Real Federación Española de Atletismo





 martes, 14 de abril de 2020   ENTREVISTA WEB 32/2020
Los 60 años de Antonio Corgos

Por : Alfredo Varona


Con 20 años, Antonio Corgos saltó 8,23 metros. Duró otras quince temporadas más en la élite. Pero nunca más volvió a saltar tanto. Hoy, a los 60 años, desde su domicilio en el barrio de Gracia en Barcelona, se sigue preguntando: ¿Por qué?

Pero nadie puede contestar a esa pregunta.

-Nunca hice el salto que tenía que haber hecho -razona él.

-Entonces soy yo el que le pregunto a usted: ¿por qué?

-Mi vida fue frágil: casi siempre tuve que negociar con alguna molestia. Por eso no competí tanto y cuando vi que podía llegar ese salto, entre los 26 y los 28 años, en el mejor momento de mi vida, no se dio el día. A veces porque llovió. Otras porque hizo frío. Pero la realidad es que nunca se dio el día.

-¿Era imposible saltar 8,40 en un entrenamiento?

-Sí, totalmente. Ni yo ni nadie. Pero es que si haces mejores marcas en un entreno que en competición es que algo falla.

-Y no fue su caso.

-No, no, para nada: yo lo máximo que llegué a saltar en los ocho intentos, que podía hacer en un entrenamiento, fueron siete noventa y tantos, no tiene nada que ver con la competición, son mundos incomparables.

Fue Antonio Corgos un genuino representante del atletismo español en los años 80. Un joven que vivía en Barcelona, en casa de sus padres; un joven que si en aquella época quería darse un masaje tenía que "viajar a Madrid" y aun así llegó a los JJOO de Moscú 80, los primeros JJOO de su vida, y se sorprendió a sí mismo:

-Me di cuenta de que no era tan difícil ser finalista.

Y lo fue.

Y se convenció entonces de que era un futuro medallista olímpico. Pero cuando uno ve el podio de los JJOO de Seúl en el 88 con Carl Lewis, Mike Powell y Larry Miricks se explica por qué no lo fue. Nos queda agradecerle entonces que siempre estuviese ahí, porque él nunca fue con miedo a las grandes competiciones. "Siempre tenía la idea en la cabeza de que lo iba a hacer bien".

Quizá por eso nos queda un recuerdo mayúsculo de Antonio Corgos, un alumno aventajado de la duda que hoy, como entrenador en el CAR de San Cugat y Director Técnico en el Club Muntanyenc, sabe que, una de las mejores cosas que puede hacer por sus atletas, es quitarles frustraciones a sus atletas.

-Lucho mucho con el 'no he hecho marca' porque la marca personal es una cosa exclusiva que sólo ocurre una vez en la vida. Yo mismo estuve quince años sin hacer marca personal buscando que se repitiese ese día de cuando tenía 20 años y no se repitió. ¿Que ibas a hacer? ¿Te ibas a enfadar? No, porque enfadándose no se arregla el problema.

-¿A los 25 años me hubiese contestado igual?

-A los 25 creo que le hubiese dicho: cada año que pasa va a ser mejor que el anterior, porque yo siempre tenía esa convicción, casi esa seguridad, y me gustaba vivir con ella. Eso me convirtió en un atleta muy realista que sabía lo que podía o no podía hacer.

Y fue un subcampeón de Europa Antonio Corgos. Y fue un atleta que en aquellos míticos rankings de los 80, que organizaba la revista 'Track Field News', siempre estaba ahí; un atleta al que enfocaba la televisión en sus seis saltos; un atleta que llegó a ser contraportada en un periódico como 'La Vanguardia' y un hombre que el día, que se retiró en 1995, se dio cuenta de que tenía el piso pagado. "El atletismo me había dado para comprarme un piso".

Por eso su recuerdo impone tan buenas sensaciones. Nos traslada a un atleta que siempre tuvo buena cabeza y que hoy es un hombre de 60 años que, en el Estado de Alarma, se niega a participar del postureo de las redes sociales y que les dice a sus atletas:

-Si estás mal estás mal, no pasa nada. Date esa oportunidad ahora de estar mal. Luego, ya lo cogerás con más ganas.

-Usted ha vivido mucho -le digo.

- Pero, sobre todo, de la vida he aprendido a conocerme. Creo que ése es el mejor éxito que podemos lograr, el de conocernos, el de saber interpretarnos a nosotros mismos y creo que eso yo lo conseguí siendo atleta.

Y entonces regresa a ese joven, que fue Antonio Corgos y que entrenaba en la antigua pista de la Ciudad Universitaria de Barcelona.

Su entrenador era Roberto Cabrejas que ese día podía decirle:

-Hoy vamos a llegar hasta aquí.

Pero si ese día Corgos veía que no iba a poder le miraba a los ojos. Y se lo decía a la cara:

-Me parece que hoy va a ser un poquito menos.

Y pudo ser eso lo que le permitió durar hasta los 35 años en la élite. Y perseguir hasta el último día ese salto de 8,40 metros que nunca llegó. Y soñar en tres JJOO con esa medalla que hubiese sido la recompensa perfecta.

Aun así, cuando se retiró del salto de longitud, Antonio Corgos dejó el récord de España: 8,23 metros.

Un récord que, una vez retirado, sintió que tenía los días contados en el CAR de Sant Cugat la primera vez en su vida que vio entrenar a Yago Lamela.

-Recuerdo que estaba al lado de Ramón Cid, que fue él quien me llamó para ir a verle y, cuando vi a Yago, se lo dije: 'ese chaval me va a quitar el récord de España', porque era lo que me transmitía: veía en él un bicho raro, un tipo de una capacidad portentosa. Creo que era diferente a todo lo que hasta entonces había visto tan de cerca.

Y fue verdad.

Uno año despues, Yago Lamela le quitaba el récord con aquel salto de 8,56 en Japón que Antonio Corgos tuvo claro que él nunca podía haberlo hecho.

Pero eso es la vida. La vida, como los récords, siempre están en movimiento y su récord tampoco podía ser eterno. Pero en el viaje duró 19 años en los que a Antonio Corgos le cogimos verdadero cariño: un tipo muy responsable que se pasó toda la vida buscando el salto perfecto. El hecho de que nunca llegase no significó ninguna frustración porque "la frustración es otra cosa: la frustración hubiera sido no saber vencer mis fragilidades. Pero yo creo que sí supe hacerlo".

El resultado es el entrenador de hoy: el hombre que sujeta a sus dolores y que imparte magisterio sin ninguna prisa por llegar a la edad de jubilación.

"Hay días en los que el frío me molesta o me cuesta estar tantas horas de pie, pero entonces se pasa el dolor porque me recuerdo a mí mismo: 'Antonio, estás haciendo lo que más te gusta en la vida'".

Y ése es el hombre con el que hablé hoy. Su biografía es una fortaleza: un reflejo del pasado y del presente que nos invita a recordar y a seguir intentándolo. En ese mundo, la voz de la experiencia siempre es bienvenida ya sólo para recordar lo que Antonio Corgos recuerda a su gente tantos días en el CAR de Sant Cugat:

-Necesitamos vivir con objetivos.

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Historial Deportivo de Antonio Corgos
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