Real Federación Española de Atletismo





 martes, 04 de junio de 2019   ENTREVISTA WEB 43/2019
Armando Roca, veloz y renacentista

Por : Sergio Hernández-Ranera


El personaje se lo pone fácil al entrevistador. Da la impresión que cualquiera, aun lego total en el mundo del atletismo, podría exprimir de una charla con él una información que de puro jugosa, trasciende al ámbito meramente deportivo. Es lo que sucedió el pasado 25 de mayo durante la celebración del II Memorial Miguel de la Quadra-Salcedo en la antigua pista de atletismo de la Ciudad Universitaria de Madrid. Allí, un hombre de pelo cano revoloteado, fino como un pincel y enfundado en un traje de entrenamiento negro que se le ajusta como un guante, parece irradiar un aura especial apenas da las primeras zancadas de su calentamiento, gráciles y suaves. Da gusto verle. Y en cuanto agarra el micrófono para saludar al público congregado, la impresión se reafirma. Es el sprinter Armando Roca García (Balaguer, 1934), campeón de España de 100, 200 y 4x100 metros entre finales de los años cincuenta y principios de los sesenta, atleta internacional en catorce ocasiones. Toda una institución en el atletismo máster, ha venido a honrar la memoria del inolvidable Miguel de la Quadra-Salcedo y a encontrarse con sus antiguos compañeros. Es decir, ha venido a correr.

Cronología: Estudiante, Atleta, Recluso y Arquitecto
Luego de correr integrado en un equipo del relevo corto, ya sentado en una mesa de la terraza anexa a la pista y tras insistir en tratarnos de tú, Armando Roca, todo un chaval, se pide un refresco de cola mientras se pone una chaqueta de chándal del equipo de atletismo de Tolosa (Guipúzcoa), su lugar de residencia desde hace más de cinco décadas, y se cambia de zapatillas. Unas zapatillas que muchos catalogarían de jurásicas, pero que yo digo que tienen pátina. "El año pasado, antes de venir al I Memorial, pregunté de qué era la pista. '¡Pero si no la han cambiado en sesenta años! ¡Sigue siendo de ceniza!', me dijeron. Pues cogí unas zapatillas de clavos de la época. Son estas, creo que son Adidas", explica. Y antes de lanzar la primera pregunta, como adelantándose al pistoletazo de salida, Armando toma la palabra: "Me gustaría hacer un pequeño análisis cronológico y luego analizamos las distintas fases". No es una salida falsa, así que la recta es toda suya.

" Hice 11.6 en pista de ceniza y con alpargatas de payés. Fue mi primer 100"

Pues cuéntame, Armando.
"Nazco en Balaguer, cuya plaza es de las más grandes de Cataluña, si no la que más. Me formé en esa plaza, donde podías practicar todos los juegos posibles", comienza diciendo, no sin antes despedirse con afecto de un señor también entrado en años. "Es Albarrán [José Luis Albarrán, 1935], uno de mis contrincantes. Cuando yo salía los sábados, le cogía el traje a él, amistad total", puntualiza. "Bueno, en esa plaza a mí no me pillaba nadie. Parece que tiene poca relevancia, pero cuando con diez, trece o quince años dominas una situación, te crees algo. Yo era canijo de brazos, los entrenaba en una viga en mi casa. Mi primera carrera fue en Barcelona, organizada por Acción Católica. Eran una especie de Juegos y yo iba integrado en el equipo de baloncesto. Un compañero me propuso presentarme a los 50 metros. Me los cepillaba a todos. Pero nos eliminaron en baloncesto y no pude correr la final. Después terminé el bachillerato y me mudé a Barcelona. Entonces, en 1952 o 1953, organizaron en Montjuic un campeonato de principiantes, no de federados. Fui en alpargatas, tío, con pantalón de pana y jersey gordo. Hice 11.6 en pista de ceniza y con alpargatas de payés. Fue mi primer 100."

