Real Federación Española de Atletismo





 martes, 25 de febrero de 2020   ENTREVISTA WEB 17/2020
Antonio Peñalver y el inolvidable verano del 92

Por : Alfredo Varona


Se llama Antonio Peñalver y hoy tiene 51 años. Vive en Molina de Segura (Murcia), tiene dos hijos, un niño de 10 y una niña de 7 años y da clases de atletismo en la UCAM.

En el pasado fue un decatleta maravilloso antes y después de ganar la medalla de plata en los JJOO de Barcelona 92, de dar un abrazo al Rey, de convertirse en el orgullo de toda España.

Vivió lo que los demás nunca dejaremos de soñar.

Y como premio se fue "a charlar y a descansar" a la playa de Girona, unos días a la casa de un amigo, de regreso a la vida real.

Luego, subió al balcón del Ayuntamiento de su pueblo: Alhama de Murcia.

Recordó a los 20.000 habitantes del pueblo, a los pies de Sierra Espuña, que los sueños también se cumplen.

La ciudadanía se emocionó al escucharle: lloró de emoción.

Tenía 23 años y, leyendo su currículum, uno se daba cuenta de que estábamos ante alguien muy especial. Cuatro años antes, a los 19, "recién salido del pueblo", ya había debutado en unos JJOO: los de Seúl 1988.

Allí descubrió que todo tiene un precio: "Me sentí asustado. Miraba a la cara a los ídolos que había visto por televisión y no sabía lo que pensar. Pero aun así creo que, a partir del segundo día, resolví la situación dignamente".

Hijo de un operario de una fábrica de materiales de construcción, Antonio Peñalver creció en Alhama de Murcia lo que demuestra que "en cualquier parte puede nacer un medallista olímpico. La cuestión es encontrar el camino para desarrollar ese talento", recuerda hoy.

Él encontró ese camino.

Se convirtió en un muchacho que "quería aprender de todo"; en un adolescente que "con 15 años y sin zapatillas de clavos saltó 2,01 metros en altura" y, sobre todo, en un alegato al amor propio.

"Había sido muy torpe en mi infancia y quería solucionar eso", recuerda. "Yo era muy descordinado, muy desbargado, el clásico niño que nadie elegía cuando se hacían equipos para jugar al fútbol. Pero un día en los Juegos Escolares faltó por lesión el que tenía que saltar en altura y me dijeron 'hazlo tú que también eres alto'. Y ante la sorpresa general salté bastante".

Y ahí empezó todo.

"Luego, me apunté a una escuela de atletismo y, aunque me seguía comprando las zapatillas que veía de oferta en el mercado, vi que podía hacer cosas; vi que empezaba a controlar mi cuerpo y que cuando estaba en la pista no me iba de allí hasta que lo que intentaba no me salía bien".

-¿Y si no salía?

-Salía . Al final, casi siempre salía. Si lo intentas acaba saliendo. De hecho, creo que, por encima de todo, lo que yo demostré es que con pocos medios se pueden hacer grandes cosas o que la conciencia del sacrificio es más importante que las zapatillas más caras.

-Puede dar usted ejemplo.

-Cuando me invitan a un colegio y los chavales me preguntan qué me permitió llegar a unos JJOO siempre les hablo del sacrificio por encima del talento. Creo incluso que el sacrificio es lo que te permite estar en paz. Es la sensación del deber cumplido, de hacer lo que tienes que hacer.

Antonio Peñalver fue ocho años Director de Deportes decla Comunidad de Murcia. Siempre defendió la misma idea.

"Es verdad que la medalla está muy bien y que todos queremos la medalla. Pero si has hecho todo lo que está en tu mano para lograrla... Creo que realmente eso es lo más importante. La vida no sólo te hace mayor. También te ayuda a relativizar las cosas".

La realidad es que él nunca fue un esclavo del éxito. Ni siquiera en Barcelona 92 "y mira que entonces teníamos responsabilidad. Teníamos que dar respuesta a las esperanzas. Teníamos que dar una imagen ante el mundo. Se había invertido mucho en nosotros y es verdad que no nos faltó de nada. Yo fui a concenteaciones a Madrid, a Pontevedra, hasta Estados Unidos, incluso".

"Y cuando llegó el momento claro que me costó dormir. Hasta es posible que la noche antes no durmiese, ya no lo recuerdo. Pero sí recuerdo que mi cuerpo estaba sano, que no había sombras de lesiones. Y, si sientes que tu cuerpo responde, la confianza viene sola: la presión se maneja sin dificultad".

Todo eso le sucedió a él en el momento más oportuno: Barcelona 92. Todo eso, que hoy sólo es un recuerdo, sucedió en la vida real con sus padres, con su hermana pequeña, que entonces tenía 14 o 15 años, en la grada.

"Y en el momento parecía que iba a durar siempre. Pero después la vida te demuestra que el tiempo pasa muy deprisa, demasiado deprisa. Todavía me cuesta creer que tenga 51años".

Pero no se puede engañar al tiempo. Quizás por eso siempre nos quedará la nostalgia para rejuvenecer, para entender que todo pasa y todo queda.

Antonio Peñalver tenía 23 años en Barcelona 92. "Llegué preparado para la exigencia. Sabía que era muy difícil ganar una medalla olimpica, que eso sucede muy pocas veces en la vida, pero que a mí me podía pasar. Y supe aprovechar la oportunidad".

Fue en el Estadio Olímpico de Montjuic. Él fue la plata en medio del checho Robert Zmelik, oro, y del estadounidense Dave Jonhson, bronce.

A veces, aún se lo recuerdan. Sobre todo, algún padre de los amigos de sus hijos que se incoporan a la conversación. Y entonces se habla de él del verano del 92.

La nostalgia siempre recordará a Antonio Peñalver Asensio como uno de los imprescindibles.

Fue en un momento de cambio en el que no sabíamos si podíamos llegar a tanto. Pero en los JJOO, como en la vida, siempre hay una primera vez que inaugura ese sitio en el que vamos a pasar el resto de nuestra vida: el futuro.

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Historial Deportivo de Antonio Peñalver
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