Real Federación Española de Atletismo





 viernes, 24 de abril de 2020   ENTREVISTA WEB 35/2020
El antiego de Ruth Beitia

Por : Fernando Miñana


La cántabra apenas guarda recuerdos de un par de hitos de su carrera: la primera vez que saltó dos metros y el día que logró 2,02, el vigente récord de España de salto de altura.

Si existiera un Trivial sobre Ruth Beitia, y por trayectoria y longevidad sería factible, Ruth Beitia no sería la mejor. Ahí va una prueba.

-Ruth, ¿recuerdas cuándo saltaste dos metros por primera vez?

-¡Uf! Fue en Avilés. Pero no sé cuándo. Diría que un mes de junio de 2005.

Vayamos al siguiente concursante, la segunda mitad de los éxitos de la saltadora cántabra, Ramón Torralbo, su entrenador.

-Ramón, ¿recuerdas si estuviste presente cuando Ruth saltó dos metros por primera vez y el día que estableció el actual récord de España de salto de altura (2,02)?

-Pues no lo sé. En Avilés diría que no y en San Sebastián diría que sí, pero no con certeza.

Su memoria es probable que no sea la más asombrosa, pero su ego, el de ambos, el de la mejor atleta española de la historia y el de su preparador, está en proporción. No son personas de acaparar recuerdos de sus éxitos sobresalientes, ni de repasar sus proezas una y otra vez. Solo están satisfechos por sus logros y siguen sus vidas sin más.

Hay mil formas de abordar la poliédrica carrera de Ruth Beitia (Santander, 1979). Pues es la única mujer campeona olímpica en los cien años de la RFEA, ha ganado dieciséis medallas en los principales campeonatos internacionales, suma 29 títulos nacionales absolutos (13 al aire libre y 16 en pista cubierta) y ha batido varias veces el récord de España de salto de altura.

Así que desbrozamos su legado para abordar únicamente dos de sus hitos: la mañana en que se convirtió en la primera española en saltar dos metros, una de las últimas fronteras que le quedaba por cruzar al atletismo español, y la tarde que firmó un récord de España, tras superar el listón sobre 2,02, que se adivina muy duradero y que hasta es posible que no haya nacido aún la persona que lo batirá. Se ha escrito mucho sobre la importancia del descanso en un deportista de élite, pero Ruth Beitia parece convertir en mito este axioma. La entonces atleta del Valencia Terra i Mar superó los dos metros una soleada mañana de verano. La del 26 de julio de 2003, pues no fue ni un mes de junio ni en 2005, como ella suponía. La víspera, el equipo cántabro que acudía a disputar el XXVI Campeonato de España de Federaciones Autonómicas se alojó en un modesto hostal a las afueras de Avilés, en Asturias. Ruth, como era habitual, compartía una habitación doble con su hermana Inma, una saltadora de triple que llegó a ser medallista en los Campeonatos de España, donde las camas no estaban pensadas para una mujer de 1,92. "Dormí toda la noche con los pies colgando", rememora la santanderina a sus 41 años recién cumplidos.

A la mañana siguiente, ese sábado soleado, aquella joven de 23 años madrugó, desayunó en un bufet que no pasará a la historia de los bufets y salió del hostal con su mochila sin imaginar que se dirigía al complejo deportivo El Quirinal a realizar uno de los mejores concursos de su vida. Porque aquella competición de la segunda categoría del torneo entre federaciones autonómicas es recordado porque Beitia saltó los dos metros, pero, en realidad, la proeza fue aún mayor porque la alumna de Ramón Torralbo llegaba con una marca personal de 1,96, un récord nacional que compartía con la navarra Marta Mendía, que lo batió al segundo intento sobre 1,97.

No perdió la concentración y siguió a lo suyo. Ella quería subir el listón dos centímetros más (1,99) pero cuando fue a la grada a abrazarse con su madre, Aurora Vila le dijo que se fuera a por los dos metros. "Pero creo que, en realidad, lo hizo por petición popular de la gente que le rodeaba", revela. Y de nuevo pasó limpia por encima del listón. Al segundo intento, en el octavo salto que hacía esa mañana (antes había superado a la primera 1,75, 1,80, 1,90 y 1,95, y 1,97 a la segunda). Un concurso partido en dos: Ruth Beitia y las demás. Porque cuando la cántabra empezó a competir en 1,75, todas sus rivales ya habían caído -la segunda clasificada, Sandra Yow, se quedó en 1,68, a 32 centímetros de la vencedora-. Beitia se impulsó hacia otra dimensión. Había pasado de 1,96 de plusmarca a otra cuatro centímetros por encima. Y se veía capaz de todo, pues aún hizo tres saltos nulos sobre 2,02.