" Aquí no me ganaba nunca nadie. Hasta que me metieron en el trullo"

Madre mía...
Pues récord de los campeonatos y récord de Cataluña. Me dieron una copa que no la podía ni abarcar. No tenía ni 20 años. Entonces empecé a entrenar en el club de natación de Barcelona, en la sección de atletismo. Fui con Raimón Vancells Buscató, primo de Nino [Nino Buscató, baloncestista internacional]. Después de un año de entrenamientos, me voy de vacaciones a Balaguer por Semana Santa y me apunto a un encuentro de atletismo en Lérida. Allí un tal García, al que llamábamos Paganini (porque estaba aprendiendo a tocar el violín), corría muchas populares. Era un mitin bastante completo y fuimos en un taxi Hispano-Suiza, de ocho plazas. Yo gané los 100 metros con 10.9, récord de Cataluña. Pero entre los organizadores había un cuchicheo. Viene una responsable y me dice: 'Armando, te tengo que pedir un favor. Este encuentro se ha montado para dar un trofeo a Paganini, pero por las tablas húngaras su marca vale 400 puntos y la tuya 900'. En aquel entonces en Barcelona las cosas estaban serias y en Lérida, bueno, pues más o menos. '¿Qué hacemos?', le pregunto. 'Si te parece, le damos el trofeo a Paganini y la semana que viene te mandamos uno igual a Balaguer'. Mira, yo estaba emocionado. Además, yo conocía a Paganini, iba corriendo por los pueblos, le premiaban en especie. Total, mi apreciación era que yo acababa de salir del cascarón y veía que todo lo que iba haciendo, lo hacía bien. Aquí, en esta pista de Madrid, no me ganaba nunca nadie. Hasta que me metieron en el trullo".

¡No me fastidies!
Sí, fue por asuntos extra deportivos. Fue en 1956, en Barcelona. Había protestas en la universidad, yo estudiaba Arquitectura y los tanques rusos habían entrado en Budapest... A mí me pillaron. [Inciso para saludar a un joven, Juanma Bellón, redactor de As] ¡Tienes cara de velocidad! Bueno, según iban saliendo los estudiantes del patio de la Universidad de Barcelona, los detenían los secretas, que estaban disfrazados de paisano. Yo estaba a punto de salir cuando, de entre los árboles, salieron cuatro y me prendieron. Expediente negro por contubernio judeomasónico. Increíble. Entonces tenía un entrenador alemán, porque la Federación Catalana traía entrenadores extranjeros. Wolfgang Benz, se llamaba. Ese tío era bastante joven y había sido sprinter, casamos enseguida. Batimos el récord de España absoluto de 4x100. Había un farmacéutico que nos quería como a sus hijos y nos pagaba el taxi hasta Montjuic desde la plaza de Cataluña. Total, me meten en el trullo. Pero mi entrenador se viene a Madrid y pide audiencia para ver a Elola-Olaso, que era como el ministro de Deportes [José Antonio Elola-Olaso, jefe de la Delegación Nacional de Educación Física y Deportes, órgano precursor del CSD], y le dice: 'Este fulano tiene el récord de España en las piernas'. Elola-Olaso era un loco del atletismo y le hicieron los ojos chiribitas. Total, al cabo de dos meses ya estaba de nuevo entrenando y estudiando. Pero estuve veinte días encerrado... [Pausa para despedirse de otro señor] Es Jaime López-Amor, muy bueno, tenía mejor marca aquí que yo, pero cuando yo venía de Barcelona, le ganaba".

Íbamos por...
Íbamos por Vía Laietana para meternos en un barco e ir a Hungría y defender a los húngaros. Veinte días en la Modelo y expediente sancionador. Finalmente me sacan de allí, pero yo no me enteré de lo que había pasado. Pero si tienes ilusión, lo superas todo. En 1956 el Campeonato de España era en San Sebastián y, contra todo pronóstico, sin entrenar bien, hago 10.9. Y me seleccionan para ir a Lisboa, a la disputa de un encuentro España-Portugal. Llevábamos 25 años sin ganarles. En los 100 metros tenían a Antonio Faría Dos Santos, que había logrado el récord portugués con 10.4 unos días antes. Yo no lo sabía, pero estaba como un tigre enjaulado. Pues gané, hice 10.7 y batí el récord de España, que estaba en 10.8. Entonces, durante la ceremonia de premiación, veo subir la escalinata del Estadio Alvalade, que era como la de Montjuic, a un tío de dos metros vestido de blanco que viene y me dice: 'Se ha cumplido la profecía, tu entrenador Benz me dijo que tenías el ?ecord en las piernas'. Era Elola-Olaso. Benz era cáustico hablando en castellano con la gente y no me había dicho nada. Pero para mí aquello representó tal alegría, y me hizo sentir tan vivo y querido, que me marcó. Es lo más grande que me ha pasado. Imagínate, después de estar en prisión, denostado".

