Real Federación Española de Atletismo





 martes, 09 de junio de 2020   NOTICIA WEB 122/2020
Cuarto capítulo de "100 años de curiosidades y anécdotas del atletismo español"

Por : Miguel Villaseñor


Hoy hablaremos de las pistas españolas más altas, del equipo español que fue y volvió y no compitió y del internacional español que no era español. Espero que os guste.

Las pistas españolas más altas
Un aspecto siempre destacado en nuestro deporte es la altitud a la que se encuentran las pistas de atletismo e incluso los estadísticos de atletismo, esos raros especímenes, colocan una "A" (de altitud o altura) junto a una marca. Se ha convenido arbitrariamente que dicha distinción aparezca en marcas logradas en pistas ubicadas a más de 1.000 metros de altura sobre el nivel del mar. Cuánto más alta está una pista más beneficio puede obtener un atleta por el enrarecimiento del aire y su menor densidad, lo que implica su menor resistencia a la penetración de un cuerpo en él.

En España hay cinco pistas de atletismo a las que hay que poner esa "A" de altitud, es decir, están a más de 1.000 metros de altitud. Son muchas, pues en la mayoría de los países, dadas sus características geográficas, no hay ninguna. La pista del Centro de Alto Rendimiento de Sierra Nevada, en la provincia de Granada, se encuentra situada a 2.330 metros de altitud. Ojo que esta cifra y las que desgranemos a continuación es la altura exacta a la que se encuentra la pista, no la del centro de la ciudad o población que la alberga. El CAR de Sierra Nevada es una de las pistas a mayor altitud del mundo, y es la más alta de Europa. Sólo otra en nuestro continente se encuentra a más de 2.000 metros, la de Sestriere, en los Alpes italianos, que está a 2.059 metros.

Las otras cuatro pistas españolas por encima de 1.000 metros están en Castilla y León, algo lógico considerando que es la comunidad autónoma de mayor altitud media. Las cuatro sobrepasan por poco esos 1.000 metros. La ciudad de Ávila posee dos pistas con esa condición: la de la Escuela Nacional de la Policía está a 1.188 metros de altitud y la del Polideportivo Municipal a 1.072 metros. Por último, en Segovia la pista Antonio Prieto está a 1.052 metros y en Soria el estadio de los Pajaritos se sitúa a 1.044 metros.

Citemos algunas pistas españolas a más a más de 800 metros de altitud. La de La Robla (León) se sitúa a 953 metros, la de Las Viñas en Teruel está a 929 metros, la Luis Ocaña de Cuenca a 907, la de Collado-Villalba (Madrid) a 884, la de Purificación Santamarta en Burgos se sitúa a 866, el CEARD de León a 837, la de Colmenar Viejo (Madrid) a 837, el estadio Hispánico de la capital leonesa a 816 y el Helmántico de Salamanca a 809 metros. Añadamos que la pista cubierta Carlos Gil de Salamanca, a 775 metros, es el anillo indoor más alto de Europa. Las instalaciones cubiertas del CAR de Sierra Nevada, anexas a la pista, son lógicamente las más altas de España. Otro día hablaremos de pistas "muy" al nivel del mar en España, incluso de una que estaba tan baja tan baja que desaparecía bajo las aguas cuando subía la marea, eso ya formará parte de otra historia.

Viaje de ida y vuelta sin competir
En la noche del 20 al 21 de agosto de 1968 200.000 soldados y 2.000 carros de combate del ejército de países del Pacto de Varsovia invaden Checoslovaquia y ahogan ese periodo de reformas conocido como la "Primavera de Praga". La tensión internacional es máxima. En la tarde de aquel 21 de agosto un equipo español júnior de 14 atletas aterriza en Berlín, desplazándose seguidamente en autocar hasta Leipzig, ciudad de Alemania Oriental, al otro lado del Telón de Acero. En Leipzig, a sólo 100 km de la frontera checoslovaca, se va a disputar, del 23 al 25 de agosto, la tercera edición de los Juegos Europeos Júnior, precedente del Campeonato de Europa, para atletas de esta categoría, hasta 19 años en hombres y 18 en mujeres.

