Real Federación Española de Atletismo





 martes, 17 de diciembre de 2019   ENTREVISTA WEB 96/2019
Joan Lino y aquella profecía de Berlanas

Por : Alfredo Varona


A veces, aún le reconocen por la calle y le dicen "yo vi tu salto en la televisión" y automáticamente la mayoría le pregunta: -¿Pero no fue nulo?

Y entonces él responde lo que ya ha respondido tantas veces en su vida:

-No, mira, es verdad que me pasé por 0,1 mm pero si no dejas huella en la plastilina no te pueden invalidar el salto y yo no dejé huella. No podían invalidarlo.

Aquel día fue en los JJOO de Atenas 2004, donde Joan Lino iba a conseguir la medalla de bronce. Tenía 26 años. Sólo hacía mes y medio que había logrado la nacionalidad española. Su nombre no aparecía por ninguna parte en los pronósticos excepto en el de un tal Luis Miguel Martín Berlanas, que se saltó la lógica de los demás y se atrevió a declararlo entre los favoritos en el salto de longitud.

Tuvo que soportar por ello que le dijeran: "pero ¿qué dices, Luismi? ¿acaso te has vuelto loco?"

-No, pero llevo cuatro años viéndole entrenar en la Blume -rebatió él.

Joan Lino, efectivamente, entrenaba allí bajo la orden de Juan Carlos Álvarez, el hombre que la primera vez que le vio le hizo pensar: "Algún día te recordarán por lo que hagas en la competición", le dijo, "y no por lo que hiciste en los entrenamientos".

Ese día es hoy en el que Joan Lino representa a un ciudadano más de 41 años, que tiene su sueldo, que empezó a hacer deporte salud "para contestar a la curva de la felicidad" y al que nunca veremos correr maratón. "Correría la desgracia de seguir sufriendo", ironiza, "y yo ya he sufrido demasiado. Además, la carrera continua mata las fibras rápidas del cuerpo".

Y él, Joan Lino, fue un producto de esas fibras rápidas que le ayudaron a dar lo mejor de sí mismo en aquellos JJOO de Atenas 2004. Hizo la que entonces era marca personal (8'32) para él y subió al podio. Pero la diferencia es que, antes de subir al podio, se había imaginado que iba a subir al podio:

-Si saltaba 7,80 en los entrenamientos sabía que estaba bien y entonces lo hacía sin problema.

Y añade:

-Mi entrenador me había preparado para ser un atleta de élite, para saber cuando debía hacer un entreno de calidad y cuando no y, sobre todo, para entender que se compite como se entrena.

Una idea impresa hoy en su carácter, en su vida, en su declaración: -Si me hubiesen pagado por todas las horas que dedique al entreno ahora sería rico, tendría la vida resuelta: podría estar jubilado.

Joan Lino llegó a Guadalajara con 22 años y aquí descubrió que en el esfuerzo está el futuro. "Cuando yo fui a los JJOO de Atenas vivía en un piso compartido, pero la medalla cambió mi vida. Me permitió independizarme a un piso yo solo con mi mujer y a mejorar mi nivel de vida. Me ayudó a entender que los sueños se pueden lograr porque ¿quién no sueña con ser medallista olímpico? Pero en cada prueba sólo pueden ser tres cada cuatro años".

Él lo fue en salto de longitud donde el día que se retiró iba a dejar una marca de 8,37. Pero, sobre todo, resultó ser un seguro a todo riesgo en las grandes competiciones. Cuando la gente quería saber cuál era su secreto, él siempre respondía: "El trabajo, la suerte está en el trabajo".

La primera vez que fue a entrevistarse desde Guadalajara a Madrid con Juan Carlos Álvarez para ver si podía entrenarle..., Lino abrió la puertas a esa idea en su cabeza:"El trabajo, la suerte está en el trabajo".

Desde entonces, nunca he dejado de repetirla.

Ni siquiera ahora con 41 años, a una edad en la que no es que le pueda la nostalgia, "pero ¿sabe lo que más echo de menos de mi época de atleta?", replica. "Entonces todo dependía de mí, de lo que hiciese. Cuando me retiré eché mucho de menos esa idea. Iba a entrevistas de trabajo y en mi currículum faltaba lo que me pedían en todos los sitios: experiencia laboral".

"No tenía experiencia laboral. Y lo pasé mal", añade. "Y viví contratos temporales. Y contratos a tiempo parcial. Pero en los días nublados, que los hay en todas las vidas, no sólo en la mía, me convencí de que al final siempre sale el sol; de que sufrir no es lo mismo que tener miedo y de que, como me pasó en el atletismo, al final el tiempo coloca a cada uno en su lugar".

La prueba vuelve a ser él, Joan Lino, que hoy tiene un trabajo estable como técnico deportivo en el Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes, donde se ha acostumbrado a la silla y a horas de oficina. Pero, sobre todo, valora estar donde está, "porque cuando me vinieron mal dadas podía haber dicho, 'esto es imposible', y, sin embargo, nunca lo dije. Si lo hubiese dicho, hoy no estaría aquí".

"Pero cuando salió esta plaza en el Ayuntamiento para cubrir una prejubilación me enteré y me presenté", insiste, "porque mi forma de ir por la vida es ésa. El atletismo me preparó para seguir luchando siempre, para luchar toda la vida: tenga usted en cuenta que yo me incorporé al mundo laboral en plena crisis, en una época dificilisima", añade.

Por eso ecucharle hoy también es decir: "SÍ SE PUEDE".

No sólo es recordar al medallista olímpico. No sólo es recordar que "el deporte tiene una memoria a corto plazo y que tú no puedes ni debes aspirar a vivir de una medalla olímpica toda la vida, porque ni se puede ni se debe".

También es recordar: "¿Quién no sufre en su vida? ¿a quién no le cuesta trabajo lograr lo que busca?"

Puede hasta que el mensaje resulte repetitivo en esta conversación, pero es la opción que nos brindó hoy Joan Lino: la opción que estamos empleando para convencernos de que no todos nacimos para ser medallistas olímpicos pero la mayoría de nosotros sí nació para luchar. Hoy, este señor, Joan Lino Martínez Armenteros, sólo nos ha ayudado a recordarlo.

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Historial Deportivo de Joan Lino Martínez
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