Real Federación Española de Atletismo





 viernes, 25 de octubre de 2019   ENTREVISTA WEB 79/2019
Carmen Avilés, 400 razones para soñar

Por : Emeterio Valiente - Fotos Bakú: Carlos Pintiel


El inocente viaje de su hermana a Córdoba para estudiar danza descubrió a uno de los mayores talentos jamás conocidos en el cuarto de milla, que ahora se encarga de pulir Antonio, bravo por él. Sus prestaciones no merecen menos calificativo que alta velocidad española, seguramente consecuencia de su incesante trasiego Córdoba-Madrid y viceversa. Aún no ha tenido que devolver el importe a los viajeros por llegar tarde a meta, más bien al contrario, se barruntan colas de cuatro hectómetros para comprobar cómo derrota al láctico en la última recta.

Antes de adentrarnos en el tartán, la revelación del 400 patrio en categoría sub-18 nos aclara su enriquecedora trayectoria vital, geográficamente hablando, cuando se le inquiere por su doble condición de capitalina y andaluza: "he de decir que me siento identificada con las dos ciudades. Nací en Madrid, en el hospital de La Paz, aunque toda mi familia es de Córdoba. He vivido con mi familia en Tres Cantos hasta los 14 años y hace tres años que nos mudamos definitivamente a Córdoba. Soy tricantina y cordobesa a la vez. Por mi cuerpo corre sangre cordobesa y desde siempre hemos bajado a Córdoba para disfrutar de toda mi familia, como mínimo una vez al mes y, por supuesto, en vacaciones. Los meses de verano siempre los he pasado en casa de mis abuelos y tengo muchos amigos. Vivir en Córdoba es una maravilla y es un orgullo que me identifiquen como 'la cordobesa'".

Llama la atención que esa monitorización del rendimiento de un atleta llamada estadística no arroje datos de Carmen con anterioridad a 2017, pero todo tiene una explicación: "estuve mucho tiempo haciendo danza con mi hermana en Madrid y probé también con varios deportes como el baloncesto y el badminton como actividades extraescolares, pero al irse mi hermana a vivir a Córdoba para estudiar danza, decidí cambiar mi rutina y buscar otra actividad. Mi madre me habló de entrar en la escuela de atletismo del Club Oasis de Tres Cantos, me pareció muy buena idea y allí fue donde me inicié en el atletismo. Durante ese primer año estuve probando varias disciplinas y las que más me gustaron fueron la velocidad y la longitud. Ya viviendo en Córdoba, conocimos a mi entrenador, Antonio Bravo, y fue él el que después de varios entrenamientos nos comentó la posibilidad de entrar en el club Los Califas y federarme a nivel nacional".

Su relato sobre el cambio que notó al pasar del 300 sub-16 al 400 sub-18 ya invitaba sin duda al optimismo al calibrar su potencial en la vuelta a la pista: "la primera impresión que tuve tras hacer el 400 fue que cansaba mucho menos que el 300, en parte creo que puede ser porque no sabía muy bien cómo correrla. Hoy en día pienso que el 400 me viene mucho mejor puesto que soy capaz de seguir acelerando y aguantar bien hasta el final y desde luego las marcas son mucho mejores que las que obtenía en el 300". Sea acelerando o, posiblemente, desacelerando menos que sus contrincantes en los postreros compases, el futuro que se le presenta en la distancia se antoja más que halagüeño…

Debutar en 400 y empezar a coleccionar preseas fue todo uno en su caso, con especial y cariñoso recuerdo para su plata cubierta en Antequera 2018, adonde acudía con 58.52 y de donde salió con 55.53: "recuerdo esa plata como si fuera ayer: esos nervios, la respiración, la entrada en meta, la cara de ilusión de mi entrenador, de mis padres, de mi club… creo que fue una de las carreras más bonitas que he corrido nunca, pero lo que realmente me marcó fue el pase a la final bajando mi marca dos segundos con 56.40 porque me ayudó a creer en mí misma y a volverme a superar en la final donde vi cómo el marcador indicaba ese 55.53". Ya al aire libre se dio el gustazo de proclamarse campeona andaluza absoluta de 200 a la nada provecta edad de 16 años con unos nada desdeñables 24.76, "el 200 es una distancia que también me encanta, soy capaz de recuperarme mucho mejor y el ácido láctico no me juega tan mala pasada. Se hace mucho más ameno y se mantiene esa velocidad constante hasta el final; pienso que es una prueba que tiene mezcla del 100 y del 400 ya que debes tener una salida explosiva y saber resistir y controlar hasta el final", analiza Carmen.

