Real Federación Española de Atletismo





 miércoles, 08 de julio de 2020   NOTICIA WEB 133/2020
Sexto capítulo de "100 años de curiosidades y anécdotas del atletismo español"

Por : Miguel Villaseñor


Hoy contaremos aquella ocasión en la que un español intentó batir un récord mundial, relataremos el famoso momento del relevo de 4 x 100 metros en los Juegos Olímpicos de Múnich y hablaremos del primer Campeonato de España que se disputó fuera de la Península.

El español que intentó un récord mundial

El salto de altura y el salto con pértiga tienen una particularidad que los distingue de los demás concursos y de todas las demás pruebas. Antes de la acción del atleta sabemos cuál será su logro si esa acción acaba con éxito. En todas las pruebas los records se superan o no, pero en la altura y en la pértiga los records se intentan. Y nos hacemos una pregunta… ¿ha intentado alguna vez un español batir un récord mundial? Y contestamos sin más dilación: sí, en una ocasión un español intentó batir el récord mundial, concretamente en salto con pértiga. Ocurrió el 14 de agosto de 1968, en el estadio de la Juventud de Pontevedra. El protagonista, algunos os lo habréis imaginado, fue el bilbaíno Ignacio Sola.

Casi un mes antes de aquel intento se disputó un triangular España-Francia-Grecia en el estadio de Riazor de La Coruña, con una prueba de pértiga en la que se enfrentaron Ignacio Sola y el griego Christos Papanicolau, entonces uno de los mejores especialistas a nivel mundial. En aquella ocasión el griego, después de superar 5.12 y adjudicarse la prueba, con Ignacio Sola en 5 metros justos, puso el listón en 5.40. El récord mundial era entonces de 5.38 y pertenecía al estadounidense Paul Wilson desde el año anterior. Ante varios miles de espectadores que poblaban la grada principal de Riazor el griego lo intentó pero no pudo conseguirlo en sus tres tentativas. Papanicolau sí conseguiría ser plusmarquista mundial en 1970.

Ignacio Sola intentó en aquella ocasión los 5.12 pero se quedó en 5 metros justos; su récord español era entonces 5.10. Pero digamos desenfadadamente que se quedó con la copla del griego, nos referimos con el intento de récord mundial. En aquel año olímpico de 1968 la pértiga mundial siguió avanzando con fuerza y en cualquier momento podía recibirse en las redacciones de los periódicos un teletipo con la noticia de que se había batido el récord mundial. Varios saltadores en el mundo, como Papanicolau, lo estaban intentando ese verano pero ninguno lo conseguía.

El 14 de agosto de 1968, en Pontevedra, se disputó un festival atlético con muy buen nivel en el que compitió Ignacio Sola, que estaba en muy buena forma. El bilbaíno saltó a la primera 4.50, 4.60.4.70, 4.80, 4.90 y 5.00. Esos 5 metros los superó con mucha holgura, de hasta más de 20 centímetros según testigos presenciales. Hemos dicho ya que su récord de España era entonces de 5.10. Tras superar los 5 metros Sola, ya ganador del concurso, no puso la barra a 5.11 ó 5.15 ó 5.20. La puso a 5.40. Y no se le ocurrió tal desafío en ese momento, ya había declarado previamente que si saltaba fácil los 5.00 pondría el listón a 5.40. A altura de récord mundial. En las tres ocasiones Ignacio Sola derribó claramente el listón. Pero fueron saltos muy dignos, llegando siempre a la altura de la barra. Probablemente si hubiera intentado 5.20 habría caído el récord de España.

En septiembre, antes de los Juegos de México, el récord mundial por fin se superó; el también norteamericano Bob Seagren realizó 5.41. La pértiga en México fue de gran calidad, con tres hombres por encima de aquellos 5.38 que habían figurado en lo alto de la tabla durante un año. La historia de Sola en México es bien conocida. Batió el récord de España con 5.20, récord que se mantuvo diez años en lo más alto de las tablas, y fue plusmarquista olímpico durante un buen rato. Aunque en ese momento de eso, de que él era récordman olímpico, no se enteró; esta anécdota forma parte ya de otra historia.

“Íbamos a la altura de los americanos”: el 4x100 de Múnich

A lo largo de la historia de un atletismo limitado durante décadas como el español han sido muchas las ocasiones perdidas, las oportunidades que se fueron al limbo sin materializarse. O al menos esa sensación se tiene al repasar nuestra historia, sobre todo la más alejada del momento actual. Uno de esos momentos fue el relevo 4x100 en los Juegos Olímpicos de Múnich.

El equipo masculino español de 4 x 100 metros se había ganado su participación en los Juegos de Múnich. El 8 de agosto de 1972 por fin un cuarteto español había bajado de los 40 segundos: 39.9 en el Vallehermoso madrileño, marca que se rebajó hasta 39.7 tres días más tarde en una reunión internacional en la ciudad italiana de Viareggio; allí nos ganaron Estados Unidos e Italia, que curiosamente serían de nuevo rivales en Múnich. En ambos casos con cronometraje manual. Los cuatro hombres que formaron aquellos dos cuartetos, y actuando en el mismo orden en ambos casos, fueron el salmantino José Luis Sánchez Paraíso, que salía y hacía la primera curva, el madrileño Manuel Carballo, que corría la contrarrecta, el granadino Francisco García López, que hacía la segunda curva y el vizcaíno Luis Sarria, que realizaba el cuarto relevo. Por cierto, no se conocía en ese momento récord de España con cronometraje eléctrico.

