Real Federación Española de Atletismo
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 viernes, 09 de mayo de 2014   NOTICIA WEB 108/2014
El mejor saltador español de todos los tiempos y todo un genio
Se nos fue para siempre Yago Lamela

Por : Miguel Calvo (miembro de la Asociación Española de Estadísticos de Atletismo)



Ayer jueves 8 de mayo, falleció el saltador de longitud asturiano Yago Lamela. Un amigo le encontró muerto en el domicilio de sus padres a Avilés.

Hace sólo dos meses pudimos hablar con Yago Lamela. Se cumplían 15 años de su maravilloso salto en el Campeonato del Mundo de Maebashi y estábamos en plena preparación de un gran reportaje que recordara aquella medalla de plata, aquel histórico 8.56 que fue récord de Europa y que aún lo es de España. Aquel 1999, que primero con el mundial de pista cubierta y después con el de Sevilla al aire libre nos regaló al saltador en plenitud que todos recordamos.

Los días previos, en las conversaciones que pudimos mantener con su entrenador Juan José Azpeitia y con Ramón Cid, por entonces responsable de saltos de la RFEA, ambos se deshacían en elogios respecto al saltador avilesino. "Uno de esos genios que surgen en contadas ocasiones" decía Ramón Cid. "Un portento, un campeón nato, un gran chico" como le definía Azpeitia.

Al otro lado del teléfono Yago Lamela fue encantador. Sin parar de hablar, sin parar de apuntar detalles a cada pregunta, a cada recuerdo sobre el que hablamos.

Con Yago hablamos de aquel niño que saltaba en la arena de la playa de Xagó, del chico que idolatraba al Carl Lewis cuyos pósters cubrían su habitación y cuya biografía devoraba una y otra vez. Del joven apasionado por el salto de longitud que era y al que le encantaba perderse en cualquier estudio técnico de lo que era su auténtica pasión. Y con Yago hablamos, sobre todo, de aquel maravilloso 1999.

Se reía al recordar aquel mundial de Maebashi. Recordaba como sabía que estaba en un momento estupendo, como sabía que había saltado muchísimo y como se sorprendió al salir del foso y ver lo lejos que había llegado. Enseguida pidió tranquilidad. Él sabía que aún faltaba el gran cubano Iván Pedroso por saltar, y que no había hecho otra cosa que provocarle a llegar más lejos y superarle. Yago fue plata, y su marca quedó como récord de Europa durante 10 años.

En la retina quedarán para siempre aquellos magníficos duelos de Lamela con el saltador Iván Pedroso en los que el fuerte saltador de Avilés obligó a todo un mito, como el cubano, a llegar lo más cerca posible de sus propios límites para superarle. Aquellos enormes saltos que recordarán siempre a Lamela como uno de los mejores atletas que ha dado el atletismo español.

Yago sigue ostentando el récord de España de salto de longitud con aquellos 8.56 de Maebashi en pista cubierta que luego igualó al aire libre en junio de aquel 1999 en Turín. En su palmarés quedarán ya para siempre cuatro títulos de Campeón de España Absoluto al aire libre, tres campeonatos nacionales en pista cubierta, tres subcampeonatos mundiales (Maebashi 1999, Sevilla 1999 y Birmingham 2003), un bronce en el Campeonato del Mundo de París 2003, una plata en el Campeonato de Europa en pista cubierta de Viena 2002 y un bronce en el europeo de Múnich 2002, hasta las malditas lesiones que el saltador nunca consiguió superar.

El Estadio de la Cartuja, en aquel ya lejano mundial de 1999, era una ovación atronadora que incluso desconcertó al propio Iván Pedroso. "Yaaaaaago, Yaaaaaago" coreaban las gradas.

Para siempre nos quedarán aquellos espléndidos vuelos del asturiano. Y el enorme hueco que nos ha dejado en el corazón a todos los aficionados del atletismo.


El cielo era tu límite
por Ignacio Mansilla - Secretario General de la Asociación Española de Estadísticos de Atletismo - AEEA

Corría el 16 de febrero de 1999 en el vetusto Palacio de los Deportes de Madrid. Todos los periodistas que acudimos esa tarde a presenciar el tradicional Memorial Cagigal en pista cubierta no teníamos ojos más que para el salto de longitud. Los que estábamos metidos en el mundillo ya conocíamos tus enormes cualidades en el foso. Habíamos seguido tus andanzas en la Universidad de Iowa y también cuando el año anterior habías vencido en el Campeonato Iberoamericano de Lisboa con un salto de 8,12 y te habías metido en la final del Campeonato de Europa de Budapest. Pero sin duda ese 1999 iba a ser tu gran año y eso se notaba en el ambiente.