Si el 2018 fue prometedor, 2019 presenció su eclosión, dominando con mano de hierro la distancia en España, amén de debutar en el absoluto, una progresión que le ha cogido por sorpresa incluso a ella "cuando empecé la pretemporada del 2019 no sabía lo que se me iba a venir encima, pero simplemente hemos ido progresando e intentando hacer cada carrera mejor. Mi evolución se debe sobre todo al trabajo que llevo detrás, la dedicación, la constancia, el sacrificio, la disciplina… físicamente me encuentro mucho mejor y la mejoría ha sido notable en el desarrollo de la musculatura, además de que gracias, a Antonio Bravo, los entrenamientos han sido más completos". Sobre su mentor no tiene sino toda clase de parabienes: "Antonio es un gran profesional y amante del atletismo. Es una persona tranquila, amable y entiende perfectamente la psicología del atleta y de los jóvenes. Me hace fácil el aprendizaje y cómo afrontar tanto los entrenamientos como las competiciones debido a su experiencia como atleta. Se podría decir que me lleva de la mano y que sin él no estaría donde estoy ahora mismo. Tenemos plena confianza el uno en el otro y una gran complicidad. Es una suerte que nuestros caminos se hayan cruzado".

La madre de todas las carreras de 400 tuvo lugar en Getafe en el transcurso de Trofeo de Federaciones sub-18 cuando nuestra protagonista, espoleada por la cercanía infinitesimal de Blanca Hervás y la reputada ochocentista Lucía Pinacchio, se incrustó en la quinta plaza de la lista nacional de todos los tiempos a cuatro décimas de la plusmarca española: "recuerdo que el calentamiento fue caluroso, pero la temperatura y el viento para correr eran ideales. Los nervios aumentaron un poco en cámara de llamadas y yo no paraba de repetirme en la cabeza que era capaz de superar mi marca. El disparo sonó y me di cuenta de que había hecho una buena salida, lo que me motivó para seguir adelante al ritmo que iba marcando. Los últimos 100 m fueron los más costosos, era donde más tenía que luchar contra mi cabeza y la llegada a meta fue tan ajustada que ninguna sabíamos quién se había proclamado ganadora de la prueba. Cuando cierro los ojos y revivo la carrera, la primera imagen que se me viene a la mente es la del marcador y la cara de emoción de mi familia al escuchar cómo me nombraban como primera por los altavoces. Esa carrera me marcó y no la olvidaré jamás".

Lo prácticamente increíble es que llegaba a esa cita con 55.54 y salió de Getafe con un 53.86 en el zurrón, mejora que roza lo inverosímil en un evento tan efímero como la vuelta a la pista, "todos los que me conocían sabían del buen estado de forma en el que me encontraba y que la marca que tenía estaba en calidad muy por debajo de la que era capaz de conseguir porque no había tenido la oportunidad de probarla en una competición oficial con tanto nivel", desgrana orgullosa Carmen.

Ese 400 de postín le abrió las puertas del Europeo de selecciones de Bydgoszcz, y nos relata tan fastuoso momento, "me dieron la noticia en cuanto llegué de Azerbaiyán del Festival Olímpico de la Juventud Europea y deberían haber grabado mi cara porque me quedé tan impactada que no sabía cómo reaccionar. En cuanto lo asimilé me di cuenta de lo importante que era esa convocatoria y de la gran oportunidad que tenía de estar con la élite del atletismo español representando a mi país. Era la ocasión para dar lo mejor de mí y de aprender de las experiencias que se viven en un campeonato, como por ejemplo ha sido pasar mi primer antidoping".

