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 jueves, 31 de julio de 2014   NOTICIA WEB 182/2014
El salto de calidad se dio un 2 de septiembre de 1978 en Praga…
Actuación Española en los Campeonatos de Europa (II)

Por : Miguel Villaseñor (Miembro de la Asociación Española de Estadísticos de Atletismo - AEEA)


En este segundo capítulo describiremos la actuación española en los campeonatos de Praga 1978, Atenas 1982, Stuttgart 1986 y Split 1990. Apreciaremos a lo largo de estas cuatro ediciones el gran salto de cantidad y de calidad de nuestro atletismo y de cómo cambió la situación de nuestros atletas en el contexto europeo. El salto de calidad se dio un 2 de septiembre de 1978 en Praga…

PRAGA 1978
El atletismo español estuvo representado en Praga por, otra vez, 17 atletas, como en Roma, 14 hombres y 3 mujeres. La actuación española en la entonces capital checoslovaca se resume en un nombre: Jordi Llopart. Después de una prueba magnífica, el marchador catalán entraba primero en el estadio Rosicky y conseguía la medalla de oro en la prueba de 50 km marcha. Reproducimos aquí lo ya escribimos en esta misma web hace pocas semanas: "La gesta del atleta de El Prat de Llobregat fue el episodio más importante del atletismo español hasta ese momento. La obtención de una medalla para España en un campeonato de Europa absoluto, que en las últimas décadas ha sido algo afortunadamente habitual, era entonces casi una quimera imposible e irrealizable. Llopart lo hizo posible y abrió un camino que luego otros recorrieron. Era la primera medalla española en un gran campeonato internacional al aire libre y además de oro. El éxito de Jordi Llopart fue el final del largo y difícil camino recorrido por los atletas españoles a lo largo de todo el siglo XX, siempre a la cola de Europa. Pero, al mismo tiempo, el triunfo de Llopart era el principio de una nueva era. Desde entonces, ya nada sería igual para el atletismo español; los nuestros comenzarían a subir al podio en los grandes campeonatos internacionales". Llopart venció con 3h53:30, nueva mejor marca española sobre la distancia.

Se consiguieron dos puestos más de finalista. José Marín había logrado días antes un magnífico quinto puesto en la prueba de 20 kilómetros, logro obviamente oscurecido por el título de Llopart. En la prueba de 50 ganada por Llopart, se vieron obligados a abandonar el propio Marín y Agustín Jorba. La actuación del joven José Alonso, de 21 años, en los 400 metros vallas fue fantástica. Fue segundo en su serie, con 50.27, mejor marca española con cronometraje eléctrico. En semifinales volvió a ocupar el segundo puesto con 50.32, algo inesperado. En la final es séptimo, con 50.19, de nuevo mejor marca española eléctrica. Las tres marcas eran las mejores de su vida; era la primera gesta de 'Pepillo' Alonso, pero, como veremos, no la última.



Sin embargo, el resto de la actuación española no pasó de discreta, pues sólo Luis Sarría, Javier Moracho y Roger Oriol superaron la eliminatoria o calificación. El vasco estuvo de nuevo, como siete años antes en Helsinki, en las mismas puertas de la final, algo que hubiese hecho justicia a su trayectoria deportiva. En Praga no fue finalista por 14 centésimas. El joven oscense Moracho, también de 21 años, pasó su eliminatoria al ser cuarto y fue sexto en su semifinal. Era el comienzo de un largo camino en la alta competición. Roger Oriol, en pértiga, después de clasificarse para la final, no pudo actuar en la misma por lesión.

José Manuel Abascal, campeón de Europa Júnior el año anterior, fue eliminado en su serie de 1.500 metros, igual que el ya experimentado Fernando Cerrada en los 5.000. Juan Lloveras hizo lo propio en las vallas altas, al igual que los obstaculistas Antonio Campos, que tan buena actuación había tenido en Montreal dos años antes, y Domingo Ramón. El saltador de longitud Alberto Solanas no logró superar la calificación. En el capítulo femenino, tres mujeres viajaron a Praga. Carmen Valero estuvo muy discreta en la final directa de 3.000 metros y ocupó el puesto 23, y nuestras dos vallistas del 400, Rosa Colorado y Montserrat Pujol, fueron eliminadas al ser sextas, con marcas discretas, en su eliminatoria de una prueba que se disputó por primera vez en este Campeonato. De la vallesana Pujol se esperaba una mejor actuación, pues había sido ese año plusmarquista mundial júnior.

