Real Federación Española de Atletismo
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 lunes, 24 de febrero de 2014   NOTICIA WEB 43/2014
El protagonista y su compañero Pedro Esteso, nos recuerdan aquel día
15 años de un Récord de Europa: 3:33.32 Andrés Díaz

Por : Miguel Calvo (Miembro de la Asociación Española de Estadísticos de Atletismo - AEEA)


Este lunes 24 de febrero se cumplen 15 años de un fantástico récord de Europa en 1.500 metros en pista cubierta, aún vigente hoy en día; el gallego Andrés Díaz aquel día sobre la pista griega de El Pireo simplemente voló en 3:33.32 y escribió una de las páginas más bellas del atletismo español.

Andrés Díaz junto a su compañero y amigo Pedro Antonio Esteso, visitando el Estadio Olímpico PanathinaikoEn el centro de la antigua Atenas, a los pies de la colina Arditos - cuya pendiente se aprovecha para situar las gradas -, se levanta majestuoso el estadio Panathinaiko, uno de los principales símbolos del olimpismo moderno, con su blanco e imponente graderío de mármol del monte Pentélico y su preciosa pista gris ceniza con aroma a atletismo y hazañas de otros tiempos.

En la antigüedad, en aquel lugar se disputaban los Juegos de las Panateneas, las celebraciones más antiguas e importantes de Atenas. A finales del siglo XIX, las excavaciones recuperaron el estadio remodelado por Pausanias en el año 329 a.C., reformado después por Herodes Atticus en el 140 d.C. y que tras la caída del Imperio Romano quedó en ruinas y olvidado, hasta que se levantó de nuevo como sede de los primeros Juegos Olímpicos modernos de 1896.

Antes de los Juegos de Atenas 2004 que volvieron a tener al estadio Panathinaiko como uno de sus referente espirituales, una tranquila mañana de finales de febrero de 1999, Andrés Díaz y Pedro Esteso pasean por el estadio. Charlan, respiran pausados y se empapan del espíritu olímpico, del ambiente envuelto en la mítica y las crónicas antiguas que hablan de atletismo, de deporte en estado puro, al tiempo que viven ilusionados el definitivo desenlace de aquella temporada de pista cubierta, a menos de dos semanas del mundial de Maebashi, en el lejano Japón.

Andrés se encuentra en muy buen estado de forma. El fin de semana previo se ha disputado el Campeonato de España, y en vistas al mundial japonés, principal objetivo de la temporada, se sabe en un momento muy rápido. En Sevilla, tres días antes ha sido plata en los 800 metros, tras Roberto Parra, cuanta elegancia y clase, y ahora viaja a la capital griega como parte de la preparación hacia el mil quinientos del Campeonato del Mundo. Está en un gran momento de forma, y por eso se lleva a su lado a su amigo Pedro Esteso - reciente plata en el mil quinientos de Sevilla por detrás de José Antonio Redolat - todo un sinónimo de espíritu, de compañerismo y de magnífica fiabilidad como atleta y liebre.

Está tan rápido, que han viajado a Atenas con el récord de España en pista cubierta de Fermín Cacho (3:35.29) en mente para competir esa tarde como parte de la preparación hacia el campeonato del mundo.

"Justo antes de la salida nos comunicaron que no habría una primera liebre que estaba prevista - cuenta Pedro Esteso -. Más nervios, más responsabilidad, más tensión. Rápidamente me mentalicé para hacer todo el trabajo. Sólo tenía que correr rítmicamente, y tras la salida ya tenía a Andrés perfectamente colocado a la espalda".

Andrés Díaz volando en la última vuelta hacia la meta en busca de un récord de Europa La carrera transcurrió como un reloj. 28 segundos al paso por el doscientos, 57 en el cuatrocientos, 1:54 en el ochocientos, y 2:23 en el mil, momento en el que el trabajo de Pedro Esteso finalizaba y a Andrés aún le quedaban esos fantásticos últimos 500 metros, que convirtieron la carrera no solo en la mejor marca española, sino europea.

"Sin Pedro no me habría salido - nos dice Andrés Díaz -. Es un amigo, una persona con la que siempre he conectado muy bien, y me motivó mucho, pudimos concentrarnos y calentar juntos… En carrera me clavó los ritmos. Fue como un entrenamiento, sólo tenía que seguir su camiseta. La prueba pasó tan rápida que no tuve ningún desgaste psicológico" nos dice el gallego.

"Nada más abandonar la prueba - termina de contarnos Pedro Esteso - pude apreciar como Andrés quería más. Era el momento de la verdad, y con esa elegante y potente zancada se fue directo a devorar el último tercio de la prueba sin perder la compostura, con esa exquisita técnica de carrera que siempre le ha caracterizado".

