Real Federación Española de Atletismo





 jueves, 30 de julio de 2020   ENTREVISTA WEB 75/2020
Jordi Llopart: 40 años después

Por : Alfredo Varona


Hoy quisiera volver a 1980, al estadio Lenin, a los JJOO de Moscú 80.

Si pudiese elegir, estaría a pie de pista y la primera pregunta que le haría a Jordi Llopart, después de darle la enhorabuena, es qué se siente al ser medalla de plata en unos JJOO.

Jordi Llopart, de 28 años, ha sido segundo tras el alemán Hartwing Gauder.

Jordi Llopart se va a pegar un abrazo con Moisés: su padre, su entrenador.

No hay nada que pueda interrumpir tanta felicidad: la vida podría haberse detenido hoy aquí, en el estadio Lenin de Moscú.

Las máquinas de escribir de los periodistas están ansiosas por reflejar lo que pasa, por dedicarle a Llopart los adjetivos que merece: heroico, único, imperial.

Cuarenta años después, sin embargo, los periodistas ya no escriben a máquina: lo hacen en ordenadores, en tablets, hasta en los móviles y lo transmiten en décimas de segundo.

Hartwing Gauder murió de un infarto a los 66 años el pasado mes de abril y Jordi Llopart es un hombre de 68 que ya está jubilado y que es padre de cuatro hijas y abuelo de tres nietos.

-El tiempo pasa cada vez más deprisa -lamenta.

Pero hoy nos quedan los recuerdos que son los que nos permiten soñar despiertos y regresar a ese día en Moscú, a ese 30 de julio de 1980, en el que Jordi Llopart se hizo eterno.

-Supe aprovechar el día D y la hora H, porque yo no pensaba más que en la plata pues el oro parecía para Raúl González, el mejicano que tenía el récord del mundo. Pero tuvo una pájara y apareció Gauder, sí. Y cuando me pregunté si podía cogerle en los últimos 5 km vi que ya no podía ser.

Jordi Llopart acaba de llegar a la meta exhausto como no puede ser de otra manera.

-Pero yo he cumplido porque, ante todo, soy un motor diésel. Sabía donde estaban mis posibilidades: yo no soy un Fórmula 1 -rebate emocionado.

Jordi Llopart venía de ser dos años antes medalla de oro en el Europeo de Praga del 78.

Jordi Llopart asegura en este verano de 1980 que está "en el mejor momento" de su vida y que le sobran los motivos para ser feliz.

-Estoy esperando a mi primera hija.

Jordi Llopart, en realidad, la ha liado. Es muy emocionante relatar esto. 3 horas, 51 minutos y 25 segundos después de empezar los 50 km marcha, acaba de lograr la primera medalla olímpica en la historia del atletismo español.

No hay preguntas que puedan estar a su altura. Por eso hay que dejarle hablar o, más bien, recordar. Al final, no podemos obviar que han pasado 40 años.

Es el golpe de la realidad.

Jordi Llopart vive en Canet del Mar, en la Costa del Maresme, donde cada mañana camina "entre 30 y 45 minutos". Habla de la salud y de cómo se conserva: pesa 64 kilos, sólo 4 más que en los JJOO de Moscú 80.

-Yo siempre tuve presente la frase de mi padre. Él me decía: 'Cuando escuches a un atleta decir que el atletismo es muy sacrificado desconfía de él: el atletismo no es sacrificado, el atletismo lo que desarrolla es el espíritu de sacrificio'.

Creo que 40 años después, sigue siendo una frase para ponerla de ejemplo, y así se lo digo.

-Creo que yo mismo fui una prueba. Siendo atleta, cuando volví del Servicio Militar, saqué las oposiciones para el Ayuntamiento de El Prat de Llobregat en el 73, estudié Artes Gráficas y luego me diplomé como ATS en el hospital Clínico de Barcelona.

Pero, sobre todo, Jordi Llopart es un joven al que le apasiona la marcha.

Y en la primavera del 78 va a pedir "un permiso sin sueldo" en el Ayuntamiento para irse a Mejico DF a entrenar en altitud.

Y se va.

Y de ahí saldrá nada menos que un campeón de Europa en Praga, verano del 78.

¿Dónde está el límite de Jordi Llopart?, se preguntan los periodistas especializados de la época.

Mientras tanto, él se marcha a preparar los JJOO de Moscú al Teide, a 2.700 metros de altitud, en el aire más alto de España, donde entrena "una media de 50 km diarios excepto los lunes, que es el día de descanso".

Cuando llega el día de viajar a Moscú cuenta que "pasará lo que tenga que pasar en los JJOO, pero yo no tengo miedo a nada".

En el viaje de vuelta, regresa con la medalla de plata. Parece un héroe. O, más bien, es un héroe. Hasta en los telediarios se habla con admiración de él: Jordi Llopart.

Después, su vida ha tenido de todo, momentos mejores y peores, hasta llegar a hoy.

Siempre podremos recordar que le descalificaron a 4 km de la meta en el Mundial de 1987 que iba a ser su Mundial "en el que iba a hacer marca personal de 3horas 42 minutos" y que quizás ésa fue "la única cuenta pendiente" que le quedó.

Pero también podemos recordar que, una vez que se retiró, trabajó para la marcha en medio mundo en Méjico, en Japón o en EEUU y hasta dirigió a un campeón olímpico como Dani Plaza en Barcelona 92.

Y hoy, 40 años después de ser medallista olímpico, Jordi Llopart vive en Canet del Mar, a un centímetro del paraíso, en la Costa del Maresme, donde madruga cada día para ver esas puestas de sol.

Luego, sale a caminar y a veces, como hoy, recuerda que un día subió al infinito porque, como dejó escrito de él Juan Cruz en 'El País', Llopart poseía "el sexto sentido de los solitarios" que él adivinó nada más verle entrenar entre las Cañadas en el Teide.

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