ATENAS 1982
La expedición española que se desplazó a la capital griega, a competir en el flamante y nuevo estadio Olímpico de Atenas fue de 23 atletas, la cifra más alta hasta ese momento, 19 hombres y 4 mujeres. El efecto péndulo de España, que comentábamos en el capítulo anterior, llegó a su fin, pues la actuación española en Atenas en 1982 fue espléndida. España obtuvo un botín de, nada más y nada menos, cinco medallas. Algo absolutamente maravilloso e inesperado. Pero es que sólo obtuvimos seis puestos entre los ocho primeros, es decir, la efectividad fue absoluta. Nuestro país se situó en un increíble quinto lugar en el medallero masculino, tras las dos Alemanias, la URSS y Gran Bretaña, y por delante de Italia, Francia, Polonia, Checoslovaquia… España consiguió una medalla de oro, dos de plata y dos de bronce. Aquel año también se habían conseguido cinco medallas en los europeos en pista cubierta de Milán.

Si en Praga la actuación española tuvo un nombre propio, Jordi Llopart, en Atenas, el nombre propio fue el de José Marín, que otorgó a España su segunda medalla de oro. El catalán venció brillantemente en los 20 kilómetros. Su exultante alegría al traspasar la línea de meta ha quedado para siempre como una imagen histórica del atletismo español. Veinticinco marchadores partieron del estadio y pronto los favoritos se ponen al frente de la prueba. El italiano Damilano y Marín comandan el grupo en el km 10. Por el 15 Damilano le saca diez segundos al español, que supera en un minuto al checoslovaco Pribilinec. Pero en el km 18 el italiano es descalificado, lo que deja el camino libre a Marín. Sus últimos metros desatan la euforia entre los españoles.

En la prueba más larga de la marcha, los 50 km, se alinea también José Marín junto al vigente campeón, Jordi Llopart. Marín se mantiene siempre en las posiciones delanteras, y después de diversas alternativas, marcha segundo junto al sueco Gustafsson tras el finlandés Salonen. Se deshace del sueco y entra segundo en meta. La gesta de Marín es gigantesca, pues nadie más que él ha obtenido medallas en las dos pruebas de marcha en el mismo campeonato de Europa. Llopart pasa sin embargo momentos difíciles durante la prueba y en ningún momento se sitúa delante, llegando a ocupar el puesto 18. Pero en la última parte recupera puestos progresivamente y al final logra un meritorio sexto puesto. Ambos llegan exhaustos, pues las condiciones han sido muy duras.



Antonio Corgos, de veintidós años de edad, era uno de los mejores saltadores de longitud de Europa y había logrado un espléndido récord nacional con 8.23 en 1980. La calificación es angustiosa para el catalán, pues después de los dos primeros saltos no ha conseguido la mínima; en el tercero y decisivo aterriza en 8.02 y se clasifica. Corgos puede ser medalla, pero en la final más de lo mismo. Después de cinco saltos es sólo sexto con 7.82. Pero en último salto vuela hasta 8.19, la segunda mejor marca de su vida en ese momento, y logra la plata tras el inabordable alemán Dombrowski. Nos puso el corazón en un puño, pero mereció la pena.

En los 1.500 metros se alinea el cántabro José Manuel Abascal, que tantas alegrías había dado en su época de júnior. Lamentablemente no puede estar por lesión el toledano José Luis González, que se había situado entre los mejores del mundo en esa prueba. Abascal vence en su eliminatoria con brillantez y seguridad. En la final el santanderino completa su gran actuación con la medalla de bronce. A punto está de lograr la de plata, parecía ya segura tras el británico Cram, pero el soviético Kirov le adelantó en la misma meta, por sólo 5 centésimas.