Y nunca más se volvió a ver aquel salto. No había cámaras y solo ha quedado como recuerdo la secuencia fotográfica gracias, según recuerda la atleta, al delegado de Baleares. "Y luego supe que en Tenerife, donde se estaba celebrando la primera categoría del Federaciones, se anunció el récord y el público lo festejó".

El 'antiego' de Ruth Beitia le impulsa a rebajar la épica de aquel momento histórico. "En aquella época saltabas dos metros y eras del montón", apunta. Y por la tarde, con la intención de ayudar a la selección de Cantabria, aún le quedaron fuerzas para disputar el 200. Lo que no recuerda es si las sensaciones en los entrenamientos de aquel año, en 2003, le permitían imaginar algo así. "Ni idea. De hecho miro las fotos y me veo, ojo, deportivamente hablando, 'gorda'. Estaba fondona". Lo que no ha olvidado es que ingresar en ese 'club de saltadoras de dos metros' multiplicó el peso de su mochila. "Yo solía pasar a las finales sin mucha presión y de repente me creé una responsabilidad que no me correspondía. Al año siguiente, por eso, empecé a trabajar con Toñi Martos, mi psicóloga".

En Avilés no pudo con el 2,02, una altura que tuvo que esperar cuatro años, hasta el 4 de agosto de 2007, cuando lo logró en San Sebastián durante los Campeonatos de España. Un salto, el actual récord nacional, que sí ha podido volver a ver. "Me hace mucha gracia cómo lo narran y la explosión de júbilo de Esteban Gómez (el locutor de TVE). También me encanta cuando veo en el vídeo cómo me abrazo con una gran compañera como Gema Martín Pozuelo. Y también me gusta que fuera en Anoeta porque ya no existe el estadio pero siempre perdurará gracias a aquel recuerdo".

Ruth también contradijo todas las teorías del sueño aquella vez. El Valencia Terra i Mar, su club, se había alojado en un hotel en la playa de Ondarreta. Los atletas llegaban el viernes, dormían esa noche y la del sábado y el domingo tenían que dejar las habitaciones. Pero siempre se reservaba alguna para que el fisio pudiera trabajar y para aquellos que no podían regresar hasta el lunes. El domingo, después de comer, Ruth le pidió a la marchadora Bea Pascual si podía pasar a su habitación. Allí se tiró en el suelo y se echó a dormir la siesta. "Luego me desperté con la sensación de que podía ser un gran día".

Y lo fue. Si Ruth necesitó en Avilés ocho saltos para superar los dos metros, en San Sebastián le bastaron cuatro para saltar 2,02. (superó a la primera 1,84, 1,90, 1,95 y 2,02). Y ya con el estadio entregado, la noche caída, se fue, sin éxito, a por los 2,04. "¡Qué osada fui!", añade. Después de la celebración -"en la grada había mucha gente que quería", recuerda-, aún quedaba mucho por hacer: la foto junto al marcador, las felicitaciones, las entrevistas y el ineludible control antidopaje. Ruth ingirió una gran cantidad de líquido y de regreso a Santander, en el coche con sus padres, tuvieron que hacer varias paradas...

No puede aportar muchos más detalles de aquella tarde-noche. Pero uno, quizá el único denominador común con Avilés, fue que Aurora estaba en la grada. "Tuve la suerte de que en ambas ocasiones tuve cerca a la persona que es mi referente en la vida, mi madre", explica antes de recordar que a sus padres solo les permitía ir a verla si competía cerca y que tenían cariñosa y terminantemente prohibido ir a verla a una gran competición (la única excepción fue el Europeo de Barcelona 2010). "Aquella decisión la tomé porque yo iba a trabajar y no quería tener que estar pendiente de ellos. Eso me consumía muchos nervios. Ellos se lo tomaron bien; siempre entendieron que aquello era un trabajo".

Enlaces relacionados:

Historial Deportivo de Ruth Beitia
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