Real Federación Española de Atletismo





 lunes, 20 de julio de 2020   ENTREVISTA WEB 69/2020
2002, el año que voló María Abel

Por : Fernando Miñana


La fondista lucense rememora sus victorias en los maratones de Valencia y Frankfurt, donde se quedó a siete segundos del récord de España de Ana Isabel Alonso.

María Abel era un pajarito. Una atleta no muy alta (1,63), muy delgada (podía llegar a un maratón con 44 kilos y hoy, con 45 años, no pasa de los 50) y un pie muy fino. Tanto que no era fácil encontrar unas zapatillas que le ajustaran. La gallega tiraba de los cordones como si de ellos colgara un náufrago, pero nunca lograba sentir el pie bien sujeto. Así que cuando se calzó las Nike Zoom TC supo que era su modelo. "Pedí varias cajas para tener siempre un par en la recámara".

La fondista lucense estuvo en todas las grandes competiciones. Un par de Juegos Olímpicos, incluida la famosa carrera de Maratón a Atenas en la que sucumbió Paula Radcliffe, tres Mundiales y un Europeo. Pero ninguna de esas temporadas fue la más brillante. Su año fue 2002.

María Abel explotó como maratoniana ese 2002. Primero, en primavera, fue la ganadora en Valencia con un marca (2h28:08) que se mantuvo once años como récord de la prueba y que aún hoy sigue siendo la mejor de una atleta española. "Y eso que me suicidé un poco", matiza la maratoniana que ese año se entrenaba en Madrid con Luis Miguel Landa. El suicidio fue pasar la media demasiado rápido (por debajo de 1h13). "Si mi padre, que nos seguía en bici, empezó a gritarnos, a mí y a mi libre (Jesús Alvarado), que nos estábamos pasando. Acabé muy cascada porque encontré un muro importante y me costó mucho llegar hasta la meta. Si hasta casi me caigo en un badén que había justo antes de entrar a las pistas".

Mucho más placentero fue el maratón que corrió y ganó en otoño en Frankfurt. Ese 27 de octubre de 2002, a pesar de la lluvia y el viento, disfrutó de uno de esos momentos que un corredor se encuentra casi que una vez en la vida. "Fue el maratón perfecto. Tuve unas sensaciones únicas", recuerda.

Y eso que Frankfurt no estaba en su agenda. Landa y ella habían previsto correr en Valencia y luego, en verano, disputar el Europeo de Múnich. Pero una lesión trastocó sus planes. María Abel nunca tuvo graves problemas musculares pero los hombros fueron su cruz. "Se me luxan con mucha facilidad y estoy operada tres veces de cada uno. De hecho ahora estoy a la espera de volver a operarme. Y ese verano de 2002 me tuve que operar y por eso decidí renunciar al Europeo".

Ella y su entrenador buscaron, más que un lugar, una fecha que no coincidiera con su menstruación. María empezó la preparación en Galicia y a las dos semanas se desplazó a Madrid para estar cerca de Landa. Un pupilo del preparador, José María Prieto, fue elegido para hacer de liebre en su intento de batir en Frankfurt el récord de España que tenía, y tiene, Ana Isabel Alonso (2:26:51) desde 1995. "No pudo ser. Y la liebre, con la que había entrenado y con quien me entendía muy bien, cascó y me dejó sola los últimos kilómetros", explica en medio de una carcajada libre de rencor.

Porque la liebre falló, el grupo que, espontáneamente, le acompañó durante varios kilómetros también se esfumó, llovía y, sobre todo al final, hacía mucho viento. Pero ese día a María no le importaba nada. Ese día María se sentía pletórica.

"A nivel emocional fue un golpe perder a este chico porque formábamos un tándem muy guay, pero dos minutos después ya me daba igual. El problema es que al final se levantó mucho aire -ella explica que en un vídeo donde sale siendo entrevistada tras la carrera se ven los contenedores movidos por el viento- y encima coincidió con los kilómetros en los que la carrera discurría por las avenidas más amplias y expuestas al viento. Pero, aún así, llegué al 40 con posibilidades de batir el récord de España. Yo creía que podía y, de hecho, tras cruzar la meta, mi novio me felicitó porque estaba convencido de que lo había batido".

Pero no. María Abel acabó el maratón en 2h26:58, a solo siete segundos de la plusmarca de Ana Isabel Alonso. En el momento generó "una pequeña frustración", pero el recuerdo de las buenas sensaciones, del maratón perfecto, acabó imponiéndose y hoy, esta maestra que renunció a la Educación Física para dar Primaria y así poder salir de Andalucía, donde tuvo la plaza seis años, y mudarse a las Rías Baixas, afirma que no queda nada de aquella rabia del momento. "Para nada. Sí que piensas en qué habría pasado si hubiera corrido los últimos kilómetros sin viento, pero no vale para nada. Los récords están para ser batidos y lo que no me quitará nadie es esa sensación de correr en plenitud que nunca más tuve".

Porque después de ese 2002 mágico en el que, además de sus dos mejores registros en maratón, también firmó su plusmarca en medio maratón (1h10:52, en Santa Pola), vino el declive. Al año siguiente cumplió en el Mundial de París (decimoquinta), donde se quedó muy cerca de volver a bajar de 2h30. Y en 2004, después de haber corrido con demasiadas precauciones durante muchos kilómetros del maratón de los Juegos de Atenas, sufrió un problema de estómago que ya siempre se repitió cada vez que se enfrentó a los 42,195 kilómetros. Nunca más volvió a volar.




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