Los obstaculistas españoles habían tenido un comportamiento espléndido en los Juegos de Moscú, dos años antes. En Atenas el alicantino Domingo Ramón subió un peldaño respecto a la Olimpiada y logró una espléndida medalla de bronce. Había ganado brillantemente su serie y en la final, después de un ritmo intermedio que no era de su agrado, comenzó a tirar del grupo, que se rompió. La última ría la pasó en cabeza, pero no pudo impedir que el alemán Ilg y el polaco Maminski le adelantasen en la última recta.

Pasaron ronda pero cayeron en semifinales los ochocentistas Andrés Vera, muy bien en su serie, y Colomán Trabado, del que se esperaba que pudiese pasar a la final; Javier Moracho en los 110 vallas a punto estuvo de meterse en la final, algo que ya había saboreado en Moscú, quedando fuera por tres centésimas; José Alonso en los 400 vallas pasó a semifinales pero no pudo reeditar su éxito de Praga y ahí quedó eliminado; Juan Torres se metió brillantemente en la final de obstáculos en la que fue decimoprimero.

Hubo también sorpresas negativas, como la no clasificación para la final del obstaculista Sánchez Vargas, así como la discreta actuación del segoviano Antonio Prieto en la final directa de 10.000, en la que fue decimocuarto. Las cuatro mujeres que compitieron en Atenas tuvieron un comportamiento discreto: Mercedes Calleja en los 3.000 metros (16ª), Icíar Martínez en el duro recorrido del maratón (retirada) y nuestras vallistas Colorado y Pujol, que como cuatro años antes, fueron eliminadas con una actuación por debajo de su nivel. Compitieron además Ángel Heras en 200 metros, Benjamín González en 400, José Pacheco en 800, Santiago de la Parte en maratón (abandonó), Marceliano Ruiz en 400 vallas y Roberto Cabrejas y Miguel Ángel Moral en altura. La fondista Pilar Fernández tuvo la desgracia de no poder competir por enfermedad. Entre Praga 1978 y Atenas 1982 iniciaron su andadura internacional algunos de los atletas españoles más carismáticos, que llevaron a nuestro país a la primera división del atletismo europeo.

STUTTGART 1986
El atletismo español acudió al Neckarstadion de Stuttgart con 32 atletas, 22 hombres y 10 mujeres, la más alta participación hasta ese momento. Y acuden dispuestos a intentar emular lo conseguido cuatro años antes en Atenas. Empresa difícil, pero que en cierta forma se logró. Pues las medallas fueron tres, por cinco de Atenas, aunque los finalistas fueron nueve en total en lugar de los seis de la capital ateniense. La marcha acudía fiel a la cita de las medallas. Si en Praga y en Atenas el nombre propio español fue el de un marchador, en Stuttgart lo mejor de España venía de la mano de una chica de sólo 16 años: la marchadora Mari Cruz Díaz. La marcha femenina hacía su debut en un Campeonato de Europa sobre la distancia de 10 kilómetros. En un día lluvioso, la atleta catalana conseguía una medalla de oro inesperada, pues las favoritas aquel día eran las soviéticas y las suecas. La actuación de Mari Cruz fue sencillamente espléndida. Dominó la prueba y a falta de un kilómetro se despegó de sus rivales. Sorpresa general en el estadio, en el que no se había recibido información de la prueba. A la pista accede la primera clasificada… y era Mari Cruz, increíble, la propia marchadora no se lo podía creer. Consiguió la mejor marca española y europea júnior, 46:09, sacando pocos segundos a sus perseguidoras. El podio, con las suecas Jansson e Ibanez, era pura alegría. Reyes Sobrino también tuvo una actuación destacada, pues finalizó en meta en quinta posición. Su abrazo con la campeona sobre la pista fue emotivísimo. Ambas, como se recordará, habían sido campeonas europeas júnior el año anterior.



Las otras dos medallas serían asimismo inesperadas. De nuevo la marcha, esta vez la masculina de 20 km, nos proporcionaba una gran alegría. Miguel Ángel Prieto fue bronce con 1h21:36, marca personal por dos minutos y medio. En el km 15 figuraba en el grupo de cabeza, pero en el último kilómetro se le fueron el italiano Damilano y el checoslovaco Blazek. Resaltar como anécdota que disputó la prueba con la camiseta que había lucido Jordi Llopart en su triunfo en los 50 de ocho años antes. Prieto consiguió así el mayor logro de su carrera deportiva.

