Real Federación Española de Atletismo





 jueves, 20 de agosto de 2020   ENTREVISTA WEB 78/2020
Julia Merino y aquel pie maldito

Por : Alfredo Varona


Trabaja en un monasterio, que luego fue un manicomio y que hoy es la Consejería de Educación de Castilla León en Valladolid.

-Cuando venimos por la noche y suenan ruidos no le quiero ni contar las sensaciones que te recorren el cuerpo -explica Julia Merino.

-La casa de los espíritus.

-Ahora que lo dice, sí, con esas zonas de puertas pequeñitas que te da miedo hasta pensar en abrir porque lo primero que imaginas es qué me voy a encontrar.

Julia Merino aparcó su plaza de profesora de Educación Física. Trabaja de asesora técnica docente. Lleva temas de lectura y le gusta y dice que ya tendrá tiempo para volver a ponerse el chándal para dar clase como maestra.

-La gente me pregunta, '¿cómo es que no has vuelto a correr?', porque no hago nada de deporte, absolutamente nada. Pero es que yo entrenaba para competir. No me llama la atención correr por correr. No le veía sentido.

-Fue usted una atleta muy buena.

-Eso dicen y yo también lo creo, pero ¿qué le vas a hacer? Sólo tuve una lesión y se acabó, justo cuando tenía 21 años y decían de mí, 'Julia, la princesa del atletismo'.

-Yo también la llamaba 'princesa'.

- Volví de Barcelona 92, donde había ido a aprender, pero empecé a tener molestias en el pie y se acabó para siempre. Desde entonces, nunca más volví a hacer una carrera sin molestias. Quizás porque no sabía correr bien. Corría mal. Corría con el pie abierto. Mis problemas eran de apoyo y la desesperación fue tal... Me abrieron el pie pero, en realidad, tenían que haberme abierto la cabeza.

- ¿Qué hubiesen encontrado?

-Solo me decía, 'por Dios, que me digan algo'. Sea lo que sea, pero que me lo digan porque iba de médico en médico y nadie daba con el diagnóstico. Y, aunque aproveché para terminar la carrera, fueron años de locura. Recuerdo que me operaron dos veces a ver qué pasaba y....

-Y no pasó nada.

- Cuando dejé la Blume y vine a Valladolid y empecé a trabajar con el fisio Miguel Ángel Salcedo mejoré y se me ocurrió pensar por un momento en llegar a los Juegos de Atlanta 96 aunque fuese en el relevo. Pero un día entrenando en la pista empecé a llorar como una descosida y entendí que esto ya no tenía sentido. Que necesitaba liberarme. Tenía 26 o 27 años. Tenía que tomar una decisión..

- ¿Compensa ser velocista?

- He llorado mucho. Me ha hecho llorar lo que hoy no se me ocurre ni imaginar, pero creo que sí. De verdad que compensa. Es más, volvería a repetir todo lo malo que pasé por vivir lo bueno que viví.

- ¿Y qué fue lo bueno?

- Corría y ganaba. Iba a todos los sitios y ganaba. Qué sensación. No se puede ni explicar. A los 14 años fui internacional absoluta y esos viajes que viví, esas experiencias, todo lo bueno de mi carácter se lo agradezco al atletismo. Me enseñó a sufrir. Me enseñó a ser como soy y, aunque a veces me cueste trabajar en equipo, yo le agradezco lo que soy.

Julia Merino es hoy una mujer de 49 años y una antigua velocista de 400 metros que llegó a competir en los JJOO de Barcelona 92 y que jamás olvidará el momento de salir a la pista:

-Todo el estadio se puso a gritar mi nombre.

Ella se preguntó entonces:

- ¿Cómo es que tanta gente puede conocerme?

Pero esas son las maravillosas sorpresas que a veces nos da la vida.

- No estaba acostumbrada, porque los atletas no estamos acostumbrados a eso. Pero es un recuerdo que llevo conmigo y que me queda para toda la vida.

Julia Merino se lo cuenta a su hija Berta a la que le ha dado por hacer atletismo. Es alevín y la madre no quiere bajo ningún concepto que la comparen con ella porque "mi época ya pasó".

-No quiero que se sienta mal por culpa mía.

- Ahora vivimos otra época -añade- en la que su afición por el atletismo me ha permitido volver a las pistas. De hecho, hace unos años cuando fui a un campeonato de España de pista cubierta en Salamanca me di cuenta de lo que esto significaba para mí: apenas pude ver atletismo porque me pasé toda la tarde saludando gente.

Los recuerdos regresaron a su cabeza.

Se acordó entonces de la atleta de 21 años que participó en los mejores JJOO que se pueden participar en la vida ("los que se realizaron en mi país"). Es más, todavía hoy, a los 49, le gustaría ir por las calles de Valladolid recordando que ella, Julia Merino, participó en unos JJOO.

-Pero, claro, no se puede -rebate ella-. La gente se pensaría que esta mujer está loca.

Pero no es el caso. Sólo es el orgullo que dejó una biografía que en el Mundial de Tokio 91 apuntó al infinito y que hoy aterriza en esa pregunta que a nadie le hace especial ilusión: "¿Qué le vamos a hacer?"

La vida también es lo que hemos relatado en esta conversación con Julia Merino que, a un paso de los 50, está "más delgada que nunca", una cosa que el día que se retiró no se podía imaginar ni en pintura.

- Yo siempre había sido una atleta gorda, que había estado a régimen toda la vida, y que me decía a mí misma, 'verás el día que lo dejes', pero resulta que ahora sin hacer nada, ni espalda ni piernas ni nada, porque el cuerpo no me lo pide, todo el mundo me dice: 'chica, qué delgada estás'.

Mientras tanto, nosotros le agradecemos esos pocos pero grandes momentos que nos hizo pasar cuando la vimos hacer 51.82 a los 20 años, cuando la recordamos en aquellos Juegos del Mediterráneo en Atenas o cuando fuimos uno más de los que gritamos su nombre en el estadio de Montjuic de Barcelona 92.

Y entonces nadie podía imaginar que ése fuese a ser el final. Pero a veces el destino es tan perverso que no queda otra que volver a empezar. Cosas de la vida, en definitiva.

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Historial Deportivo de Julia Merino
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