Y así Andrés voló hasta cruzar la meta. 3:33.32. No sólo se superaba el record de España de Cacho. El registro de Peter Elliot quedaba actualizado, y la marca era nuevo record de Europa.

"Cuando Pedro se retiró, se quedó en la calle tres sin parar de animar - nos dice Andrés Díaz resaltando de nuevo el papel de su compañero -. Estaba a pie de pista y le oía perfectamente. Además no se quedó estático, iba gritando de un lado a otro, llevándome en volandas. Había muchísimo público, pero la gente estaba bastante tranquila, por lo que no dejaba de escucharle. Las gradas estaban llenas, pero en silencio. La gente no era consciente del ritmo al que estábamos corriendo, hasta que por megafonía anunciaron el record de Europa y todo se convirtió en un estruendo".

Recapitulando, aquella tarde en El Pireo, tras Andrés Díaz quedaron el keniano William Tanui (3:35.17); tercero el también keniano David Lelei (3:40.60); cuarto el polaco Leszek Zblewski (3:41.99); quinto el griego Panagiotis Papoulias (3:42.25); y sexto el keniano Moses Kigen (3:42.28).

La tradición británica del medio fondo, del mil quinientos es innegociable. Como Roger Bannister y aquellos milleros exploradores de nuevas fronteras, como la maravillosa generación de los años ochenta de los Coe, Ovett, Cram o Elliot. España, con el mil quinientos como uno de los tradicionales dogmas de fe de nuestro atletismo, también ha conseguido hacer de esta distancia una parte muy importante de nuestro ADN.

Como muchos de aquellos genios del medio fondo, resistencia y velocidad, versatilidad, Andrés Díaz supo sacar el máximo provecho del puente entre el ochocientos y el mil quinientos, y heredero de los González, Abascal, Cacho, Pancorbo o Viciosa, su amplia zancada borraba de lo más alto del ránking europeo bajo techo al gran Peter Elliot, al británico que tuvo que ir al ochocientos de Los Ángeles porque en el mil quinientos tenía delante a Coe, Ovett y Cram ni más ni menos, al británico plata, ya en su distancia, en el mundial de Roma 1987 y en los Juegos de Seúl 1988, al británico que había corrido en 3:34.20 una tarde del febrero de 1990 en Sevilla.

Andrés Díaz, aquel ya lejano 24 de febrero, recuperaba para España un récord que ya tuvo con José Luis González durante casi dos años, desde aquellos fantásticos 3:36.03 de Oviedo en 1986 que también fueron récord del mundo. Al aire libre, Fermín Cacho ostentaba el récord de Europa de la distancia con sus 3:28.95 conseguidos en aquella maravillosa noche de Zúrich del verano de 1997, la noche de los Kipketer, de Haile, de El Guerrouj, de Fermín, y que ha durado hasta 2013, hasta la exhibición de Mo Farah. España se apoderaba así de las dos marcas europeas, tanto al aire libre como bajo techo, reafirmándose como la principal potencia del viejo continente en la que ha sido la mítica distancia para tantas generaciones de españoles.

Andrés Díaz, bajo su espesa melena, es un tipo "generoso, seguro, risueño, luchador", tal y como lo define su amigo Pedro Esteso. Gallego, del barrio de Os Castros de A Coruña, fue pasando sin prisas por deportes de equipo, como el fútbol, hasta llegar al atletismo, dónde recabó ya más mayor, diecisiete años cumplidos, de la mano de Emilio Rogel. Sus primeros pasos fueron en el mil quinientos, pero las ganas de unos Juegos Olímpicos, "es que para Barcelona ya estaban González, Fermín, Viciosa, Pancorbo…" nos dice el propio Andrés, le llevaron al ochocientos. Un accidente de tráfico se interpuso en el camino del sueño de la ciudad condal, y en 1995, obligado por el cierre de las pistas de A Coruña, se marchó a Madrid, a la residencia Blume bajo las órdenes de Manual Pascua. En la capital llegaron los Juegos de Atlanta, los de su debut, aún en el ochocientos, y tras los cuales, en 1997, su entrenador ya decidió que era el momento definitivo de regresar a los mil quinientos. "Siempre ha sido mi prueba natural - nos dice Andrés -, ya me había formado como atleta, ya había adquirido la resistencia y los kilómetros necesarios para poder afrontar una carrera tan dura", y efectivamente, en su distancia, pudo demostrar toda la clase que atesoraba.