Y en los 110 metros vallas, Carlos Sala, que se había clasificado brillantemente para la final, se hacía en una carrera perfecta con otro bronce. Se había clasificado por tiempos para semifinales, en una carrera muy imperfecta. Pero en semis el catalán estuvo fantástico y fue segundo con 13.57. Sin embargo seguía sin ser favorito para las medallas. En la final su salida no fue buena, pero su carrera fue perfecta, en franca progresión y sin errores. Fue tercero con 13.50, marca personal, a sólo una centésima del récord nacional de Moracho.

Además del ya citado de Reyes Sobrino, hubo otros cinco finalistas. Se esperaba mucho de José Luis González, que nos había maravillado el año anterior con sus marcas. El toledano pasó con comodidad su eliminatoria de 1.500; en la final hizo una buena carrera táctica y a falta de 200 metros parecía que al menos la plata sería suya, pero faltando 120 metros le pasó Coe y a falta de 60 el holandés Kulker, que le relegaron a una cuarta posición que supo a poco, un puesto del que se resarcirá el año siguiente en el mundial de Roma. En los 400 metros vallas, José Alonso tuvo un comportamiento espléndido, emulando su actuación de ocho años antes en Praga, pues volvió a ser segundo en su semifinal, con 49.45, a seis centésimas de su récord de España, y mejoró un puesto en la final, en la que fue sexto. A destacar que en las tres carreras corrió por la calle exterior sin referencia de sus rivales. Enorme alegría proporcionó asimismo a los aficionados Antonio Sánchez en los 400 metros. Segundo en su serie con 45.78 y tercero con 45.71 en su semifinal, el salmantino, corriendo por la calle 1, pulverizó el récord de España con 45.41 y entró en sexta posición, el mejor puesto hasta entonces de un velocista.

El relevo largo masculino, compuesto por Juanjo Prado, Antonio Sánchez, José Alonso y Ángel Heras, después de una brillante clasificación para la final, al ser cuartos en su eliminatoria, fue quinto en esta, con 3:04.12, cerquísima del récord de España. El relevo largo femenino inició una serie de años de buenas prestaciones, con marcas que hoy nos parecen imposibles para las nuestras. Esther Lahoz, Montserrat Pujol, Cristina Pérez y Blanca Lacambra fueron sextas en la final directa con 3:32.51.

Pasaron rondas el velocista José Javier Arques, que fue semifinalista pero del que se esperaba más, pues ese año había batido el récord de España; José Luis Carreira, que pasó a la final de 1.500 metros en la que fue noveno y teniendo un comportamiento valiente; y Rosa Colorado, que fue semifinalista en los 800 metros. Hubo decepciones grandes, como la del medallista europeo y olímpico José Manuel Abascal, que quedó apeado de la final de 1.500 después de ser cuarto en su serie en la que cometió una error táctico. Tampoco un prometedor Abel Antón pudo meterse en la final de 5.000, ni el granadino Francisco Sánchez Vargas en los obstáculos. Tampoco estuvo en la final el saltador Antonio Corgos, presente en todas las finales desde 1980, y que arrastraba una lesión.

SPLIT 1990
A la ciudad croata, entonces yugoslava, de Split y a su bellísimo estadio Gradski acudieron 60 atletas, casi el doble que cuatro años antes a Stuttgart, en un gigantesco salto de cantidad. No se consiguió ningún título, algo a lo que ya nos habíamos acostumbrado, pues lo habíamos logrado en las últimas tres ediciones, y se logró una medalla menos que en la edición anterior, es decir, dos, pero el nivel medio de la actuación española fue mucho mejor, como lo acredita el hecho de que pasáramos de 9 a 20 finalistas; es decir, de cada tres atletas españoles uno finalizó entre los ocho primeros. Algunos de los nuestros dieron muestra de su calidad y proyección, y brillarían dos años más tarde en los Juegos Olímpicos de Barcelona. Por el contrario, tres atletas, Alonso, Llopart y Marín cerraron su brillante trayectoria europea con su cuarto campeonato, algo que ningún español había conseguido antes y que nadie, de momento, ha superado.

