Real Federación Española de Atletismo





 martes, 26 de mayo de 2020   ENTREVISTA WEB 47/2020
Eduard Bes y Carme Fuster: casados con el atletismo

Por : Sergio Hernández-Ranera


Este matrimonio catalán ejemplifica como nadie la, nunca mejor dicho, sana relación entre la práctica deportiva asidua y el bienestar personal. Amantes del deporte rey, su existencia se caracteriza por no concebir la vida sin el ejercicio físico. Su edad provecta solo es motivo para no perderse ni una competición máster, donde pasados cuarenta años acuden a ellas para disfrutar cada vez más del añadido social: la amistad y admiración mutua que se profesan muchos de sus participantes.

"En casa decía que me iba a una fiesta, pero en la bolsa me llevaba unas zapatillas"

Una maestra inquieta ...
La relación de los barceloneses Eduard Bes Jaquer (1940) y Carme Fuster Bassas (1937) con el deporte viene de lejos. Es una actitud que arranca en la juventud, cuando el deseo de ejercitarse era imparable aun cuando las circunstancias no fueran ni de lejos propicias. "Yo soy de la generación nacida en la Guerra Civil", cuenta Carme. "En mi época había pocas cosas para las mujeres en el deporte, no nos dejaban. Así que me camuflaba, en casa decía que me iba a una fiesta, pero en la bolsa me llevaba unas zapatillas", relata divertida esta antigua maestra, que explica que primeramente jugó al baloncesto con la Falange. "Cuando estudiaba tercer curso, te obligaban a pasar un mes en sus campamentos. Si te negabas, no aprobabas", recuerda. "Pero aquellas chicas de la Falange vieron que corría bien y me propusieron jugar al básquet con ellas. Luego no me gustó el ambiente y lo dejé".

... y un ingeniero veloz
Antes de convertirse en ingeniero agrícola y obtener un trabajo en el Ministerio de Agricultura debido al cual su familia residió en distintas ciudades de España e incluso en Argelia, Eduard Bes corría los 100 y 200 metros en la universidad. Luego, por motivos laborales, "hicimos un paréntesis hasta que cumplimos los cuarenta años y nos instalamos definitivamente en Reus". Los continuos traslados por toda la geografía hacían prácticamente imposible la práctica atlética de manera regular. "Yo dejé de trabajar precisamente por eso: cada año nos trasladábamos de sitio, no podía cambiar de colegio cada vez", explica Carme."Pero a principios de los años ochenta reiniciamos la actividad y nuestras hijas se unieron a nosotros, en el club de atletismo", añade Eduard. "Los cuatro fuimos metiéndonos en este mundo. Aparte de practicante, yo me saqué el título de entrenador".

Fijos en Reus
Una vez se establecen en esta ciudad tarraconense y Carme vuelve a desempeñarse como maestra, ya no se desvinculan del atletismo. "En el colegio donde yo trabajaba montamos un equipo. En Reus hacían olimpiadas escolares y acabamos ganándolo todo", resalta Carme, rememorando unos tiempos en que ella y su marido ejercían de entrenadores en el Club Natación Reus Ploms.

"Llegamos a tener 40 alumnos", señala Eduard, explicando que mientras ellos empezaban a integrarse en el grupo de veteranos, categoría que en aquel entonces "era a partir de los cuarenta años", sus hijas Carme y Mercé iban prosperando en categorías infantiles y juveniles. "Desde entonces no hemos parado".

Ambos cónyuges tienen claro que el fruto más positivo de ser asiduos deportistas es encontrarse en la actualidad en buenas condiciones físicas. "Eduard va a cumplir 80 y yo ya tengo 82, pero podemos hacer de todo", confiesa Carme.