Y llegamos a la década de los sesenta.
"Sí, en 1960 fuimos a Chile, porque se celebraban en Santiago los I Juegos Iberoamericanos. Pero la anécdota la protagonizó Miguel de la Quadra-Salcedo, que ya era muy inquieto. Él sabía que había un barco que zarpaba rumbo a la isla de Pascua, y allá que se fue. Pero lo que no sabía es que no había otro barco de vuelta hasta seis meses después. Se quedó allí. Yo, a mi regreso, hice 10.8 en Vallehermoso. Y después me marché a Tolosa, en Guipúzcoa. A los treinta y cinco años todavía estaba activo. Hice una pequeña incursión en Estrasburgo en unos campeonatos de veteranos, pero no fue hasta 1984 cuando me metí de lleno en este tipo de competiciones. En Brighton, en 1984, quedé segundo en 100 y tercero en 200 metros. Hice 11.70 eléctricos con cincuenta años. Al año siguiente fui a Roma, donde tuve una triple alegría.

¿Y eso?
"Primero, porque conocí de primera mano la obra de Miguel Ángel. Estuve en el Vaticano, donde se celebró el concierto de la Misa de Coronación de Mozart, la primera vez, y dirigido por Herbert Von Karajan. Porque a Mozart le consideraban masón... [Hace otra pausa para despedirse de otro compañero] Es José Luis Martínez, discípulo de José Luis Torres, el que nos entraba a todos, una bellísima persona. A este le daba clases de geometría descriptiva, me pagaba más de lo que me enviaban desde casa, que eran cuatro perras... Bueno, el que me dio la entrada para el concierto era el maestro del museo de la Capilla Sixtina, el amo de allí. Conocía a un cuñado mío. Imagínate, yo tenía a un lado el altar de San Pedro, de Bernini, y al otro a Von Karajan. Y, tercero, los campeonatos del Mundo. En la semifinal se me rompió la zapatilla por la mitad y llegué despendolado. Pero uno de los que yo tenía delante, desapareció; se le murió alguien y se marchó. Y me repescaron. Quedé segundo. Me ganó un inglés de origen jamaicano con unas piernas como un ave zancuda. El relevo lo hicimos el inglés, otro más, un alemán y yo, pues era por continentes. El alemán nos levantaba a las siete para entrenar el relevo. Ganamos a los norteamericanos, que tenían dos campeones olímpicos. Ese tío, el inglés, bajó de 23 segundos en 200 metros con cincuenta años".

A Toda Velocidad en el Siglo XXI
Este siglo le sirve a Armando Roca para apreciar la existencia. "Como dice Iñaki Gabilondo hay que aprender a escuchar", dice. "Y a medida que te vas haciendo mayor, ganas en perspectiva; te das cuenta de lo maravilloso que es vivir. Disfrutas de las personas, del diálogo. La buena salud que he tenido y la suerte de haber conocido a la gente que conozco, es un aliciente", afirma. "Ahora descubro cosas que antes no veía. Este año se cumplen 500 años de la muerte de Leonardo, que tenía al mundo intrigado. ¿Cómo podía hacer perspectivas casi aéreas? Hizo una derivación del río Po hasta Milán, a través de un canal. Él veía cosas que no veía nadie. Es un poco lo que nos ocurre ahora. Ahora veo cosas que antes no. Es algo que nos mantiene, sentir la vida", explica, antes de atender a Estanis de la Quadra-Salcedo, quien se ha acercado a despedirse.

Desde 1981, Armando Castro acumula 73 medallas (71 de oro) a nivel nacional en las distintas categorías máster, siempre en pruebas de velocidad. A sus 13 récords nacionales absolutos (dos en los 100 m, con 10:6 y 10:7), hay que añadir 25 en categoría máster, de los cuales tiene un récord del mundo en el hectómetro en la franja de edad M65 (12:65) y otro europeo en los 60 metros (8:04). En 2014, con ochenta años cumplidos, corrió los 100 metros en unos espectaculares 15:04. "En el año 2000 gané los 100 y 200 m de los Europeos Máster en Finlandia, la patria del famoso arquitecto Alvar Aalto, quería ver cosas de él. Ese año batí el récord mundial de los 100 con 12:65 y al año siguiente, en Talavera, con un calor tremendo, hice 12:82", señala.

