Real Federación Española de Atletismo
           


 martes, 09 de julio de 2019   ENTREVISTA WEB 55/2019
Mateo Cañellas: "A los 20 años te crees que lo sabes todo y te equivocas"

Por : Alfredo Varona


No sé por qué razón arrancamos esta conversación hablando de un atleta de su generación que, a los 47 años, sigue compitiendo a gran nivel y que Mateo Cañellas define como "el ejemplo más puro de la voluntad". Se refiere a Luismi Berlanas y, es más, recuerda aquellos años en los que "los demás nos tomábamos una pizza y él pedía una ensalada".

Todo esto le vale para explicar hoy a Mateo, como responsable de desarrollo y tecnificación de la Federación, que, en realidad, "el atletismo es actitud" y en formularse una pregunta que cada uno debe hacerse a sí mismo: "¿Qué estás dispuesto a sacrificar para llegar adonde quieres llegar?"

Y en la respuesta a esa pregunta es donde se descubre que "algo falla, producto de la generación de ahora en la que se busca lo inmediato y llegar con el mínimo esfuerzo. Ganar fácil y ganar cómodo. Por eso asistimos a determinadas edades que somos un país con uno de los consumos de ansiolíticos más altos del mundo lo que nos lleva a preguntarnos cómo estamos construyendo a los jóvenes. ¿Acaso les estamos dando suficientes recursos para gestionar las frustraciones?"

Mateo Cañellas acaba de hacer un estudio a 800 niños en los que ha regresado el niño que fue él. "Yo era parecido a ellos. Por eso me resulta fácil ponerme en su lugar. Yo también fui un niño que me creía maduro. Es más, con 20 años creía que lo sabía todo y no era fácil que me apease de esa idea". Sin embargo, hoy, a los 47 años, entiende que "sólo era un problema de juventud que me permite ponerte en la piel de los chicos que ahora tienen esa edad. Soy consciente de la presión social que tienen de ser buenos, de orientarla mucho al triunfo y menos a la tarea. Y, precisamente, uno debe tener empatía para luchar frente a esa idea, para solucionar ese problema y para entrenar el hambre de esos muchachos".

La realidad es que no es fácil. Ni siquiera es válido su propio ejemplo, "porque yo pertenecía otra generación. Viví otra cultura en la que, si suspendía mi padre, no iba a ver al profesor para echarle la culpa, sino que me daba un cachete a mí. Me recordaba que el que había suspendido era yo, no el profesor. Y eso es importante, porque es un ejemplo que te queda para toda la vida y que te demuestra que todo es difícil y que todo necesita su tiempo. No como ahora, que tenemos que luchar frente a Internet, que proyecta la idea de que ser famoso es fácil. Y no: no lo es, de ninguna manera".

Hasta cierto punto, esta conversación se está convirtiendo en un tratado de sociología. Pero es que esa es una parte del trabajo de Mateo Cañellas, porque "luchamos frente a una sociedad en la que las redes sociales pretenden hacerte ver que, si no eres feliz, eres un fracasado. Y por eso tanta gente disimula a través de las redes. Y te muestra la vida que quisiera tener y no la que tiene. Y eso ha hecho de esta sociedad una sociedad muy perversa que nos ha pretendido convencer de que el éxito está en tener un millón de seguidores en Instagram. Y no: no es así".

"El éxito es otra cosa. El éxito es tener cultura, conocer la historia", insiste Mateo Cañellas, que regresa a una concentración del equipo nacional en categorías menores el día en el que se le ocurrió preguntar a los jóvenes, "¿sabéis quién es Mayte Zúñiga?", y nadie sabía que Mayte fue la primera atleta española en bajar de 2'00" en 800. "Os estoy hablando de una mujer que corre más que vosotros", añadió Cañellas que, a través de estos ejemplos, pretende explicar que el éxito no está sólo en el cronómetro. También radica en saber y entonces recuerda que en su época él sabía "quién era Daley Thompson, quién era Roger Bannister…, porque, si no sabía quiénes eran, no podía querer ser como ellos. No podía aprender lo que nos enseñaron".

"Sin embargo, ahora ya no sólo es lo que he contado de Mayte. Yo me he encontrado en una concentración del equipo nacional, en la que había lanzadores que no sabían siquiera quién era Manolo Martínez. Y me dolió que me contestasen que no, que no lo sabían. Pero es que eso no es culpa suya, sino de una sociedad en la que se vive a expensas de lo inmediato, obsesionada con lograr las cosas a corto plazo, y en la que hay mucha información horizontal y muy poca vertical. Y no: insisto en que ése no es el camino".

Mateo Cañellas fue subcampeón del mundo de pista cubierta y campeón de Europa en 1.500 lo que permite clasificarle como "un grande" en los años noventa, aunque él diga que no. "No, no lo fui. Lo que pasa es que gané medallas que ahora difícilmente se ganarían. Fui en la cola de un pelotón muy bueno en el que estaban Fermín Cacho, Isaac Viciosa, en el que aparecía Reyes Estévez… Ahí yo lo intenté hasta donde llegué. Me exprimí lo que pude y es verdad que lo dejé demasiado pronto, a los 25 años en 1998. Pero es que mi época tampoco fue fácil. Siendo campeón de Europa y subcampeón del mundo, no tuve siquiera opción de ser olímpico".

"Hoy, lo dices y a la gente le cuesta creerlo", argumenta Cañellas. "Pero es que en aquella época el campeonato de España de 1.500 tenía casi más nivel que el de Europa. Mirabas a la derecha y a la izquierda. Por un lado, aparecía un campeón olímpico. Por otro, uno de Europa, del mundo, qué sé yo. El caso es que el punto de referencia era altísimo y no era fácil desenvolverse entre gente de esa calidad. Entendías que, aunque quisiera, yo no podía ser como ellos ".

No se sabe si es la razón por la que lo dejó tan pronto, pero él siempre pensó que era "mejor estudiando que corriendo" y el cuerpo entonces le pedía volver a estudiar, a trabajar. "Me dediqué al marketing hasta que volví a Mallorca". Desde entonces, han pasado dos décadas en las que no ha dejado de estudiar en busca del futuro que ahora explica a tantos niños a los que, sin embargo, no pone de ejemplo su juventud. "No, porque mis veinte años eran diferentes. Creo que sabía más y no teníamos tantos problemas de concentración como uno ve ahora. No había tantas cosas que pudieran distraernos. Y si estabas aprendiendo técnica te concentrabas en aprender. Sin embargo, ahora ya no y ahí esta el problema que luchamos por solucionar y que algún día solucionaremos si convencemos a los chavales de que esto va a ser duro y de que no vale sólo con el talento. Y para lograrlo hay que entrenar la actitud, el hambre".

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