Real Federación Española de Atletismo





 miércoles, 19 de agosto de 2020   ENTREVISTA WEB 77/2020
Marta Míguez: una campeona gracias a su hermana

Por : Fernando Miñana


Louredo, la aldea donde nació Marta Míguez el 3 del 3 del 73, es un lugar tan minúsculo que no tiene ni escuela. Así que aquella niña tenía que ir cada mañana hasta la vecina Cortegada, un pueblo algo más grande a la orilla del Miño, para aprender a leer, a escribir y a sumar. Y en cuanto crecían un poco más y tenían que pasar al instituto para hacer el BUP y el COU -el equivalente a Tercero de la ESO y Bachiller-, les tocaba, en plena adolescencia, mudarse a Ourense y ponerse allí a estudiar, a lavarse la ropa y a cocinar. Y Marta Míguez, que hoy tiene 47 años y tres hijos de 12, 14 y 15 años, mira a los chiquillos y no se los puede imaginar independizándose así, tan tiernos aún.

Pero son dos épocas y dos vidas que no tienen nada que ver. Estos tres chavales son los hijos de la ex secretaria general de Deportes de la Xunta de Galicia. Y Marta Míguez, que también tuvo dos hermanas, creció en una casa donde el padre era una especie de Papa Noel que llegaba en Navidad y se iba no mucho después porque pasaba el resto del año, diez largos meses, trabajando en Suiza, en la construcción, para sacar adelante a su familia. "Tuve unos orígenes muy humildes. Mi padre fue el típico emigrante que pasó mucho tiempo fuera de España, y mi madre se quedó llevando la casa, trabajando la tierra y cuidando los animales: vacas, cerdos, gallinas… Todas las familias eran iguales y en el pueblo solo vivían mujeres, niños y ancianos".

Cuando a Marta le tocó mudarse a Ourense para ir al instituto, sus padres hicieron un gran esfuerzo para comprar un piso. Ya eran tres las hijas que vivían en la ciudad y no salía a cuenta pagar tres alquileres. Al revés. "Si tenía que ir alguien más del pueblo, le alquilábamos nosotros una habitación. Ahí aprendes lo que es la supervivencia", explica la exatleta, que sabe de sobra lo que es vivir de manera muy precaria y que no se siente muy diferente de aquellas historias de fondistas de Kenia o Etiopía que van cada día corriendo al colegio que está a varios kilómetros de distancia. "Cuando tenías que coger un autobús, te tirabas media hora andando por el monte. Y si era un tren, media hora más. Y cuando volvíamos a casa los viernes, se nos hacía de noche ahí, monte arriba, todo oscuro, pasando mucho miedo, nosotras solas, cargando con los libros y una maleta… Así que cuando tocaba entrenar, ni tan mal. Y estudiar, lo mismo".

Al poco de ser nombrada máxima autoridad del deporte en su comunidad, le hicieron una entrevista en 'La Voz de Galicia', y cuando le preguntaron por su trayectoria, que incluía cinco títulos de campeona de España y otros tantos récords nacionales de lanzamiento de jabalina, la primera española que superó los 58 y los 59 metros se la despachó con una frase que condensa toda la humildad de los Míguez: "Fui mejor que unas pocas y peor que muchas".

Es lo que tiene haberse curtido en una familia que no estaba para chorradas. Como comprobó Marta el primer año en Ourense, cuando comenzó a ponerse triste porque extrañaba el hogar y la protección materna. "Lloraba mucho y mi madre me dijo: 'No te preocupes; vente, aquí hay mucho que hacer'. Me volví a casa, me llevó a las viñas y me puso a segar unos tojos y a hacer mil cosas. Cuando llegó el domingo, me cogió y me preguntó: '¿Quieres quedarte o quieres volverte a Ourense?'. Y yo le contesté: 'Quiero volver, quiero volver'". No había alternativa. Si no le gustaba la vida por la que se deslomaban sus padres, debía ponerse a empujar en la economía familiar… "Así que si luego el entrenador te decía que tenías que trotar diez minutos… ¡Como si te decía treinta! La pedagogía era jodida. Ahora me río porque ya pasó, pero veo a mis hijos y tienen muchas opciones y un ocio muy fácil, y no tienen la necesidad de ganarse la vida o de ayudar en casa".

