Real Federación Española de Atletismo





 jueves, 02 de julio de 2020   ENTREVISTA WEB 63/2020
Mayte Martínez, de toda una década en la élite mundial a apasionada entrenadora novel

Por : Antonio Aparicio


Mayte Martínez (Valladolid, 17-may-1976) fue –y sigue siendo– muy grande. Ya despuntaba desde categorías inferiores; sobre todo, con ese 6º puesto en los 800m del Europeo Júnior de 1995 rubricado con una marca personal de 2:05.00. Pero a partir de ahí, su prometedora progresión se estancó durante casi 5 años. Y no fue fácil salir de ese pozo… Primero fue una fractura en el fémur que se complicó. Luego, en 1997, las tensiones psicológicas derivadas de dejar al entrenador que la había formado desde el principio, Elías Reguero, para ponerse a las órdenes del que era su pareja (un Juan Carlos Granado que la guió sabiamente durante toda su exitosa carrera como sénior). Y para colmo, esos problemas de descontrol de la tiroides que tardaron bastante en diagnosticarle y que, de no haber logrado regular con la medicación, habrían puesto fin a su carrera como atleta.

Tuve la mala suerte que me ha acompañado en mi trayectoria deportiva: que tanto por salud como por lesiones, he sido bastante frágil. Inicialmente, con los problemas de tiroides tenía muchos altibajos: de repente estabas bien; luego te quedabas ‘hiper’, luego ‘hipo’… Al principio empecé a tomar 12 pastillas para el corazón, que tenía unas taquicardias que era incapaz ni de subir tres escaleras. Entonces, hasta que empecé a estabilizarme…”, recuerda la vallisoletana.

El gran regreso
Cuando empezó a estabilizarse, el binomio Mayte-Juan Carlos fue retomando lentamente los buenos entrenos y recuperando poco a poco las buenas sensaciones. Tras competir en 400m en la pista cubierta del año 2000, el objetivo veraniego era volver al nivel de cinco años antes (con esos 2:05, o poco menos). Pero para su gran sorpresa, Mayte logró la mínima olímpica para Sydney (“algo que cuando empezamos la temporada ni se nos pasaba por la cabeza”) y, en su primer gran campeonato absoluto, ¡se destapó ganando su eliminatoria y bajando por primera vez de los 2 minutos!

Fue una experiencia muy bonita: volver con la Selección española después de tantos años, irte a Australia… Iba sin ningún tipo de objetivo. A competir, porque siempre he sido competitiva y he dado el 100%; pero sobre todo a disfrutar, porque era un premio a algo inesperado. Yo lo di todo, me vacié; con lo cual, en semifinales, al día siguiente, iba ya que no podía ni con mi alma [risas]. Pero entonces, esas eliminatorias eran mi final. Para mí fue un punto de inflexión, y una inyección de moral muy grande: a las 10 de la mañana, corrí en 1:59.60, tuve buenas sensaciones, ganando… Piensas: ‘si después de este parón tan grande, he conseguido hacer esta marca, si la salud me respeta y cada año puedo ir entrenando cada vez más…’”, resalta.

Y así fue, mientras le dejaron las lesiones. Porque gracias a la profesionalidad y al tratamiento conservador de la endocrina Nieves Palacios (“que año tras año estuvo ahí durante casi toda mi trayectoria deportiva, y a la que siempre estaré infinitamente agradecida”), y gracias al saber hacer de su entrenador, Mayte pudo tener bastante controlados sus problemas de tiroides y entrenarse lo más óptimamente posible. “Lo bueno es que he tenido muy buena genética, y eso me permitió obtener buenos resultados entrenando poca cantidad, pero sí más calidad. Sí es verdad que tuve muchísimas limitaciones a nivel aeróbico; e incluso ahora, todavía los rodajes largos me cuestan muchísimo. Pero Juan Carlos siempre intentó potenciar mis virtudes: soy una persona que tiene mucha fuerza, la distancia del mediofondo la asimilaba muy bien a nivel láctico, y velocidad tenía la necesaria para ser una buena mediofondista. Afortunadamente, el 800 era una prueba que, para mis condiciones, me venía como anillo al dedo”, sentencia.