A mediodía del día 22 la inquietud se palpa en el hotel de Leipzig en el que se hospedan las delegaciones de los países que van a participar en el campeonato. El potente equipo francés ha recibido de París orden de regresar; la delegación se resiste en un principio, pero la orden es tajante. Otros equipos occidentales reciben las mismas órdenes, como Finlandia y Holanda. Algunas naciones no han llegado todavía a Leipzig y no llegarán a despegar de sus países, como Alemania Occidental, Gran Bretaña y Suiza, a algunos la orden de no viajar les ha llegado en el mismo aeropuerto de salida. Ese día 22 la delegación española, al frente de la cual está Emilio Tapia, con Julio Bravo de segundo de abordo, no logra comunicar con Madrid; por la noche por fin se reciben dos telegramas de la Real Federación Española de Atletismo y de la Delegación Nacional de Educación Física y Deportes ordenando el regreso. Sólo Bélgica y Grecia, de entre los países occidentales, permanecerían en Leipzig y competirían en el certamen. Declararon también 'forfait' (como se decía entonces), es decir, no compitieron tampoco la propia Checoslovaquia, Italia, Dinamarca, Noruega o Suecia.

Los organizadores quedan terriblemente disgustados, aunque correctos con las delegaciones que se vuelven a casa. El día 23 los españoles hacen las maletas y parten hacia nuestro país. De Leipzig a Berlín en autocar y de allí a Francfort, en Alemania Occidental. Se baraja durante algunos momentos la posibilidad de permanecer en Alemania y competir en Francfort o Colonia, pero se desiste, los jóvenes españoles están cansados, han sido muchos momentos de tensión. Los nuestros aterrizan en Barajas, tristes, resignados y cariacontecidos.

Catorce atletas, doce hombres y dos mujeres, componían aquel ilusionado equipo que nunca llegó a competir. Dos mujeres, ojo, las primeras españolas que lo iban a hacer en un campeonato internacional al aire libre: la gerundense Ana María Molina y la donostiarra Coro Fuentes. Y doce hombres: los vizcaínos Luis Javier Sarria (velocidad) y José María Ruiz de Gopegui (obstáculos), el cordobés Francisco García López (velocidad), los vigueses Rafael García Pérez (1.500 metros) y Francisco Suárez Canal (400 vallas), el leridano José Marsiñach (1.500), el palentino Felipe de los Bueys (3.000), el lucense Manuel Teijeiro (3.000), el pontevedrés Carlos Hevia (pértiga), el terrasense Luis Arnau (marcha), el asturiano José Ramón Menéndez (800) y el madrileño Antonio Burgos (800). Todos habían sido internacionales juniors aquel año, algunos llegarían a ser incluso a ser olímpicos pero otros jamás competirán en un campeonato internacional.

Aunque aquel día 22 de agosto toda la Europa atlética daba por hecho de que el campeonato sería suspendido el Comité Europeo de la IAAF (hoy European Athletics) siguió adelante con el certamen, con la satisfacción de la URSS, y los Juegos Europeos Júnior se disputaron; obviamente los países del Este arrasaron en el medallero. Nuestros juniors sí competirán 17 años más tarde en la República Democrática Alemana, en 1985. Allí dos atletas jovencísimas nos ofrecerán un espectáculo que forma ya parte de la historia del atletismo español, pero eso lo contaremos en otra ocasión, es ya otra historia.

El internacional español que no era español
Para competir con la camiseta española hay que tener la nacionalidad española. Y en el caso de atletas que hayan tenido previamente otra nacionalidad tienen que poseer el transfer de elegibilidad otorgado por la federación internacional. No pocas veces en las últimas décadas hemos estado atentos a la nacionalización de un atleta y a la fecha en la que puede competir por España. Pero hubo épocas en las que las cosas no eran así.

