado de su pista verde esperanza, la medalla de oro que le distinguía como nueva campeona nacional. Y lo hacía dejando su impronta con el récord de la competición y convertida en la tercera mejor española, por marcas, de todos los tiempos (5.891 puntos). Un dato que puede llevar al error de pensar que fue un heptatlón redondo. "Y no, no lo fue", admite. Porque la atleta de Benicàssim (Castellón), todavía sub 23, falló en el 200, en la jabalina y, quizá, hasta en el 800, pero tuvo un arranque tan bueno, con marca personal en las dos primeras pruebas (100 metros vallas y altura), que casi le permitió vivir de rentas.

La altura fue un trampolín. Conte saltó 1,87, donde nunca antes había llegado una heptatleta española. Ni María Vicente ni ninguna otra. Y ya nadie pudo bajarla del primer puesto.

Claudia piensa que es absurdo compararse con la catalana, una especie de unicornio en el atletismo español. "Miras su cuerpo y yo no tengo ese cuerpo. Yo le pongo mucho empeño y tal, pero no soy como ella", explica riéndose esta deportista de 1,71 de estatura. Son muy buenas amigas y no hay envidia en su comentario, solo admiración."Yo conozco a María Vicente desde una concentración de menores en Los Alcázares. Yo todavía era cadete; hará seis o siete años. Aunque no supieras nada de ella, la veías y ya entendías que era alguien diferente. Es una chica que la ves fuerte, alta, siempre ha sido rápida, lleva ganando toda su vida en todo lo que compite… Tanto ella como su entorno saben que es un portento, que juega en otra liga".

Conte vive en Benicàssim porque sus padres, que son de Zaragoza -quizá esté ahí la explicación de su excelente relación también con Salma Paralluelo-, estudiaron Turismo y, después de vivir en Tenerife y la Costa Brava, echaron el ancla en la costa de Castellón. Él dirige un hotel en Peñíscola y ella perdió su empleo cuando llegó la pandemia. "Mi madre hacía atletismo de pequeñita en Zaragoza, en el Casablanca, y por eso creo que nos metió en esto a mi hermano y a mí".

Aunque, en realidad, quien practicaba el atletismo era su hermano, cuatro años mayor, y ella, la pequeñaja, que hacía baile, simplemente quería imitarle. Pepe Ortuño, un personaje providencial en el desarrollo del atletismo en Castellón, era profesor de Educación Física en el colegio Izquierdo y reclutó al mayor de los Conte. Claudia insistía, pero era demasiado pequeña y entonces no había lugar para ella. La familia acudió un día a un cross en Castellón. La chiquilla pensaba que, como siempre, no le iban a dejar correr, pero su madre, prudentemente, metió el chándal del colegio en el maletero sin decirle nada. Una vez allí, preguntaron y le dijeron que podía correr. La sorpresa de Claudia al ver que tenía ropa y permiso no se le olvidará en la vida.

Aquella niña no tardó en traicionar al baile. "Era muy competitiva y el atletismo satisfacía eso. Al principio todo era divertirse y hacer pequeños juegos. El cross me gustaba, no lo veía como un motivo para sufrir, como puedes pensar ahora: solo era correr e intentar ganar, a mí me encantaba ganar. Yo iba a las escuelas antes de entrar a Penyeta Roja -el mítico vivero del Playas de Castellón- y era jugar al pañuelo o a los relevos, y era muy divertido y me lo pasaba muy bien".

El cross se le daba tan bien que estuvo a punto de cambiar su historia. "Era buena y de cadete me tenía que decantar. Tenía opciones de entrar en fondo o mediofondo porque el cross se me daba muy bien. De hecho, el primer año de combinadas gané el cross de Castellón y derroté a las chicas fondistas de Penyeta". Pero la variedad pudo más. No era la mejor en longitud, ni la más rápida, ni la más fuerte, pero en casi todas las pruebas estaba entre las primeras.

