Real Federación Española de Atletismo





 jueves, 18 de junio de 2020   ENTREVISTA WEB 57/2020
Javier García Chico y el lugar perfecto

Por : Alfredo Varona


Fue un muchacho del barrio de Les Corts en Barcelona, a cinco minutos andando del Camp Nou, que llegó a jugar de portero en la selección catalana de balonmano.

-Pero el día que descubrí el atletismo entendí que este era mi deporte, porque aquí ganas y pierdes tú solo, no puedes achacar nada a nadie -explica hoy Javier García Chico, que a los 26 años nos dejó marcados para siempre. Entonces llegó a ser bronce olímpico en pértiga en los JJOO de Barcelona 92, en la ciudad de su infancia, en el estadio de Montjuic con 70.000 espectadores que le aplaudieron como nunca en la grada.

-¿Acaso a alguien se le podía haber ocurrido un guión mejor?

-Solo sé que el día que lo logré me sentía en una nube -responde-. No es tan fácil recordarlo. Veía todo y no veía nada: todo el mundo a mi alrededor en ese momento.

Hoy, Javier García Chico es un hombre de 53 años, padre de dos hijos de 16 y 6 años. Un hombre que vive en Córdoba, en la ciudad de su mujer, donde tenía planeado irse a vivir algún día hasta que llegó ese día.

-Nos compramos un piso en Córdoba y el verano pasado, por fin, nos decidimos. Había llegado el momento. Había que hacerle caso. Lo dejamos todo y vinimos aquí a buscarnos la vida y, de momento, yo ya he encontrado trabajo como entrenador en el Atlético Cordobés haciendo lo que he hecho siempre.

De hecho, ahora está en la pista de El Fontanal donde los chavales escuchan a algo más que un entrenador: escuchan a un medallista olímpico "aunque tampoco dé demasiada importancia a eso", rebate él. "Ninguno de estos chavales había nacido cuando yo fui medallista".

"Otra cosa es si hablamos de mi vida como entrenador", añade. "He sacado más de 50 o 60 medallistas en Campeonatos de España en los 15 años que he trabajado en el Centro de Tecnificación de Soria hasta que entendí que esa etapa había acabado y que no era yo solo. Mi mujer también estaba deseando volver a Córdoba. No podemos arrepentirnos de nada. Hemos encontrado una calidad de vida preciosa".

-Al final, eso es lo más importante: vivir donde uno quiere vivir.

-Sí, creo que me ha tratado bien la vida. Claro que me gustaría que me hubiese tocado la lotería o el Euromillón. Pero me ha tocado algo más importante que eso: tengo una familia estupenda, tengo dos hijos que sacan buenas notas, tengo para tomarme una cerveza si me apetece y tengo para irme de vacaciones en agosto. ¿Qué más se puede pedir?

-No se me ocurre qué decirle.

-La vida pasa muy rápida. Por eso hay que vivirla. Quién me iba a decir que algún día iban a cumplirse 30 años desde la medalla olímpica y en dos años se van a cumplir: el tiempo no perdona.

Sin embargo, el recuerdo de ese día permanece para siempre: un recuerdo contundente en nuestra memoria y en la de Javier García Chico, que lo único que puede reprocharle a ese día "es que Bubka fallase porque entonces parecía que mi medalla fue gracias a su fallo y no a mi mérito. Si hubiese fallado otro no se hubiese dicho, pero tuvo que fallar Bubka".

Nadie se lo imaginaba. Era imposible. Bubka había batido 35 veces el récord del mundo desde 1984. Pero todo eso hoy, pasados tantos años, refuerza la literatura de aquel día: el hecho de que García Chico estuviese ahí y compitiese sin complejos. Todo el país vivió lo que hasta ese día parecía imposible: que un pertiguista español fuese medallista olímpico.

-Y fue usted quien nos lo demostró.

-Fui yo, sí -responde hoy-. Quizás porque era un gran perfeccionista. Un tipo muy exigente conmigo mismo lo que no sé si, al final, es una virtud o un defecto. Pero yo siempre he sido así. De hecho, ahora como entrenador creo que soy un reflejo del atleta que fui, del atleta que entrenaba seis o siete horas al día y sólo descansaba los domingos. No me importaba. Creía en lo que hacía.

-Dicen que en el esfuerzo está el futuro.

-Pero también debes descubrir qué es lo que más te gusta, qué es lo que quieres hacer.

-¿Y cómo lo descubrió usted?

-Yo empecé en serio en el atletismo tarde, a los 15 años. Tenía una hermana que era atleta y la acompañaba. Y entonces empecé a hacer longitud hasta que descubrí la pértiga y comprobé por mí mismo que esto era más divertido porque hacías más cosas: gimnasia deportiva, etc, etc Y voy y me encuentro con que entrenando yo solo llego a ser campeón de España juvenil y entonces me empiezo a preguntar hasta donde puedo llegar.

-¿Quién le resuelve esa pregunta?

-Hans Ruf. Nada más que empiezo a entrenar con él me doy cuenta de que la diferencia es abismal. El primer año mejoré 1,20 metros, increíble.

-Al lado de Hans Ruf llega usted a la medalla olímpica.

-Casi todo lo que sé lo aprendí de él porque no ha habido otro igual ni creo que vaya a haberlo. Ha sido el mejor entrenador sin ninguna duda. Nadie ha tenido en la vida cinco pertiguistas por encima de 5,65 y tres de ellos de 5,70. Pero es que estar al lado de Hans era aprender. Por eso está claro que una buena parte de mi medalla olímpica fue suya: no tengo duda.

La realidad es que fue un magnífico atleta Javier García Chico. Una biografía en la que habitan cuatro JJOO. Un seguro a todo riesgo en sus mejores años que fue lo que le permitió subir al podio de Barcelona 92 junto a los rusos Maksim Tarasov, oro, y Trandekov, plata. Y es como si esa fotografía aún siguiese viva: qué emoción, qué bien salieron las cosas aquel verano, la felicidad es eso.

Su recuerdo nos hace mejores, hasta nos ayuda a explicar que todo tiene un final "porque es así. La vida es así", razona. "Yo lo dejé oficialmente tras los JJOO de Sidney pero estuve compitiendo un año y medio más. El club me pedía que fuese a las Ligas y yo iba, sin apenas entrenar, y saltaba cinco metros. Pero era evidente que esto ya se había acabado para mí".

Javier García Chico estudió publicidad. Trabajó durante dos años en una productora de televisión en Barcelona, "donde no me iba mal". Pero entonces entendió que es un error apartar a un hombre de su verdadera vocación: la pértiga, en ese caso.

Así que volvió a entrenar y, aunque las nuevas generaciones no lo ubiquen, se trata de un mito: todos los medallistas olímpicos lo son. Y los que teníamos edad en el verano del 92 no podemos ni queremos olvidarlo. Aquel día Javier García Chico nos hizo muy felices y recordarlo hoy solo es un motivo más para entender que todo es posible. Hasta ser medallista olímpico en la ciudad en la que naciste.






 

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Historial Deportivo de Javier García Chico
Entrevista a Javier García Chico (Revista Atletismo Español - nº 443 - Diciembre 1992)
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