Múnich: La primera medalla
No en vano, aquella revelación de Sydney 2000 acabó subiendo a cuatro grandes podios internacionales. En el Europeo de Múnich 2002 llegó su primera medalla (y la primera para una ochocentista española), después de haber sido 7ª en el Mundial de Edmonton 2001 y 4ª en el Euroindoor de Viena 2002. En Múnich, Mayte hizo marca personal (1:58.86) y cedió claramente ante la eslovena Jolanda Ceplak (que en Viena había batido el récord mundial bajo techo, y que unos años después daría positivo por EPO), pero superó por casi un segundo a la entonces bronce olímpico (y futura bicampeona en Atenas) Kelly Holmes.

Ganar la plata de Múnich no fue nada fácil porque tenía competidoras que, a priori, tenían un nivel y un palmarés mucho mejor que el mío, pero yo siempre he sido una gran competidora y, a pesar de llegar muchas veces justa de entrenamientos o de lesiones, siempre rendía muy bien; lo daba todo. Y la verdad es que muy contenta, porque fue la primera medalla internacional, también con buena marca; y eso te va autorreforzando en tu confianza”, rememora.

Birmingham: Primer podio Mundial

No contenta con esa primera presea europea, al invierno siguiente encadenó su primera medalla mundial en Birmingham 2003, donde firmó además dos récords nacionales bajo techo por debajo de 2 minutos (1:59.82 en ‘semis’, 1:59.53 en la final). “También me alegró mucho esa medalla de bronce; además compitiendo con atletas como Maria Mutola, una de las principales referencias que ha habido en el 800m femenino. Y también fue un aliciente para seguir entrenando y no conformarme; querer ser cada vez más ambiciosa y seguir estando entre las mejores, a pesar de que había momentos muy duros de lesiones, de anemias que también me empecé a coger…”.

La ilustre ex mediofondista también observa que, en 800m, es casi más complicado pasar a una final que ganar una medalla; especialmente en pista cubierta, donde sólo pasan 6 a la final y, además, no era su hábitat más favorable: “Por cómo tengo mi zancada y cómo solía enfocar las carreras, siempre me beneficiaba más la pista al aire libre, porque en pista cubierta es mucho más fácil quedarte encerrada, las rectas son mucho más cortas... Eso sí, también cuando acudí al Mundial de Pista Cubierta ya venía con la medalla de Múnich, sabiendo que lo podía hacer muy bien”, precisa.

Madrid: La medalla más emocionante
La tercera medalla la logró en casa, con esa plata en el Europeo indoor de Madrid 2005 entre medias de dos rusas. Para Mayte, fue una de sus “experiencias más bonitas” como atleta. “Correr en Madrid ante un público totalmente entregado, con toda una grada volcada con los españoles, y además poder ganar una plata en tu país… Todas las medallas son muy importantes, pero la de Madrid es la que más me emocionó. Creo que en semifinales, antes de salir, el público de repente empezó a corear mi nombre en toda la pista. Y a mí se me puso un nudo en la garganta y dije: ‘no, si todavía me pongo a llorar…’. Porque claro, los atletas, por desgracia, no estamos acostumbrados a sentir ese cariño del público que a lo mejor sí pueden sentir en otros deportes”.

Con todo, al preguntarle si fue ésa una buena oportunidad para conquistar el oro que faltó en su palmarés, la tetramedallista admite cierto fastidio porque llegó a Madrid en muy buena forma, pero la ganó una sospechosa rusa de 34 años que nunca había hecho nada a nivel internacional. “Ahora siempre pienso: joer, ya podía yo haber pillado esta época que tienen tan controladitas a las rusas… Recuerdo que Larisa Chzhao apareció de repente, no la conocía nadie, era super mayor, y empezó a correr también en unos tiempos… Te da rabia, porque si es alguien que te gana y que lleva toda la vida, que tiene una trayectoria… Pero era lo que había, y con esas armas había que correr. Y, aún así, recuerdo Madrid con muchísima emoción”.

Osaka: La más importante

Eso sí, Mayte tiene claro que la principal presea fue la cuarta y última que logró. No en vano, ese bronce en Osaka 2007 sigue siendo actualmente la única medalla para el 800m español (masculino y femenino) en un Mundial al aire libre: “Deportivamente, es la medalla más importante y de la que más orgullosa estoy. Es la que me ha dado mucha más fama de gente que no me conocía de antes; y es de esas carreras que, cuando voy a los colegios a dar charlas, siempre me la ponen en estos últimos años”, resalta.

