Real Federación Española de Atletismo





 martes, 25 de febrero de 2020   ENTREVISTA WEB 18/2020
Marta Galimany, del delta del Ebro al río Guadalquivir

Por : Miguel Calvo


Dentro del maratón femenino, a principios de los años ochenta prácticamente no había nada. Hasta ese momento las mujeres habían tenido prohibido correr largas distancias. Hasta el Campeonato de Europa de Atenas 1982 no había habido una gran competición internacional donde las mujeres participaran en maratón. Y hasta Los Ángeles 1984 no hubo mujeres en el maratón olímpico. Muy lejos de todo ello, con la locura que siempre define a los verdaderos pioneros, Charo Pérez comenzó a correr en Sevilla como un estilo de vida, corriendo cada día mientras iba y venía al hospital en el que trabajaba: auténtico espíritu de maratón de popular. Siempre a contra corriente. Siempre sin reloj, tan solo preguntando la hora de vez en cuando a la gente con la que se cruzaba por el camino y que la miraban extrañados. Hasta que sin saber nada de tiradas largas, series o cualquier concepto de entrenamiento, se presentó en el primer maratón de Sevilla que se celebró en 1985 y llegó a meta como la primera sevillana clasificada.

Hoy, a punto de cumplir los 70 años, Charo sigue siendo un ejemplo de vida. Sigue practicando deporte cada día. Y, como si fuera la respuesta a todas las preguntas sobre el verdadero significado del maratón en Sevilla, revela los secretos de una maravillosa ciudad que respira apegada al río por donde un día zarparon todos los grandes descubridores: "Sevilla es una ciudad fantástica para los corredores, con una cantidad enorme de parques y con el lujo de estar situada junto al río Guadalquivir, que transmite una enorme sensación de paz y de libertad. Cuando pasas por el Alamillo sientes que sales de la ciudad y estás en plena naturaleza".

Licenciada en Ciencias Ambientales, la maratoniana Marta Galimany (Valls, 5 de octubre de 1985) no puede entender su vida sin ese mismo amor por la naturaleza. Pero en esta ocasión, mientras corrió el pasado domingo el maratón de Sevilla en busca del sueño olímpico de Tokio 2020, ni siquiera tuvo tiempo para la belleza.

Tan solo la mirada fija en el asfalto, lejos de los puentes, de los principales monumentos sevillanos o de la vera del río. Tan solo toda la concentración puesta en la zancada de Pablo Villalobos, su liebre en sustitución del lesionado Roger Roca, y en el ritmo de 2 horas y 29 minutos que parecía haberse convertido en un mantra. Hasta llegar como campeona de España (2h29:02) y con el billete directo para los Juegos Olímpicos a la fantástica meta sevillana que ha recuperado la plaza de España como el eje central sobre el que se diseñó la carrera por primera vez en 1985 y que ahora acoge a todos los corredores en el histórico lugar donde descansan los pabellones de la Exposición Iberoamericana de 1929, clara referencia a las raíces de una ciudad que siempre ha vivido de cara al otro lado del océano Atlántico.

"Había llegado a Sevilla después de la mejor preparación de mi vida y, aunque no fue el día en el que he tenido las sensaciones más fluidas, sabía que sólo tenía que confiar en el trabajo realizado y correr sintiéndome arropada por Pablo Villalobos y Javi Martínez", relata Marta Galimany.

"Desde el principio, el único objetivo era conseguir la mínima olímpica y no arriesgar nada - continúa la maratoniana -. En la primera parte de la carrera notamos un poquito más de viento y fuimos clavando los parciales para tener medio minuto de margen sobre la mínima. Entre el kilómetro 30 y el 35 me costó un poco más, quizás por el callejeo y porque te relajas un poco al ver que ya lo tienes cerca. Pero luego pude terminar muy bien y, a pesar de que a esas alturas las piernas siempre van cargadas, Pablo iba motivándome para apretar un poco más y utilizar la referencia visual de una corredora que llevábamos por delante. El objetivo ya estaba cumplido y terminar como campeona de España y con la plaza para Tokio es un sueño hecho realidad".

