Real Federación Española de Atletismo





 viernes, 15 de noviembre de 2019   ENTREVISTA WEB 85/2019
José Manuel Abascal, 35 años después: "Ya no quiero más turbulencias en mi vida"

Por : Alfredo Varona


Coe, Cram, Abascal.

Volver a ver esa carrera, a recitar ese podio de la final de 1.500 de los JJOO de Los Angeles 84, es recuperar la ilusión, entender la vida, comprender la gloria, enamorarse de todo.

También es escuchar a José Manuel Abascal 35 años después, que habla de esa carrera como "una carrera apasionante, llena de fuerza y, modestia aparte, de valentía por mi parte".

"Demostré que a veces la fe mueve montañas", argumenta. "Me esforcé al límite. A falta de 600 metros, lancé el ataque. Sabía que era el momento. El único momento que podía encontrar. Scott había pasado la primera vuelta en 56 segundos. La gente ya estaba cansada y yo no podía permitir que nadie cogiese aire, porque yo no tenía un final explosivo. Utilicé la resistencia, el ritmo y, para empezar, conseguí que cayese Ovett, que entonces parecía imbatible"

En realidad, fue la radiografía perfecta de José Manuel Abascal. El hombre que vino al mundo para luchar.

"He sido un luchador nato toda mi vida. No consigo recordarla de otra forma. Aprendí en Moscú lo que eran unos JJOO y me dije: 'en los siguientes tienes que hacer algo más', y lo hice. Y no pensaba en una medalla, pero sí en un puesto de honor".

Pero arriesgó como sólo se arriesga la gente que cree en lo que hace:

"Tenía que lanzar la carrera hasta que me cayese de espaldas".

Y la lanzó. Y quizá por eso hoy todos admiramos su nombre y los que teníamos edad recordamos donde estábamos ese día o esa madrugada de Los Ángeles 84, de la primera medalla olímpica española en pista.

Sin embargo, él recuerda algo más: lo que le permitió llegar hasta allí. El niño que nació en Alceda, en Cantabria, en la falda del puerto de El Escudo, donde sus padres tenían "unas vacas en unas fincas".

Y eso le hizo tan duro desde pequeño.

"Llevaba la leche al camión. Iba corriendo a la escuela. En las cabañas no teníamos ni luz ni agua corriente. Teníamos que traer leña para el fuego porque a más de 1.000 metros de altitud había frío, había nieve, encontrabas todo lo que te puede endurecer para la vida real".

Y la vida real estuvo en esa final de Los Ángeles, donde las tres carreras fueron en tres días seguidos que Abascal corrió en 3'37", en 3'35" y en 3'34". Y el último día, el de la final, cuando lanzó ese ataque a falta de 600 metros, ya estaba preparado para reventar.

No le dio miedo. Sabía que debía ser así.

"Iba muerto, pero tenía que aguantar un minuto más. No podía ni levantar las piernas, pero tenía que aguantar un minuto más, porque, para mí, el 1.500 sólo se trataba de aguantar un minuto más cuando ya ibas muerto. Y tenía que hacerlo, porque no me podía permitir ir a menos".

Quizá por eso el día que se retiró del atletismo se sintió en el paraíso: "Respira, coge aire y ahora vive un poco", se dijo a sí mismo.

Nadie le convenció de lo contrario.

"El atletismo había sido extenuante, mucha dureza, muchas competiciones… González, Moracho, yo…, corríamos todos los mitines de la Golden League: Zurich, Bruselas, Rieti… Cuando se acaban los JJOO, los Mundiales, los Europeos, no se acababa nada para nosotros. Seguíamos hasta finales de septiembre o primeros de octubre y, al final, uno acababa totalmente exhausto. No te quedaban fuerzas para nada".

Por eso el día que se retiró y le preguntaron 'José Manuel, ¿no echas de menos el atletismo?', la respuesta fue un "NO" clamoroso, único, insustituible. "No, no, al contrario", justificó. "He hecho lo que tenía que hacer y a partir de ahora, que ya me he convertido en un soldado raso, correré sólo para que me valgan los trajes". Y años después todavía lo justifica:

"Mi cabeza, mis músculos estaban en constante ebullición. Siempre en tensión. Siempre con nervios. Había una gran dureza. Por eso el día en el que todo eso dejó de existir me relajé porque ya no iba a haber más entrenos agónicos en mi vida, y sentí una tranquilidad, una paz… No iba a haber un solo día más en mi vida en el que me lo jugase todo en un momento".

Y fue vivir. Y fue recordar que, pese a todo, en el atletismo de elite había sido un hombre feliz. "Me formé como persona. Viajé por todo el mundo. Corrí en los mejores estadios del planeta. Pero, sobre todo, conocí, aprendí. De hecho, si volviese a nacer volvería a ser atleta", sentencia.

Pero hoy, a los ojos de los demás, se trata de explicar el precio de ser atleta, "de entender que no hay nada gratis en la vida y de que cada uno habla de lo que ha vivido. Yo viví esto y hablo de esto, de la lucha constante que el atleta vive consigo mismo y a veces con los demás, y de verdad que era extenuante. No puedo recordarlo de otra forma".

Porque, sí, es verdad que todos tienen dos piernas y dos brazos igual que tú. Pero ¿acaso ese día estás preparado para ponerte a ritmos extremos?", pregunta en voz alta. "Y no, no es fácil hacerlo un día tras otro".

Abascal relata su experiencia: "Si la carrera era rápida en 1.500 yo tenía que hacer un ataque contundente a falta de 600 metros. Y no era fácil saber que ésa era mi única opción para hacer algo. Pero yo era un hombre de ritmo que llegué a hacer 13'12" en 5.000 que en aquella época fue la cuarta mejor marca del mundo".

Y, en realidad, hoy ya no se trata de comparar su vida con la de nadie, "porque vivir es duro. Duro para todos. Pero cada uno elige lo que quiere y a veces ni eso. Yo no quise ser atleta, yo jugaba al fútbol, pero un día vino el profesor que dijo que necesitaba a uno para correr un cross y me eligió a mí. Y, a partir de entonces, entendí que la única forma de llegar lejos era dejarme la piel, que la disciplina es la clave del éxito".

A los 61 años, José Manuel Abascal ya es un libro abierto. Trabaja desde hace cuatro años de Director de Deportes en el Ayuntamiento de Calafell (Tarragona), pero lo más importante es que hace frente con solvencia a esa pregunta: "¿Eres feliz?"

La respuesta es sí, vuelve a ser sí.

"No busco otra cosa más que eso: felicidad y tranquilidad. Ser feliz es bonito, pero es difícil. Y yo creo que lo he logrado casi siempre. Pero, a partir de ahora, ya no quiero más turbulencias en mi vida. He pasado demasiadas, incluso, en los aviones cuando viajaba a Australia, Japón, India…, qué sé yo. Pero todo eso ya pasó en mi vida y tuve la suerte de vivirlo".

Y de llegar al cielo como llegamos aquel día en el que recitamos aquel podio que aún sigue vivo en la memoria:

Coe, Cram, Abascal…

Enlaces relacionados:

Historial Depoprtivo de José Manuel Abascal
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Foto: www.eldiariomontañes.es
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Medalla de plata en el Europeo de Atenas 1982
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Victoria en la Copa de Europa de Praga en 1983
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Con su medalla de plata del Mundial Indoor de 1987
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Juntoa  que fuera su entrenador, el gran Gregorio Rojo
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