Aquella vida tan dura es literalmente increíble para unos hijos que se han criado en una casa con calefacción, ordenador, teléfono móvil y las zapatillas de moda. Y por eso, cuando Marta Míguez rescata algún recuerdo para ilustrarles que son unos privilegiados, el pequeño mira a sus dos hermanas y suelta en tono de mofa: "Vale, niñas, un aplauso para mamá…". Y Marta, madre resignada ante tres vástagos abocados a la adolescencia, sigue pensando que su historia no se la terminan de creer del todo. "Si se la pusiera en una película, pensarían: '¡Qué pobrísimos!'. Pero yo no me veía pobre. Ojo, y tampoco nunca me faltó de nada. Pero claro, era casa y comida, nada más. Y el esfuerzo tremendo que hicieron mis padres para que estudiáramos las tres. Cada una en una ciudad: Ourense, Santiago y Coruña, donde yo hice INEF. Y ahora que sé lo que valen la cosas, valoras aún más lo que hicieron por nosotras, y ves que fueron gente muy generosa, que nunca miró qué les faltó a ellos sino qué nos faltaba a nosotras. Nunca se lo podremos agradecer lo suficiente".

Atleta "por mala persona"
La hermana mayor de las Míguez, Gema, le llevaba cuatro años a Marta, pero la segunda, Nuncha (María Asunción), solo trece meses. Eso la convirtió en la guía de la pequeña, que imitaba todo lo que hacía la mediana. Por eso cuando Nuncha, que era una obsesa del atletismo que se estudiaba los récords y las marcas en los libros de los rankings, le dijo a Julio Fernández, el profesor de Educación Física, que había visto el lanzamiento de jabalina en la televisión y que quería practicarlo, Marta fue detrás. Aunque ella tiene otra versión de la historia. "Yo entré en el atletismo por mala persona: por ganarle a mi hermana. Porque todo, en realidad, empezó por un poco de mala leche, porque veía que la gente felicitaba a mi hermana y eso me daba mucha envidia. Aunque nos llevamos muy bien y nos queremos muchísimo. Pero yo no paré hasta que la superé. Y entonces fui a por la siguiente que lanzaba más. Y luego a por la siguiente. Y así hasta el final…".

Cuando Marta Míguez dejó Ourense en 1992 para irse a estudiar en A Coruña, comenzó a entrenar con Raimundo Fernández, que tenía un grupo con destacados lanzadores como Ángeles Barreiro y Julián Sotelo, que acabó siendo su marido y el padre de sus tres hijos. Ahí se convirtió en una gran jabalinista que ya fue campeona de España júnior. Que no tuvo rival como promesa y que, ya como absoluta, a pesar del cambio de jabalina en 1999, fue la dominadora de 1998 a 2002. Y cuando llega el momento, durante el repaso a sus éxitos, de presumir, vuelve a vencer la gratitud. "Yo nunca le pagué a Raimundo toda la generosidad que me dedicó. Ni yo ni nadie. Vivía de su trabajo, que era profesor de instituto. Pero si nada te cuesta, qué valor puede tener. Llega un momento que ofende".

Aunque después de Raimundo Fernández acabó siendo su exmarido, Julián Sotelo (once récords de España y único jabalinista español en ir a un Mundial) quien pasó a prepararla. Juntos lograron lo impensable para una lanzadora de jabalina española, ir a unos Juegos. Marta Míguez logró un hito al convertirse en la primera de la historia al clasificarse para Sídney 2000.

La pequeña de la familia iba a ser olímpica. Pero ni ahí perdieron el foco los Míguez. "Ese tema siempre pasó muy desapercibido en mi casa. La única vez que me vieron competir fue una vez que les llevé a Vigo, y pasó sin pena ni gloria. Nunca le dieron importancia". Ellos seguían preocupados en que su hija se sacara un título y se asegurara un jornal para no tener que vivir como ellos. Por eso Marta, que se casó cuando aún estaba en cuarto de INEF, cogió las notas y se las llevó el día que acabó la carrera. "Ese día les dije que el compromiso estaba cerrado. Porque mi madre nos recordaba a menudo que teníamos cinco años para hacer la carrera. Ni uno más porque no tenían más".

