Real Federación Española de Atletismo





 jueves, 12 de diciembre de 2019   ENTREVISTA WEB 95/2019
María José Mardomingo y el maravilloso verano del 96

Por : Alfredo Varona


En cualquier parte de su vida siempre volveríamos a los JJOO de Atlanta 96, donde no sólo batió el récord de España de 100 metros vallas: 12,89. También fue semifinalista olímpica, 12ª clasificada. Tenía entonces 27 años María José Mardomingo, que aquel día se había levantado a las cinco de la mañana.

Compitió a las diez y acabó con agujetas hasta en el carnet de identidad y no podía parar de llorar del cansancio o de la emoción. Quién sabe. Cuando llegó a los Servicios Médicos le inyectaron vitamina C, la metieron las piernas en un cubo de agua helada y la enviaron a la pista a trotar para recuperar.

Fue el precio de un día histórico en el que María José Mardomingo siguió llorando de emoción hasta que se apagaron las luces. Pero tenía tanto motivo... De hecho, nosotros también nos emocionamos a su lado. Ni siquiera importaba la distancia, España-EEUU, incapaz de separarnos de ella o de no pensar en ella en aquel momento.

Tenía tanto mérito estar ahí....

Hoy, han pasado más de 23 años, pero sigue sin ser tarde para recordar lo bueno ni para explicar cómo empezó todo. Quién se lo iba a decir a aquella niña.

Tenía 10 años y estudiaba en las Salesianas, en el barrio de Estrecho, en plena calle de Bravo Murillo, donde fue una de los 40 niños y niñas de todo Madrid elegidos para incorporarse al Centro de Iniciación Técnico Deportivo.

Allí, ella se iba a especializar en las vallas y no se iba a separar de las vallas hasta los 31 años en una competición internacional en Las Rozas un mes antes de los JJOO de Sidney 2000. Se partió entonces la rodilla y ya no hubo vuelta atrás.

Podía haber sido de otra manera, pero los finales no siempre se pueden elegir.

Afortunadamente, para entonces su biografía deportiva ya era un verdadero tesoro: ya había sido 18 veces campeona de España de vallas (9 al aire libre y 9 en pista cubierta) y ya había batido 17 récords de España.

También había pasado a la historia de nuestro atletismo como la mujer que corría más rápido con vallas que sin vallas como prueba la estadística, incapaz de engañarnos. "Tenía 12,04 en los 100 metros lisos y 12,89 en los 100 vallas con lo que no hay color", recuerda hoy.

Hoy, gracias a ella, tenemos la oportunidad de hablar de una mujer especializada en saltar obstáculos. Quizá todo empezó a los 15 años cuando se iba de vacaciones a Chipiona con sus padres en aquel Seat 131 Supermirafiori en el verano de 1984. Un accidente de tráfico en Mérida provocó que sus padres muriesen, que su hermano perdiese el bazo y que ella sufriese múltiples lesiones articulares.

Sin embargo, esa misma mujer, a los 27 años, iba a ser semifinalista en los 100 metros vallas de unos JJOO, los de Atlanta 96, que nunca nos cansaríamos de celebrar ni de poner de ejemplo a los demás o a la vida misma: la ambición se mira en el espejo.

Hoy, María José Mardomingo tiene 50 años. Trabaja en la recepción del Comité Olímpico Español (COE), desde hace doce años, en los que ella gobierna el mostrador como gobernó tantas carreras de 60 o 100 metros vallas. Tenía entonces un corazón indomable que se manifestó como nunca aquel día en los JJOO de Atlanta 96.

Sus padres tenían que haberla visto pero, a cambio, la vieron sus dos hermanos que, según ella, "son maravillosos, tengo que dar gracias a la vida de tenerlos".

Yo también doy gracias de haberla escuchado a ella hablar de esos Juegos de Atlanta, de volver a aquel 30 de julio de 1996 en el que fue la 12ª, en el que probó su carácter indomable, en el que no se amilanó ante nadie. Ni siquiera ante una campeona olímpica como Gail Devers ni ante todo ese bloque de atletas de los antiguos países del Este.

Qué dificultad tenía todo y qué bien lo hizo María José Mardomingo, que iba a bajar 20 centésimas su anterior récord de España entrenando seis días a la semana.

Fue como si llegase a la luna con una puntualidad memorable, en el escenario más importante de su vida, como ella ha relatado y no dejará de relatar nunca. "A veces, es como si volviese a verlo y entonces me acuerdo de los veinte días que estuve en Atlanta en los que me levantaba a las siete de la mañana para entrenar y adaptar al cuerpo a la hora de la competición", recuerda.

La diferencia es que hoy ya tiene 50 años y ya es otra vida. El mundo nos demostró que todo pasa muy deprisa y que, pasado el tiempo, ya no volvemos a ser los mismos. Pero nos quedan los recuerdos, auténticas fortalezas de nosotros mismos como ha explicado María José Mardomingo, que radiografía su vida a través de una sabia metáfora: los cinco aros olímpicos.

"El primer aro sería mis primeros Juegos en Barcelona 92; el segundo la semifinal olímpica de Atlanta; el tercero el año 2004 en el que nació mi hijo Guillermo; el cuarto en 2008 cuando lo hizo mi hija Henar y el quinto aro el dia en el que conseguí el trabajo en el COE", explica hoy María José Mardomingo.

La misma mujer que nos demostró que se podía luchar por todo en aquel maravilloso verano del 96.

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