Te lo tengo que preguntar. ¿Cómo es posible? A vuestra edad la gente suele estar machacada, sois una excepción...
"Me viene a la memoria una máxima de los griegos: 'Médico, cúrate a ti mismo'. Se puede hacer, manteniendo el espíritu lúcido y crítico de las cosas. Yo soy curioso, me he ido probando a mí mismo. Yo tengo una molestia en una rodilla por la artrosis. Y cuando voy a entrenar, no es lo mismo que al subir las escaleras. Yo entreno tres veces por semana. Pero me tomo medio ibuprofeno con un té con limón y se me va la molestia. Hay que quererse a sí mismo, no es egocentrismo; hay que hacerse a sí mismo, somos creadores. Ya lo decía Pico Della Mirandola, un filósofo del Renacimiento".

¿Crees que esa sensación la consigues también con tus piernas?
"No, es la sensación de haber nacido, de haber evolucionado con el tiempo. Es la arquitectura, la filosofía, las amistades, las personas, la ilusión de vivir. Que te emociones".

Tengo entendido que cuando entrenas, si no puedes hacer un ejercicio, te las apañas para hacer un sustitutivo.
"Si me tomo una pastilla y no me quita la molestia, pues investigo hasta que doy con el medio sobre de ibuprofeno. Y esto es porque he sido curioso. Como Wolfgang Benz, que nos enseñó unas formas de entrenamiento que aquí no conocíamos. Consiguió una serie de aparatos que nos hacían sentir como gimnastas, hacíamos ejercicios casi acrobáticos, dar vueltas de campana, volteretas, etc."

¿No te dan ganas de exportar tu bienestar?
"Sí, sí. Un detalle: yo tenía un amigo que ingresó en una residencia de mayores. Un día me llama por teléfono y me dice: '¿Por qué no vienes un día, preparas una charla y nos enseñas cuatro ejercicios que puedan practicar los mayores?' Es un ejemplo de que las personas somos parte de una misma familia, hay una Humanidad que nos obliga. Y hay gente que piensa así. En el equipo de veteranos de Guipuzcoa contactamos con un responsable de la Diputación que nos pagaba los viajes y los consignaba a cuenta de 'bienestar social'. Nos pagó el viaje a Finlandia. Ya lo cambiaron y ahora pagamos todo. Pero hay gente que tiene esa sensibilidad, se da cuenta de que hacer estas cosas a esta edad tiene su mérito. Otro amigo, convaleciente, me contó que su médico le había dicho: 'Todo no lo deje, haga algo'."

Tienes un gran aspecto. ¿Sigues en tu peso?
"Peso lo mismo desde los 18 años. Antes de levantarme hago cuatro series de 30 repeticiones de abdominales en la cama. En pijama. También tengo una barra en casa. Y tengo 50 pulsaciones. Con veinte años tenía 44. ¡Como Induráin! El médico me dice que no haga nada ya. La artrosis me impide extender la pierna al 100%, hago ejercicios. Pero una vez caliento, impulso como antes. Aunque hoy vine tocado aquí; cuando me arregle la hernia, haré los mismos tiempos lanzado que hace 20 años. El año pasado no pude correr porque llegué tarde. Mi entrenador es un hijo mío que acabó INEF. En Tolosa hago series de 30, 40 y 50 metros, tengo la pista a 200 metros de casa. Yo mismo me cronometro y veo que son los mismos tiempos que el año anterior. [Saca unos papeles] Los tiempos parciales extrapolados al 100 equivalen a 15.6. Cuando estoy en plena forma, no me noto nada de nada. Estoy emocionado."

Y ya, para terminar, ¿hay algún rival de tu época que siga corriendo?
"A Jaime López-Amor se lo digo y me dice: 'Me han metido dos clavos, uno en cada cadera'. Y a Albarrán, al que le dejaba el traje cada fin de semana. No quedan compañeros que compitan ahora."

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