Real Federación Española de Atletismo





 martes, 14 de julio de 2020   ENTREVISTA WEB 67/2020
La increíble historia de Javier Arqués

Por : Alfredo Varona


A los 18 años, Javier Arqués empezó el Graduado Escolar. Luego, fue el mejor velocista de España.

Por eso, esta es una historia de superación que recupera valor y nostalgia. A los 24 años, empezó la carrera de Derecho.

-La última vez que me puse unas zapatillas de clavos fue en los JJOO de Barcelona 92.

Cuando terminaron los JJOO le quedaban 10 asignaturas para licenciarse. Cumplió el desafío en año y medio.

-Me encerré a estudiar todo el día, mañana y tarde.

-Debía hacerlo -agrega,- porque ya tenía un hijo de tres años y otro en camino.

El velocista, que había compartido época con Carl Lewis y que una vez le prestó sus clavos a Calvin Smith, se convertía en un ciudadano más:

-Se hizo el silencio entonces -recuerda hoy a los 60 años.

-Se hizo el silencio -añade-, porque una vez que te retiras te preguntas ¿y ahora qué puedo hacer tan bien como lo que hacía?, y la respuesta es 'nada'.

-De repente, el día después.

-Es un día difícil porque hasta entonces sientes que lo que haces le importa a los demás: tus triunfos, tus derrotas, tus posibilidades. Sin embargo, ahora te ves tú solo y te dices 'tienes que reaccionar' y adaptarte a la nueva vida: yo lo hice estudiando, sacándome la carrera en tiempo récord.

En abril del 93 se colegió como abogado. Desde entonces, han pasado 27 años.

-Me gusta mi trabajo y no tengo ninguna prisa por jubilarme.

Javier Arqués fue uno de tantos que encontró su sitio después del deporte, después de la gloria.

Explicar eso se ha convertido en la razón de ser de esta entrevista.

Su vida fue exigente desde la adolescencia en Onil, el pueblo de Alicante donde estaba la fábrica de 'Muñecas Famosa' que daba trabajo entonces a 800 empleados. A los 14 años, él fue uno de ellos.

-Yo era el menor de tres hermanos y mi padre era agricultor y en casa hacía falta, sí, claro.

Trabajaba en las oficinas de la Unión de Transporte, pero en los momentos de más faena también podía "descargar camiones".

-No fue usted un atleta al uso.

-En mi pueblo se celebraba la Semana de la Juventud en la que se hacían pruebas de atletismo en el campo de fútbol y yo hice 12,4. Y cuando me enteré de que el campeón de Alicante hizo 11,3 en una pista pedí en mi pueblo que si me pagaban un taxi bajaba a competir. Fui y lo gané. Y luego fui campeón de España cadete en Logroño.

Desde entonces, se inició una carrera fantástica como velocista: la de Javier Arqués.

Para algunos, el mejor velocista español de todos los tiempos.

-Para mí no -rebate él-. Para mí Bruno Hortelano es nuestro Prieto Mennea: todos soñamos con hacer lo que ha hecho él, pero...

-¿?

-Si yo tuviese que decir quien ha sido el mejor velocista español de todos los tiempos diría que ha sido 'El Pájaro': el más completo por los años, por la constancia o porque no ha tenido grandes lesiones.

Javier Arqués, sin embargo, tuvo que ser operado de los juanetes en los dos pies y de la espalda.

-La velocidad es muy agresiva porque hablamos de pesas, de multisaltos, de los mismos tacos de salida que dañan mucho la espalda... Y eso que yo tuve un entrenador como Paco López que, para mí, fue el mejor: un hombre que era muy cuidadoso con todo. Pero aun así las lesiones no pudimos evitarlas.

Sobre todo, en el año 86, cuando Arqués estaba como nunca, cuando iba disparado al campeonato de Europa de Madrid y quién sabe lo que hubiese pasado.

-Pero faltando tres semanas me lesioné y hasta el día de la competición no pude entrenar ni un solo día.

Es la letra pequeña de una biografía formidable, en cualquier caso.

Es la letra pequeña de una biografía en la que Javier Arqués fue 14 veces campeón de España y llegó a tres JJOO.

- Nací velocista -explica-. Hay cosas en la vida que no se pueden elegir y esta es una de ellas. Si me hubiesen dado a elegir quizás hubiese optado por una prueba en la que no hubiese habido tantos atletas de color. Pero todos tienen una prueba que pueden hacer: yo no hubiese valido para ser corredor de 400 metros.

Arqués llegó a estar nueve años seguidos imbatido en España. Fue increíble.

-Desde niño yo sabía que movía bien las piernas, pero en el pueblo no teníamos una pista de atletismo para constatar los tiempos.

Una vez que llegó a la pista empezó a ganar, ganar y ganar.

-El deporte me hizo más duro. Me enseñó a no venirme abajo por cualquier cosa, a convertirme en una persona más fuerte.

Siempre ha intentado ser un reflejo del atleta que fue. Quizás por eso es tan agradecido volver a él como si estuviésemos en los años ochenta.

Llegó entonces a tres finales en tres Europeos de pista cubierta: Milan, Goteborg y Madrid.

Faltó mucho o poco para la medalla, pero lo importante es que Javier Arqués siempre estuvo ahí.

Hoy, treinta y tantos años después, es un hombre en buen estado físico:

-Soy amigo del director de la residencia Blume y quedamos tres días a la semana y vamos al gimnasio donde estamos dos horas haciendo ejercicio fuerte.

Ahora, ya no corre, "porque es muy agresivo" pero hace "mucha elíptica" y va a todas partes "andando" y a veces recordando la que pudo ser la mejor época de su vida: la del velocista que llegó a Madrid a los 17 años.

Luego, descubrimos que no había nadie tan rápido como él y realmente fue un placer.

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