En los Juegos Olímpicos de Múnich hay cuatro eliminatorias, dos semifinales y final. España correrá en la cuarta eliminatoria, el 9 de septiembre, pasan a semis los cuatro primeros. El objetivo español es acceder a esas semifinales. El récord de España parece al alcance. Serie algo complicada porque corremos con tres grandes, Estados Unidos e Italia (contra quienes corrimos un mes antes) y Gran Bretaña, y con Congo, Bahamas, Tanzania y Etiopía. Nos ha tocado la calle 6, flanqueados por británicos a nuestra derecha y por los congoleños a nuestra izquierda, con Estados Unidos en la calle 3. España presenta su equipo de gala, el que ya hemos citado, pero con un cambio de orden: Carballo y Sarria intercambian sus puestos, Sarria correrá la segunda posta y Carballo la última. Este cambio pudo quizá tener su importancia.

El primero de nuestros relevistas es José Luis Sánchez Paraíso, que hace una salida magnífica y una curva muy rápida. La entrega para Luis Sarria es muy buena, el vizcaíno hace una posta maravillosa en la contrarrecta. Buena entrega a Francisco García López. En ese momento, en esa segunda entrega, íbamos emparejados con los estadounidenses. Situación que no varía con García López, que realiza una curva espléndida. Seguimos emparejados en el primer puesto con los estadounidenses. El último relevista es Manuel Carballo, que ve venir a García López como un cohete y… sale demasiado pronto. García López intenta entregar el testigo a Carballo, estira su brazo, pero está demasiado lejos, la entrega es imposible… Los rivales nos sobrepasan, el motrileño se lleva las manos a la cabeza y arroja con fuerza el testigo contra el suelo.

¿Qué hubiera pasado en caso de la entrega hubiese sido satisfactoria? Sin temor a equivocarnos podemos decir que se hubiese bajado ampliamente de los 40 segundos y se hubiese pulverizado el récord de España. Quizá con 39.3 o 39.4, 39.50 con cronometraje automático. La eliminatoria la ganaron los estadounidenses, con 38.96, seguidos por los italianos (39.29) y los británicos con 39.63. Probablemente hubiésemos ganado a Gran Bretaña y por supuesto nos hubiésemos clasificado para semifinales. El acceso a la final hubiera sido ya imposible, pues se quedó fuera de la misma corriendo incluso en 39.04. En la final Estados Unidos batió el récord mundial con 38.21.

Al terminar la prueba Carballo estaba hundido, sentado en el suelo y llorando. Sus compañeros intentaban animarle. La fallida carrera de los nuestros y la bonita oportunidad perdida ha quedado en ese amplio imaginario del atletismo español, en ese apartado de lo que pudo ser y no fue. Ese imaginario que va desde la posible pero no conseguida primera medalla olímpica española en París 1924 hasta el malogrado título y récord de Óscar Husillos en el mundial indoor de 2018, pasando por este 4x100 de Múnich. Cada una de todas esas oportunidades perdidas, todas esas historias serán, valga la redundancia, otra historia.

El primer campeonato de España que se disputó fuera de la Península

En 2008 el campeonato de España absoluto viajó a las islas Canarias y el Centro Insular de Atletismo en Tíncer, en Santa Cruz de Tenerife, fue el escenario del certamen, aquel campeonato en el que el gran Mario Pestano hizo volar el disco hasta 69 metros y 50 centímetros, vigente récord nacional. Mario fue profeta en su tierra y llevó el artefacto más lejos que nunca. Y además en una competición de primer nivel nacional disputada en su casa, en su Tenerife natal. En aquellos días se comentó que el campeonato nacional absoluto había salido por primera vez de la península, cosa que no era cierta.

¿Se había celebrado en alguna ocasión fuera de la península? Pues sí, una vez, en el año 1954. ¿Y fue en Canarias, Baleares, Ceuta o Melilla? No. Fue en Tetuán, ciudad del norte de Marruecos. ¿Y por qué se celebró un campeonato de España en Marruecos? Porque parte del actual Marruecos, la parte septentrional, era española, era el Protectorado Español. Y fue española hasta 1956.

La ciudad de Tetuán acogió el campeonato con gran entusiasmo. Allí hay un estadio antiguo, más conocido por el fútbol que por el atletismo, llamado Sania Ramel desde 1952, antes también conocido como estadio de la Hípica o estadio de Varela. Allí jugaba el equipo de fútbol del Atlético de Tetuán, que incluso militó una temporada en la primera división española, en la 1951-1952. Era una buena instalación para la época, un bonito recinto, con buenas gradas y una visera muy llamativa, pero con una pista infame. Era nueva y como solía ocurrir entonces las pistas de ceniza nuevas no eran sinónimo de calidad, normalmente eran de lo contrario, de poca calidad, y la de Tetuán no se libró de ello.



Aquel campeonato fue muy discreto, de los peores campeonatos de España de la historia. Todo ello a pesar de los voluntariosos esfuerzos de los directivos marroquíes; recordemos que existía entonces la federación regional de Marruecos. La pista era de cinco calles, cuando ya eran habituales las de seis calles, y estaba en malas condiciones, muy blanda en la recta de llegada. Según se fueron desarrollando las pruebas la pista se convirtió en un arenal. Los pasillos de saltos estaban también en malas condiciones. En aquellas épocas el éxito o el fracaso de un campeonato dependía, en buena medida, de la calidad de la pista.

A estas circunstancias se unieron el que hizo mucho calor, que hubo muchas ausencias tanto por las fechas muy tardías, el 10 y 11 de septiembre (por cierto, en viernes y sábado), como porque la sede, Tetuán, estaba muy lejos de casi todos los sitios y el coste del viaje subía considerablemente a las federaciones regionales. Y muchos de los que acudieron, por dichas fechas tardías, estaban lejos de su mejor forma. Otro día hablaremos del primer campeonato de España que no se disputó en España. Esa será ya otra historia.

Enlaces relacionados:

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Capítulo II
Capítulo III
Capítulo IV
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