En la ciudad polaca más atlética compartió relevo mixto junto a Andrea Jiménez, Bernat Erta y Darwin Echeverry, estableciendo el récord de España en 3:20:47, "la experiencia fue increíble porque, aunque los cuatro que formábamos el relevo éramos muy jóvenes, salimos motivados para conseguir una buena marca y sabíamos que nos codeábamos con dos selecciones muy fuertes como eran la francesa y la británica. Mi posta era complicada porque las otras dos participantes tenían mejor marca que yo, pero salí con decisión y mantuve la distancia más o menos controlada hasta la entrega del testigo". En esta novedosa y espectacular especialidad, Carmen ve con buenos ojos la libre elección del orden de los relevistas, "creo que debe seguir siendo libre el orden porque se mantiene la emoción y la incertidumbre y distancias que parecen insalvables acaban siendo recortadas al final de la prueba".

En el ya mencionado festival olímpico de la juventud europea (FOJE) ganó la 'medalla de chocolate' con 54.65, su segunda marca de siempre y solo nueve pírricas centésimas le separaron del 'cajón', "en Bakú, los nervios y la presión junto a las condiciones de temperatura y humedad en Azerbaiyán no me permitieron mejorar la marca. El cuarto puesto me supo agridulce porque sabía que tenía opciones de medalla y aunque un cuarto puesto europeo es un buen resultado, para mí es sobre todo un nuevo aprendizaje para analizar la carrea y poder mejorar en un futuro". Donde sí subió al cajón, y en el peldaño más elevado, fue en el relevo 'medley' (100/200/300/400) con plusmarca española (2:08:53) de propina: "es un relevo complicado porque el 100 (Laura Pintiel) y el 200 (Esperanza Cladera) se corren muy rápido y hay que tener mucha coordinación para que no se caiga el testigo. En el 300, que corrí yo, además de esa entrega, se añade la dificultad de pasar a calle libre donde entran en juego otros factores que aumentan la probabilidad de que pueda ocurrir algún percance como que te cierren la calle, te hagan caer o te tiren el testigo. Finalmente, hay que rematar con un buen 400 (Salma Paralluelo) y en nuestro caso conseguimos entre las cuatro batir el récord de España tanto en la semifinal como en la final".

Con la mirada puesta ya en el 2020, Carmen relata sus objetivos, "el campeonato de España sub20 y conseguir la marca mínima para poder competir en el mundial de Nairobi (Kenia) sub-20 (7 al 12 de julio) y a nivel absoluto mejorar el puesto del ranking y participar en el campeonato de España. En el conjunto de mi carrera deportiva me encantaría participar en unos Juegos Olímpicos y conseguir muchas más internacionalidades".

Acerca de su rutina atlética diaria comenta: "entreno cinco días por semana; los días de series cortas suelen motivarme mucho, en cambio los de series largas se me hacen un poco más pesados". Si bien la carrera de 400 parece ser en la que perseguirá sus sueños, la elección académica no está aún tomada: "aún me estoy planteando mi futuro, pero tengo muy claro que quiero estudiar una carrera y compaginarla con el atletismo. Me gustan varias y todavía no me he decantado por una".

Aún resuenan los ecos del Mundial qatarí que finalizó a principios de mes, ahí va su valoración, "destacaría el gran papel que hicieron los participantes españoles luchando contra las condiciones atmosféricas y la ausencia de público. Me vi reflejada en muchos de ellos por su ilusión, por su juventud y por su esfuerzo... Nos hicieron vibrar de emoción y sufrí con ellos porque me imagino lo mucho que cuesta llegar a un Mundial".

Más allá de la agonía de las marcas y las medallas Carmen reflexiona sobre qué es lo mejor que le aporta el deporte olímpico por excelencia, "una de las cosas más bonitas del atletismo es la gente que lo compone, la felicidad que crea y el compañerismo que se vive con respecto a otros deportes. Gracias a este deporte he aprendido a organizarme, a conocerme a mí misma, a madurar, a ganar y sobre todo a saber perder, porque de cada derrota aprendes una cosa diferente que seguramente te ayudará a triunfar más adelante"; sin duda, estremecedoras palabras, más aún si quien las recita apenas cuenta con 17 años…

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