Real Federación Española de Atletismo





 jueves, 05 de diciembre de 2019   ENTREVISTA WEB 91/2019
Ignacio Fontes: "Soy una persona con las ideas claras, y mi objetivo para 2020 es Tokio"

Por : Antonio Aparicio


La precocidad puede suponer un hándicap si no se sabe gestionar bien. Pero Ignacio Fontes García-Balibrea (Granada, 22-jun-1998), que batió su primer récord de España con 14 años y gozó de una beca de 10 meses en Canadá cuando tenía 16, ha sabido capear los momentos menos buenos para mantener su prometedora progresión, como plasmó en julio erigiéndose en nuestro quinto campeón de Europa sub-23 de 1.500m. En un futuro, este estudiante de Medicina no descarta emular a algunos de sus ilustres predecesores, aunque antes prefiere centrarse en sus muchas y ambiciosas metas para los próximos 12 meses (incluido un "sueño alcanzable" y un inminente Europeo de Cross que, avisa, no ha preparado como prioridad).

"Mentiría si dijese que no iba pensando en el oro", "sólo pensaba en que la carrera no acababa hasta cruzar la meta" o "ahora toca seguir apuntando alto" son algunas de las frases que nos regala el discípulo de Jesús Montiel en esta jugosa entrevista, donde trata con admirable madurez y desparpajo todos los temas: desde cómo se fraguó su "mágico" oro en Gävle hasta cómo tiene que "agradecerle el mundo" a su entrenador; pasando por lo bien que compagina los 800m y los 1.500m, las gestas de su coetáneo Adrián Ben, la lesión y la "energía positiva" de su compañera Laura Bueno, lo que le hizo cambiar el fútbol sala por el atletismo cuando era niño, los principales rasgos de su personalidad y, por supuesto, esa experiencia "increíble" y transformadora en Canadá, en la que se sobrepuso a temperaturas de -20º C para, entre otros logros, pisar los talones en meta a un tal Donavan Brazier…

Para empezar, ¿cómo valoras tu actuación en el pasado Europeo sub-23 de Gävle, con ese brillante oro que supone tu primera medalla en un gran campeonato?
Sencillamente, fue un día mágico. Todavía me emociono al recordarlo y, si te digo la verdad, no encuentro palabras para describir todo lo que sentí en ese momento. Fue el reflejo de muchísimo trabajo y esfuerzo, porque llegar hasta ahí ha sido francamente difícil. Espero que sea la catapulta hacia una etapa sénior muy exitosa.

Cuando acudiste a la cita sueca, tres rivales te superaban en el ránking del año: el serbio Elzan Bibic y los franceses Baptiste Mischler y Pierrik Jocteur (y los dos primeros ya contaban con medallas internacionales). ¿Con qué expectativas afrontabas el campeonato? ¿Te habrías contentado con cualquier medalla, o tenías fe en poder aspirar a lo máximo?
Mentiría si dijese que no iba pensando en el oro. Después de una pista cubierta no muy exitosa, en abril comencé una estancia en Sierra Nevada de un mes; alejado de cualquier distracción, primando el descanso y centrado al 100% en el entrenamiento. Desde entonces fui acumulando grandes entrenamientos y cargándome de buenas sensaciones. Creo que entré en esa racha en la que parece que todo te sale bien, y llegué al campeonato muy crecido anímicamente. Tras haberme lesionado en el Europeo Júnior dos años atrás, me dije a mí mismo que no iba a dejar pasar esa nueva oportunidad. Mi entrenador me dijo una cosa el día antes de la final, que creo que refleja muy bien los meses anteriores al campeonato: "Si no crees que puedes conseguir el oro, quizá no consigas ninguna medalla". Y es que mi principal motivación los meses previos fue la de ser campeón de Europa; en mi cabeza estaba cada día ese sueño.