En Madrid percibimos que estábamos asistiendo al nacimiento de una gran figura mundial del salto de longitud. Tu facilidad para superar los ocho metros en todos tus intentos, sin tomar apenas tabla, y ese récord de España final que nos regalaste con 8,22 metros eran sólo el anticipo de que lo mejor estaba por venir. Recuerdo que al acabar la competición subiste con nosotros a la grada y te asediamos a preguntas con la mente puesta ya en ese inminente Campeonato del Mundo en pista cubierta que debía disputarse en la localidad japonesa de Maebashi. "Sentirme tan regular por encima de 8 metros me da mucha confianza pero técnicamente tengo que mejorar y estar más seguro. Si lo consigo en Japón probablemente supere los 8,30 metros. Estoy seguro que los tengo en mis piernas", fue tu resumen de la competición.

Y llegó Japón y te volviste a superar… ¡y de qué manera! Aún con la dificultad de las siete horas de diferencia horaria, irrumpiste con una fuerza irresistible en todos los medios informativos de nuestro país gracias a una competición magistral y a ese impresionante récord de Europa de 8,56 metros, que obligó a uno de los mejores saltadores de la historia, el cubano Iván Pedroso, a dar lo mejor de sí mismo para batirte en el último salto del concurso. No recordamos una competición de salto de longitud como esa en la historia de los Campeonatos del Mundo en pista cubierta y será difícil que vuelva a repetirse.

Ya en verano igualaste en Turín esos 8,56 metros y te proclamaste subcampeón del mundo en Sevilla con 8,40 metros, de nuevo por detrás de Pedroso. Con sólo 22 años todos los especialistas empezaban a preguntarse hasta donde serías capaz de llegar: 8,70, 8,75… quizás, ¿por qué no? acercarte al récord del mundo de Mike Powell (8,95)... Sólo el cielo era tu límite y tu capacidad competitiva y tus espectaculares condiciones físicas para esta prueba invitaban a soñar con lo imposible.

Sin embargo, a partir de ahí el infortunio comenzó a cebarse sobre ti en forma de lesiones y diversos problemas físicos. Uno de ellos te impidió alcanzar una medalla olímpica en Sidney, que sin duda merecías. Seguiste saltando por encima de 8 metros, algo que para cualquier mortal era inalcanzable pero que para alguien como tú, nacido para saltar, era simplemente un mero trámite.

En 2003 renaciste de tus cenizas alcanzando de nuevo los subcampeonatos del mundo en pista cubierta (Birmingham) y el bronce al aire libre (París). Además, esos 8,53 metros a los que aterrizaste en Castellón invitaban a la esperanza. Al fin y al cabo sólo tenías 26 años y todavía mucha carrera por delante.

Sin embargo, la vida seguiría golpeándote. Lesiones y más lesiones y también un inoportuno accidente de tráfico, volvieron a impedirte mostrar al mundo todo lo que llevabas dentro. En 2007, ya con 30 años, por fin tuviste que rendirte a la evidencia y colgar las zapatillas de clavos.

Desde entonces nos llegaban de vez en cuando noticias tuyas a través de los medios de comunicación. Supimos de tu pasión por volar y de tu deseo de convertirte en piloto de helicópteros. De nuevo el cielo volvía a ser tu único límite. Y también de tus intenciones de retomar tus estudios de ingeniería informática. En 2011 saltaron todas las alarmas cuando trascendió que habías ingresado en un centro médico para intentar curar tus problemas de depresión. Unos días más tarde respiramos aliviados cuando parecía que todo había vuelto a la normalidad.

Sin embargo, la fática tarde del 8 de mayo de 2014 se nos encogió el corazón cuando nos fuimos enterando de tu prematura marcha. Los genios como tú no encajan en este mundo simplista y que muchas veces parece navegar sin rumbo fijo. Por otro lado, tampoco el mundo se entendería sin que, muy de vez en cuando, surja algún genio que, como es tu caso, demuestre que el ser humano no tiene más límites que los que él mismo se autoimpone.

El cielo era tu límite Yago y ahora desde allí, en tu privilegiada atalaya, a buen seguro que seguirás disfrutando con los saltos de los mejores. Nosotros desde aquí siempre recordaremos ese 7 de marzo de 1999 en el que un chaval de Avilés, de apenas 21 años, se lanzó cual kamikaze por el pasillo del Green Dome de Maebashi y puso patas arriba la longitud mundial. Descansa en paz.

Enlaces relacionados:

Historial Deportivo - Todas sus competiciones (por Paco Ascorbe - AEEA)
Manual de instrucciones para saltar sobre el sol (por Miguel Calvo - AEEA)
Todos sus récords de España Absolutos (por José Javier Etayo - AEEA)
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