Real Federación Española de Atletismo





 lunes, 11 de mayo de 2020   ENTREVISTA WEB 41/2020
Ramón Cid y el filósofo que lleva dentro

Por : Alfredo Varona


"Hace poco leí que uno se hace viejo cuando empieza a mirar hacia atrás en vez de hacia adelante", replica Ramón Cid cuando le recuerdo que ya tiene 65 años.

-¿Y usted? ¿Hacia donde mira usted? -le pregunto.

-Yo quiero seguir mirando hacia adelante, quiero seguir entrenando, quiero seguir diciendo 'hay que subir la rodilla y echar el pie atrás', quiero seguir participando de ese diálogo...

-¿La edad sólo es un número?

-Para el cerebro quizás sí, pero si le preguntas a la espalda o a las rodillas quizás te dirían otra cosa. Y, aunque es verdad que hay cosas que te recuerdan que el tiempo pasa, yo quiero seguir pensando que, al final, la edad sólo es un estado de ánimo.

Ramón Cid también tiene otra manera de explicar esos 65 años que le separan del niño que nació a 100 metros de la playa de Ondarreta, del chaval que se crió en el mismo colegio que los Gabilondo en San Sebastián (los Sagrados Corazones) o del triplista que fue a dos JJOO (Montreal 76 y Moscú 80).

-A mi edad soy sensible a no intentar desilusionar a nadie. No tengo ese derecho. No me puedo olvidar de que todo el mundo tiene derecho a equivocarse. Por eso ya nadie me oirá decir a nadie, 'eso no lo hagas' o 'eso va a fallar', porque el hecho de que te fallase a ti no quiere decir que vaya a fallar a los demás.

Ramón Cid también es ese hombre al que el mayor de sus tres hijos le dijo un día que le encantaba el boxeo: el boxeo olímpico. A él como padre no le hizo mucha gracia. Pero después descubrió que los prejuicios no llevan razón. Su hijo tiene hoy una escuela de boxeo y él como padre reconoce las virtudes del boxeo.

-Los padres también pueden equivocarse -explica hoy-. Si a veces te decepcionas a ti mismo ¿cómo no vas a decepcionar a los demás aunque sean tus hijos? No podemos vivir permanentemente en la necesidad de no decepcionar a los demás. Nadie tiene el derecho a ser perfecto. Nadie puede serlo.

-¿Alguna vez se creyó usted perfecto?

- Tenía que parecerlo. Tenía que parecer el mejor atleta. Tenía que parecer el mejor entrenador. Tenía que ser el que encontrase la frase más oportuna. Al principio pensaba así. Pero a medida que pasó el tiempo conocí a gente que me puso en mi sitio y que me hizo ver, ' Ramón, hay gente que sabe muchísimo más que tú a la que no llegas ni a la altura del tobillo'.

- ¿Y fue una desilusión?

-No porque me hizo alejarme de esa gente que sin serlo se cree demasiado buena en su trabajo. Yo nunca tuve complejos como atleta ni como entrenador. Pero nunca me creí lo que no era.

-¿Qué le queda por hacer a los 65 años?

-Me gustaría conocer más el cine, me gustaría leer más pues estos años lo he descuidado mucho o, simplemente, me gustaría aprender a no hacer nada: veo mi vida y me doy cuenta de que, al final, he sido un vago que ha trabajado mucho.

-¿Y por qué?

-Porque a uno le cuesta parar. No queremos perder el hábito de hacer cosas. Nos cuesta pararnos a pensar y en un mundo como éste, que va tan rápido, la inmediatez te mata.

-Ahora dice usted que ha vuelto a ser un entrenador de pueblo.

-Nunca he dejado de serlo. Siempre he tenido un buen grupo, un grupo digno de una ciudad como San Sebastián. Quizás es verdad que hasta ahora lo dirigía de un modo un poco telemático. Pero desde que dejé de ser director técnico de la Federación, desde que he dejado de viajar tanto, ya es diferente. Ahora, como digo yo, estoy ocupado pero no agobiado.

Quizás entonces no hay una imagen que lo represente mejor cada día en San Sebastián en la que Ramón Cid se desplaza por la ciudad en su bicicleta de paseo. "Incluso en los días de lluvia", recuerda él.

-De ahí que me haya costado aún más el confinamiento -añade-, porque echaba de menos tanto ese aire en la cara y ya ve: me ha pillado usted con este aire tan filosófico. No sé si me estoy pasando. Pero tengo por costumbre darle muchas vueltas a la cabeza y es y ha sido tanto tiempo en casa....

-¿Qué queda del atleta que fue?

-Con 20 o 25 kilos más, no sé cómo contestar a esta pregunta. Quizás ha sido vagancia por mi parte. Me he abandonado mucho. Hay momentos en los que preferimos las excusas a las motivaciones. Pero también digo que uno nunca se quita la camiseta del todo y que cada vez que ves a un atleta ponerse la camiseta de competición tú estás un poco dentro de ella.

- ¿Volverá usted a ponerse un dorsal?

-Respeto al atletismo veterano. Hay gente que lo hace muy bien. Pero en mi caso yo siempre pongo el ejemplo de alguien que ha tocado muy bien el piano y que un dia sufre una artrosis en una mano y que vuelve a tocar y a desafinar. No merece la pena. Hay que saber admitir que todo pasa en la vida: lo bueno y lo malo.

- ¿Cuál fue su último dorsal?

-Me parece que fue en 1986, me hice daño en un menisco, vi que no podía ganar y que ya nada iba a ser como antes.

-Y no lo fue.

- Empezó a dejar de serlo cuando estaba preparando los JJOO de Los Ángeles 84. Tenía una motivación especial. Iban a ser mis terceros Juegos. Pero me lesioné en un tendón. Y cuando trataba de ilusionarme vi que volvía a dolerme.

-¿Qué le faltó en su currículum?

-En todos los atletas siempre hay una distancia entre lo que hicimos y lo que pensamos que podíamos haber hecho. Pero yo estoy orgulloso de lo que hice.

Ramón Cid recuerda entonces aquel Campeonato de Europa junior de 1973 en el que fue subcampeón "en una época en la que en España no estaba acostumbrada a ganar medallas". Recuerda que aquello le colocó "en primera línea".

- Después, vinieron los Juegos Olímpicos en los que participé que, de alguna manera, te dan una aristocracia deportiva. Luego, siempre pensé que podía haber quedado sexto o séptimo en unos Juegos...

-Pero no se puede lograr todo.

-No, claro que no. Eso es lo que aprendí de mi época. Por eso tienes que valorar esos momentos que te hacen tanta ilusión porque parecen tan difíciles. Yo, por ejemplo, siempre recordaré aquel récord de España que hice en octubre tras una lesión, ¿quién me lo iba a decir?

-¿Qué les dice usted ahora a Teresa Errandonea, a Patricia Ortega, a la misma María Vicente...?

-Que, además de la parte científica, que hay en todo proceso, esto es un juego: un juego que puede ser muy bonito en el que yo no quiero el más mínimo protagonismo: las protagonistas son ellas: ellas y ellos.

-¿Y?

-Yo me conformo con salir a andar unos kilómetros y que no me duela la espalda, las rodillas... Pero eso cada vez es más difícil.

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Historial Deportivo de Ramón Cid
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