Las medallas vinieron, cómo no, de la marcha, por cuarta edición consecutiva, y del salto de longitud. En esta última prueba, y después de 8 metros justos en la calificación, Ángel Hernández se aupó al segundo puesto merced a un primer salto de 8.15, marca personal. Después de la primera ronda de saltos, el saltador español se situaba en esa segunda posición de la que ya no se movería; hizo un segundo salto de 8.13. Fue una agradable sorpresa. Por su parte, Daniel Plaza era también segundo en los 20 km marcha tras el checo Blazek, presagiando el éxito que llegaría en Barcelona dos años más tarde. Plaza realizó una marca de 1h:22:22. En un día lluvioso, los marchadores españoles dieron de nuevo la de cal, pues a la plata de Plaza hay que unir un valioso quinto puesto de un joven Valentí Massana, también presagiando éxitos futuros. Tres finalistas más fueron marchadores. En los 50 kilómetros, el canario Basilio Labrador daba la sorpresa, en un prueba durísima, y obtenía un magnífico cuarto puesto; el veteranísimo José Marín era quinto, cerrando así de forma brillante su larga trayectoria europea. Reyes Sobrino se comportó muy bien y fue séptima en la prueba femenina, entonces sobre 10 km; Emilia Cano fue undécima y Teresa Palacio decimocuarta. Como se ha podido apreciar, la marcha española contribuyó poderosamente al éxito general de nuestros atletas en Split.

Hubo otros tres cuartos puestos, además del citado de Labrador. Cayetano Cornet tuvo un comportamiento espléndido en los 400 metros, ganando su serie y su semifinal, esta con 45 segundos justos, muy cerca de su gran plusmarca española. Pero en la final hubo cierta decepción, pues fue cuarto con 45.30, cuando esperábamos que pudiera conseguir el título europeo. Quizá acusó el esfuerzo de esas rondas anteriores Sandra Myers, después de pasearse en eliminatorias de 200 metros, en semifinales señaló 22.69, a cuatro centésimas de su récord de España, y accedió brillantemente a la final; en ella marcó 22.38, nuevo récord, pero que no le sirvió para acceder al podio y tuvo que conformarse con el cuarto lugar. Digamos que con esa marca hubiese sido oro en varios europeos posteriores. El segoviano Antonio Prieto logró también un meritorio cuarto puesto en los 10.000 metros, habiendo tenido una activa participación en la prueba, y liderando el grupo perseguidor del destacado italiano Antibo; al final, el noruego Nakkim y el también italiano Mei lo baten al sprint en la última recta. Lamentablemente Prieto no pudo culminar su trayectoria deportiva con una medalla europea. En la misma prueba el valenciano José Manuel Albentosa fue sexto, en una actuación espléndida, y Alejandro Gómez décimo.

En el maratón José Esteban Montiel ocupó una magnífica quinta posición; en esta misma prueba Juan Francisco Romera fue décimo. La prueba fue durísima por el recorrido y el calor. José Luis González venció con brillantez en su serie de 1.500 metros, pero en la final sólo pudo ocupar la sexta posición. Por cierto, que a esta final también accedió un joven Fermín Cacho, que sólo pudo ser undécimo. Para terminar con los finalistas en carreras, en las dos pruebas de 400 metros vallas tuvimos un atleta en la final. José Alonso volvió a ser el de siempre, es decir, superó con su habitual seguridad dos rondas para plantarse en la final; en ella ocupó la séptima posición. Idéntico puesto ocupó la canaria Cristina Pérez en los 400 metros vallas, con 56.09; se había clasificado sin problemas para la final, habiendo obtenido marcas inferiores a 56 segundos en eliminatoria y semifinal.