El bagaje internacional de España en 'matches' (así se decía entonces) contra otros países era escaso en aquel año de 1954. Pocos encuentros, la mayoría contra Portugal, jalonaban nuestra corta historia internacional como selección. Pero en la primavera de 1954 se disputa en Madrid, en la Ciudad Universitaria, un encuentro internacional sin precedentes por la valía del rival. Todo un España-Alemania, Alemania Occidental se entiende.

Después de solicitar la federación española encuentros con diversos países es sorprendentemente Alemania quien contesta de forma afirmativa, y además dando todas las facilidades posibles, lo cual agrada sobremanera a los federativos españoles. Además, el equipo germano no se anda con chiquitas y acude a Madrid con algunas ausencias pero con un equipo de enorme valía, con casi todas sus figuras de entonces. Lo que se venía anunciando como un "festival de exhibición con atletas españoles" se transforma en un encuentro formal, a dos atletas por prueba, con puntuación oficial.

El equipo español se compuso de la mejor manera posible. Andaba aquel año por Madrid un universitario saltador de altura (y de longitud y de triple) de 25 años llamado Benjamín Casado. Con ficha federativa por Castilla, había competido en competiciones universitarias defendiendo al Distrito Universitario de Madrid y se había proclamado campeón de España Universitario. Pero había una pega: no era español, era puertorriqueño. Pues no importa, se le "ficha" y se refuerza el equipo, que en altura nos falta un segundo hombre de valor. Esa debió ser la idea sencilla de aquel momento. A los alemanes, que nos iban a arrasar de cualquier manera, no les importó, quizá ni se dieron cuenta.

Ojo que Benjamín Casado no era un desconocido que había surgido de repente. Había sido olímpico en Londres 1948 bajo la bandera de su país, Puerto Rico; de hecho fue el primer atleta olímpico de aquella isla. Con una mejor marca de 1.969 en 1949 (el récord español era 1.91 en aquel entonces), una semana antes del España-Alemania el puertorriqueño había saltado 1.90 en Bélgica en un encuentro internacional universitario. En el 'match' Alemania hizo las delicias del público que llenó la Universitaria y nos ganó por 117 a 61, pero los nuestros, además de aprender mucho aquellos dos días, tuvieron un comportamiento muy digno, con dos triunfos, de Antonio Amorós en 10.000 y de José Fórmica en 400 metros vallas.

Nuestro protagonista, Benjamín Casado, fue tercero en un salto de altura de buen nivel, con 1.90, mismo registro que el español en la prueba, Salvador Morales, que fue cuarto. Con el rodillo costal o californiano como estilo, que hoy nos parece antiquísimo, ambos intentaron 1.93, que en el caso de Morales hubiese supuesto un nuevo récord de España. El madrileño Morales perdió ese día su oportunidad, jamás sería plusmarquista nacional. Casado, sin embargo, cometió la torpeza de gastar un intento, que fue válido, en una altura baja, saltando incluso con chándal, y al final este intento le relegó al tercer puesto en lugar de al segundo, ocupado por el alemán Baehr con la misma altura. El reglamento era entonces distinto al de ahora, se tenían en cuenta no sólo los nulos sino también los intentos válidos efectuados.

Y esta es la historia del internacional español que no era español. Por cierto que una característica de Benjamín Casado llamaba la atención en la España de 1954, y es que era de raza negra, algo insólito entonces en nuestras pistas; únicamente cuando nos visitaba el equipo de Portugal se podían ver en acción atletas de esa raza. Le daba un grado de exotismo muy llamativo entonces. Habremos de esperar 10 años para ver un español de raza negra en nuestras pistas, será un rápido velocista nacido en tierras vascas de origen ecuatoguineano. Pero eso será ya otra historia.

Enlaces relacionados:

Capítulo I
Capítulo II
Capítulo III
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Pista del CAR de Sierra Nevada
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Pista de la Escuela Nacional de la Policía de Ávila
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Pista Antonio Prieto de Segovia
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Coro Fuentes ganando el 800m en el campeonato de España de 1968
Coro Fuentes ganando el 800m en el campeonato de España de 1968

Ana María Molina
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Luis Sarría
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Benjamín Casado en 1950
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