Aquella obsesión lógica por el trabajo y por tener siempre algo que echarse al coleto, impedía a sus padres emocionarse con los lanzamientos de su hija. Ni siquiera cuando se convirtió en olímpica. Cuando fue seleccionada, Marta, eufórica, fue corriendo a decírselo a su madre. Pero esta, siempre tan estoica, le respondió a la gallega, con una pregunta: "¿Dónde son esos Juegos?". Su hija le explicó que eran en Australia, y entonces la madre le respondió: "Hija, pásate un verano en casa, que nunca estás en casa". Aquella mujer que apenas había salido de aquella pequeña aldea de Ourense tampoco alcanzaba a entender lo grandioso de ir a unos Juegos. Hasta que un día, a mediados de septiembre, su madre fue a una de las misas especiales del año, la dedicada a la festividad de San Juan Crisótomo, y se quedó de piedra cuando el cura pidió a la parroquia un aplauso para una feligresa, Marta Míguez, que iba a competir en los Juegos Olímpicos. "Cuando yo se lo dije se quedó igual, pero cuando se lo escuchó decir al párroco en misa, y no en una misa cualquiera, y vio que todo el pueblo aplaudía, lo entendió porque luego me dijo: 'Eso debió ser algo importante porque lo dijo el cura el día de San Juan'".

A Marta le colmó la experiencia, aunque no fue su mejor actuación. Ni de lejos. No llegó a los 56 metros y se quedó de las últimas. Ese mismo año, en 2000, se cruzó en su camino una jovencita atleta de Jerez. Era más bien pequeña pero tenía un buen latigazo. Y, de repente, le arrebató el récord de España con un lanzamiento que rozó los 58 metros (57,91). Aquello, como siempre le ha ocurrido, despertó su instinto competitivo y la gallega recuperó su supremacía poco después superando los 59 metros (59,02). Y en 2001, en Valencia, en los Campeonatos de España, alcanzó su tope con un lanzamiento de 59,43 que hoy aún es la quinta mejora marca nacional de todos los tiempos. "Nada más batir el récord, la primera persona que vino a felicitarme fue Mercedes Chilla. Yo me quedé muy sorprendida, pero me pareció un gesto muy bonito".

Sus años en la política
Antes de retirarse empezó a trabajar en Ourense. Ese día se dio de bruces con la realidad y, de paso, entendió la obsesión de su madre por que acabara los estudios. "Fui a una oposición con una amiga y me dieron más puntos por ser familia numerosa, que no tiene más mérito que parir tres veces, y ninguno por haber sido deportista y olímpica. Tenía 29 años y era como si hasta ese día hubiera estado sentada en una pradera, rodeada de flores, sin hacer nada. No tenía ningún año cotizado. Nada".

De 2002 a 2005 estuvo como gerente del Consello Municipal de Deportes. Y a partir de 2005, coordinadora de deportes del Ayuntamiento de Ourense. Con el paréntesis de los dos años como secretaria general de Deportes de la Xunta, cargo que adquirió en 2016, cuando José Ramón Lete se convirtió en el presidente del Consejo Superior de Deportes, y que perdió cuando este tuvo que volver a Galicia. Siempre tuvo presente aquel día de la oposición en el que su amiga la animó a decir que había sido deportista de alto rendimiento. Y jamás podrá olvidar el gesto de la secretaria que le miró por encima de las gafas y, con sorna, le preguntó: "¿Y cuántas horas?". Una puñalada en el orgullo de una mujer que había consagrado su vida al deporte. "Me dieron ganas de decirle que las 24 horas del día. Porque no son solo los entrenamientos. Descansas para poder entrenar y competir mejor. Comes para poder entrenar y competir mejor. No piensas en otra cosa. Y luego todo eso no vale para nada". Por eso ahora ve a su hijo Martín, que es bueno jugando al baloncesto, y le dice que es cabeza de ratón pero que llegará un día que será cola de león. Pero que siempre podrá luchar por ser el mejor y que ella tuvo muchísimas mejores que ella. "Y las admiraba mucho. Pero yo estaba en un deporte en el que tanto haces, tanto vales. Y no le digo que, a lo peor, lo único que se lleva del deporte es una lesión. Eso me lo callo".

Y esa madre modesta, que jamás le ha mostrado a sus hijos una medalla ni una foto, que los niños se han tenido que enterar de quién era la gran Marta Míguez por los comentarios espontáneos que le hacía la gente por la calle o por los niños que les han preguntado que si su madre era la atleta olímpica, se calla también otras historias de sacrificio y tiempos duros para que Martín, siempre al quite, no salte y se burle delante de sus hermanas: "Como mola esa madre, se merece una ola, ueeee".

Enlaces relacionados:

Historial Deportivo de Marta Míguez
Marta Míguez - Siguiendo a Nuncha (Blog Vida Atlética de Galicia de Emilio Navaza)
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Junto a su hermana Nuncha en 1997 (Blog de Emilio Navaza)
Junto a su hermana Nuncha en 1997 (Blog de Emilio Navaza)





















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