"Me obligaban a correr los 1.000 m, pero a mí lo que me gustaba era la velocidad"

Sus pruebas favoritas
Carme Fuster corre pruebas de velocidad: 60, 100 y 200 metros. En los últimos Campeonatos de España en pista cubierta celebrados en marzo en la ciudad malagueña de Antequera, fue la participante de mayor edad. "Yo hago velocidad porque las pruebas de fondo las encontraba horribles", declara. En Antequera corrió los 60 metros en 15:55 segundos y lanzó el peso (2 kg) a 5,01 metros, lo que le valió ser la mejor en la franja de edad W80. Su marido Eduard acomete todo el rango del sprint liso, pues llega hasta los 400 metros. "En mi época de joven el entrenador era uno del Frente de Juventudes, me obligaba a correr los 1.000 m, pero me sentaba como un tiro. A mí lo que me gustaba era la velocidad", explica. Y este gusto lo refrendó en Antequera con un tercer puesto en los 60 metros (10:30 segundos) y en los 200 (34:83). También cuenta con una medalla internacional, la que consiguió en 2003 en los Europeos de Pista Cubierta de San Sebastián en los relevos 4x200 m en la categoría M60.

"Hace mucho que no vamos a pruebas internacionales", confiesa Eduard. "Nos limitamos a campeonatos en Cataluña y España, aparte de los mítines catalanes", añade, explicando que "a menos que haya un motivo de fuerza mayor", no suelen faltar a los Campeonatos de España, donde después de tantos años conocen a todo el mundo. "Nos encanta el atletismo, así que cuando los demás están compitiendo, también estamos pendientes", afirma. "Y cuando hay un Mundial o un Europeo por televisión, nos los tragamos enteritos".

Sin choque generacional
A veces los atletas máster pueden toparse con la incomprensión del entorno familiar a cuenta de su afición, pues el esfuerzo físico de los jubilados se observa con cierto recelo. Pero no es el caso del matrimonio Bes Fuster. Para empezar, sus hijas Carme y Mercé han sido sido atletas. Carme, además, fue una atleta destacada en categoría promesa y llegó a ser internacional. "Y nuestro hijo mayor, aunque no es deportista, está contentísimo de que hagamos cosas", cuenta Eduard. "Con las hijas ha habido ocasiones en que entrenábamos juntos", añade Carme.

"Hemos coincidido varias veces en un mismo campeonato de España máster, como en Águilas y Sevilla", explica Eduard. "En Reus también hemos entrenado juntos muchas veces. Incluso nos hemos picado haciendo series cortas", confiesa. "Y en Reus hicimos los cuatro un relevo juntos", añade Carme. Aquel relevo lo corrieron en 2007 en su club, el C. N. Reus Ploms, con motivo del septuagésimo aniversario de ella, que acometió el último relevo para recibir en la meta un ramo de flores de manos de uno de sus nietos.

Entrenamiento y confinamiento
Eduard y Carme cumplen estrictamente con las normas de aislamiento, pero no descuidan su preparación física. Viven en Castellvell del Camp, a pocos kilómetros de Reus, en una casa con jardín. "Tiene subidas y bajadas, así que correteamos", cuenta ella. "También tenemos una bicicleta estática. Yo hago entre 20 y 25 minutos diarios de bici, Eduard un poco más", explica, precisando que los estiramientos los realiza en el comedor, sobre una colchoneta. "Todos los días hacemos algo por la tarde", añade Eduard.

Antes de la cuarentena acudían cinco veces por semana al club de atletismo. "Series, rodajes, trabajo de fondo, de flexibilidad y de potencia", prosigue, "entre una hora y hora y cuarto", confesando acto seguido que, entre medias de los ejercicios, hacen vida social: "Charlamos con otros". De cara a una competición, suelen intensificar la carrera corta y los ejercicios de velocidad.

Durante unos años Eduard dirigió a un grupo de jóvenes en el club. "Unos cuarenta alumnos, procurábamos que hiciesen de todo, con 14 o 15 años creemos que es un tontería especializarlos", señala, precisando que por motivos laborales tuvo que dejarlo antes de la jubilación. "Como yo era maestra de colegio, allí el orden lo ponía yo", constata Carme, entre risas.

