Real Federación Española de Atletismo
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 martes, 18 de junio de 2019   ENTREVISTA WEB 48/2019
Luis Javier González: Yo compartí equipo en el Larios con Said Aouita

Por : Alfredo Varona (Fotos Miguelez TEAM) y (Colección personal)


A los 50 años, recién cumplidos, Luis Javier González es un hombre feliz. Una poderosa historia que explica al mayor de cuatro hermanos de una familia de Moratalaz que un día dijo que quería ser atleta y lo fue. Un 1.000 en el colegio Montserrat en clase de Educación Física, que le salió en 2'51", advirtió que tenía un talento especial para correr rápido. Fue lo que luego le permitió compartir uniforme en el mítico Larios con Said Aouita, bajar de 1'45" en 800 o ser campeón de Europa en pista cubierta en el Europeo de Génova. Un balance con el que hoy se siente en paz, que es lo que importa a medida que uno se hace mayor. "No podría haber sido mejor", explica.

También relata momentos espectaculares, domiciliados en su memoria, como el día después de aquel mitin en Belfast en el que bajó a la recepción del hotel para salir a rodar con un grupo en el que también estaba Steve Cram, "que ya vivía su última época. De hecho, tenía problemas en el Aquiles y había corrido el 1.500 sin clavos. Pero el hecho de compartir diez o doce kilómetros de rodaje con Cram me hizo entender hasta donde había llegado. No me lo podía ni creer. Retrocedí a mi adolescencia cuando yo tenía 16 años y decía, 'quiero ser como ellos', 'quiero ser como Coe', 'quiero ser como Cram', 'quiero ser como José Luis González' cuando veía sus fotografías en las revistas. Pero aquel día yo era uno más en ese rodaje junto al río en el que estaba Steve Cram".

Hoy, en el silencio del parque de El Retiro, la magia está en sacar los recuerdos del baúl de los recuerdos, donde, por encima de todo, habita ese muchacho de 16 años. El día que se acostó pensando, 'quiero ser atleta de élite', descubrió un problema: "No conozco el camino, ¿cuál será el camino?" El tiempo concedió una respuesta rápida a esa pregunta cuando corrió su primer 1.500 en el estadio de Vallehermoso y lo ganó; cuando corrió su primer 800 y bajó de 2 minutos y cuando el entrenador Eduardo Rico le dijo: "tienes cualidades y vamos a entrenarlas". Aquel día resolvió el crucigrama: se podía lograr y lo podía lograr.

Luego, hasta que se retiró en el año 2000, incapaz de luchar frente al pasado, descubrió una de las cosas más difíciles que existen en la vida: el éxito. El éxito que hoy está alojado en su biografía y en recuerdos que sólo aparecen en su memoria como el de los JJOO de Barcelona 92 cuando miró hacía arriba y, entre tanta gente, vio a sus padres en la grada. "No me lo podía creer, porque desde que empece en el 86, desde que me lo propuse, desde que empezamos tantos y acabamos tan pocos en el programa 'Objetivo 92'… Yo era uno de los que estaba ahí y no era fácil porque sólo íbamos tres por prueba y mis padres lo estaban viendo. Me estaban viendo ellos que se habían aprendido todos los rankings, que viajaban cuando podían a verme y que me decían siempre: 'Luisja, estamos a tu disposición'".

Hijo de empleado de banca y de ama de casa, Luis Javier González era el mayor de cuatro hermanos que un día se presentó en casa diciendo: "La pista forma parte de mi familia". Y explicó lo que significaba, para él, "el olor del tartán, el sonido del piso del Palacio de los Deportes… Aquello era inconfundible, aquello era como estar donde querías estar. Me sentía cómodo con los clavos porque, para mí, fueron todo un descubrimiento. El hecho de que se podía ser tan feliz corriendo tan rápido… Pero todo eso había que aprenderlo y yo lo aprendí porque la pista me alegraba los ojos, me hacía pensar que juntos podíamos llegar lejos. Que debíamos intentarlo. Me acuerdo esas series de noche en invierno de 200 o de 300 en Vallehermoso en las que luego cogía el Metro para volver a casa y se hacía tarde, sí, y hacía frío, sí…, pero uno se sentía tan a gusto…"

