Real Federación Española de Atletismo





 martes, 12 de mayo de 2020   ENTREVISTA WEB 42/2020
Las siete vidas de Loles Vives

Por : Fernando Miñana


Loles Vives, hoy una ilustre atleta máster, fue una de esas niñas polvorilla que corren que se las pelan. En verano se juntaban sus hermanos con los primos y se pasaban el día echando carreras. La familia no tardó en darse cuenta de que aquella chiquilla era rápida como el demonio. Ella creció en Manresa, en la comarca del Bages, en el centro de Cataluña, junto a sus tres hermanos y sus padres. Él, abogado, y ella, descendiente de los creadores de los primeros grandes comercios que hubo en Barcelona, los Almacenes Jorba. Vivían en la misma calle y, a fuerza de verse, se enamoraron. Más o menos como les ocurriría a ella y a Martí Perarnau, el periodista y saltador de altura que compitió en los Juegos de Moscú. A él lo nombraron representante de los atletas y a ella de las mujeres. Cuando tenían que ir a las reuniones en Madrid, Martí, que no conducía, le pedía a Loles si podía ir en su coche. Y viaje va, viaje viene...

Loles es conocida en el atletismo fundamentalmente por dos hitos: ser la primera española en correr los 100 metros en menos de doce segundos y convertirse en una de las mejores atletas veteranas con títulos y récords mundiales. Y sí, Vives ha sido una atleta sobresaliente, pero sus 62 años le han dado para mucho más: trabajar como bióloga en Aigües de Manresa, destacar como periodista experta en atletismo y gimnasia, convertirse en la entrenadora personal de moda en Madrid, especializarse como dietista-nutricionista, y hasta para probarse como escritora con un libro, 'Pacta con el diablo' (Editorial Córner), donde da diez claves para llegar a los 60 como ella, en plenitud. "Al final he comprobado que lo que mejor se me da es el atletismo", resume humildemente esta mujer excepcionalmente polivalente.

La precariedad, a veces, juega a favor. Porque Loles, aquella niña de Manresa, lo que de verdad quería era ser gimnasta, pero no había escuela en el Bages y acabó cediendo ante la insistencia de un primo vallista para inclinarse hacia el atletismo. Con 11 años probó con una carrera y confirmó lo que todos sospechaban, que era rapidísima. "Después de eso, un día entraron en casa unas zapatillas de clavos y yo ya fui la niña más feliz del mundo".

Eran otros tiempos, los de las pistas de ceniza donde no había tantas chicas como ahora. Por eso y por su don para correr como una centella, con menos de 12 años ya había debutado con el Club Atlètic Manresa en una Liga de Clubes en la pista de rubkor del estadio de Montjuïc en la que hizo el 150 (22.2) y... la altura (1,15). Su entrenador era Joan Carreras y con 13 años la puso a correr los 100 metros. En su estreno hizo 13.1, el punto de partida sobre una distancia que llegó a correr en 11.81. Loles permaneció en Manresa hasta que se mudó a Barcelona para estudiar Ciencias Biológicas.

En la gran ciudad cayó en el grupo de entrenamiento de Hans Ruf, quien terminaría por encumbrarla como la atleta más rápida de España. Ya competía por el Club Natació Barcelona cuando el 15 de julio de 1979 acudió al estadio de Serrahima para disputar los Campeonatos de Cataluña frente a Olga Martorell, entonces plusmarquista nacional con 12.11 (1978). En las semifinales, a las 19.30 horas, ya le arrebató el récord al correr en 12.04 pero después de esa carrera, su padre, para que no se confiara ni se relajara, le soltó: "No te va a durar ni una hora: Olga te lo va a quitar en la final...".