La opinión de sus médicos
España no termina de ser un país que se distinga por contemplar la práctica deportiva como una poderosa herramienta de medicina preventiva. Todavía permanece instalada cierta cultura de recetar pastillas antes que deporte. Y sus practicantes de mayor edad a menudo se encuentran en la tesitura de elegir entre consejos precautorios que limiten su actividad, o seguir realizando su afición favorita. "Nosotros", declara Eduard, "cada dos años pasamos una revisión médica deportiva, para tener la seguridad de que cumplimos con los cánones para seguir haciendo deporte. Hasta ahora siempre nos han dado el visto bueno". Carme añade que se someten a una revisión anual en su centro de salud. Y el resultado siempre es óptimo. "Cuando les contamos lo que hacemos cada día, los médicos nos confiesan que eso es precisamente lo que debería hacer la gente", asegura, admitiendo que también ha habido veces en que algún doctor "ha fruncido el ceño". "¡A su edad haciendo estas cosas!"

Pero ellos se defienden: "Como se puede comprender, hacemos los ejercicios cada vez más adaptados a nuestra edad. Yo soy también entrenador y tengo un cierto criterio", razona él. "El propio médico de medicina deportiva me dijo la última vez que bajara la intensidad de mis series, ¡que vas a cumplir 80!", relata divertido. "¡Yo, como no tengo su ritmo, no me lo dice el médico!", confiesa entre risas Carme, que a continuación afirma que ya tiene ganas de correr por la pista. "Normalmente doy tres o cuatro vueltas, luego estiro, y después series de 40, 60 y 100 m".

"Yo ahora peso lo mismo que cuando me casé"

Cuidando la dieta y las articulaciones
"No comemos nada entre horas", afirma Carme. El matrimonio consume mucha verdura y fruta, se mantienen más o menos en el mismo peso que cuando eran jóvenes. "Yo ahora peso lo mismo que cuando me casé", dice Eduard, quien suele tomar pasta como cena.

Con el paso de los años, el impacto que genera un deporte como el atletismo puede no ser asumible para las articulaciones, pero ellos saben minimizarlo. "No corremos sobre asfalto, sólo sobre tartán y hierba", explica Eduard. Su esposa padece artrosis en las articulaciones. "Cuando vamos a la podóloga, me dice: 'No entiendo cómo puedes correr'. Pero yo le digo que si no lo hiciera, seguro que no podría correr. Está claro", cuenta. En cualquier caso, Carme asegura que gracias al atletismo se halla en las mejores condiciones ("Lo tengo clarísimo"). "Me lo dicen las amigas: '¡Ay, yo quiero ser como tú!' ¡Pues ponte a hacer deporte!, les digo".

El aliciente de ir a los campeonatos
Aparte de competir y disfrutar viendo otras pruebas, la "vida social" inherente a las competiciones máster es otra de las razones de por qué no se pierden ni una. "Comemos y cenamos con los compañeros", dice Eduard. "Hace años nos contábamos qué hacían los hijos, ahora nos contamos qué hacen los nietos". Y añade que rara es la vez que no se "juntan" con Fernando Marquina y Aurora Pérez. "Tenemos la costumbre de ir a los campeonatos con una botella de vino de aquí, del Priorat. 'Fernando, te traemos el tributo'" (risas). Carme tira multitud de fotos, cuyas copias en papel gusta luego de enviar a sus compañeras. Eduard señala que su mejor recuerdo de estos eventos son las carreras de 400 metros. "En 100 y 200, sales y llegas disparado. Pero en el 400 hay que racionarse y en los últimos 50 incluso sientes los ánimos de la gente", explica. Por su parte, Carme recuerda que a las mujeres de su edad suelen juntarlas con otras categorías, pues hay pocas. "Y yo les digo: recordad, no hagáis una salida nula", concluye.

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Foto: Lucio José Martínez
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Foto: Lucio José Martínez
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