Real Federación Española de Atletismo





 martes, 11 de febrero de 2020   ENTREVISTA WEB 11/2020
Tomás de Teresa: ha vuelto a salir el sol

Por : Alfredo Varona


Al final, siempre volverá a salir el sol.

Es lo que me gusta pensar cada día y lo que pretendo contar en esta historia.

Su protagonista es Tomás de Teresa (Santoña, 1968), un atleta que nos dejó marcados en su época. Si tuviésemos que quedarnos con un momento siempre hablaríamos del Mundial de Tokio cuando él, un atleta de 800 metros, llegó a la final.

Y hasta nos queda la duda de qué hubiese pasado si no hubiera llegado tan cansado y con un esguince en el dedo gordo del pie que anuló sus opciones en esa final.

Pero nada impide que siempre que volvemos a él lo haremos con la admiración que dejan las cosas que sólo suceden una vez en la vida.

Luego, el tiempo nos ayudó a entender que la vida es larga. La última vez que hablé con Tomás de Teresa lo entendí. Fue en 2017 y entonces encontré a un hombre que, después de haberlo intentado doce años en el mundo de los negocios, después de haber trabajado otros cuatro años de teleoperador, en atención al cliente, estaba en paro.

No vivía un buen momento.

Hacía años que no sacaba las zapatillas del armario. Pesaba 96 kilos y creo que me despedí de él sin olvidarle, quizás con mal cuerpo.

Y sólo se me ocurrió pensar en las vueltas que da la vida.

De codearse con Paul Ereng, con Peter Elliot, con Sebastian Coe o con Joaquim Cruz a esa situación.

Pero a todos nos puede pasar. La diferencia es resolverla, cómo resolverla.

Sabíamos que no sería fácil porque en aquella conversación acordamos que "la vida es más difícil de resolver que la última recta de un 800".

Y lo sigue pensando Tomás de Teresa.

Pero quizás eso es lo que da más valor a su vida actual, a ese proyecto que un día imaginó y que hoy funciona y que no para de crecer.

Su escuela de atletismo, la escuela que dirige junto a su mujer Luisa López (que fue dos veces campeona de España de salto de longitud) ya mueve a más de 90 niños en Castilleja de Guzmán, un pueblo de 2.500 habitantes que queda a cuatro kilómetros de Sevilla.

Y la escuela se ha prolongado a Camas.

Y, si el futuro no lo impide, se prolongará a más sitios: todo lleva su tiempo.

Y ése es el valor de esta historia de Tomás de Teresa, ejemplo de emprendedor y de la gente que, pese a todo, no se da por vencida: que hoy te vaya mal no significa que mañana vaya a irte mal.

Que nadie lo olvide.

Hay pasiones que siempre están ahí como la de ese chaval que creció en Santoña, en una casa a 100 metros del Paseo Marítimo, y que cada vez que escuchaba hablar de los Bislett Games de Oslo decía, "algún día quiero estar yo ahí".

Y estuvo.

Pero ése era el mismo niño que cada vez que se enteraba de que Sebastian Coe, desde los JJOO de Moscú 80, desafiaba un récord del mundo ahí se colocaba él, frente al televisor. Y luego se iba a entrenar "como un loco, porque quiero ser como ese atleta que corre tan bien y sentir lo que siente él", recuerda hoy.

Y la primera vez que llegó a Oslo Tomás se acordó, inevitablemente, del niño de 11 años que fue; de aquel niño que se apuntó a un cross sin entrenar y lo ganó a chavales de otras localidades, que eran los favoritos.

Y su padre, un operario de la Robert Bosch, se hizo presidente de ese club de atletismo en el que iba a correr el niño: el Antorcha.

Y luego fueron su padre y su madre los que lo llevaron hasta Madrid en 1986. Tenía 17 o 18 años e iba a quedarse becado en esa habitación de la residencia Blume, donde se domiciliaba el futuro.

Le acompañaba un radiocasset y dos posters que iba a colocar en la pared de Sebastian Coe y de David Bowie, capaces de resumir su vida en dos territorios que se hacen tan buena compañia: atletismo y música.

De hecho, hoy antes de quedar con él, Tomás estaba escuchando a Neil Young mientras terminaba uno de los trabajos que le quedan para rematar el Curso de Técnico Deportivo de Atletismo que ha hecho, "porque la formación es necesaria para enseñar".

"Quiero que me avale una titulación, conocer otras disciplinas. Yo nunca había tirado un martillo ni había lanzado un disco. Si no lo hiciste nunca es más difícil de enseñar a los niños", añade.

En realidad, Tomás de Teresa ha regresado hoy al corazón de su vida, el atletismo, lo que es como volver a vivir como a él le gusta.

"Me siento co o pez en el agua", remarca.

Y es verdad que ya no volverá a hacer 59'08 en un 500 como hizo en un entreno días antes del Mundial de Tokio en aquel espléndido Centro de Alto Rendimiento para ejecutivos en el que estuvo concentrado. "A lo sumo, ahora haría 1'18", calcula.

Pero ésa es la clave de la vida, la de aceptar cada momento, la de sentir lo que siente hoy "cada vez que voy a una pista y veo a atletas jóvenes hacer entrenamientos formidables. Y entonces me recuerdo a mí mismo, 'esto también lo hiciste tú'".

A los 51 años, Tomás de Teresa pesa ahora 79 kilos, y entrena cuatro días a la semana y ha llegado a correr una media maratón en 1hora 30 minutos. Pero ya no es lo mismo, claro.

El tiempo es como una empresa de mudanzas en la que nunca se sabe qué pasará mañana. Tomás vive en esa casa de color blanco y albero que se compró con los ahorros del atletismo en Castilleja de Guzmán, en Sevilla, desde la que se ve la Giralda, la Torre de Loro, hasta la Plaza de España.

De Andalucía es su mujer. Y allí viven los dos con su hija, que ya tiene 12 años y que ya sabe que su padre fue todo un finalista mundial. Los viejos recortes de periódico son sabios. "Pero Tokio no me marcó tanto como le decía el otro día a Ángel Cruz, porque en ese momento sabía que podía. Yo ya había sido subcampeón del mundo de pista cubierta en Sevilla".

Pero el padre de esa niña de 12 años también es el hombre que tiene un polideportivo a su nombre en Santoña: símbolo objetivo de todo lo que pasó en los noventa.

Y también es el mismo que fue campeón de España por primera vez en 1989 en Montjuic. Y el propietario de una magnífica biografía de atleta que recorrió medio mundo.

Llegó hasta el Madison Square Garden de Nueva York.

Pero, sobre todo, el padre de esa niña hoy quizás sea el ejemplo del hombre que ha salido de la lona, que ha sabido reinventarse y al que el tiempo ha demostrado en primera persona los infinitos peligros de alejar a un hombre de su verdadera vocación.

Por eso hay que tratar de volver a ella. Y Tomás de Teresa ha hecho lo posible por volver al atletismo, que ha vuelto a ser su medio de vida.

Porque, al final, siempre vuelve a salir el sol sea en Sevilla o sea en Santoña.

El sol no tiene fronteras.


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Historial Deportivo de Tomás de Teresa
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