Y luego estaba la altura…

La mejor saltadora de altura española dentro de un heptatlon y líder del año -1,87 igualada con Cristina Ferrando- no siempre fue tan buena, como recuerda el Excel que maneja su padre, Luis Conte. Después de ganar el Campeonato de España, Claudia volvió a casa y al abrir el documento donde este hombre apunta todos los resultados de su hija desde que era cadete, se echaron unas buenas risas al anotar el 1,87. Porque, tirando para atrás, descubrieron que su primera marca en la altura fue 1,29. "Entonces mi padre no confiaba mucho en mí para esta prueba. El peso siempre ha sido de lo que más me ha costado, pero he de decir que cuando empecé con Alba Miralles (su primera entrenadora), la altura se me daba fatal. Me gustaba porque saltar en la colchoneta era divertido, pero se me daba fatal".

Mi padre que, como yo, no tenía ni idea, los primeros años me decía: 'El peso igual lo salvamos, pero la altura… Claudia, me temo que como no mejores mucho…'. Yo saltaba 1,29 pero de cadete ya llegué a 1,46, pero mi padre no confiaba mucho a mí… (se ríe). Por eso el otro día vimos la progresión desde 1,29 hasta 1,87 y lo hablamos: 'Jolín, vaya cambio'".

Alba Miralles la encauzó. Alba es la hermana de Manel, pertiguista que ganó la medalla de bronce en el último Campeonato de España, y la hija de Manoli Alonso, quien tomó las riendas a partir de juveniles y quien la ha guiado hasta hacerla campeona de España en una temporada en la que, además de 1,87 en altura, también saltó 6,14 en longitud durante un triatlón.

Pero el atletismo no lo es todo. Claudia Conte es una buena estudiante y a sus 20 años avanza a buen ritmo en la carrera de Ingeniería de Diseño de Industrial. El primer año se enfrentó a las diez asignaturas, pero en los dos siguientes ha bajado a ocho para darse un pequeño respiro. No quiere ceder en el deporte ni en la formación. El equilibrio es perfecto para esta estudiante y atleta de 20 años que encuentra en cada parcela una distracción para la otra.

Este año, el complejo 2020, se le está dando bien. En pista cubierta tuvo contra las cuerdas a María Vicente hasta el último metro del pentatlón y se consoló con la medalla de plata, y ahora, al aire libre, al fin el título absoluto ha sido para ella. Ha llegado su turno. Pero un análisis rápido vuelve a dejar a cubierto datos importantes. "Yo empecé muy bien la pista cubierta pero entonces tuve problemas de salud: un constipado muy fuerte, dolores de garganta, fiebre, me ahogaba esa semana… En ese momento no había coronavirus y yo no sé si lo pasé, pero así es como me sentí y si no lo tuve, fue algo parecido. Eso fue antes del Campeonato de España y de hacer una combinada en Tallin, donde me hice un desgarro en las costillas mientras realizaba una imitación de peso. Tuve dolores casi hasta el final del confinamiento y antes del Campeonato de España no pude lanzar peso. Solo lancé en Ourense".

Después vino el encierro y la lucha diaria consigo misma. "Hice todo lo que tenía que hacer, pero desmotivada. Lo hacía sin ganas. Si no lo hubiera hecho, me hubiera sentido peor, pero ese momento era el peor del día. Y aunque no quería hacerlo, lo hacía. Fue duro a nivel mental", explica antes de abundar en que se motivaba pensando que algunas rivales igual habían parado y que ella jamás se podría perdonar que luego sí hubiera competiciones y no se hubiera preparado para estar ahí.

Y un día, de repente, llegó la libertad. Claudia Conte vive en la montaña y ese día salió a correr y a caminar. El subidón fue tremendo. "Me sentí como una cabra en medio del monte". Luego abrieron las pistas, y, hace un mes, en vista de que iban a tener que estar todo el verano entrenando, cogió y se fue a Sierra Nevada con Carmen Ramos, el decatleta Jorge Dávila, Manel Miralles, Manoli Alonso, Salma Paralluelo y su entrenador, Félix Laguna.