Por detrás queda ya un precioso camino desde que el día en que, nada más comenzar sus estudios universitarios en Barcelona, Marta bajó junto a su hermana a las pistas universitarias de la Ciudad Condal en busca de una motivación nueva y una forma de seguir haciendo deporte. Pronto supo que ese sería su lugar y, tras sus estudios y sus primeros pasos como atleta, en el horizonte le esperaba una meteórica carrera como maratoniana: debutó en 2017 en Berlín logrando la mínima europea para el año siguiente (2h34:16); disfrutó el Campeonato de Europa de Berlín 2018 desde dentro; en la primavera de 2019 fue octava en Rotterdam con mínima mundialista (2h30:15); disputó en Doha 2019 una de las carreras más duras de la historia con el premio de ser la decimosexta del mundo; y en Sevilla acaba de convertirse en la octava española más rápida de todos los tiempos.

"Si me lo hubiesen contado entonces, no me lo habría creído - afirma emocionada -. Yo sólo quería hacer deporte para sentirme bien y pensaba que los Juegos Olímpicos era algo para cuatro elegidos. Seguramente el secreto ha sido la continuidad que he tenido durante estos años, e ir subiendo escalones poco a poco me ha ido dando mucha confianza. Nuestra máxima siempre ha sido disfrutar el camino día a día. Mirando hacia atrás quizás me quedaría con lo que he vivido este año en Sevilla, por todo lo que supone y porque está muy reciente, pero tanto el debut en Berlín, como el Campeonato de Europa de 2018 o Doha son grandes recuerdos. Todas esas carreras tienen su punto mágico y de locura".

Cada día, la atleta tarraconense compagina su carrera maratoniana con su trabajo como técnica de laboratorio: "Mi vida la vivo como me gusta vivirla y el trabajo me sirve como desconexión". Y dirigida por Jordi Toda, su entrenador y pareja por partes iguales, cada día ejecuta como un reloj el plan previsto, ya sea por los caminos que rodean Valls o en la pista de la localidad.

"Soy una corredora que se adapta mucho mejor al volumen que a la intensidad y, aunque también trabajamos ritmos rápidos, mejoro mucho más con volumen e incluyendo semanas de más de 200 kilómetros. Tras Doha nos enfrentamos a un pequeño rompecabezas, porque sabíamos que teníamos que recuperar muy bien de un desgaste fisiológico enorme y que teníamos mucho menos tiempo de lo habitual para Sevilla, pero el plan ha funcionado a la perfección y ahora vamos a tener mucho más tiempo para recuperar y preparar Tokio con más calma. Es una preparación que me hace mucha ilusión".

Pronto llegará el verano. Pronto llegará Tokio 2020. Y de nuevo, como hace antes de cada gran cita, Marta Galimany volverá junto a Jordi Toda al delta del Ebro para hacer de nuevo allí su último entrenamiento importante en un lugar con tanto simbolismo para ella.

"Como ambientóloga, me gusta mucho la naturaleza y el aire libre. El delta del Ebro es uno de mis lugares preferidos y, al pillarnos sólo a una hora de casa, ya hemos convertido en un pequeño ritual hacer allí el último entrenamiento específico, como la última tirada de 36 kilómetros que he hecho antes de Sevilla. Es un lugar idílico, donde sólo se respira paz y tranquilidad. Y allí no tengo que pensar en nada: sólo correr, disfrutar del paisaje y sentir cómo los kilómetros van pasando y formando parte de ti. Una motivación final muy grande para mí".

Soñando en esta ocasión con el maratón olímpico, pronto la tarraconense volverá a correr por el delta del Ebro. Un lugar tan mágico como una mañana con olor a primavera por las históricas calles de Sevilla o el río Guadalquivir del que siempre habla la sevillana Charo Pérez y que ya ha quedado como otra parte más del alma maratoniano de Marta Galimany.

Enlaces relacionados:

Historial Deportivo de Marta Galimany
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