Real Federación Española de Atletismo





 sábado, 28 de marzo de 2020   ENTREVISTA WEB 27/2020
Areta, Bob Beamon y Ralph Boston

Por : Alfredo Varona


-Ése, que ves ahí, va a saltar más de 9 metros.

Y ése era Bob Beamon, que en aquellos JJOO de México 68 era casi un desconocido. Un atleta de 22 años del que sólo se sabía que tenía buenas cualidades. Pero cuando Luis Felipe Areta escuchó a una leyenda como Ralph Boston decirle lo que le dijo, hablar con esa generosidad de ese muchacho, Luis Felipe Areta se quedó de piedra.

- Ése que ves ahí va a saltar más de 9 metros.

Ralph Boston se lo dijo en una época en la que el récord del mundo estaba a duras penas en 8,35. Pero Ralph Boston era una autoridad mundial en aquella época. Es más, Ralph Boston era el hombre que había batido el récord mundial de Jesse Owens. Ralph Boston era el atleta que había sido oro olímpico en Roma 60 y plata en Tokio 64. Y Ralph Boston también era el hombre que había impresionado a Luis Felipe Areta cuando le vio por primera vez en los JJOO de Roma 60, cuando compartió con él y con Irvin Roberson lugar de entrenamiento en los días previos.

-Yo era un pardillo de 18 años

Porque entonces Areta tenía 18 años. Fue a esos JJOO de Roma con 18 años y allí compitió en triple salto (14,93) y no pasó el corte en longitud (7,04). Pero jamás olvidará la impresión que le causó Ralph Boston, verse junto a él, verse junto a ellos, descubrir en su propia carne que los sueños se hacen realidad.

60 años después, Luis Felipe Areta lo recuerda con un cariño inmenso. 60 años después, Luis Felipe Areta es un hombre que hoy mismo cumple 78 y que camina por la vida acompañado por una muleta. Desde que le pusieron una prótesis de cadera su cuerpo ya no volvió a ser el mismo. Pero en el viaje nunca perdió lo más importante: la alegría de vivir.

-Agradezco todo lo que me ha pasado en la vida: el pasado, el presente y el futuro -dice hoy.

Y, al escucharle, uno se da cuenta de que para resumir a un hombre así necesitaría un libro. Un libro en el que empezaría recordando que, antes de atleta, Areta fue futbolista en la playa de La Concha y ala pivot en baloncesto. Pero a los 16 años vino a Madrid, a ese Madrid en el que hoy se pierde por la T-4 y que entonces le parecía "una ciudad deliciosa"; a ese Madrid en el que iba a comprarse su primer coche, un Seat 850, en el 67 y, en definitiva, a ese Madrid al que vino a clasificarse para los JJOO de Roma 60.

Y se clasificó.

Y en Roma compartió habitación en la villa olimpica con Miguel de la Quadra Salcedo y con José Luis Albarran. Pero, sobre todo, allí Luis Felipe Areta se sintió como uno de los protagonistas de la película 'Cita con Melbourne', que retrataba los JJOO del 56 y que él había visto, a los 16 años, en un cine de San Sebastián. Y entonces no se le ocurrió imaginar que algún dia pudiese ser él: el menor de cuatro hermanos.

Pero en su primer año en Madrid batió el récord de España absoluto de triple salto que tenía Óscar Simón. Y, sobre todo, inició una maravillosa carrera que culminó en 1972 tras un accidente en el que se cortó el tendón tibial. La espalda también le molestaba demasiado y entonces entendió que no pasaba nada, que todo tiene un fin, que la vida no se acababa ahí.

Desde entonces, han pasado 48 años. Se dice pronto. Es más, lo dice él mismo al que juzgo como un hombre amabilisimo. Un sacerdote que descubrió su vocación después de estudiar la carrera de Filosofía y la de periodismo. Así que, como él me dice hoy, "somos colegas" y es un honor, sí, claro.

La diferencia es que Luis Felipe Areta acudió a tres JJOO y en uno de ellos, Tokio 64, llegó a ser sexto. La diferencia es que hoy Luis Felipe Areta es un mito viviente que, a su edad, aún mantiene "un espíritu deportivo", que quizás fue lo mas importante que aprendió del atletismo.

-El atletismo me enseñó a mantener una lucha alegre con la vida, a perseversr, a superar las dificultades -explica hoy-, porque todos tenemos siempre alguna dificultad. En cualquier momento encontramos algo que nos inquieta, porque debe ser así. De lo contrario, esto de vivir no tendría gracia.

Incluso, en una época tan difícil como ésta en la que el coronavirus nos tiene a todos metidos en casa. "Cuando te sobra tiempo también debes aprender a no perder el tiempo. Pero mañana puede ser diferente. Siempre hay que pensar que todo tiene solución. Desde que tenemos uso de razón aprendemos a buscsr soluciones", señala hoy desde Iza, ese pueblo a las afueras de Pamplona en el que vive Luis Felipe Areta.

Y, además, allí vive todo junto: el atleta que fue, el sacerdote del Opus Dei que es y hasta el hombre que pelea frente a sus limitaciones físicas porque cada mañana hace "bicicleta estática y una tabla de gimnasio". Y ése es el mismo hombre que se ha encariñado con su muleta como le dijo hace año y medio a Ralph Boston en una inesperada conversación de teléfono.

-Oye, ¿sabes que ahora voy con una muleta?

Y, sí, la conversación sucedió hace año y medio en el Festival de Cine de San Sebastián. Allí estaba Bob Beamon, y también estaba Areta. Y Areta se acercó a Beamon, y le contó aquella profecía que le hizo Ralph Boston en los JJOO de Mejico 68.

- Ése, que ves ahí, va a saltar 9 metros.

La diferencia es que esta vez en San Sebastián Bob Beamon no saltó 8.90, sino que sacó el teléfono del bolsillo y marcó el número de un hombre que vive en Estados Unidos y que hoy ya tiene 80 años: Ralph Boston.

Y entonces le pasó el teléfono a Areta, a Luis Felipe Areta. Y la emoción se hizo cargo de ellos. Y entre los dos no sólo volvieron a sonreír a la vida. También volvieron a preguntarse cómo es posible que la vida haya pasado tan rápido. Pero ésa es la magia de hacerse mayor o de encuadernar tu vida en una enciclopedia, cuyo primer capítulo esta vez arrancaría en un escenario que idolatramos: los JJOO de Roma 60.

Luis Felipe Areta tenía entonces 18 años.



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