Los saltos nos dieron agradables sorpresas, pues los tres que acudieron fueron finalistas. Al ya citado segundo puesto de Ángel Hernández, el madrileño Arturo Ortiz ocupó el octavo puesto, con 2.28, misma marca que en calificación; quizá se esperaba de él una sorpresa en forma de mejor marca y puesto. Y en pértiga, el catalán Javier García Chico tuvo un comportamiento magnífico, pues, después de una fácil calificación, se elevó en la final sobre 5.60 y luego sobre 5.70, no pudiendo con 5.75, que hubiera supuesto igualar su propio récord español; fue quinto, igualando el puesto que consiguiera Ignacio Sola 24 años antes. Por primera vez, las pruebas combinadas dieron una satisfacción a nuestro atletismo; el murciano Antonio Peñalver cumplía las expectativas puestas en él y era brillante sexto con nuevo récord de España, 8.214 puntos. Había acabado la primera jornada en quinta posición, con la mejor marca en peso de todos los participantes y presagiando un récord de España que caería al día siguiente; llegó a estar cuarto tras el disco, pero finalmente perdió el quinto puesto por dos puntos en beneficio del francés Blondel. La soberbia actuación de Peñalver presagia asimismo el éxito en los Juegos de Barcelona.

Los relevos masculinos estuvieron muy bien y ambos fueron finalistas. El relevo corto, compuesto por Florencio Gascón, Enrique Talavera, Javier Arques y Luis Rodríguez, fue sexto, como en 1974, con 39.10, nuevo récord de España, muy cerquita ya de la frontera de los 39 segundos, en una prueba con récord mundial incluido. El relevo largo, con Cornet, Moisés Fernández, José Luis Palacios y Antonio Sánchez, ocupó la misma posición, también con récord español, 3:02.74, y ganando a Francia y la URSS. En serie Manuel Moreno corrió en lugar de Cornet. El relevo femenino del 4 x 100 metros disputó la final directa, ocupando asimismo el sexto puesto con 44.86. Las relevistas fueron Cristina Castro, Yolanda Díaz, Carmen García-Campero y Sandra Myers. Citemos asimismo al relevo largo de chicas, que estuvo a punto de meterse en la final, con buena marca de 3:31.76, pero a la postre no fue posible que los cuatro cuartetos estuvieran en final.

Por falta de espacio no citaremos a todos nuestros representantes y lo haremos únicamente con los que pasaron ronda: Enrique Talavera, quinto en su semi aunque lejos del cuarto, y Luis Rodríguez en los 100 metros; el propio Talavera en 200; Tomás de Teresa y Luis Javier González en 800, de los que, junto a José Arconada, se esperaba más de lo que dieron; Abel Antón, por tiempos, en 5.000 metros, pero pasando desapercibido en la final; Carlos Sala, con buena marca (13.61) en semifinales pero sin poder pasar a la final; Antonio Peula y Benito Nogales en obstáculos, ambos con marcas personales, siendo noveno y décimo, respectivamente, en la final. En mujeres superaron ronda Cristina Castro en 100 metros; Mayte Zúñiga, que había sido finalista en Seúl dos años antes, no pudo alcanzar la final después de superar su eliminatoria, en una actuación discreta para ella. María José Mardomingo en vallas tuvo también un buen comportamiento, pasando a semifinales.

Enlaces relacionados:

Actuación Española en los Campeonatos de Europa (I)
Historial de la Selección Española en los Campeonatos de Europa (participaciones, atletas, mejores)
Web Oficial Zurich 2014 (web EA)
En el recuerdo - ESTRELLAS DE LA PISTA - Marcha (Documental TVE)
En el recuerdo - ESTRELLAS DE LA PISTA - Obstáculos - Vallas (Documental TVE)
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1978. Jordi Llopart en solitario por las calles de la capital checa.
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1982. José Marín entrando en estadio olímpico ateniense como vencedor en los 20km marcha
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1982. Domingo Ramón,tras el alemán federal Patriz Ilg y el polaco Maminski en los 3000m obstáculos
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1982. Antonio Corgos, plata en longitud
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1982. José Manuel Abascal, primer medallista al aire libre en la especialidad de 1.500m
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1986. Miguel Ángel Prieto, bronce en Stuttgart en 20km marcha
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1986. Carlos Sala al lado del francés Caristán (campeón) en los 110m vallas donde logró el bronce
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1986. Mari Cruz Díaz entrando en meta como campeona, la más joven de la historia
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1990. Ángel Hernández, plata en longitud
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1990. Daniel Plaza entrando en meta y logrando la plata en 20km marcha
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