Además, allí es donde firmó su mejor marca de siempre (1:57.62, seguida por los 1:58.14 que registró un mes después en Stuttgart). Y todos los aficionados vibraron viendo cómo la pucelana acababa apoteósicamente 3ª después de ir 8ª y última a falta de 300m, y 7ª al encarar la recta final. “Pasaron el 400 a 55 segundos; muy deprisa. Aun así, yo pasé a un ritmo bastante elevado. Pero claro, yo no era una gran cuatrocentista. Entonces, si paso en 55 cuando mi mejor marca era 53.67, a lo mejor el último 100 llego ‘andando’, igual que las demás. Lo bueno es que siempre he sido una persona muy regular, que me he conocido mucho. Nunca he salido a lo loco como un pollo sin cabeza [risas]. Es verdad que a veces hasta he podido pecar un poco de conservadora y he llegado a meta diciendo: ‘jolín, si podía haber hecho 20 metros más…’ Pero en este caso creo que supe leer muy bien la carrera, y que si hubiera salido al ritmo que puso la keniata [Janeth Jepkosgei], no habría tenido medalla. Pasé al ritmo para el que habíamos estado trabajando durante todo el año, para poder correr en 1:57”, analiza.

En 800m, el último 100 siempre es más lento. Entonces, no es que yo corriese más rápido que lo que hice las otras partes de la carrera, pero creo que fui la que menos perdí. Regulé bastante bien, y tuve la cabeza fría”, continúa Mayte, que destaca lo bien que le vino tener por delante a la marroquí Hasna Benhassi (que ganó la plata) como referencia para ir remontando. “Tenía una forma de correr parecida a la mía y, cuando nos desligamos algo de las primeras, fue como el puente de unión para irnos reenganchando al final. Y en la última recta, llegué con mucha fuerza y me pude colgar la medalla de bronce [sonríe]”.

Nacida para el 800
Seguimos inquiriéndole por esa virtud suya de acabar la prueba más entera que la mayoría de sus competidoras que salían ‘a morir’, y nos detalla: “Yo tenía muy interiorizado el ritmo de paso del 200; tenía muy buena capacidad anaeróbica, mucha tolerancia al lactato. Es verdad que hice muchísimos entrenamientos de calidad lácticos cuando estaba en forma; me hacía yo sola dos 400 a 54 recuperando 12 o 15 minutos, y me recuperaba muy bien. Lo bueno es que mi organismo sabía asimilar muy bien el 800 y, cuando otras atletas en el último 100 no podían más, yo todavía tenía ahí un extra para poder seguir yendo a ritmos elevados”.

Precisamente, Mayte considera que esa predisposición innata para los 800m y esas limitaciones aeróbicas derivadas de sus problemas de tiroides la habrían impedido ser una gran corredora de 1.500m, pese a que quedó 5ª en la única gran cita que corrió esa prueba (Euroindoor de Birmingham 2007) y a que en 2005 firmó un marcón de 4:05.05. “A veces, cuando se lo cuentas a la gente, alucina, pero cuando hice esa marca en Rieti lo hice entrenando sólo 800, y hacía 30 km a la semana… Entonces claro, no es lo mismo hacer simplemente un buen 1.500 que aguantar tres carreras de 1.500m en un Mundial o unos Juegos Olímpicos”, explica la mejor atleta española en 2005 y 2007, insistiendo en que no se veía acumulando los kilómetros que suelen entrenar las atletas de 1.500m: “Mi prueba por excelencia era el 800m; y creo que ese año que hicimos más el 1.500 fue más que nada por intentar desconectar un poco de la presión del 800”.

Los podios acariciados
Ciertamente, ese 5º puesto de Birmingham 2007 no la dejó muy cerca del podio, pero sí lo hicieron el 5º puesto del Mundial de Helsinki 2005 (a 39 centésimas del bronce), el 4º del Mundial indoor de Valencia 2008 (a 18 centésimas) y, sobre todo, el 4º de Viena 2002 (a 4 centésimas). Y Mayte no oculta que le habría gustado aumentar su cosecha de medallas en algunas de esas citas: “En Viena estaba en un buen estado de forma, pero ahí sí que llegué tan extenuada en la última recta, que en el último metro me caí de bruces contra el suelo. Me metí un ‘galletón’, y fui 4ª por un suspiro. Y te da muchísima rabia, porque cuando has sido 4ª sacándote un segundo, has sido 4ª y punto; pero cuando has estado tan pegadita a las medallas, que es lo que al final recuerda la gente…”, lamenta.