Después de la magnífica carrera de Atenas, Andrés Díaz llegó a Maebashi como una de las principales referencias. Sólo le faltaba una gran medalla para afianzar un gran expediente. La carrera fue muy limpia, con el keniano William Tanui, trabajando para su compatriota Rotich, tirando muy fuerte desde el principio (56.71 al paso por los 400, 1.54 en los 800, clavando los ritmos de Atenas), lo que hizo que el grupo se estirara y que Andrés no se desgastara en movimientos tácticos, al tiempo que ese ritmo favorecía su amplia zancada y el momento tan rápido en el que se encontraba. Llegados aquí, abran un pequeño hueco para recoger a otro mito, Haile Gebrselassie, quién se impuso aquel día con una marca de 3:33.77 que suponía un doblete de campeón del mundo, al sumar también el oro de los tres mil metros. Segundo fue el keniano Laban Rotich (3:33.98), y con un maravilloso bronce, Andrés Díaz (3:34.46), que pudo aprovechar el ritmo alto de la competición para superar con su sprint de ochocentista al portugués Rui Silva y al keniano Tanui, que llegaron mucho más justos.

Después vendría el verano y la magia del mundial de Sevilla, con aquella fantástica carrera en el estadio de La Cartuja - una de las mejores de la historia -. Aquella noche, como si de uno de los mejores meeting se tratase, Hicham El Guerrouj ganó con una marca de 3:27.65, por delante de Noah Ngeny y el trío de españoles formado por Reyes Estévez, Fermín Cacho y Andrés Díaz. El gallego terminaba quinto con 3:31.83, lo que adquiere mucho más valor viendo a quién tuvo delante y de qué manera corrieron.

Más tarde llegaría Sidney y los Juegos del año 2000, con Andrés recién salido del hospital y afectado por una mononucleosis terminando en una tremenda séptima posición, mucho más valorada con el paso del tiempo y analizando las condiciones en las que compitió aquellos días.

Ahora, quince años después de aquella gesta de Atenas que aún permanece viva, Andrés recuerda el aroma del día, su valor. "Es cierto - nos cuenta Andrés - que momentos como el bronce del mundial de Maebashi, o la quinta plaza del de Sevilla considerando a la gente que corría, tienen objetivamente más valor que el récord de Europa en Atenas, pero para mí ese fue el día más especial de mi trayectoria deportiva" confiesa.

"Cuando corres por algo así - continúa el recordman europeo - no corres contra los que tienes en la pista, sino que lo haces contra todos los que te han precedido, contra todas esas leyendas de las que siempre has oído hablar. Igual que ahora, ya retirado, de alguna manera sigues ahí dentro, marcando las referencias a los que lo intentan de nuevo. En este sentido tienes la impresión de que cuando se supere sentiré un cierto alivio, como si de verdad ya dejase de correr. No es algo de lo que te preocupas, todo lo contrario, y de hecho los records están para batirse y así debe de ser, pero está claro que cuanto más tiempo ha ido pasando parece que más valor ha ido adquiriendo lo que conseguimos" nos dice reflexivo.

Pedro Esteso, su amigo, su liebre, recuerda muy bien aquel día. "Aún hoy podría describir perfectamente el semblante algo atónito de Andrés nada más cruzar la meta, mezcla de rabia, sorpresa y gran satisfacción personal. Creo que él no era consciente en ese instante de la magnitud de lo que había logrado. Nada más acabar la carrera nos fundimos en un abrazo que cuando lo recuerdo todavía me brillan los ojos por la felicidad que me produjo, por el sentimiento de admiración hacia Andrés y hacia el hecho de haber podido contribuir en su hazaña" relata emocionado Esteso.

Y Andrés - que ha comenzado hablándonos que frente a lo efímero que es ahora todo disfruta con que le sigamos preguntando, con que esta carrera siga viva - también se detiene en el mismo instante que cuenta su amigo. "La imagen de los dos abrazados - cuenta el atleta coruñés - creo que resume muy bien la carga tan emocional que tuvo este record. Si además de que consigues algo así, estás con un amigo y encima ves que se siente tan partícipe hasta el hecho de que parece más feliz que tú… Fue un momento tan especial que lo tuvo todo".

Andrés "la zancada" Díaz, como le llama su amigo Luis Miguel Martín Berlanas, mostró su clase en aquellos maravillosos años del medio fondo. En aquellos años en los que los mitos de los ochenta encontraban sustitutos. Aquellos años en los que le veíamos compartiendo calle con El Guerrouj, con Morceli, incluso con Gebrselassie y los Cacho, Estévez y compañía. Quince años después, su récord de Europa sigue vigente, y siempre es buen momento para recordar aquella bonita gesta que dos amigos y todo el atletismo español escribieron en una tarde en El Pireo, a orillas de la antigua ciudad ateniense, dónde algunas historias nunca serán efímeras.

Enlaces relacionados:

Historial Deportivo de Andrés Díaz
Progresión del Récord de Europa y España de 1.500m en pista cubierta (compilador: José María García)
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Celebrando el récord y saludando al público griego
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Andrés Díaz tras acabar la prueba
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En el Mundial Indoor de Maebashi
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En el podio de Maebashi 1999 junto a Haile Gebrselassie y Laban Rotich
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Durante una eliminatoria del Mundial del Mundial de Sevilla 1999
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