Real Federación Española de Atletismo
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 viernes, 05 de julio de 2019   ENTREVISTA WEB 54/2019
La gran contradicción de Zoya Naumov

Por : Alfredo Varona


-Juan Carlos, así no puedo seguir.

Fue un día tras un entrenamiento. Hasta puede que ese día Zoya Naumov hiciese un gran entreno. Quizá 2x600 a 1'30" con 15'00" de recuperación. Quizá 4x400 a 58" con 6'00". El caso es que eso era lo habitual y, sin embargo, no había manera en la competición ni de que esos días tuviesen continuidad: parones, malditos parones. Y, sobre todo, entre los dos tenían "pánico en los viajes al extranjero" en los que siempre la pasaba algo fuese un catarro, fuese lo que fuese que la dejaba sin fuerza. El aire acondicionado de los aviones, pensaban.

Pero ese día, tras aquel entrenamiento en la pista de Sant Cugat, Zoya ya se plantó: fuese el desánimo, fuese la descompensación entre lo que hacía y lo que merecía, fuese lo que fuese. "Y ya no sólo era eso, sino esa sensación de que cada dos por tres me sentía sin fuerzas", razona ella, inexplicable, intolerable, quizá injusto. "Era como si no tuviese anticuerpos", insiste Juan Carlos Gines, el entrenador, su entrenador. El hombre de 50 años que viene de la escuela de Gregorio Rojo, que ya suma 22 años entrenando a atletas y que nunca asistió a nada igual, "y de las alergias no podía ser porque de eso Zoya ya se había tratado".

¿Qué podía ser entonces?

No quedaba otra que realizar más pruebas médicas y, efectivamente, esas pruebas determinaron que Zoya Naumov se quejaba con razón. Tenía mononucleosis. Llevaba años peleando con esta enfermedad. Aun así había hecho unos entrenos brutales que impedían estar satisfechos con los 2'06" que llegó a marcar en 800. No era justo conformarse con eso. Zoya, en realidad, entrenaba para mejores marcas. Los propios entrenadores se lo decían a Gines. "Es inexplicable lo de tu atleta con los entrenamientos que hace".

Sin embargo, hoy ya es diferente. Zoya ya se trató durante seis meses de la mononucleosis que, a día de hoy, es un problema del pasado. Zoya, que ya tiene 24 años, ya no ha vuelto a sentir esas sensaciones tan ingratas, como si sus fuerzas se despidiesen hasta el día siguiente. Zoya, en realidad, ya ha bajado a 2'03" en 800 y este invierno ha destrozado el cronómetro con dos entrenos como "esos 2x1.000 a 2'41" y 2'43" con 12 minutos de recuperación". También podríamos hablar de aquellos "3x500 en 1'14", 1'13" y 1'12" con 8'00" y 10'00" de hace un mes". Un alegato orgulloso de una atleta a la que cuando uno la pregunta cómo imagina el futuro responde como si fuese el título de una película: "Afianzarme", sentencia.

Hoy, Zoya está haciendo gimnasio, después de haber competido en los Juegos Europeos de Minks, donde hizo "tres 600 en 1'27". De ahí regresó con una satisfacción rotunda que se nota en sus ojos. Los ojos de una atleta, licenciada en psicología. Los ojos de una joven, que domina cinco idiomas y que ahora, independizada ya, vive en un piso compartido en Sant Cugat "en el que el atletismo es un asunto capital" para ella. De otra forma esta conversación no guardaría tantas ambiciones. No podríamos sentir que "lo mejor está por llegar" en estos tiempos en los que están buscando la mínima para el Mundial de Doha. "Estamos en el 800, porque todavía quedaba mucho zumo por exprimir en esta distancia, pero a corto plazo queremos compaginarlo con el 1.500", razona Ginés.

Ella, Zoya Naumov, que está terminando la sesión de gimnasio, asiente.

Asiente porque lleva once años entrenando con Ginés. Y once años son muchos años en los que Ginés descubrió una gran contradicción: "Zoya es una atleta para conocer a nivel muscular. Si le doy mucho descanso antes de las competiciones no rinde. Pierde muy rápido la fuerza. Podría explicarlo con un ejemplo para que se entienda mejor. En Valencia, después de una semana muy dura, llegó a hacer 2'05" corriendo sola. Sin embargo, luego fuimos a Florencia, donde compitió un domingo y desde el miércoles bajó mucho el entrenamiento, y fue una de sus peores carreras".

De ahí no sólo se desprende "una contradicción", como acepta ella y como acepta el entrenador, sino que "cada atleta es un mundo, que por eso es tan importante personalizar los entrenos" y que, a estas alturas de la vida, ya no podemos extrañarnos por nada. "Necesito sentir cuando caliento, antes de las competiciones, que estoy cansada, porque entonces sé que voy a rendir", le dice Zoya a su entrenador.

-La prueba más evidente es que en las competiciones en la final siempre te encuentras mejor que en la primera ronda -justifica Ginés, su entrenador-. Es el conocimiento que tengas de la persona y ella muscularmente necesita estar muy activada.

Así que estas son las reglas de juego para asaltar el futuro. No importa la lógica, sino la atleta, que ayer por la tarde hizo un 1.000+500+300 con 12'00" de recuperación tras una sesión de pesas por la mañana. Ginés también recuerda aquellos campeonatos de España en categoría cadete en los que "Zoya no se clasificaba ni para la final". Y Zoya también se acuerda de aquel año que marchó a Estados Unidos, a perfeccionar su acento en inglés, en el que pasó de 2'06" a 2'11" y que "a nivel deportivo fue un desastre porque competí 38 veces". Pero había que hacerlo. Había que vivir ese año, porque la formación también es importante: es el día de mañana.

El día en el que ella, hija de un dentista que llegó hace 30 años a Barcelona, aspira a bajar de los 2'00" en 800, a llegar a ese territorio que hoy está reservado para los sueños y a demostrar que vencer los obstáculos, que nos plantea la vida, es, en realidad, una forma de vivir: necesaria, imprescindible.

Enlaces relacionados:

Historial Deportivo de Zoya Naumov
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Junto a su entrenador Juan Carlos Ginés
Junto a su entrenador Juan Carlos Ginés





















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