También le escuece la carrera de Valencia 2008, que califica como “la más rara de mi vida que he corrido en campeonatos”. Allí ganó la australiana Tamsym Lewis, una buena atleta que nunca había estado en una final de 800m, pero que como cuatrocentista llegó a correr en 51.42. “Yo había hecho muy buenos entrenos y estaba muy bien de forma. Pero la gente, no sé por qué, iba muy reservona, y pasamos en 1:03 el 400… ¡en una final de un Mundial! Entonces, ganó la que nadie se esperaba, pero habiendo pasado el 400 tan despacio y llegando bien al final... Era una atleta muy rápida y fue la gran sorpresa”, recuerda Mayte, quien, eso sí, tampoco olvida que en su bronce de Birmingham 2003 esas centésimas le favorecieron, pues aventajó en solamente 1 a aquella Ceplak tan intratable el año anterior…

Regularidad y espinitas

Pero más allá de las medallas, lo mejor de Mayte Martínez era su extraordinaria regularidad, ya que alcanzó nada menos que 12 grandes finales absolutas, quedándose fuera de muy pocas. Es más, a partir de Edmonton 2001, quedó finalista en todos los grandes campeonatos que disputó exceptuando un atípico 2004, donde no pasó de ‘semis’ ni en el Mundial indoor ni en los JJ.OO. de Atenas. Precisamente, no haber llegado a la final ateniense (por culpa de unos problemas de vértigos que la tuvieron ingresada casi un mes y la hicieron llegar a Grecia muy justa de entrenamientos y competiciones) es su “espinita clavada”, porque luego no pudo acudir a Pekín 2008 por una fascitis, y su brillante historial careció de diplomas olímpicos.

Fue una pena porque venía ya con mucha experiencia, con ganas y con esas dos medallas de 2002 y 2003... Había demostrado que tenía nivel para ser por lo menos finalista”, lamenta Mayte, que sí estuvo en todas las finales de los Mundiales que disputó (2001, 2005, 2007 y 2009), perdiéndose únicamente París 2003 por una sacroileitis.

Otra pequeña asignatura pendiente fue el récord de España al aire libre, del que sólo la separaron 17 centésimas. “Creo que mis piernas sí lo valieron, porque cuando hice mi mejor marca en Osaka, la hice en la final de un gran campeonato, con toda la fatiga muscular acumulada de correr tres 800 en cuatro días; más el cansancio mental por los nervios y la tensión de jugarte todo en 2 minutos. Que a pesar de eso lograse hacer 1:57, me hace pensar que en una carrera de mítin, sin tanta presión, con liebre, y pasando a ritmos más homogéneos, podría haberlo conseguido. Pero es verdad que esos años en la Golden League la gente corría carreras muy tácticas, y prácticamente nadie seguía a las liebres…”, señala.

Mentiría si dijera que no me habría gustado batir el récord, pero también sería injusta conmigo misma si pensase más en eso que en valorar todo lo que he conseguido. Si hay algo de lo que estoy orgullosa, aparte de las medallas, es de haber estado una década entera, desde 2000 a 2010, siempre entre las mejores del mundo, en los mejores mítines, siendo casi siempre finalista y estando en buenos puestos del ranking. Esa regularidad casi me hace estar más orgullosa que de las medallas; o a la par”, subraya la gran Mayte Martínez.

El duro adiós

Luego llegó el momento de la despedida. Y fue muy duro, porque Mayte quería haber decidido ella poner el punto y final; y no ese tendón rotuliano y otras lesiones que empezaron a amargarle la existencia tras su 6º puesto en el Europeo de Barcelona 2010. Su intento desesperado por ir a sus últimos JJ.OO. en Londres, aunque ya no fuera tan competitiva, resultó en balde. Y aquella tarde de 2012 en que Juan Carlos le dijo que se pusiese los clavos, pero ella dijo que no quería, que su cabeza le boicoteaba… se dio cuenta de que era el momento de dejarlo.