En la final, que no se corrió precisamente rápida (3:50.38), empezaste muy atento en cabeza en las primeras vueltas, pero a falta de 300-200 metros ibas 7º, y encaraste la recta final en 5ª posición. ¿Cómo viviste esa última vuelta y ese majestuoso final que protagonizaste? ¿Llegaste a temer por el podio, o confiabas en tus posibilidades?
Me resulta extraño todavía, pero no me llegué a poner nervioso a pesar de que en el momento más importante del 1.500m, como es el toque de campana, me vi relegado a mitad de grupo y bastante encerrado. A falta de 300 hice un intento de abrirme para recuperar posiciones, pero se abrieron todos y apareció un muro delante de mí, así que volví a la calle 1. Me sentía lleno de fuerza, y sólo pensaba en que la carrera no acababa hasta cruzar la meta. Mi entrenador, mi pareja y un amigo me enviaron unos mensajes similares antes de la final, en los que básicamente me decían que no diese nada por perdido hasta el final. Los tuve repitiéndose en mi cabeza durante toda la vuelta. Llegando al último 200, vi que se abría hueco por calle 1 y que mi compañero Enrique Herreros [finalmente 6º] se lanzaba hacia delante, y decidí seguir su estela. Lo siguiente es todo muy rápido: últimos 110 metros, me abro y arranco, no quiero mirar atrás, sólo pienso en avanzar. Y entonces, cuando quedan unos 30 metros, me veo solo y el momento mágico empieza, porque me veo ganador y me cuesta creérmelo. Luego fueron todo lágrimas y sentimientos de agradecimiento a todas las personas que me ayudaron a llegar hasta allí.

¿Qué papel ha jugado en todo esto tu entrenador, Jesús Montiel, y qué tienes que agradecerle?
Tengo que agradecerle el mundo. Han sido 10 años de trabajo juntos, en los que hemos ido construyendo una relación de amistad donde él ha sido una figura un poco paternal. Hemos llorado los dos de alegría cuando las cosas han ido bien, pero también lo hemos pasado muy mal cuando no han funcionado. Es un proceso de aprendizaje, que todavía continúa y que ha amoldado en gran parte la persona que soy hoy... Sin Jesús nada de esto sería posible. Pero creo que lo que más le agradezco es el formar parte de mi vida y compartir conmigo recuerdos que van a durar para siempre.

¿Y cómo se vivió tu éxito en tu grupo de entrenamiento, que ha debido de pasar un año difícil por la lesión de su atleta más distinguida (la cuatrocentista Laura Bueno)?
Lo vivieron en el Campeonato de Andalucía absoluto. Según han dicho, se pusieron a gritar y la gente les empezó a mirar raro [risas]. Somos como una familia; hemos formado un grupo de amigos y amigas que disfruta de los éxitos de cada uno y que está ahí cuando alguien lo necesita. Espero que sientan que esa medalla es también en parte suya, porque son un pilar fundamental en mi día a día. Laura ha tenido un año duro y nunca gusta ver a tu compañera así. Al final, cuando a uno le va bien se contagia esa energía positiva en el grupo; y cuando a uno le va mal se nota… Pero esto son rachas, y seguro que este año Laura va a seguir dándonos muchísimas alegrías y contagiándonos esa energía positiva que tanto se necesita en el día a día del entrenamiento.

Te has convertido en el quinto campeón europeo sub-23 español de 1.500m de la historia, emulando a Reyes Estévez (1997), Arturo Casado (2005), Álvaro Rodríguez (2007) y Marc Alcalá (2015). ¿Te ves en un futuro ganando también el título continental absoluto o incluso medallas en Mundiales, como algunos de tus predecesores?
Es un orgullo enorme compartir título con semejantes atletas. Esta medalla me da mucho ánimo para soñar con lograr cosas como las que ellos consiguieron. Es una motivación grandísima para las futuras temporadas. Ha sido un paso importante en mi carrera deportiva; ahora toca seguir apuntando alto, seguir soñando y, sobre todo, seguir trabajando con la ilusión de siempre, con los pies en la tierra y dando libertad a la mente para soñar a lo grande.