La final fue a las 20.25 horas. Caía el sol pero todavía hacía algo de calor (27 grados) y la humedad era elevada (70%). En el estadio de Serrahima, construido de espaldas al mar, una leve brisa (viento de +0.7 m/s) soplaba hacia la meta, como de costumbre, y las gradas estaban atiborradas de un público expectante por el pulso entre las dos grandes velocistas del momento. Unas condiciones inmejorables que Loles Vives no desaprovechó. "La favorita era Olga Martorell, un fenómeno que ya había bajado de los 12 segundos manuales, pero le gané bien (su rival hizo 12.35)", rememora la atleta del CN Barcelona. "Luego anunciaron que yo había hecho 12.00, que era récord de España otra vez, vinieron los jueces y me regalaron la foto finish. Yo la vi y les dije: 'Pero si no llega, podríais haberme dado 11.99'. Los atletas nunca estamos satisfechos. Y eso que había batido el récord de España dos veces...". La octava en esa final de los 100 metros fue otra de esas niñas veloces en la que, en ese momento, nadie reparó. Tenía 14 años y se llamaba Teresa Rioné. Cinco años después, en los Juegos de Los Ángeles, se convertiría en la primera velocista española en superar una eliminatoria. Pero esa ya es otra historia.

El siguiente verano, Loles Vives acudió a las pistas del INEF para competir ante cuatro velocistas polacas que arrasaron en la prueba de los 100 metros. La catalana entró quinta pero logrando bajar, por primera vez para una española, de los doce segundos (11.96). La atleta manresana siguió compitiendo algunos años más -logró 11.81 en los 100, 24.74 en los 200, 7.78 en los 60 y 5,87 en longitud-, acabó la carrera y formalizó su relación con Perarnau, quien aquel día en Serrahima también compitió y saltó 2,11, comenzando a sentir que podría lograr la mínima para los Juegos de Moscú del año siguiente. Loles dio a luz en 1985 a un nuevo Martí Perarnau -hoy un reconocido músico acompañando a Zahara y con su propia banda, Mucho-, murió su padre, fumador empedernido, a los 65 años, y todo aquello la animó a dejar el atletismo pese a que solo tenía 28 años.

En realidad, pese a que se puso a llevar el control del agua en Manresa como bióloga, sería inexacto decir que dejó el atletismo del todo. Aún iba de vez en cuando con el niño a las pistas del Congost a hacer series. Lo dejaba un momento con alguien y se ponía a correr. Entonces el niño empezaba a llorar y no paraba hasta que regresaba su madre. "Volví a correr en 12 pelados, pero en ese momento empezaba a salir gente que corría mucho y yo vi que mi tren ya había pasado".

Pero la providencia la mantuvo cerca del atletismo. El especialista del 'Mundo Deportivo' se marchó y necesitaban a alguien que le sustituyera. "En una gala me lo propusieron, vi que me hacía feliz y lo acepté". Vives pilló una época dorada del periodismo. Cuando un diario tenía los recursos y la audacia de enviar a un redactor a cubrir los 'trials' de Estados Unidos -"estuve en Nueva Orleans y en Nueva York", recuerda-. Y, por descontado, a los Mundiales y los Juegos Olímpicos.

Eso colocó a la Loles periodista en el mítico Mundial de Tokio, en 1991, donde Mike Powell batió el récord del mundo de salto de longitud. La manresana, que había realizado algunos trabajos para la IAAF, había entrevistado tiempo atrás a Bob Beamon, así que se animó a llamarle por teléfono para ver qué le había parecido la proeza del estadounidense y su sorpresa fue que el hombre de los 8,90 se enteró de que había perdido el récord del mundo por aquella simpática periodista española.

A mediados de los 90, un día se puso a curiosear los rankings históricos del atletismo español. Quería comprobar dónde le había colocado el tiempo. Y entonces vio algo que le chocó: en aquella carrera de Serrahima, en los Campeonatos de Cataluña donde batió dos veces el récord de España, salía que había corrido en 11.99 en vez de los 12.00 que se anunciaron. Se quedó de piedra. "Me enteré de casualidad. Si no lo llego a mirar, igual no lo hubiera sabido nunca. No sé cuándo lo corrigieron ni por qué, pero sí que pensé que si en ese año, entre la carrera de Serrahima y la del INEF, alguien hubiera bajado de los 12 segundos, se hubiera llevado la gloria que me pertenecía a mí".