Pensé: con estos dolores no puedo hacer algo que ha sido tan bonito y tan importante en mi vida, y que me ha aportado tanto. Si sigo haciéndolo voy a aborrecer el atletismo, y no me puedo permitir odiar algo que me ha hecho formarme como persona y como deportista”, recuerda.

Naturalmente, no ha acabado odiando el atletismo. Aunque pasase unos años complicados, en los que le costaba aceptar la situación. Y aunque hasta hace muy poco no viese campeonatos por televisión porque le afectaba, poco a poco, esa capacidad de sacrificio y de superación que se forjó practicando este deporte, junto al apoyo de mucha gente del atletismo en los momentos buenos y malos, la ayudaron a asimilar la nueva situación.

La nueva Mayte entrenadora

Así, esta diplomada en Magisterio y licenciada en Psicopedagogía fue abriéndose a la vida ‘real’ con el nacimiento de su hija Carmen en 2013, o con esos 4 años de aprendizaje trabajando en el Ayuntamiento de Valladolid. Y paralelamente, como presidenta y directora de su escuela de atletismo, que este año celebra su 10º aniversario. “Es muy bonito tener una escuela que lleve tu nombre, aunque siempre me gusta resaltar que es un trabajo en equipo, porque esto no sería posible sin José Augusto (San José), que es el coordinador de la escuela, y sin los entrenadores que forman parte de ella. Tener a casi 300 niños (entre Valladolid capital y provincia) defendiendo nuestros colores me hace sentirme súper orgullosa de este proyecto”.

Y Mayte admite estar disfrutando ahora del atletismo de otra manera. Por ejemplo, practicándolo en categoría máster, como lleva haciéndolo desde hace dos años. Pero sobre todo, en una faceta de entrenadora a la que cada vez dedica más horas. “Es un mundo que, cuanto más conozco, más me apasiona”, afirma la ex mediofondista, que durante estos 10 años ha estado entrenando a categorías inferiores en su escuela, pero que ahora quiere seguir formándose y aprendiendo para aportar lo máximo posible a esos niños que crecen como atletas. El pasado fin de semana, sin ir más lejos, estuvo siguiendo muy atenta el II Foro Mujer Entrenadora… “Es muy bonito intentar transmitir tu pasión a niños muy pequeños a través del juego. Pero cuando ya empiezan a competir, a mí me pica el gusanillo. Ojalá consiga el día de mañana sacar a algún atleta de nivel internacional. De momento, confío en que dentro de no mucho pueda llevarlos a algún campeonato de España. Soy afortunada por poder vivir de mi escuela, y estoy muy ilusionada, aunque sé que me queda un grandísimo camino por recorrer. Este año he terminado el segundo nivel de Técnico Deportivo en atletismo; me quedarían dos años más para tener la titulación nacional”, explica.

Carmen, el reflejo de Mayte

Es curioso, porque siendo atleta, el tema del entrenamiento no me llamaba. Me gustaba mucho entrenar, pero no el porqué del entrenamiento”, revela Mayte, que tiene la sensación ahora de estar recuperando un tiempo perdido. Pero nunca es tarde… Y la mamá de Carmen no oculta que en un futuro le encantaría entrenar a su hijita de 6 años, que actualmente juega-entrena dos días a la semana con una ilustre atleta en activo como Nuria Lugueros.

Todavía es pequeñita, pero la verdad es que la ves y tiene una genética… unas piernas… En ese sentido es muy como yo; tiene una calidad muscular… Como decía mi madre, me recuerda mucho a mí cuando era pequeña: va a todos los sitios corriendo. Tiene una velocidad… que yo a veces jugando al pilla-pilla con ella no la cojo… No sé si el día de mañana llegará al atletismo, ni si llegará a ser campeona o no, pero me encantaría que, aunque no fuera para ganar medallas, sí que el atletismo formara parte de su día a día: entrenar, tener ahí a sus amigas… Me parece un mundo tan bonito...”

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Biografía deportiva de Mayte Martínez
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Atenas 2004 (Mark Shearman)
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Zaragoza 2006 (Miguelez Sports Foto)
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Osaka 2007
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Berlín 2009
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Barcelona 2010
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