Por cierto, ¿cómo y cuándo te iniciaste en el atletismo en tu Granada natal? ¿Tuviste algún ídolo o referente que te impulsó a ello?
Fue justo después de los Juegos de Pekín 2008. Después de verlos en la televisión me animé a probar. Yo jugaba antes al fútbol sala, corriendo de arriba abajo en la banda, porque era de los que más corría [risas]. También a veces salía a correr con mi padre... Creo que se juntaron muchas cosas, pero ver los Juegos por la tele me enamoró. La verdad es que no tuve ningún referente, porque en mi casa no había tradición de atletismo. Ahora ya son algunos primos los que se han animado a probarlo [risas].

No hay que olvidar que has venido sobresaliendo desde muy joven. De hecho, mantienes vigentes dos récords nacionales en pista cubierta (el sub-16 de 1.000m con 2:34.12 y el sub-18 de 1.500m con 3:52.27), fuiste 6º en los 1.500m del Mundial Juvenil de Cali 2015, y también acariciaste alguna que otra plusmarca en categoría sub-20. A tu juicio, ¿cuáles son los pros y los contras de empezar a destacar tan pronto?
Fue en cadete de segundo año cuando di un salto de calidad. Pasé de correr en 2:57 el 1.000 a hacerlo en 2:34. Pero fue un cambio natural. Está claro que me lo tomé más en serio y que entrené más, pero no fue por abusar de entrenamiento. Puede ser que destacar desde tan joven cree unas expectativas en la gente y en ti mismo difíciles de gestionar. Puede que al año siguiente ya no te vaya tan bien y creas que es un fracaso… Pero a mi parecer, cada uno establece sus metas propias, y luchas por ellas si crees que merecen la pena. Creo que mi personalidad me ha ayudado mucho en ese aspecto: soy una persona con las ideas claras, independiente y amante de lo que hago en mi vida. También el tener un entrenador como Jesús, que ha sabido mimarme y cuidarme en todos estos años, así como el apoyo de mi familia en todo lo que hacía. Para mí, el haber destacado tan pronto ha sido un plus de motivación en cada temporada; ha sido querer ser mejor que el año anterior y soñar, como sigo haciéndolo hoy en día, con unos Juegos Olímpicos.

En tu currículum también destacan ese premio que te concedió el CSD al "Mejor Deportista en Edad Escolar de 2014" y esa beca de 10 meses de la que disfrutaste por esa época en Winnipeg (Canadá), donde precisamente firmaste esos 3:52.27. ¿Qué importancia tuvieron esos dos hechos en tu trayectoria deportiva y académica?
Siendo sincero, el premio, del que sí me siento orgulloso, no creo que haya trascendido mucho en mi vida. Lo de Canadá es otra cosa: fue una experiencia que me ha marcado mucho; 10 meses en los que maduré y crecí muchísimo como persona y atleta. Fue irme con 16 años a un país muy lejos de casa, con una familia que no conocía y a un clima muy distinto al que estaba acostumbrado. Creo que es la experiencia que hasta hoy más me ha aportado en lo personal. A nivel deportivo fue un año de madurar y de conocerme a mí mismo. Continué entrenando a distancia con Jesús, y todos los días le escribía para contarle sensaciones y resultados del entrenamiento. Tenía que coger un autobús una hora y pico para llegar a la pista cubierta y otra hora y pico de vuelta; y a -20º C, la verdad es que no apetecía mucho salir de casa... Los rodajes los hacía en una vuelta de 170m que tenía un gimnasio cerca de casa, hasta que la temperatura permitía salir a correr fuera. Entrenar solo me sirvió para hacerme fuerte mentalmente. También tuve la oportunidad de correr en Nueva York, donde hice 1:51.59 [a 14 centésimas del entonces récord de España sub-18 de Manuel Olmedo] y casi gano al actual campeón mundial de 800, Donavan Brazier [que hizo 1:51.57]. Por aquel entonces, aún se podía pegar uno a él [risas]… Competí en Los Ángeles, donde bajé por primera vez de 3:50, batí el récord de España de pista cubierta sub-18 de 1.500… Y para culminar todo ese aprendizaje, conseguí el 6º puesto en el Mundial sub-18 en 1.500. Ojalá pudiera repetir ese año; fue increíble.