La vida siguió poniéndole delante de encrucijadas que le obligaban a desviarse del camino. Tuvieron que mudarse a Madrid cuando destinaron a Perarnau a la capital. Y en 1995 nació su hija Marta, quien ahora juega en el Betis después de años debatiéndose entre las valla altas y el fútbol. Loles siguió unos años trabajando de periodista en Madrid para el 'Periódico de Cataluña' y haciendo artículos puntuales para el 'Sport' y 'L'Equipe'.

Pero la pequeña Marta le obligó a cambiar el foco. "Nació con problemas y estuvo doce días ingresada. Sufría una deformación en los pies que la obligaba a tenerlos escayolados, así que dejé el periodismo y, a cambio, comencé a jugar al pádel con unos amigos. Estos empezaron a pedirme que los pusiera en forma y entonces se me ocurrió realizar entrenamientos a domicilio, que en esos momentos era algo muy novedoso, y creé Gym Home, que lo puse en marcha haciendo buzoneo en mi barrio, ahí en el parque Conde de Orgaz. Aquello se me acabó yendo de las manos y tuve que coger a más entrenadores para poder atender a todo el mundo. Haciendo eso, como iba entrenando de casa en casa, me fui poniendo muy en forma. Tenía 40 años y vi que estaba eso de los veteranos y me animé a volver a competir. Solo puse una condición: no más series de acabar con una pájara. Y, además, decidí centrarme en la longitud. Fui saltando cada vez más y de vez en cuando metía un 100. Y prácticamente ya no paré. Desde los 40 hasta los 62 de ahora".

Loles vuelve a hacer un resumen demasiado conciso de otro brillante segmento de su vida. Porque en ese momento se convirtió en una de las entrenadoras personales de moda en Madrid. La atleta y periodista le puso las pilas a gente como Juanma López Iturriaga o Agatha Ruiz de la Prada. O a Esperanza Aguirre. "Primero empecé con su padre, que estaba algo delicado. Luego seguí con un hijo, otra hermana y, al final, con ella. Era una 'curranta' y a las siete de la mañana ya estaba entrenando". Luego estudió nutrición y se lanzó con las dietas 'online'. "Después, a principios de los 2000, empecé a ir a las casas otra vez para ayudar a la gente que quería adelgazar".

Y siguió con las competiciones de veteranos. Vives llegó a ser campeona del mundo de salto de longitud W60 en Málaga 2018 y en los 60 en Torun 2019. En el esprint batió el récord del mundo en W55 en 60m (8.42 en 2013). Y fue premiada como mejor atleta española máster en 2007, 2012 y 2015. "La verdad es que entrené más que de joven. Yo no había hecho pesas en mi vida. Aunque me pasé. Llegué a entrenar demasiado y a partir de los 50 comenzaron a aparecer las lesiones. Son muchos años y las estructuras se van desgastando. Es muy bonito y me satisface mucho, pero es solo un tema de superación personal. Lo de las medallas y los récords hay que ponerlo donde hay que ponerlo, aunque es cierto que da mucha ilusión saber que eres la mejor del mundo de tu edad en algo. Ahora mismo me lo tomo ya como deporte salud, sin obsesionarme con marcas ni con títulos".

De la mano de su marido retomó el periodismo, se animó también a hablar de nutrición y salud en la Xarxa Ràdio y, al final, se atrevió con un libro, 'Pacta con el diablo', del que se han hecho dos ediciones y se han vendido más de tres mil ejemplares. "En la editorial estaba un excompañero del periódico, me llamó y me lo propuso, aunque me daba mucha pereza. Pero al cabo de un año insistió y entonces le dije que sí. Luego lo veía soso y volviendo de Múnich -allí Perarnau estuvo preparando 'Herr Pep', el libro sobre la etapa de Pep Guardiola en el Bayern- se me ocurrió lo de esa expresión de pactar con el diablo y eso me convenció".

Ahora, camino de los 63, que cumplirá al final de este verano que se adivina incierto, escribe de vez en cuando y sigue entrenando. Le han propuesto redactar otro libro, pero vuelve a darle pereza. O sea, que en uno o dos años tendremos la segunda obra literaria de Loles Vives, la mujer polímata.

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