Hoy, no se trata de que la nostalgia le moleste, "porque es una época vencida. Cada cosa tiene su tiempo y nada se puede alargar eternamente". Pero sí se le ocurre imaginar lo que hubiera sido de él, a los 20 años, con la cabeza que tiene ahora, a un telediario de los 50, que le hubiese permitido "administrar mejor los nervios". La ecuación, sin embargo, es imposible de resolver porque hoy ya no tiene la velocidad de entonces ni hace las series que le permitieron descubrir el paraíso como "aquel 300 en 34'00" segundos y aquel 600 en 1'16" que hice en Tokio en 1991, que fue récord de España y que me cronometró Mariano García Verdugo, que era el entrenador de la Federación que estaba allí. Sin embargo, luego la carrera en el Mundial no me salió bien yendo a 1'50", que era un ritmo muy llevadero para mí. Pero fue muy táctica y no me desenvolví bien porque no todos los días pueden salir: es una de las enseñanzas imprescindibles del atletismo. Si no entiendes esto es imposible que seas feliz".

Pero Luis Javier González lo fue. "Quizá porque el atletismo es eso: disfrutar de los buenos momentos, valorarlos como se merece, y sortear los malos. No tienes por que qué quedarte en el camino como entendí antes de los Juegos de Barcelona 92. Era mi momento. Tenía que haberlo sido. Había sido campeón de Europa en Génova. Hice 1'46" en pista cubierta que al aire libre equivalía, incluso, a 1'44". Pero tuve una lesión en el pie que me impidió entrenar al 100/100. Es más, lo máximo que me dejó hacer fue entrenar para mantener la marca, no para superarla. Así que a los JJOO de Barcelona llegué espectacular en lo mental pero muy lastrado en lo físico, que fue lo que me impidió pasar a la final. Pero, antes de arrepentirse de nada, siempre pondré de ejemplo el hecho de estar ahí, el mérito de estar ahí".

Hoy, en esta desordenada conversación, recordamos hasta Said Aouita, "que me dejó marcado por la disciplina con la que se tomaba esto. Él vivía en Siena y coincidimos sobre todo en los viajes, donde veías que no dejaba nada al azar". También hablamos de aquel mitin que le ganó Wilson Kipketer en el último suspiro y cuando Luis Javier fue a felicitar a ese keniata, que entonces era un desconocido, éste le dijo: "Tengo 20 años y esta es mi primera carrera en Europa a ver qué tal se da". Luego, Kipketer hizo leyenda pero nadie posee un recuerdo como aquel de Luisja que explica que "al final, la vida, como el atletismo, son recuerdos, recuerdos que te hacen feliz, momentos que te permitieron ser lo que querías ser. Máxime en mi época en la que viví un momento privilegiado del atletismo".

"Había dinero. Íbamos a hoteles buenos y los fijos de salida eran importantes", explica hoy tras una conversación reciente con el manager Miguel Ángel Mostaza, "en la que me decía que 'los tiempos han cambiado y no veas como han cambiado. Ahora, hay atletas que se tienen que pagar hasta los viajes y en la Diamond ya no dan esos fijos que daban entonces…. Y entonces te dices a tí mismo, 'qué afortunado fuiste' y es importante que no lo olvides, porque a mí el atletismo me permitió vivir bien. Me ayudó a comprarme mi casa y a iniciar el resto de mi vida desde una buena posición. Todo eso es algo que puedo decir en voz alta. Que fui lo que quise ser y que la vida me recompensó bien por ello. Quizá por eso no soy nostálgico de aquel tiempo, sino que estoy agradecido a ese tiempo".

También podríamos añadir que estuvo en cinco Europeos de pista cubierta consecutivos, hasta que se cerró el ciclo en Valencia 98. Pero quizá sería mejor despedirnos explicando que hoy Luis Javier González es un hombre más feliz, que tiene su propia empresa como entrenador de atletas aficionados y que se dedica a lo que le gusta. Y en una época como ésta de vocaciones heridas eso también tiene su valor. Y se nota en su voz y en su mirada, la de las fotografías que no ocultan la felicidad de un hombre que hace lo que siempre quiso hacer.

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Historial Deportivo de Luis Javier González
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