Allí trabajaron duro y lo pasaron bien, pero la víspera del regreso, Clau volvió a sentirse mal. Sufrió una fuerte gastroenteritis que le hizo perder tres kilos en un fin de semana y que, encima, le dejó con fuertes dolores de estómago los siguientes días. "Me sentía flojita y no entrené mucho. Ahí perdí días de entrenamiento y forma física. Lo que más se notaba era para el 200 y el mediofondo, pero para la altura me vino súper bien".

En este grupo ha encontrado grandes estímulos. En verano coinciden con Salma Paralluelo, uno de los físicos más privilegiados que ha visto nunca el atletismo español, y desde hace años sigue la estela de Carmen Ramos, explusmarquista nacional y la compañera situada entre Conte y María Vicente en el ranking español de todos los tiempos. No ocultan su rivalidad ni su amistad. "Es un aliciente para entrenar. Ya ocurría con Bárbara Hernando, que ya no está, y ahora con Carmen Ramos; es bueno tener alguien delante que te va tirando… Estás haciendo la longitud y, quieras que no, miras de reojo a ver dónde ha caído ella e intentas superarla. O cuando mides los multisaltos, o en las vallas, en las series ya ni te cuento… No es una competición cada entrenamiento pero se asemeja bastante porque todas somos competitivas y siempre queremos hacerlo igual de bien que la otra. Creo que es positivo para las dos".

La línea entre la competitividad y el enfrentamiento a veces es muy fina, pero Conte no teme ese deterioro en su relación. "Si no lleváramos tantos años juntas y no nos conociéramos tanto… No es lo mismo que a dos personas que son buenas las metas en el mismo grupo que nosotras, que llevamos mucho tiempo juntas. Yo llevo mucho tiempo sabiendo que ella me gana. Por eso no lo miro con malos ojos. Y encima está el componente de la amistad, que nos llevamos bien, realmente nos apoyamos y al final somos las únicas chicas que hay, junto a Salma y las juveniles, y tener ahí un apoyo de alguien que sufre como tú, es positivo.
Yo lo prefiero".

Y luego, tirando de la rivalidad que alimenta a Conte y Ramos, está una locomotora llamada María Vicente, de que la deben aprovecharse. "Ella te ayuda a ser competitiva. Luego puedes no ganar, pero siempre te empuja a ser mejor que ella". Y quizá las tres juntas, aunando su talento, su determinación, consigan acabar con el estigma de las 'combineras'. "Siempre nos hemos sentido las marginadas del atletismo".

Pero los éxitos recientes de su sector están ayudando a sacudirse los complejos y Claudia quiere pensar, aunque sabe que no para 2021 y quizá tampoco para 2024, en unos Juegos Olímpicos, la aspiración de todo el que se calza unos clavos. Y por el camino, con el convencimiento de que superará los 6.000 puntos, seguirá estudiando, dibujando, aprendiendo alemán e italiano y quién sabe qué más idiomas, leyendo novelas y obras de divulgación, y, por supuesto, entrenando al lado de Manoli Alonso, la entrenadora que siempre consigue que llegue "en la mejor forma al momento más importante del año". Y así, algún día, llegará a casa, su padre abrirá el Excel y juntos se sorprenderán de qué lejos ha llegado aquella niña que era tan pequeña que no le dejaban ni hacer atletismo.

Comparte la noticia:





Imprimir esta noticia































Servicio Oficial diseñado y producido por ATOS España. © Copyright 2020 / RFEA 1997-2020. Reservados todos los derechos.

| AVISO LEGAL | POLÍTICA DE PRIVACIDAD | Ejercicio de derechos ARSOL |