Llama la atención lo bien que compatibilizas los 800 y los 1.500 metros y, tras un 2018 menos favorable, este año has vuelto a dar un buen bocado a tus MMP respectivas (1:46.79 en Barcelona, sólo 4 días después de tu oro en Gävle, y 3:39.11 a principios de junio en tu ciudad). ¿Crees que reflejaron esas marcas tu estado de forma, o 'valías' más? ¿Seguirás apostando por ambas distancias en el futuro?
Uno siempre quiere más [risas], pero intentando ser objetivo y en base a los entrenamientos que realicé, creo que sí valía unos 3:37/6 y rondar el 1:45 altos. Pero todo se andará. Afinamos mucho para el Europeo sub-23 y puede ser que eso condicionase un poco el resto de temporada; aunque no me importaría repetirlo, porque ya no voy a tener más Europeos sub-23. Sin embargo, Mundiales y Europeos creo que quedan unos cuantos por delante… La idea es seguir haciendo las dos, y buscando aprovechar los puntos fuertes de cada una en la otra prueba: la velocidad del 800 en el 1500 y la resistencia del 1500 en el 800. Creo que son dos pruebas que se compaginan bastante bien. Además, preparar las dos hace mucho más dinámico el entrenamiento.

Curiosamente, en ese mismo Meeting de Barcelona fue donde otro 'millero' de tu edad que venía de quedarse dolorosamente fuera de la final en Gävle (y más novato en 800m) sorprendió con esos 1:45.78 que le dieron el billete al Mundial. ¿Qué te pareció lo que hizo Adrián Ben ese día y después en Doha, con ese histórico 6º puesto en la final y esos espléndidos 1:44.97 en semifinales?
No hay otra que quitarse el sombrero y aplaudir lo que hizo Adri después de Gävle. Porque no es nada fácil levantarse después de un duro golpe como fue el del Europeo sub-23… Y de qué manera lo hizo: a lo grande, porque al fin y al cabo, Adri es muy pero que muy bueno. Creo que es lo bueno del atletismo; siempre te da segundas oportunidades. Somos afortunados por poder competir con un atleta de su talla; nos hace exprimirnos al máximo y buscar ser mejores cada día. 'Galicia calidade' [risas]…

Ahora, el reto inminente es el Europeo de Cross del 8 de diciembre. En esa competición ya acumulas tres medallas por equipos; sobre todo el oro sub-20 de Samorín 2017, donde además llegaste 8º. Tras tu buena actuación en Atapuerca, ¿a qué aspiras en la prueba sub-23 de Lisboa? ¿Es mejorable tu actuación de hace dos años?
Esta temporada, con el Mundial de pista cubierta en el horizonte, el cross no era prioritario. El equipo nacional consideró que me necesitaba, así que vestiré los colores de España con el orgullo y la responsabilidad que acarrea. El entrenamiento que estoy realizando ahora mismo me capacita para disputar la prueba de 8 km de forma competitiva. Mejorar ese 8º puesto creo que va a ser difícil, por la calidad de los atletas que van a competir, porque hay muchos que han preparado el campeonato a conciencia y porque ya no son los 6 km de júnior que se adaptaban genial a mi perfil de corredor. Creo que sería un buen resultado quedar entre los 15 primeros.

Por último, ¿qué objetivos tienes para 2020, tanto en marcas como en campeonatos? ¿Y más a largo plazo?
Podría contestar esta pregunta con una palabra: Tokio. Es un sueño que tengo desde pequeño y que este año se ve alcanzable. En el camino hasta Japón me gustaría clasificarme para el Mundial de cubierta y correr estable por debajo de 3:40 y en 1:45. El Europeo de París [del 26 al 30 de agosto] también entra en los planes. No sé qué ocurrirá, pero lo que sí sé es que tengo mucho trabajo por hacer, porque lograr un puesto en cualquier campeonato internacional va a estar muy caro con el nivel actual del mediofondo en España. A largo plazo no sé todavía; un año tan importante como este hace que centre toda mi atención en el presente.

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